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domingo, 3 de abril de 2016

La imagen de los mayores



Por Luis Melero Marcos[i]
Modificaciones de los estereotipos sobre los mayores
Uno de los estereotipos mas extendido es el de que las personas mayores constituyen un grupo homogéneo. Sin embargo, la ciencia muestra que la heterogeneidad y diversidad es mayor que en otros grupos de edad. Se puede afirmar, con Vega y Bueno (1995), que la vejez es una etapa en la que la variabilidad interindividual alcanza su punto máximo.
Esta realidad, forma así mismo, parte de problema, puesto que, debido a que la diversidad y variabilidad son tan grandes entre las personas mayores y a lo largo del proceso de envejecimiento, siempre es posible encontrar a alguna persona mayor a la que se le pueda aplicar alguna de las creencias erróneas que existen sobre ellas. Es decir, siempre encontraremos algún caso que confirme dicha regla, por muy equivocada que ésta sea. Si como señala Butler (1989), se tiene la imagen de que las personas mayores han perdido las facultades mentales y son débiles física y psicológicamente, esto indica la existencia de una confusión entre el proceso normal de envejecimiento y el envejecimiento patológico de algunos sujetos.
El problema que subyace, a lo anteriormente afirmado, es que algunos de los grupos de población que mantienen estereotipos hacia los mayores, son precisamente aquellos de los que dependen los cuidados y atenciones a nivel profesional. Según Carmel, Cwikel y Galinsky (1992), los futuros cuidadores profesionales, incluidos los estudiantes de enfermería, muestran muy poco interés en trabajar con mayores y mantienen actitudes negativas hacia éstos. En una investigación realizada por Ward, Duquin y Streetman (1998) con estudiantes de distintas profesiones relacionadas con la salud, se comprobó que estos estudiantes tenían una imagen de los mayores como poco activos, productivos y poco saludables.
Además, ante una situación de contacto físico, como es un masaje, mostraron cierto miedo hacia ellos en temas relacionados con la sexualidad y fragilidad física de éstos. Otros autores, como Leer (1980), Kite y Johnson (1988), Netz y Ben-Sira (1993), y O´Hanlon, Camp y Osofsky (1993), confirman esta imagen negativa para los adolescente y jóvenes de los mayores.
Kart (1990), identificó los diez estereotipos negativos mas frecuentes en la sociedad norteamericana, en ellos se socia a las personas mayores con: senilidad, aislamiento familiar, mala salud, ser víctimas de crímenes, la pobreza, la carga social para el sistema sanitario y social, la escasa productividad, la jubilación debido a la mala salud, el desinterés por las relaciones sexuales y la vida en una residencia. Esta visión negativa de los mayores, no solo la tienen otros grupos de edad, sino que ocasiones es compartida por los propios mayores. Triadó y Villar (1997), analizaron la percepción del envejecimiento a partir de una amplia muestra de personas mayores de 65 años. Sus resultados mostraron que las personas mayores percibían el envejecimiento a nivel físico, psicológico y social en términos de declive.
Aunque no todas las investigaciones realizadas confirman estos datos, la mayor parte de los autores han concluido que la imagen de los mayores, para adolescentes y jóvenes es, en general negativa y poco competente.


[i] Luís Melero Marcos es Doctor en Psicología por la Universidad de Salamanca y ejerce en ese centro como Profesor titular de Psicología Evolutiva y de la Educación y como Subdirector del Máster Universitario en Gerontología. Ha publicado numerosos estudios sobre vejez, adaptaciones curriculares y depresión, y es vicedecano del Colegio Oficial de Psicólogos de Castilla y León. E-mail: meleromar@terra.es

sábado, 20 de febrero de 2016

La imagen de las personas mayores, los estereotipos, y los medios de comunicación social



Extracto del Envejecimiento Activo. Libro blanco.
Imagen de las personas mayores y medios de comunicación
Editado por IMSERSO 2011
(…) No hay una única imagen social de las personas mayores, aunque la reflejada en los medios de comunicación sea la que está predominantemente vinculada al estereotipo de pasividad, enfermedad, declive, deterioro y falta de autonomía personal. Junto a esta imagen negativa que aún persiste, y que suele aflorar en los medios de comunicación vinculada a noticias de sucesos, comienza a reflejarse una imagen positiva de personas mayores activas, saludables y participativas.
La realidad social va por delante de los estereotipos y es la que fuerza el cambio de éstos después de varios años. Pero mientras dura esta dicotomía, encontramos fuerzas que contribuyen a que la imagen negativa permanezca en contraposición con las que se abren paso para superar el estereotipo social. Y éste es el momento en el que nos encontramos alimentado por la heterogeneidad de las personas mayores de hoy. (…)
La doble mirada hacia las personas mayores que tienen los jóvenes europeos se evidencia en forma similar a la imagen que tiene la sociedad española de las personas mayores. Un 36,2% de la sociedad española (Imserso/CIS, 2009) piensa que las personas mayores no pueden valerse por sí mismas y necesitan ayuda, a sensu contrario, se podría afirmar que el 63,8% piensa lo opuesto. Frente a esta opinión sólo un 8,1% de personas de 65 y más años piensan lo mismo. Es evidente que las personas de edad tienen una imagen más positiva de sí mismas que la población en general, aunque aquí las puntualizaciones son necesarias. (…)
La tan traída imagen de la soledad con tintes negativos que acompaña a las personas mayores puede ser real para una parte del colectivo de las personas mayores, pero en todo caso, no es tan extensa como los propios medios de comunicación reflejan y la sociedad tiene grabado en su subconsciente. (…)
Hasta ahora, como ya se ha avanzado en párrafos anteriores, los medios han reflejado, en gran medida, una imagen estereotipada negativa de las personas mayores aplicada a todo el colectivo y, con frecuencia, aún continúan haciéndolo por simplificación, al tratar a las personas mayores como si se tratara de un grupo social homogéneo, cuando es tan heterogéneo como cualquier otro. (…)
El mismo uso de la terminología «vejez» o «proceso de envejecimiento» denota unas connotaciones que influyen a la hora de transmitir las informaciones. La tendencia existente en la prensa de «personalizar», de individualizar, de poner cara, nombre y apellidos, a las personas mayores «activas» y de anonimizar a las personas mayores «no activas», es el espejo que muestra una realidad para los medios de comunicación social de visibilizar de forma individual el hecho positivo y de «colectivizar» lo negativo extrapolándolo a todo el grupo de personas mayores.
La manera como se presenta a las personas mayores en los medios de comunicación es fundamental para promover su autonomía personal y su independencia. Reflejar su realidad actual y, por tanto, su heterogeneidad, su diversidad, su aportación social y económica, su satisfac­ción con su vida, contribuirá a estimular una buena imagen social en la que se reconozcan.
Las personas mayores, a través de sus Organizaciones Representativas hace años que vienen denunciando esta situación y reclamando su derecho a una imagen social pertinente, es decir, a una imagen que refleje su realidad como colectivo que forma parte de la sociedad, que aún tiene mucho que decir y hacer y que nunca ha dejado de aportar. (…)

domingo, 28 de diciembre de 2014

Imagen de las personas mayores



Estereotipos de las personas mayores ¿qué significa ‘ser mayor’?
Dña. Sacramento Pinazo Hernandis

España es, desde hace unos pocos años, uno de los países con la población más envejecida de toda Europa, con uno de los índices de fecundidad más pobres del mundo y con una elevada esperanza de vida al nacer. Recordemos, por ejemplo, que la esperanza de vida de los españoles en 1900 era de 34 años, de 47.12 años después de la guerra, y de 59.81 años en 1950. En la actualidad, el número de personas octogenarias, nonagenarias y centenarias en España no cesa de crecer. La esperanza de vida para las mujeres españolas, por ejemplo, sobrepasa ya los 83 años.
En una sociedad como la nuestra, con un prioritario culto a la juventud, parece que no hay alternativa para aquél que envejece y se aleja de los 20 años... Vivimos en una sociedad orientada hacia la juventud en la cual hay una lucha continua contra todo aquello que significa ‘ser viejo’. El énfasis de la sociedad en ‘ser joven’ (o al menos parecerlo) puede explicar el por qué los demás grupos de edad mantienen actitudes negativas hacia los mayores. Podemos concluir que a medida que la edad aumenta se está menos a favor de que las personas mayores poseen rasgos que facilitan las relaciones interpersonales, se tiene una mayor creencia en que las personas mayores se definen por un deterioro generalizado, se ve a las personas mayores como menos activas, se opina que las personas mayores se caracterizan por un aislamiento de los demás. La sociedad parece haber dejado de lado a los mayores, fuera del ‘círculo de poder’, fuera del conjunto, sin posibilidades de participar e incluso, a veces, sin posibili­dades de opinar y/o decidir. Parece como si la sociedad en general pensase que ‘los viejos son los otros’, sin tener presente que, antes o después, nuestra propia existencia nos llevará- si no morimos en el intento- a la vejez. En eso, las alternativas están claras, y sólo hay dos: vivir (y envejecer) o morir. La vejez es la única categoría social a la que todas las personas pueden llegar a pertenecer en algún momento; por ello, cuando los grupos de jóvenes contemplan al grupo de las personas mayores, están pensando en una percepción futura de su existencia, con la creencia generalizada de los aspectos negativos y peyorativos, como una amenaza al propio bienestar futuro.
Resulta curioso comprobar cómo las personas tienen interiorizadas imágenes de la vejez que no coinciden en líneas generales con la realidad actual. A veces también las propias personas mayores manifiestan las mismas contradicciones, por lo que en muchas ocasiones distinguen entre la consciencia de su propia vejez por la edad que tienen y el sentimiento de vejez del que carecen al asociarla con características tales como enfermedad, deterioro mental, rigidez de pensamiento, falta de compromiso y participación, dependencia, problemas sociales y eco­nómicos y ausencia de capacidades.
Las personas mayores no se identifican con la imagen de la vejez ofrecida por la sociedad. Esto se debe al estereotipo negativo ligado al calificativo de ‘personas viejas’, percibidas como personas en un inevitable periodo de declive y decadencia donde se sufre enfermedad, soledad, tristeza y abandono. Las personas mayores, al no autopercibirse de este modo también consideran que ‘las personas viejas son las otras’. En 1990, Mª Teresa Bazo preguntó a un grupo de personas mayores, cuándo una persona podía considerarse anciana: ‘Cuando uno ya no vale para nada’ (34%), ‘Cuando se tienen muchos años’ (25%), ‘Cuando ya no se tiene ilusión por nada’ (24%); un 5% considera que el umbral de la vejez se da ‘A partir de los 65 años’; un 3% encuentra que es ‘La jubilación’; y un 8% de los encuestados piensa que ‘No se es anciano nunca’ (Bazo, 1990). Para la autora, ‘el problema de la vejez es que resulta mal vista y es objeto de aversión por parte de las personas en general y de los ancianos en particular, que han interiorizado en su proceso de socialización una serie de imágenes negativa sobre la ancianidad que contribuyen a distorsionar la verdadera visión de la misma’ (Bazo, 1990, p.201).
En un estudio posterior, Bazo (1992) estudió cómo describían y expresaban los sentimientos y relaciones con sus abuelos una muestra de 277 jóvenes universitarios, mediante la técnica de análisis de contenido de los relatos. Los abuelos eran percibidos de forma positiva en general: cariñosos, tiernos, comprensivos, simpáticos, chistosos, prestos para la ayuda, transmisores de conocimientos útiles para la vida, aunque en algunas ocasiones (pocas) también aparecían calificados como: insoportables, egoístas, gruñones, dominantes, roñosos.

domingo, 30 de noviembre de 2014

¿Es la sociedad actual justa con los mayores?



Por Paola Fernández

En eldiarionorte.es 31/8/2014

 

La psicóloga Gema Rojo ha analizado el trato que reciben las personas mayores en nuestra sociedad en los Cursos de Verano de la UPV
A su juicio, “los mayores han cambiado mucho en poco tiempo, pero la sociedad no ha cambiado la imagen que tiene de ellos".
"Mientras que durante años los mayores eran personas importantes en la familia, ahora son una carga", apunta Rojo.

La imagen que tenemos de las personas mayores muchas veces no se corresponde con la realidad. Porque ¿A quién le vienen a la cabeza los Rolling Stone como  personas mayores? pero lo son. Normalmente tenemos ideas preconcebidas de cómo es una persona mayor y como consecuencia les tratamos de manera inadecuada. La psicóloga de la Universidad CEU San Pablo de Madrid Gema Rojo ha indicado, durante los Cursos de Verano de la UPV/EHU, que “hay que repensar la imagen que tenemos de las personas mayores”. A su juicio, los mayores “han cambiado mucho en poco tiempo, pero la sociedad no ha cambiado la imagen que tiene de ellos”.
Durante el Curso ‘Mal trato o Maltrato: ¿Cómo se trata a las personas mayores en la sociedad actual?’ varios expertos han tratado los malos tratos hacia las personas de la tercera edad. Sin embargo, Rojo señala que al ser un concepto “totalmente distinto” al maltrato infantil o a la violencia de género, “son más difíciles de detectar,  por ejemplo, conductas más sutiles”. Y en todo esto juegan un papel importante los estereotipos.
Según ha destacado la ponente, los estereotipos psicológicos les pueden hacer ser incluso más dependientes. Por ejemplo, el hecho de tratarles como niños en cualquier ámbito de la vida. Rojo apunta que esta es una situación muy común en los geriátricos en donde no sólo “se les habla como niños”, sino que incluso durante sus actividades “se les ponen juegos y canciones para niños”. Otro de los estereotipos que destaca es el social. Muchas veces se considera a las personas mayores improductivas, sin embargo Rojo se pregunta “¿cómo va a ser improductivo alguien que cuida de los nietos, realiza actividades e incluso es el sustento de muchas familias?”.
"Edadismo"
Como consecuencia a todos los estereotipos se produce el “Edadismo”, esto es, la discriminación por edad. La psicóloga considera que esta discriminación está “al mismo nivel que el sexismo, lo que pasa es que es muy sutil”. “Mientras que durante años los mayores eran personas importantes en la familia, ahora son una carga”, apunta Rojo. Por ello, la gente no quiere envejecer, porque “tiene la sensación de que todo lo que le va a pasar es malo”.
El “Edadismo” influye en las personas mayores a nivel cognitivo, emocional y conductual, y “esa falta de control sobre su vida les puede llevar a la depresión”. Rojo también recuerda que muchos médicos cuando una persona mayor va a la consulta, los médicos muchas veces creen que “todo lo que le pasa es de la edad y no les hacen mucho caso”. En este sentido, ha puntualizado que “incluso se les considera una carga para el sistema sanitario”. Ante todo esto la psicóloga considera que “es importante escuchar a los mayores y darnos cuenta de que tenemos ideas erróneas para poder corregirlas”.

domingo, 30 de marzo de 2014

Echar abajo los estereotipos




Organización Mundial de la Salud
Por lo común, todos valoramos y respetamos a las personas mayores que amamos o a las que conocemos bien. A pesar de ello, nuestras actitudes hacia otros ancianos en la sociedad en general pueden ser diferentes.
En muchas sociedades tradicionales, las personas de edad son respetadas como «nuestros mayores». Pero en otras, las mujeres y los hombres de edad pueden ser menos respetadas. La marginación puede ser estructural, por ejemplo mediante la imposición de edades obligatorias para la jubilación, o informal, como cuando se considera que las personas mayores son menos vigorosas y menos útiles a los ojos de un posible empleador.
Actitudes como estas son ejemplos del prejuicio por motivos de edad, según el cual se crean estereotipos en torno a ciertas personas o grupos a causa de su edad, o directamente se los discrimina. Al amparo de estos prejuicios se llega a representar a las personas mayores como frágiles, «anticuadas», incapacitadas para el trabajo, débiles, de reacciones lentas, discapacitadas o de plano incapaces. Este prejuicio separa a la sociedad en jóvenes y viejos.
A consecuencia de estos estereotipos, las personas mayores pueden verse privadas de participar plenamente en actividades sociales, políticas, económicas, culturales, espirituales, cívicas y de muchos otros tipos. Los jóvenes pueden a veces influir en estas decisiones por las actitudes que adoptan hacia las personas mayores o incluso erigiendo barreras a la participación de estas.
Además, esos estereotipos pueden impedirnos hacer frente a los problemas del envejecimiento de la población porque determinan que no formulemos las preguntas exactas o que no encontremos soluciones imaginativas.

domingo, 26 de enero de 2014

El envejecimiento


Ramon Ara
de Hartu-emanak
Existen innumerables estereotipos sobre la Persona Mayores, y afloran mucho más los negativos que los positivos. Las Personas Mayores aunque hayan sido ingenieros/as, catedráticos/as, trabajadores en las factorías o en el agro, o barrenderos o mujeres que jamás se jubilan tienen una condición común SON PERSONAS MAYORES. Y estas Personas Mayores tienen muchos problemas comunes que desconocemos o ignoramos: Salud, Soledad, Tratamiento infantil, y no digamos cómo se ningunea en muchos casos su pasado con el que podrían enriquecernos mucho el presente si los tuviéramos algo en cuenta.
Se envejece cuando nuestro cuerpo y nuestra cabeza enferma. Unos antes y otros después….He conocido más de un viejo prematuro y más de una persona mayor con mucha vitalidad. Creo que de la misma forma que hay viejos insoportables, hay jóvenes insufribles....
Envejecer no es la causa que cambia el carácter o la forma de actuar. Las circunstancias en que se "envejece " lo hacen. Si la vida nos da más alegrías que tristezas, si el bienestar y la salud acompañan y los hijos nos quieren y respetan, se envejece con una continua sonrisa y florece la serenidad, una de las principales características de la ancianidad.
De otra forma, el ceño se endurece, y la mirada se hace desconfiada. Detrás de esas manías y actitudes a veces intratables, hay en muchísimos casos, depresiones por conflictos no resueltos de toda una vida y/o miedo a la muerte en muchísimos casos y claro...se pierde la ilusión y nos convertimos en "ancianos desagradables”.
Por tanto, hay personas mayores que, con el paso del tiempo, se vuelven entrañables y personas mayores que, con el paso del tiempo, se vuelven insoportables.
¡Vigila con cuidado el modo en que envejecen tus defectos!

domingo, 5 de enero de 2014

Taller Conferencia Sacramento Pinazo



María Alonso Trueba
Alumnas de Educación Social de la Escuela de Magisterio de la EHU /UPV
en prácticas en Hartu-emanak
La jornada del pasado jueves 28 de noviembre sobre la solidaridad intergeneracional y el envejecimiento activo (Taller de proyectos intergeneracionales celebrado en Portugalete), me hizo reflexionar sobre algunas cuestiones que se mencionaron allí y creo importante destacar las siguientes.
Las percepciones que unas personas tenemos acerca de otras juegan un papel importante en nuestra voluntad de acercarnos y mantener relaciones con otros. Se ha planteado mucho el tema de cómo son percibidas las personas mayores por el resto de miembros de la sociedad. Según estudios contrastados las personas mayores son percibidas por la sociedad, sobre todo, como molestas, inactivas y tristes. Esta visión contrasta con la que tienen las personas mayores de sí mismas: más divertidas, menos tristes y más activas de lo que los demás piensan. Lo preocupante de datos como estos es que muchas personas mayores tienden a comportarse en base a la imagen dominante de la sociedad. Este es otro motivo para impulsar relaciones intergeneracionales positivas, que mejoren la imagen que las generaciones más jóvenes tienen de las personas mayores.
Otro punto a destacar son las relaciones abuelos-nietos, suelen ser positivas, y se ponen en marcha sobre la base del respeto y del cariño. La gran mayoría de las personas mayores se sienten bastante o muy satisfechas con su relación con los nietos; y, en el caso de actuar de cuidadores, prevalece la sensación de que cuidar a los nietos es más un placer que una obligación.
Pero la realidad es que existen estereotipos y generalizaciones alrededor de todo aquello que rodea a las personas mayores, que ha significado sobre todo la emergencia de una realidad que es preciso reconocer, una nueva generación de personas mayores.
En cuanto al contexto social creo que pretende adoptar una visión del envejecimiento como un proceso natural en la vida de las personas, una experiencia positiva, y no como un problema. Que requiere un cambio de las actitudes sociales, a partir de la superación de aquellos discursos que transmiten un concepto de persona mayor pobre, infantil y limitado. Queremos conseguir la inclusión y participación activa en la sociedad del colectivo de personas mayores, más allá del ámbito del bienestar social al que tradicionalmente se ha circunscrito su participación, en todas las esferas y dimensiones de la política, y en contra de una “exclusión por edad”.
El envejecimiento positivo tiene que ir más allá de la participación de las personas mayores en iniciativas solidarias. La incorporación de otras dimensiones como fuente de participación social es necesaria para que se represente la realidad de las personas mayores y su aportación a la sociedad.

domingo, 29 de diciembre de 2013

¿Mayores inactivos? ¿mayores improductivos?



Dña. Sacramento Pinazo Hernandis
Mitos y realidades de las personas mayores
V jornadas Hartu-emanak
Noviembre 2005

Existe un enorme caudal de ayuda (sin contraprestación económica) que las personas mayores dan diariamente, y que es muy importante para la vida social y comunitaria. Y hacemos referencia, por ejemplo, al cuidado de los enfermos, a la ayuda en la crianza de los nietos, al mantenimiento de los jóvenes no-emancipados- todavía y cuya salida del hogar familiar cada vez se retrasa más y más, a la participación en actividades voluntarias…
¿Viejos, ancianos, tercera edad, mayores, jubilados? En cuanto a la terminología parece más conveniente utilizar unos términos que otros. Por ejemplo, el término ‘viejos’ tiene un carácter claramente peyorativo, de desgaste e inutilidad. El término ‘anciano’ podría ser adecuado pues se refiere a un período de la existencia humana que viene detrás de la infancia, la adolescencia y la madurez. El eufemístico término ‘tercera edad’ ha tenido bastante aceptación pero es de difícil explicación ya que no existe una primera ni una segunda edad. ¿Cuál es, entonces, el calificativo más apropiado para referirse a los mayores de 65 años? Tanto para las personas de 65 ó más años como para los que se encuentran entre 18 y 64 años el término preferido es el de ‘mayores’, mientras que el término menos apropiado para ambos grupos es el de ‘viejos’.
El concepto ‘jubilación’ que marca la barrera entre los menores y los mayores de 65 años únicamente representa una marca jurídica, socialmente establecida, aunque es evidente que no todo el mundo abandona el mercado laboral a esa edad (en muchos casos la decisión ni siquiera depende de uno), y, además, hay muchas personas que nunca se jubilan porque nunca se insertaron profesionalmente, las amas de casa, por ejemplo.
La ‘tasa de dependencia’, por citar otro ejemplo, que no es más que un valor, una manera de cuantificar ‘el peso económico’ de la población no activa (y que, además, engloba a los menores de 16 años y los mayores de 65 años, y a todos aquellos discapacitados de cualquier grupo de edad que perciben pensiones) conlleva lecturas fatalistas del envejecimiento poblacional. Según ésta se etiqueta de dependiente a todo aquel que no trabaja (aunque a menudo se olviden todos sus años de cotización laboral a la Seguridad Social), convirtiendo en un fracaso estatal lo que más bien es un éxito poblacional: el que cada vez haya más gente que sobreviva hasta edades muy longevas.

domingo, 15 de diciembre de 2013

Una necesaria aclaración conceptual




Dña. Sacramento Pinazo Hernandis
Mitos y realidades de las personas mayores
V jornadas Hartu-emanak
Noviembre 2005

Contrariamente al mito de que los mayores son personas enfermas y dependientes, la mayoría de las personas mayores tienen una vida independiente y autónoma. El prejuicio nos lleva a asociar vejez con enfermedad, pero aquellas personas que han llegado a viejas, son justamente aquellas que no han sufrido grandes enfermedades; en el caso español, aquellas que consiguieron superar las hambrunas, la Guerra Civil y la postguerra, el exilio, las enfermedades (la Gripe de 1918, que acabó con la vida de 190.000 españoles, por ejemplo), la mortalidad infantil...
Al contrario de lo que se supone “los estudios gerontológicos de la OMS y los que se han realizado en España indican que la mayor parte de las personas mayores desde la jubilación hasta los 70 años o más, no presenta diferencias sensibles en ninguno de los indicadores de salud con el grupo de personas ‘prejubiladas’ comprendidas entre los 50 y los 64 años. Los déficits en las habilidades funcionales, los achaques que limitan la autonomía de las personas, en la mayoría de los casos, comienzan a presentarse después de los 80 años.” (Fernández-Ballesteros, 1992).
Según el estudio 2072 realizado por el INSERSO/CIS (1993) es a partir de los 80 ó más años –y no a los 65 años- cuando aumenta la necesidad de ayuda para la realización de ciertas actividades. Por ejemplo, el 28.9% de los hombres -el 41.5% de las mujeres - mayores de 80 años necesitan ayuda para bañarse o ducharse; el 16.5% de los hombres -el 27.8% de las mujeres- necesitan ayuda para la realización de tareas domésticas; o el 12.9% de los hombres -el 19.3% de las mujeres-necesitan ayuda para levantarse o acostarse. El informe del IMSERSO (1995) señala una tasa de independencia de hasta el 80% de los adultos mayores de 65 años, no sólo en la realización de las actividades de la vida diaria sino también en la elección cada vez más frecuente de vivir solos en su propio domicilio. Además, el citado informe, indica que los españoles tenemos una imagen de las personas mayores que está asociada principalmente con la idea de ‘dependencia (61%), ‘deterioro físico’ (56%) y/o ‘deterioro cognitivo’ (31%). Otros datos similares aparecen en Fernández-Ballesteros (1992), en donde encontramos que es a partir de los 81 años cuando se encuentra el mayor porcentaje de necesitados de ayuda, que aún así puede suponer desde el 19% que necesita ayuda para comer ó 22.7% para ir al cuarto de baño, hasta el 65% que necesita ayuda para usar el transporte público ó 50% para andar o bañarse.
Las últimas investigaciones han concluido que mucho de lo que en otro tiempo se consideró parte del proceso de envejecimiento normal es el resultado de enfermedades y estilos de vida insanos; también han identificado muchos de los cambios que se producen en el cuerpo con el paso de los años. Cierto es que las personas conforme envejecen van sufriendo cambios o alteraciones a nivel orgánico (más posibilidad de sufrir patologías coronarias, disminución del tamaño de la masa muscular, atrofia de los tejidos periorbitarios), funcional (la digestión se hace más lenta, menor agudeza visual, se producen alteraciones auditivas, menor flujo sanguíneo) y psicológico (cambios en la inteligencia, en la memoria, en el aprendizaje). Pero muchos de esos cambios comienzan muy tempranamente: a los 30 comienza una disminución de masa renal que llega hasta el 30% al cumplir los 80 años; la pérdida de audición comienza normalmente en la treintena al perder flexibilidad los huesecillos del oído medio; los pulmones comienzan a perder elasticidad a los 20 años; las células óseas se dividen y mueren constantemente durante toda la vida, pero alrededor de los 35 años la pérdida se acelera y a la larga supera a la reposición; y la menopausia (40-45 años) intensifica la pérdida de calcio, tornando a los huesos porosos y quebradizos (lo que se conoce como osteoporosis). Entre los investigadores hay acuerdo en que debe distinguirse entre aquellos mayores de 65 años que se encuentran en la plenitud de sus capacidades físicas y mentales y aquellas personas mayores que acumulan diversas vulnerabilidades: soledad, pérdida de movilidad, enfermedades invalidantes.
Para una correcta definición habría que tener en cuenta diferentes aspectos: no es lo mismo Sentirse viejo (vejez física), que Estar viejo (vejez biológica), Ser considerado un viejo (vejez social), o Vivir como un viejo (vejez psicológica). Así, el concepto ‘vejez’ puede ser definido a nivel cronológico (la persona que ha cumplido los 65 años, el que ha entrado en la tercera edad), a nivel social (el jubilado del rol laboral) o a nivel funcional (la persona que ha tenido una disminución de las capacidades funcionales, lo que conlleva discapacidad y pérdida de la independencia).
Naturalmente, las personas mayores también difieren por edad. Entre ellas es posible distinguir entre los mayores jóvenes, esto es, los nuevos jubilados o prejubilados; la verdadera vejez, aquellos que han pasado los 80 años; y los centenarios, que en España han llegado ya a ser cerca de 5000 personas, y hasta los super-centenarios, los que superan los 110 años.
Otros, hablan de tercera edad, cuarta edad y quinta edad, haciendo referencia a la fragilidad. Cuando hacemos la distinción entre tercera, cuarta y quinta edad, no debemos aludir a un concepto cronológico sino más bien a una división entre aquellos mayores con buena salud y aquellos otros con declive funcional y grados de dependencia. Haciendo referencia a esta distinción entre envejecimiento (vulnerabilidad) y enfermedad (presencia de patologías), Birren y Cunningham (1985) contemplan tres tipos de envejecimiento: envejecimiento primario (libre de enfermedades); envejecimiento secundario (en el que se hacen presentes algunas enfermedades, cardiovasculares, por ejemplo); y envejecimiento terciario (asociado al deterioro y a la aceleración del declive). Por su parte, Rowe y Kahn (1997) hablan de envejecimiento patológico y envejecimiento normal o no patológico; distinguiendo a su vez, en el envejecimiento no patológico, entre envejecimiento usual (no hay enfermedad pero sí un mayor riesgo de padecerla) y envejecimiento con éxito (ca                                                           racterizado por la poca probabilidad de padecer enfermedades, altos niveles de funcionamiento físico y cognitivo y la implicación activa en la vida).

domingo, 24 de noviembre de 2013

Reflexion



Hartu-emanak

La imagen de la vejez, como cualquier otra etapa del desarrollo humano, está cargada de innumerables estereotipos. Muchos de ellos, negativos, porque a fin de cuentas nos encontramos en un período crepuscular, de ocaso de la vida, y lo asociamos a una visión biológica de decrecimiento.
Aunque en muchos casos no se corresponde con la realidad, se les asigna como colectivo un lugar desvalorizado y se les atribuye un papel pasivo, e incluso exclusivamente de receptores. Es cierto que esta imagen "reduccionista" quiebra con las nuevas generaciones de mayores, con mayor capacidad para reivindicar su espacio y sus derechos, para organizarse y para participar activamente en su entorno, pero ese papel de "agente social" no acaba de tener eco en los medios de comunicación e incluso en buena parte de las propias personas mayores.
Es necesario plantear una estrategia que aborde cómo debemos articular un proceso de empoderamiento de las personas mayores, haciendo realidad el derecho de este colectivo a participar y a ser tenido en cuenta en todos los ámbitos de la vida social, cultural, política e incluso productiva.