miércoles, 8 de enero de 2020

La imbecilidad del sexismo en el lenguaje


Alcafran


Ahora parece que todos los puestos, carreras, oficios o trabajos que desempeñen mujeres deben de nombrarse en femenino. Por ejemplo: los mujeres que son médicos hay que denominarlas médicas.
Antes la médica era la mujer del médico, pero ahora hasta la sesuda (que eso parece, o mejor, eso parecía) RAE (Real Academia de la Lengua Española), admite la acepción médica. Y abogada, y una lista interminable
el arquitecto/la arquitecta
el bombero/la bombera
el ginecólogo/la ginecóloga
el ingeniero/la ingeniera
el ministro/la ministra
el cacique/la cacica.
el juglar/la juglaresa.
el presidente/la presidenta.
Es cierto que algunos son de toda la vida como:
el escritor/la escritora
el profesor/la profesora
el gobernador/la gobernadora
el emperador/la emperatriz
el actor/la actriz
el dependiente / la dependienta
Y otras denominaciones de trabajos afortunadamente no han cambiado
el amanuense/la amanuense
el cicerone/la cicerone
el conserje/la conserje
el orfebre/la orfebre
el pinche/la pinche
el estudiante/la estudiante
el dibujante/la dibujante
el conferenciante/la conferenciante
el agente/la agente
el maniquí/la maniquí
el saltimbanqui/la saltimbanqui
el gurú/la gurú.
el yóquey/la yóquey
el auxiliar/la auxiliar
el militar/la militar
el ujier/la ujier
el mercader/la mercader
el faquir/la faquir
el cónsul/la cónsul
el corresponsal/la corresponsal
el dirigente / la dirigente
el timonel/la timonel
el capataz/la capataz
el portavoz/la portavoz
el aprendiz/la aprendiz
el bedel/la bedel.
el chef/la chef
el médium/la médium
el pívot/la pívot.
el miembro/la miembro
el/la soldado, sargento, cabo, brigada, teniente, capitán, etc.
el/la mandamás, sobrecargo, cazatalentos, sabelotodo, correveidile, etc.
Pero nunca, nunca he oído que denominaciones de oficios terminados en “a” desempeñados por hombres se haya querido cambiar su terminación a una “o” porque así parecen más masculinos. Y hay muchos oficios que terminan en “a”:
accionista / acuarelista / ajedrecista / alfombrista / alpinista / alquimista / analista / anestesista / antenista / artista / ascensorista / automovilista / baloncestista / baterista o batería/ beisbolista / callista / caricaturista / catequista / ceramista / ciclista / corneta / clarinetista / columnista / comentarista / dentista / deportista / dietista / documentalista / economista / editorialista / electricista / esteticista / estilista / exorcista / fondista / fotoperiodista / futbolista / golfista / grafista / guionista / guitarrista / heraldista / humorista / ilusionista / jurista / maderista / maquetista / maquinista / marionetista / marmolista / mayorista / mosaiquista / motociclista / novelista / oculista / ortodontista / ortopedista / paracaidista / periodista / pianista / psicoanalista / psiquiatra / publicista / radiofonista / recepcionista / rugbista / saxofonista / serigrafista / socorrista / surfista / trapecista / trompetista / velocista / etc, etc.
y no se ha oído que quisiesen ser denominados como:
el accionisto / el acuarelisto / el ajedrecisto / el alfombristo / el alpinisto / el alquimisto / el analisto / el anestesisto / el antenisto / el artisto / etc, etc,…
Pero no solo es la RAE, empujada por el movimiento feminista, la responsable de este desaguisado, sino también otros estamentos. Como “Wikilengua del español”, nombre registrado y promovido por la Fundéu BBVA, fundación patrocinada por la Agencia Efe y BBVA, que se permite explicar cómo se forma el femenino de estos nombres de profesiones y oficios.
Y eso que en su página web reconocen que ni son una fuente normativa ni buscan establecer normas, que su objetivo es solo exponer el origen (de la RAE, de manuales de estilo de editoriales o de prensa, manuales de tipografía y ortotipografía, de estándares nacionales e internaciones como UNE o ISO, etc.), así como reflejar el uso.
¿El uso, el mal uso? Queda el asunto a criterio de cada uno…
Pero añadiré algo para eso del feminismo: “el machismo es como la belleza, que está en los ojos del que mira”
La frase no es mía que soy hombre. Sino de la reportera que firma como Barbijaputa en el “diario.es”, y conocida por sus articulas en la línea feminista. Según dice: “Una misma frase, una misma actitud, un mismo hecho puede ser machista o no serlo, dependiendo de a quién le preguntes”…

domingo, 5 de enero de 2020

Reyes Magos


by Poncio Pilato

Mañana es la celebración de los Reyes Magos. No sabemos cuántos eran. El evangelio de Mateo (el único evangelista que los menciona en su capítulo 2) solo dice: “…llegaron del Oriente a Jerusalén unos magos diciendo: «¿Dónde está el rey de los judíos que acaba de nacer?». Porque hemos visto su estrella en el oriente y hemos venido para adorarle.”
Por la descripción de Mateo hay que considerar a los magos en el sentido que tenia la palabra en tiempos de Jesus. Y ese sentido lo sabemos  por la obra de Filón de Alejandría, filósofo judío contemporáneo de Jesús. Serían hombres respetables, puede que sacerdotes del zoroastrismo (o no) la religión de Persia (actual Irán), hombres religiosos y científicos que se dedicaban a estudiar la astronomía y su repercusión en la vida de los hombres, la astrología en el buen sentido. Sabios que se dedicaban a la ciencia de los astros. No queda claro, si pertenecían también a la clase sacerdotal o no de la religión zoroástrica. En el Evangelio de Mateo representan a los paganos cultos, y con ello indica el evangelista que lo mejor de la ciencia y la religiosidad del paganismo lleva hacia Jesús.
Mateo añade más adelante (2-11): “…vieron al niño con María su madre, y postrándose le adoraron. Entonces abrieron sus tesoros y le ofrecieron presentes de oro, incienso y mirra”
Parece ser que por el hecho de traer tres dones, se dio por sentado que eran tres los personajes que los traían. Como antecedente se puede citar que Seleuco I Nicátor ofrendó oro, incienso y mirra a Apolo en su santuario de Dídima, en el 288 a. C (Carta de Seleuco conocida como “Inscripción OGIS 214” recogida en Bernard Haussollier y Emmanuel Pontremoli: Didymes, Fouilles de 1895 à 1896, ed. Ernest Leroux, París, 1904).
Posteriormente se les da nombre. La primera vez que surge el nombre con que hoy conocemos a los Reyes Magos es en la iglesia de San Apolinar Nuovo, en Rávena (Italia). El friso de la imagen está decorado con mosaicos de mediados del siglo VI que representan la procesión de las Vírgenes. Esta procesión está conducida por tres personajes vestidos a la moda persa, tocados con un gorro frigio y su actitud es la de ir a ofrecer lo que llevan en las manos a la Virgen que está sentada en un trono y tiene al Niño en su rodilla izquierda. Encima de sus cabezas se pueden leer tres nombres, de derecha a izquierda: Gaspar, Melchior, Balthassar...
Inicialmente representan las edades del hombre. Melchor un anciano de cabello blanco y larga barba, Gaspar la edad media y Baltasar la juventud: joven, imberbe y rubicundo..,.
Desde la Baja Edad Media, las representaciones iconográficas de Baltasar lo representan como una persona de raza negra, quizás por cierto afán cosmopolita del cristianismo de la época1​ y representar la adoración de los "Reyes" de "todos los continentes" a Jesús.
De principios del siglo XVI se conserva al menos una representación de Baltasar como indígena americano, en una pintura portuguesa.
Tradicionalmente. Baltasar es el portador de la mirra como regalo para Jesús niño. La mirra se utilizaba en los entierros, para perfumar a los muertos. Es una resina que se obtiene de los arbustos del género Commifora, y tiene efectos analgésicos parecidos a los de la morfina. En el evangelio de Marcos aparece, mezclada con vino, cuando le fue ofrecida a Jesús torturado antes de ser crucificado; dice el texto que él rechazó tal bebida. No entendemos por qué este rey pudo ofrecer a un niño esta substancia.
Hoy en día el papel de los tres reyes debe ser diferente. Gaspar es una mujer. Porque lógicamente este grupo de adoradores de Jesús también representa a la mujer. I debe ser conocida por su nombre: Gaspara. No, no me acabo de inventar el nombre. Este nombre se existido siempre. Por ejemplo Gaspara Stampa, poetisa italiana del siglo XVI (Padua, 1523-Venecia, 1554).
Melchor es el rey negro (de color de piel negro). No es correcto poner al negro de sirviente de los otros en la cola de la hilera, además va a la cabeza porque es el que mejor conoce el camino. Y finalmente Baltasar que representa la ancianidad y el fin de l vida.
¡Cuántas más cosas podría yo contar yo de ellos! No llegué a conocerlos, pero Herodes cenó con ellos en su castillo cuando llegaron, ya que debían de andar un poco despistados y fueron a casa de Herodes a preguntar. No tuve mucha relación con Herodes por nuestra diferencia de edades, pero por razón del cargo sí que nos relacionamos y era entonces cuando Herodes me contó muchos detalles que aún no he olvidado.

lunes, 30 de diciembre de 2019

Ser padre


Por Pedro Zarrageta

En el reino animal el instinto maternal de las hembras es algo consustancial al hecho de ser hembra. Es un hecho innegable en todas las especies. Gracias a ese instinto la raza continúa y se propaga. Sin ese instinto cualquier especie animal se extinguiría. Es cierto que en algunas especies no es necesaria esta protección maternal. Por ejemplo las tortugas. Nacen solas de los huevos depositados por si madre en la arena, corren al mar y allí tratan de sobrevivir por ellas mismas. Si la especie continua es por la gran puesta de huevas que pone la tortuga hembra ya que la inmensa mayoría morirán antes de llegar al estado adulto. Eso no quiere decir que la tortuga hembra no tenga ese instinto maternal. Todo lo contrario, ya que a pesar de los peligros que para ella suponga, sale a la arena, hace un gran agujero en ella, pone los huevos en diversas oleadas y los tapa y borra sus huellas para que los posibles depredadores no sepan de la puesta de huevos. Hay especies de tortugas donde esa tortuga madre, una vez hecha la apuesta en la arena, se queda de guardia en las proximidades para evitar que algún depredador desentierre los huevos para comérselo.
Una vez reconocido este instinto maternal de las hembras en el mundo animal, nos preguntamos, ¿y qué ocurre con la especie humana? Pues exactamente lo mismo. Las mujeres también poseen ese instinto de protección maternal gracias al cual la raza humana se reproduce, crece, se multiplica y se extiende.
Pero llegados hasta aquí surge otra pregunta ¿no son necesarios dos para reproducirse? ¿dónde está la otra figura? La otra figura es el padre. Y resulta que en esta función de la reproducción en el reino animal no se sabe nada de él. Al parecer en algún momento hubo un macho que conectó con la hembra y luego..., ya no se sabe más. Claro que aquí también hay excepciones. Los pájaros que atienden en pareja a la nidada, los pingüinos, y pocos más. Y de los pájaros, en muchas especies, una vez ha salido adelante la nidada, cada cual, padre y madre, por su lado. Es también cierto que algunos de estos que van por su lado, a la temporada siguiente se buscan y si se encuentran vuelven a tener otra nidada compartida. Pero no siempre es así.
En la especie humana hay de todo. Desde los machos que acompañan a la hembra de por vida, los que la acompañan durante un rato, y los que se aparean y desparecen. Me inclino a pensar que la especie humana es básicamente de este último grupo. Que cuando existe ese acompañamiento del macho a la hembra durante toda la vida es por cultura. Cultura producida inicialmente por la necesidad de la protección social de unos seres a otros en un mundo primigenio y peligroso, donde los seres humanos eran pocos, vivían en grupos muy pequeños, pocos años y en un mundo muy amenazador y expuesto. Tan peligroso que por eso vivían pocos años.
En esa cultura inicial, esa realidad del emparejamiento de por vida pasa al ideario de la especie, y de ahí se incorpora en las religiones que van surgiendo. Y a través de las religiones llega hasta nuestros días en forma de cultura, a pesar que casi todas las sociedades admiten el no emparejamiento de por vida mediante el reconocimiento de las separaciones, divorcios y repudios.
¿Y por qué se produce ese reconocimiento de las separaciones, divorcios, repudios, abandonos,...? Porque el macho humano al igual que en la mayoría de las especies animales no tiene ese sentimiento maternal, aquí diríamos paternal, por las crías. Para el humano las crías son una consecuencia de su relación con la hembra y ahí se termina la historia. Ya sé que mucha personas que lean esto (sé que tengo muchos seguidores) no estarán de acuerdo con ello. Claro que no! Porque existe por encima de las inclinaciones de la naturaleza, la cultura interiorizada de muchos miles de años (y el amor). Y esa cultura nos hace tener y desarrollar también el instinto paternal. Pero, ojo!, no es un instinto básico sino desarrollado.
Sé hombre culto y no animal de instintos!

viernes, 27 de diciembre de 2019

Sueño o no sueño


Ramon Zarrageta
Es un sueño recurrente. Estoy en la puerta del Cielo queriendo entrar y San Pedro no me deja, me dice que no es mi momento. Insisto. Sigue sin dejarme entrar. Atasco la puerta. Tiene que venir Jesucristo y él me explica que no puedo entrar porque aún no estoy muerto. Que me vuelva de donde he venido y que espere.
Así que me quedo en la puerta. Bueno, cerca de ella. Hay allí un banco como esos de piedra que hay en la tierra que son dos piedras verticales que hacen de pies y una piedra horizontal, paralelepípeda que se apoya en las anteriores. Me quedo allí porque no quiero volverme a la tierra, quiero entrar.
Mientras, hay una larga fila a la entrada del cielo que en realidad no llega a formarse como tal ya que la entrada es fluida, pero la gente acude a la entrada en abundancia. Es lógico: con todos los que se mueren en el mundo con todos los que son.
Y desde luego los que vienen aquí ya saben ellos mismos que son los que deben de venir. No hay apenas personas que sean rechazadas para que vayan al Infierno. De vez en cuando alguno, que en todas partes hay algún listillo.
Me siento en el banco y contemplo el Cielo. Es todo blanco y es algo así como una ciudad medieval de perfil bajo rodeado de una muralla almenada con una puerta por donde se entra. Todo es blanco, como algodonoso, como si estuviese formado por las nubes. Hasta el suelo es blanco y como algodonoso. No llegas a ver tus pies porque están metidos en algo blanco que no sientes. Debe ser la nube.
Ese Cielo con forma de ciudad está situado como en la parte alta de una colina a la que se llega subiendo por la ladera. La pendiente es pequeña y por tanto es fácil de llegar. El banco en que estoy sentado está un poco más abajo que la puerta de entrada, pero muy poco. Está situado a la izquierda de la puerta según se accede a ella.
Miro con envidia a las personas que acuden a la entrada y entran. No conozco a ninguna. Seria mucha casualidad con lo grande que es el mundo. Y espero.
Espero y reflexiono. No tengo que estar allí porque no estoy muerto. Esto debiera de ser una buena noticia, saber que estoy vivo. Pero para mí es una mala noticia y estoy entre triste y enfadado. No quiero volver a la tierra que es lo que me han dicho porque no quiero vivir más. Así que estoy allí pasando el tiempo a ver si de mientras me viene la muerte.
Y dándole vueltas a estos pensamientos paso el tiempo hasta que se va el sueño porque despierto en mi cama o porque se me pasa la fase del sueño.
Pero al de unos pocos días vuelvo a soñar lo mismo. Es un sueño recurrente.

viernes, 20 de diciembre de 2019

Leyendas de Toledo


La grandeza de Toledo no solo se puede medir por la belleza de sus calles o el sabor de sus tradiciones, sino que solo hemos de sumergirnos en su historia para comprobar que estamos ante una ciudad única. Muchos son los asuntos que se han despachado en la capital castellano-manchega y numerosas las leyendas que han llegado hasta nuestros días.
El Pozo Amargo
En la calle que lleva su nombre se encuentra el famoso Pozo Amargo, llamado así por los sucesos que al parecer acaecieron allí en plena Edad Media. Cuenta la leyenda que el cristiano Fernando y la judía Raquel cayeron rendidos en los brazos de Cupido. Sin embargo, sus diferencias religiosas impedían que ese amor pudiera llegar a buen puerto, de modo que se encontraban a escondidas junto a un pozo. Allí estaban seguros pues era una zona poco transitada. Pero estaban equivocados, el padre de Raquel fue testigo de uno de esos encuentros y entró en cólera. Ni corto ni perezoso sorprendió a los enamorados y clavó un puñal en la espalda de Fernando, que muerto cayó al pozo.
Aquel suceso destrozó a su amada, que cada noche iba a llorar a su antiguo amor. Y se dice que tantas fueron las lágrimas que brotaron de sus ojos y cayeron al pozo que el agua se tornó amarga. De hecho, tal fue la pena que una noche, creyendo escuchar a su amado desde el fondo, Raquel se dejó caer, perdiendo también su vida.
Florinda la Cava
Esta leyenda cuenta el porqué de la invasión árabe a la Península Ibérica, aunque, como es evidente, las razones fueran otras de índole militar, religioso y político. El caso es que Florinda era hija del Conde Don Julián, que decidió enviarla a Toledo para que recibiera una buena educación.
Una vez allí, a la muchacha, que destacaba por su gran hermosura, se le ocurrió bañarse a orillas del río Tajo junto a otras doncellas, con la (mala) suerte de que rey Rodrigo, a la postre último monarca visigodo, la vio. Enaltecido por la pasión, Rodrigo decidió que debía poseer a Florinda y, claro está, la joven no pudo negarse (hay fuentes que hablan de que ella le sedujo y otras de que fue violada). Este hecho llegó al conocimiento de su padre, que ante tal afrenta, decidió vengar el deshonor de Florinda ayudando a los musulmanes a cruzar el Estrecho de Gibraltar para enfrentarse a las tropas de Rodrigo.
El desenlace fue la derrota visigoda en Guadalete y la invasión de los territorios cristianos. Cabe añadir que la leyenda se hizo popular y que Florinda fue conocida como la Cava, que en árabe significa “mala mujer” o incluso “prostituta”.
El Cristo de la Calavera
Esta leyenda también hace referencia a asuntos amatorios. Y es que no hay mejores argumentos que los relacionados con el corazón. En esta ocasión, el de dos caballeros toledanos llamados Lope y Alonso enamorados de la misma dama: doña Inés.
Tal y como se hizo eco Gustavo Adolfo Bécquer en sus Leyendas, cuando a la dama se le cayó un guante, ambos pretendientes corrieron prestos a recogerlo. Lope y Alonso lo agarraron cada uno por un lado y se negaron a soltarlo. El amor de Inés así lo merecía. Entonces, el rey intervino y se lo devolvió a la dama. Sin embargo, los caballeros no quedaron conformes y se citaron para batirse en duelo.
Buscaron el lugar adecuado, en una calle cercana a la Plaza de Zocodover y desenvainaron sus aceros. Pero quedaron sorprendidos cuando en el momento en que chocaban sus espadas, la luz del candil se apagaba… para volverse a encender poco después. Así ocurrió varias veces y entonces comprendieron que se trataba de una señal de Dios para frenar el duelo. Volviendo juntos pasaron junto al balcón de Inés y se encontraron a un hombre descolgándose a escondidas desde el mismo después de dedicarse algunas carantoñas. la dama estaba con otro y entonces empezaron a reír a carcajadas.
Al día siguiente, cuando partían hacia la batalla, Inés esperaba ver quién de los dos había ganado, pero se encontró a Lope y Alonso cabalgando juntos y soltando una nueva carcajada al pasar a su lado.
La casa del diamantista
La cuarta leyenda nos lleva a orillas del río tajo, a una casa habitada en el siglo XIX por un famoso orfebre llamado José Navarro. Era tal su fama que Doña María Cristina de Nápoles, madre de la futura reina Isabel II le encargó que realizara la más bella corona real para su hija.
Debía estar preparada para el día de coronación, pero al orfebre no se le ocurría ningún diseño sobresaliente. No estaba satisfecho con sus ideas y el tiempo se le echaba encima. Un día, agotado por el cansancio, se quedó dormido en su estudio y al despertar se encontró con el boceto de una preciosa corona.
¿Cómo había ocurrido aquello? Ante la belleza de la misma, se puso a crearla, tallando piedras preciosas y moldeando sus formas. El día se acercaba y no paraba de trabajar. Tanto era así que cada noche caía rendido y se dormía en su taller y al despertar se encontraba con la labor acabada. Así que un día decidió fingir que dormía y cuál fue su sorpresa cuando presenció cómo pequeños duendes ataviados de ropajes con múltiples colores salían del río y se ponían a trabajar en la corona. A la mañana siguiente, la corona estuvo terminada y no hubo ninguna más bella.