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viernes, 6 de diciembre de 2019

Es necesario reducir la jornada laboral


No hay trabajo para todos. En esta sociedad posindustrial no hay trabajo para todos. Las tasas de paro están disparadas. España 13,8%, Italia 9,5%, Grecia 16,9%, Zona euro 7,4%,
Paro es sinónimo de desempleo. Desempleado o parado es aquel trabajador que, deseando trabajar, no tiene empleo. Por lo tanto, los desempleados o parados de un país son aquellos que tienen edad, capacidad y deseo de trabajar (población activa) pero carecen de un puesto de trabajo.
La teoría keynesiana, señala que la principal causa del desempleo se debe a que la cantidad de trabajadores que las empresas están dispuestas a contratar está en función de la cantidad de bienes y servicios que esperan vender, y del precio de estos. Cuando la demanda no es suficiente, las empresas prescinden de trabajadores, generando así desempleo.
Las causas de que la demanda no sea suficiente son múltiples, produciendo como consecuencia distintos tipos de desempleo (cíclico, estructural, friccional y monetario). Además existe el desempleo tecnológico que se origina cuando hay cambios en los procesos productivos que hacen que las habilidades de los trabajadores no sean útiles
Esto nos dice que existe un modelo capitalista que busca generar riqueza por medio de ingresos que generan sus trabajadores.
Las nuevas tecnologías, en concreto derivadas del aumento de la automatización y del avance de la inteligencia artificial, están sustituyendo empleos a mayor ritmo que los que somos capaces de crear. La era digital está permitiendo que trabajos que eran desempeñados por cientos o miles de personas, puedan realizarse ya por unos pocos.
La sustitución de puestos de trabajo por máquinas ha estado sucediendo continuamente desde la Revolución Industrial, pero se espera que se acelere significativamente en los próximos 10 o 20 años”, dijo el profesor Johannes Moenius, director de ISEA
Existen, sin embargo, dos diferencias fundamentales respecto al pasado:
  1. Actualmente, las tecnologías digitales están sustituyendo empleos a mayor ritmo que el de creación de nuevos empleos. En otras palabras, a nivel global, está aumentando el desempleo.
  2. La inteligencia artificial tiene el potencial de sustituir (o cambiar de forma extrema) casi cualquier empleo, por lo que no sólo los trabajos de menor valor son sustituidos por la tecnología (como suele hacer ésta), sino también trabajos altamente cualificados.
En el MIT creen que puede ser posible que la actual tendencia nos lleve a un 80% de gente sin trabajar en un futuro algo indeterminado. Imaginaos que, con el mismo nivel de vida actual, sólo 2 de cada 10 personas tengan que trabajar. Nuestra sociedad cambiaría totalmente.
Ante este escenario solo cabe un camino: repartir el trabajo existente.
El trabajo es un bien social y por tanto debe de ser compartido entre los que vivimos en la sociedad.
No debemos olvidar que el desempleo se produce cuando la persona desempleada desee trabajar y acepta los salarios actuales que se estén pagando en un momento dado.
¿Y cómo compartimos el trabajo? Pues como se ha hecho en anteriores ocasiones: rebajando la jornada laboral. Actualmente las jornadas laborales están en torno a las 40 horas de trabajo semanal por reducciones producidas después del Tratado de Versalles de 1919, la Conferencia de Washington de la Organización Internacional del Trabajo del mismo año y la Directiva Europea de 2003. Reducciones producidas a causa del aumento de la productividad. Aunque también se podría decir que la jornada laboral ha crecido, si se consideran las unidades familiares donde se ha pasado de un trabajador a dos trabajadores (habitualmente los dos miembros de la pareja o matrimonio) creando la problemática de conjugar vida laboral y familiar; y este crecimiento a su vez ha incrementado el desempleo.
Sin embargo todavía al menos el 20 por ciento de la fuerza laboral de Estados Unidos, Australia, Nueva Zelanda y Japón trabaja 50 horas o más a la semana, mientras que en la mayoría de los países europeos tal proporción no llega al 10 por ciento e incluso se reduce.
Así que esas jornadas laborales de 40 horas semanales (y con más razón las que sean más elevadas), se deben de reducir a 30 horas semanales, o a 20. Ello conllevaría que las empresas para mantener su producción tendrán que incrementar el número de sus trabajadores, reduciendo por tanto la tasa de desempleados.
No todo será del color rosa para los trabajadores, pues al mismo tiempo que se reduce su jornada laboral también deberá ser reducido su sueldo o salario de forma proporcional. No!, no se alarmen. Esa reducción proporcional será sobre los costes brutos del trabajador (sueldo bruto –con retención-, seguridad social por parte del empresario, y otros).
La disminución del paro y por tanto el paso de personas de la situación de estar cobrando de los recursos del estado (cobro prestación del paro, RGI o similar) pasaría a la situación de ser aportadores netos a las arcas del estado, con el resultado necesario de disminución generalizada de la presión fiscal. Lo que conllevaría sin duda a que los sueldos netos de los trabajadores no se redujesen en la proporción de su reducción de jornada sino en una proporción mitad.
Todos debemos tener en cuenta que para seguir en la sociedad del bienestar, será necesario que todos contribuyamos y por este orden: empresarios, estado y trabajadores.
¿Por qué pongo a los empresarios primero? Porque ellos deberían ser los más interesados (no se les nota de momento) en que continúe la sociedad del bienestar, la cual es la que genera la demanda de sus productos, y además los puede pagar y por tanto comprar. Sin esa sociedad del bienestar cualquier fabricación de productos se hunde, y todo negocio fracasa.
Cualquier otro camino que no sea el descrito conducirá a la corta o a largo plazo a la revolución social. No es posible mantener importantes núcleos de población alejados del mundo del trabajo, sin ninguna actividad, recibiendo a modo de limosna lo que se les ocurra dar a los políticos cuyo horizonte solo es el de las próximas elecciones.

domingo, 5 de agosto de 2018

Entre la subida de la pensión e Iberdrola



Ya le han puesto fecha. Ya sabemos qué día vamos a cobrar los atrasos de la pensión de todo este año. Ya sabemos que a partir del mes de julio la pensión nos sube. Cuánto hace mucho que lo tengo calculado: unos 17 euros netos al mes (una barbaridad para lo que les va a ocurrir a la mayoría de los jubilados).
Ya me estaba yo calentando: ¿cambiar de coche?; ¿renovar algunos elementos de la casa?; ¿un viaje?;…
Pero, resulta que también Iberdrola ha hecho cálculos. Como muchos de vosotros, pago una cuota fija al mes que se revisa cada cierto tiempo y se recalcula para los meses siguientes. Pues lo han hecho y les ha dado que tengo que empezar a pagar al mes aproximadamente lo mismo que van a subir los ingresos de mi pensión.
Me he quedado más frío que el tiempo que está haciendo por aquí (ahora mismo llueve y el terreno embarrado es más propio de otras épocas del año o de otras latitudes, que de un mes de julio en Castilla).
Si yo tuviera ganas miraría cómo han ido los consumos. A ver si me han subido la cuota porque me he puesto a consumir como un auténtico derrochador. Pero, ¿para qué voy a andar sacando ganas? Si me va a dar lo mismo.
Hay consumos (de esos que andan todos los días diciéndonos que se puede ahorrar: agua, luz, gasolina, …) a los que no ponemos mucha atención porque, por mucho que digan un par de “enteradillos”, son prácticamente imposibles de controlar. Son opacos, inapreciables a primera vista (¿cuántos aparatos tienes ahora en casa con el pilotito encendido, mientras tú ni paras en ella?; y ¿ese calentador, frigo,… que dejas encendido cuando te vas de vacaciones?;…).
Hay consumos cuyo control es cosa de chiflados. O de gente a la que no le suben la pensión lo suficiente.
Hay ingresos que tardamos un par de minutos y cuatro neuronas en recalcular.
Disfrutad del verano, si podéis ver el verano o si os gusta la lluvia cuando no hace frío. Porque lo que es aquí…
¿Cómo nos ve el Cine? 10 películas con una visión positiva del Envejecimiento

miércoles, 11 de julio de 2018

¿Qué es ser persona mayor en la sociedad actual?



Txema Odriozola
Publicado por Gizadiberi
Queremos mirarlo desde un aspecto positivo. El objetivo de nuestro colectivo es extender la calidad, la productividad y esperanza de vida a edades avanzadas. (Cada año mejora). Además de seguir siendo activo/a físicamente, es importante permanecer activo/a social y mentalmente, participando en actividades recreativas, de voluntariado o remuneradas, culturales, sociales, y educativas. El envejecimiento activo se sitúa en la base del reconocimiento de los derechos de las personas mayores de independencia, participación, dignidad, atención y auto-desarrollo. Así, desde esta perspectiva, los determinantes del envejecimiento activo serían: económicos, sociales, físicos, de servicios sociales y de salud, personales (psicológicos y biológicos) y comportamentales (estilos de vida).
¿Cómo lo vivo? Soy una persona de 77 años mayor por tanto, que lleva doce años trabajando en un proyecto social de voluntariado dedicado al mundo de los mayores, y viviendo y oyendo, como es lógico toda serie de comentarios, como algunos estereotipos negativos que la verdad me duelen, pensando en el esfuerzo y trabajo que hacen las Asociaciones de mayores. De ello hablaré en primer lugar.
Las personas mayores nos enfrentamos a menudo con actitudes negativas y discriminación por motivos de edad, en particular en el acceso al cuidado de la salud, empleo, bienes y servicios, la información y la educación, el transporte, la vivienda, y el acceso a los servicios financieros.
Señalan algunas fuentes de información que los mayores costamos mucho a la Sociedad, que gastamos mucho en salud en Osakidetza, (es cierto sólo en el último año de vida). que hacemos muchos ingresos en hospitales, que pedimos muchas prótesis de cadera y rodilla, que hacer más residencias para mayores es muy caro, que el IMSERSO invierte en viajes, balnearios, estancias en Benidorm, dinero de los impuestos etc., en definitiva nos señalan como un peso para la economía
En conjunto hay un sector de los medios de comunicación que nos quiere hacer aparecer como una carga para la sociedad. Se olvidan que la sociedad que ahora tenemos tan avanzada, tecnificada con grandes adelantos de todas las ciencias, en particular, las de la salud (envejecimiento y aumento expectativa de vida), se las deben a lo que las personas mayores y a sus antecesores han construido, que ahora critican como un lastre.
El envejecimiento demográfico es frecuentemente percibido negativamente y las personas de edad parecen una carga para la sociedad y para los presupuestos públicos, sin embargo yo creo y defiendo que es una oportunidad. Esta imagen negativa no hace justicia a la enorme contribución de las personas mayores a la sociedad. Mayores que han pasado por varios periodos de guerras mundiales o civil, con crisis económicas, todo ello como trabajadores, contribuyentes, voluntarios, cuidadores informales y consumidores.
Un 70% de la población mayor de 75 años se mantiene en forma y activo, ¿qué ocurriría en las familias si dejaran de aportar sus ayudas económicas sobre todo donde existe paro, si no dieran sus cuidados a otros mayores o sus nietos (los cuidados informales familiares son los 2/3 de las horas totales, lo cual es impagable), dando cohesión a la familia, ¿qué ocurriría? si estos no acompañaran a otros mayores en su soledad. Somos la economía de plata por nuestro consumo además.
La función de la federación que presido, es representar a las asociaciones de mayores de Euskadi asociadas a Federpen en los tres territorios, con 245 Centros asociados y 118500 socios de cuota. Pertenecemos a la mayor Asociación europea de mayores AGE, (40 millones de personas mayores asociadas), estamos en la mesa de dialogo civil de Euskadi (dialogo con responsables de áreas del gobierno vasco), somos miembros de Sareen Sarea del tercer sector con otras 14 redes sociales de ámbito autonómico (que a su vez preside la mesa de dialogo civil), también miembro del consejo vasco de servicios sociales, miembro del Consejo Estatal de personas mayores en representación del gobierno, miembro del consejo vasco sociosanitario y del consejo de cronicidad, pertenecemos al Consejo de Accesibilidad de G V, estamos en la plataforma estatal de personas mayores, etc, es decir estamos presentes en todas las instituciones para debatir sobre los temas que afectan a las personas mayores. Por último, diremos que hemos trabajado en el grupo Gobernantza + 65, aportando propuestas para un órgano transversal de gobierno ya que nuestra problemática la tratan diversos departamentos del Gobierno Vasco.
El envejecimiento demográfico, los rápidos cambios tecnológicos y la rápida digitalización, y otros acontecimientos sociales están cambiando nuestras sociedades de manera fundamental. Una evaluación completa y una reelaboración de nuestro marco de política económica y social son necesarios para que nuestro modelo social de Euskadi sea sostenible y equitativo para todas las generaciones. Pensemos que dentro de 20 años seremos los mayores de 65 años un 30% de la población, con un descenso de natalidad progresivo. ¿Está en peligro el equilibrio? Habrá que adecuar muchos programas de contenido social se piensa.
Un objetivo clave de las asociaciones de mayores es promover los derechos humanos de las personas mayores a nivel internacional y de la UE, y su respeto en Euskadi, para luchar contra todas las barreras que impiden a los mayores participar plenamente en la sociedad, incluso cuando pierden todo o parte de su autonomía personal, y protegerlos adecuadamente del abandono, el maltrato y la violación de sus derechos, para que todos puedan vivir y envejecer con dignidad. Por ello, es necesario intensificar las estrategias de envejecimiento activo.
Hay que trabajar para lograr políticas que apoyen un "crecimiento inclusivo", prestando la debida atención a la necesidad de asegurar el envejecimiento de la población en Europa para que todos puedan vivir con dignidad y edad según se estipula en el artículo 25 de la Carta de Derechos Fundamentales de la Unión Europea

martes, 15 de mayo de 2018

Ser Mayor en la Sociedad Actual



Ismael Arnaiz Markaida
Publicado en Deia
2 de noviembre de 2014
Cada vez somos más los que formamos parte de ese colectivo conocido como “los mayores”, y ante esta realidad es inevitable hacernos varias pregunta: ¿qué es ser mayor en la sociedad actual? ¿Somos un colectivo homogéneo, con iguales necesidades y capacidades? ¿Los “mayores” del siglo XXI, somos iguales que los mayores de hace cincuenta o más años? Y por último, otra pregunta fundamental: ¿el colectivo de personas mayores somos un problema o una oportunidad?
Y es que, si se nos ve como miembros pasivos de la sociedad, que no producimos pero si consumimos, como demandantes compulsivos de los servicios de salud, o como una carga para los presupuestos del Estado, la imagen de los mayores y del envejecimiento, será negativa.. En definitiva, nos verán como un PROBLEMA que los gobiernos tienen la obligación de resolver, en “beneficio del bien común”.
Y esto es peligroso, ya que, desde un punto de vista puramente economicista, alguien podría pensar que la solución pasa por frenar o reducir el incremento de la Esperanza de Vida, estableciendo algún tipo de discriminación por motivos de edad en los servicios de salud, recortando más las pensiones para que perdamos calidad de vida, y quien sabe si hasta pueden pensar en la eutanasia.
Como ninguna de estas soluciones serían aceptables en una sociedad moderna, democrática y respetuosa con los Derechos Humanos, la solución que ya se propuso en 1982, en la I Asamblea Mundial sobre el Envejecimiento, es la de crear las condiciones sociales, políticas y económicas necesarias, para que el envejecimiento del conjunto de la sociedad pueda ser una OPORTUNIDAD, en lugar de ser un PROBLEMA.
Por eso, en aquella primera Asamblea, y en la segunda que se celebró en Madrid en 2002, se establecieron líneas de actuación para hacer posible que la etapa del envejecimiento que vivimos las llamadas las Personas Mayores, sea SALUDABLE para nosotros, y al mismo tiempo RENTABLE para el conjunto de la Sociedad en la que envejecemos
Por otra parte, la Organización Mundial de la Salud (OMS) en su documento “ENVEJECIMIENTO ACTIVO UN MARCO POLÍTICO” (2001), propone un modelo, una forma de vivir y gestionar el envejecimiento, soportado en tres pilares básicos: SALUD, DIGNIDAD y PARTICIPACIÓN SOCIAL, teniendo en cuenta los determinantes del envejecimiento en cada lugar y el respeto a los Principio de Naciones Unidas a favor de las Personas Mayores (1991)
Este modelo de Envejecimiento Activo necesita de un cambio profundo en las propias personas mayores, y en quienes tienen responsabilidades políticas, sobre esta materia, en las Instituciones Públicas, ya que, para promover el Envejecimiento Activo, es necesario complementar las políticas basadas, casi exclusivamente, en la prestación de servicios a las Personas Mayores para que estemos descansadas, distraídas y ocupemos el “tiempo libre”, con otras políticas activas que permitan aprovechar, en beneficio del conjunto de la sociedad, el “capital social y cultural” que poseemos, pasando del “hacer para” al “hacer con”, de forma que las propias personas mayores participemos activamente, y no sólo “tomemos parte” en aquello que nos ofrecen.
Por lo tanto, “los mayores” en la Sociedad actual, no somos un PROBLEMA, sino una OPORTUNIDAD. El secreto consiste en envejecer con SALUD, DIGNIDAD y PARTICIPACIÓN SOCIAL, o dicho de otra manera, en un envejecimiento “saludable” para la persona que envejece y “rentable” para la sociedad en la que envejece

lunes, 16 de abril de 2018

¿Qué quieres ser de mayor?



Ismael Arnaiz Markaida
Publicado en DEIA
3 septiembre 2017
El día 1 de octubre se celebra el Día Internacional de las Personas Mayores, y eso me ha hecho recordar que, cuando era niño y también de joven, muchas veces me preguntaron: ¿Qué quieres ser de mayor? No recuerdo lo que contestaba. Han pasado muchos años de aquello. Es posible que ni supiera contestarla. Me quedaba muy lejos eso de “ser mayor”. Lo curioso es que, ahora que ya “soy mayor”, nadie me pregunta lo que quiero ser, y en cambio, todos me dicen lo que tengo que ser. Unos me dicen que soy un jubilado, un pensionista. Sí, de esos que estamos vaciando la “hucha de las pensiones”. Otros, peor intencionados, me dicen que soy de la tercera edad, que soy viejo o, incluso, anciano.
También hay quien se atreve a decirme lo que tengo que hacer: cuidar a los nietos, pasear, viajar, descansar, bailar, jugar a las cartas... Pues sí, efectivamente, puedo hacer todas esas cosas, pero además, yo les digo que sigo siendo un ciudadano con todos los derechos y obligaciones. Que quiero seguir participando activamente en la sociedad en la que vivo, porque esos, los derechos y las obligaciones, no caducan con la edad. Y estoy seguro de que hay muchos “mayores” que piensan como yo. Así es que menos decir lo que somos y lo que tenemos que hacer cuando somos mayores, y más reconocer nuestros conocimientos, experiencias, valores, etc. y permitir que los pongamos al servicio de la sociedad.

miércoles, 4 de abril de 2018

Los programas intergeneracionales



Solidaridad intergeneracional
y cohesión social
publicación de Hartu emanak

Desde mediados de la década de los noventa (del siglo pasado), Naciones Unidas viene formulando la necesidad de construir una “sociedad para todas las edades”, y son muchas las opiniones que consideran que si aumentamos y organizamos de modo adecuado las oportunidades que las personas de una generación pueden tener para relacionarse con personas de otras generaciones, se puede conseguir que un mayor número de esas personas decidan aprovechar la ocasión y practicar más la interacción intergeneracional.
Asumida esta opinión, es fácil considerar que cuantas más relaciones entre las generaciones se produzcan, más cerca estaremos de eliminar alguna de las barreras que impiden, hoy por hoy, que nuestras sociedades sean realmente “para todas las edades”.
En una encuesta realizada por el Observatorio de Mayores del INSERSO, se vio, entre otros aspectos relacionados con las actividades desarrolladas por las personas mayores, que el estar con niños o con jóvenes tan sólo era la décima actividad más frecuente de las personas mayores encuestadas.
Este dato nos plantea una pregunta: ¿el contacto entre generaciones no es mayor porque no se ofrecen más oportunidades para ello o porque las oportunidades existentes no son suficientemente atractivas?
Profundizando más en el tema, nos podemos preguntar: ¿es posible pensar en implantar una “sociedad para todas las edades” en la que cada persona, como individuo tenga sus derechos garantizados pero, a la vez, no tenga facilidades para mantener relaciones cotidianas con otras personas de distintas edades? ¿nos conformamos con estar bien, o de lo que se trata es de poder estar bien juntos?
Con el fin de dar respuestas adecuadas a estas preguntas, en la II Asamblea Mundial sobre el Envejecimiento celebrada en Madrid en 2002, se reconoció que “es necesario fortalecer la solidaridad entre las generaciones y las asociaciones intergeneracionales, teniendo presente las necesidades particulares de los más mayores y los más jóvenes, y alentar las relaciones solidarias entre generaciones”. Y una forma de conseguirlo, también según Naciones Unidas, “es apoyando las actividades tradicionales y no tradicionales de asistencia mutua intergeneracional dentro de la familia, la vecindad y la comunidad, aplicando una clara perspectiva de género”.
El distanciamiento y el enfrentamiento entre las distintas generaciones está en el origen de los Programas Intergeneracionales (en adelante PI), que comenzaron a desarrollarse en Estados Unidos hace cuatro décadas. Hasta la fecha, estos programas han demostrado, dentro y fuera de Norteamérica, que pueden ayudar a eliminar, o al menos a disminuir, las barreras que dificultan el contacto y las relaciones intergeneracionales, y facilitar el objetivo marcado por Naciones Unidas: “construir una sociedad para todas las edades”. Ahora bien, como defiende Generations United, organización que promueve y defiende los PI en Estados Unidos, éstos no deben ser algo bonito sino algo necesario y efectivo. Incluso se puede decir más: deben ser algo diseñado, programado y desarrollado, con la participación de personas de distintas generaciones, para su beneficio mutuo y del conjunto de la sociedad.
De todo lo anterior se desprende que el fin último de los PI, es la construcción de una sociedad para todas las edades, propuesta por Naciones Unidas no sólo como un concepto, sino también como un ideal, una meta y el argumento principal de la Segunda Asamblea Mundial sobre el Envejecimiento celebrada en Madrid en 2002.

sábado, 27 de enero de 2018

El desarrollo permanente de las personas



Solidaridad intergeneracional
y cohesión social
publicación de Hartu emanak

Esta dimensión del envejecimiento sólo se puede entender desde el convencimiento de que “el envejecimiento es un proceso que dura toda la vida y deberá reconocerse como tal. La preparación de toda la población para las etapas posteriores de la vida deberá ser integrante de las políticas sociales y abarcar factores físicos, psicológicos, culturales, religiosos, espirituales, económicos, de salud y de otra índole”[1].
Desde este punto de vista, debe interpretarse que las personas de edad, son, ante todo y en primer lugar, personas, es decir, seres humanos capaces de desarrollarse durante toda la vida; luego, además son de edad, es decir han acumulado años, lo que hace que estas personas se encuentren en una fase, más o menos, avanzada de su ciclo vital, lo que no descarta su potencial de desarrollo ni nos autoriza a colocarlas dentro de un colectivo aparte.
Este replanteamiento del envejecimiento, alejado de la idea de una tercera edad como tapa concreta y enmarcada de la vida, es el que dejó la puerta abierta para la defensa, primero, del envejecimiento saludable, y, más tarde, del envejecimiento activo.
En consecuencia con lo anterior, las sociedades tienen que ser para todas las edades, porque todos sus miembros, con independencia de su edad, han de poder seguir contribuyendo al bienestar y mejora de las mismas, siempre y cuando esas sociedades (familia, y comunidad incluidas), a su vez, presten a las personas de todas las edades el debido apoyo para que su participación, más allá de un deseo, sea algo realmente factible. Por ejemplo, el derecho a participar, por sí sólo, no basta, a menos que, por un lado, se ofrezcan a las personas, a cada persona, oportunidades a su alcance para ejercer dicha participación y, por el otro, que las personas cuenten con facultades y recursos para ejercer su participación.



[1] Naciones Unidas, 1983: 25i.

martes, 12 de septiembre de 2017

Programas intergeneracionales




Los programas intergeneracionales
Publicación de Hartu Emanak


Desde mediados de la década de los noventa (del siglo pasado), Naciones Unidas viene formulando la necesidad de construir una “sociedad para todas las edades”, y son muchas las opiniones que consideran que si aumentamos y organizamos de modo adecuado las oportunidades que las personas de una generación pueden tener para relacionarse con personas de otras generaciones, se puede conseguir que un mayor número de esas personas decidan aprovechar la ocasión y practicar más la interacción intergeneracional.
Asumida esta opinión, es fácil considerar que cuantas más relaciones entre las generaciones se produzcan, más cerca estaremos de eliminar alguna de las barreras que impiden, hoy por hoy, que nuestras sociedades sean realmente “para todas las edades”.
En una encuesta realizada por el Observatorio de Mayores del INSERSO, se vio, entre otros aspectos relacionados con las actividades desarrolladas por las personas mayores, que el estar con niños o con jóvenes tan sólo era la décima actividad más frecuente de las personas mayores encuestadas.
Este dato nos plantea una pregunta: ¿el contacto entre generaciones no es mayor porque no se ofrecen más oportunidades para ello o porque las oportunidades existentes no son suficientemente atractivas?
Profundizando más en el tema, nos podemos preguntar: ¿es posible pensar en implantar una “sociedad para todas las edades” en la que cada persona, como individuo tenga sus derechos garantizados pero, a la vez, no tenga facilidades para mantener relaciones cotidianas con otras personas de distintas edades? ¿nos conformamos con estar bien, o de lo que se trata es de poder estar bien juntos?
Con el fin de dar respuestas adecuadas a estas preguntas, en la II Asamblea Mundial sobre el Envejecimiento celebrada en Madrid en 2002, se reconoció que “es necesario fortalecer la solidaridad entre las generaciones y las asociaciones intergeneracionales, teniendo presente las necesidades particulares de los más mayores y los más jóvenes, y alentar las relaciones solidarias entre generaciones”. Y una forma de conseguirlo, también según Naciones Unidas, “es apoyando las actividades tradicionales y no tradicionales de asistencia mutua intergeneracional dentro de la familia, la vecindad y la comunidad, aplicando una clara perspectiva de género”.
El distanciamiento y el enfrentamiento entre las distintas generaciones está en el origen de los Programas Intergeneracionales (en adelante PI), que comenzaron a desarrollarse en Estados Unidos hace cuatro décadas. Hasta la fecha, estos programas han demostrado, dentro y fuera de Norteamérica, que pueden ayudar a eliminar, o al menos a disminuir, las barreras que dificultan el contacto y las relaciones intergeneracionales, y facilitar el objetivo marcado por Naciones Unidas: “construir una sociedad para todas las edades”. Ahora bien, como defiende Generations United, organización que promueve y defiende los PI en Estados Unidos, éstos no deben ser algo bonito sino algo necesario y efectivo. Incluso se puede decir más: deben ser algo diseñado, programado y desarrollado, con la participación de personas de distintas generaciones, para su beneficio mutuo y del conjunto de la sociedad.
De todo lo anterior se desprende que el fin último de los PI, es la construcción de una sociedad para todas las edades, propuesta por Naciones Unidas no sólo como un concepto, sino también como un ideal, una meta y el argumento principal de la Segunda Asamblea Mundial sobre el Envejecimiento celebrada en Madrid en 2002.

jueves, 27 de abril de 2017

Una sociedad para todas las edades



Ismael Arnaiz Markaida

Asociación Hartu-emanak

 

El día 29 de Abril está declarado como Día Europeo para la Solidaridad y Cooperación entre Generaciones. Y si de algo tiene que servir esta declaración, es para reflexionar sobre la necesidad de construir una Sociedad para todas las Edades.

Desde finales del siglo pasado, Naciones Unidas viene formulando la necesidad de construir una “sociedad para todas las edades”, y son muchas las opiniones que consideran que, si aumentamos y organizamos de modo adecuado las oportunidades que las personas de una generación pueden tener para relacionarse con personas de otras generaciones, se puede conseguir que un mayor número de esas personas decidan aprovechar la ocasión y practicar más la interacción intergeneracional.

Asumida esta opinión, es fácil considerar que cuantas más relaciones entre las generaciones se produzcan, más cerca estaremos de eliminar alguna de las barreras que impiden, hoy por hoy, que nuestras sociedades sean realmente “para todas las edades”.

En una encuesta realizada por el Observatorio de Mayores del INSERSO, se vio que el estar con niños o con jóvenes (fuera del ámbito familiar), tan sólo era la décima actividad más frecuente de las personas mayores encuestadas.

Este dato nos plantea, al menos, dos preguntas: ¿es posible pensar en implantar una “sociedad para todas las edades” sin tener facilidades para mantener relaciones cotidianas con otras personas de distintas edades? ¿nos conformamos con estar bien, o de lo que se trata es de poder estar bien juntos?

Con el fin de dar respuestas adecuadas a estas preguntas, en la II Asamblea Mundial sobre el Envejecimiento celebrada en Madrid en 2002, se reconoció que “es necesario fortalecer la solidaridad y la cooperación entre generaciones, (...) apoyando las actividades tradicionales y no tradicionales de asistencia mutua intergeneracional dentro de la familia, la vecindad y la comunidad”

Y para ello, los Programas Intergeneracionales, diseñados y desarrollados con el objetivo de promover la ayuda mutua y el intercambio de conocimientos y experiencias, entre distintas generaciones,  pueden ayudar a eliminar, o al menos a disminuir, las barreras que dificultan el contacto y las relaciones intergeneracionales, y facilitar el objetivo, marcado por Naciones Unidas, de “construir una sociedad para todas las edades”.

martes, 14 de febrero de 2017

Presente convulso y futuro incierto



baketik

Está extendida la convicción de que las generaciones más jóvenes por primera vez vivirán peor que sus progenitores. En 1917, al menos en la Europa de la I Guerra Mundial, toda una generación quedaba diezmada entre las trincheras y los frentes de guerra. Hoy, cien años más tarde, las nuevas generaciones, son hijos e hijas de sistemas calificados como democráticos, y cuentan con derechos, no sólo civiles y políticos, sino en muchos casos, económicos y sociales. Sin embargo, parece que el presente destila tristeza y, el futuro, se muestra incierto. Los numerosos hechos y actos que consideramos injustos y generadores de sufrimiento, así como la sobreexposición mediática de algunos de ellos (no de todos), nos ubican ante un contexto muy convulso.
Cinco procesos generadores de sufrimiento injusto:
·       Crisis económicas: Por primera vez en décadas, el epicentro de la crisis económica se ubicaba en las economías de norte. Muchas de las personas que no vieron venir aquella crisis, dicen hoy que lo peor ha pasado. Los datos de desempleo y la precarización laboral, entre otros datos, nos dicen lo contrario. Son muchas las personas que han visto reducidas significativamente sus condiciones de vida. Una gran mayoría ha visto en su propia familia las consecuencias de la crisis. Nada indica que los errores se hayan corregido. No son pocas las voces que consideran que debe ser el mercado y no el Estado y sus políticas públicas, el que debe regular la economía. Un mercado que no entiende de necesidades humanas, sino de demanda de bienes y servicios. Un mercado que deja bienes comoel empleo o la vivienda en manos de su lógica de oferta y demanda. Un mercado para el que la protección social se ha convertido en chivo expiatorio de la crisis.
·       Guerras y terrorismos: La violencia para usos políticos y económicos ha sido protagonista también de los primeros años del siglo XXI. Los frentes de guerra en gran medida han dejado paso a guerras de menor intensidad, pero en las que la población civil es la victima por excelencia.
A ello se le ha unido el denominado “terrorismo internacional”. Un fenómeno que se ha instalado en el imaginario colectivo, con los diversos asesinatos masivos, atentados o actos individuales, que en nombre de causas concebidas como superiores a la dignidad humana, han acabado con la vida de miles de personas y extendido un arma muy peligrosa: el miedo. No son objetivamente los países europeos lo más afectados por este fenómeno, pero es evidente que hoy Europa vive atemorizada, incluso de puertas hacia dentro.
·       Personas refugiadas: Los conflictos olvidados, asícomo la continuidad de guerras con mayor seguimiento mediático, como es el caso del de Siria, han generado un aumento alarmante del número de personas que huyen de la guerra. Durante décadas, eran muchas las personas que se veían desplazadas en sus propios países, o que incluso debían refugiarse en otros. La novedad ha sido que hoy Europa está en primera fila de tan triste espectáculo. El mar Mediterráneo, se ha convertido en una trampa mortal para miles de hombres, mujeres y niños porque, hablando con honestidad, una gran parte de la clase política comunitaria ha decidido que la Unión Europea cierre sus puertas y olvide, no sólo su pasado como población refugiada, sino también uno de sus principales valores: la defensa de la dignidad de las personas.
·       Medio ambiente: Un día tras otro, podemos conocer las consecuencias que el mal trato al que la humanidad viene sometiendo al planeta, estáproduciendo. El calentamiento global, el aumento de los desastres naturales, la deforestación, la reducción de la diversidad animal...se han convertido en noticias ordinarias cuyo mensaje deberíamos tomar como claramente alarmante. Por si ello fuera poco, no sólo estamos sufriendo ya las consecuencias de este proceso, sino que además estamos hipotecando, claramente, el futuro de las próximas generaciones.
·       Desigualdad entre mujeres y hombres: Son muchos y grandes los avances que se han producido en el reconocimiento de los derechos de las mujeres. Sin embargo, salta a la vista que la desigualdad, persiste. En muchos países esa desigualdad se presenta en sus formas más extremas: desigual o inexistente acceso a la educación o la salud, uso de las violaciones y agresiones hacia ellas como parte de la táctica de la guerra; o en una mayor tasa de empobrecimiento. En nuestro entorno, la violencia de género es su parte más visible aunque la desigualdad toma formas menos impactantes, pero no por ello menos denunciables como: la discriminación salarial; la sobrecarga de todo lo relacionado con los cuidados; el trato que los medios de comunicación hace en general de todo lo relacionado con las mujeres...

domingo, 13 de septiembre de 2015

Solucion de conflictos



Por Marcelino Calle  
Miembro de Hartu-emanak

Llevamos mucho tiempo, llevamos milenios, donde el músculo y la fuerza han sido las armas  que más veces se han esgrimido para defender cualquier argumento, y los resultados no han sido buenos.  Como digo ha pasado mucho tiempo y la situación sigue siendo la misma, las cuestiones se resuelven por la fuerza, las armas son distintas pero da igual, tienen las mismas aplicaciones, desgraciadamente vivimos en un mundo convulso y cruel, donde repasando la historia, la humanidad no ha conocido ni de lejos una paz plena.
Me interesa destacar en mi argumentación, este hecho descrito en el párrafo anterior, es decir, desde el principio el mundo ha sido gobernado mayoritariamente por los hombres y el resultado no ha sido aceptable. Con ello, no quiero imputar el 100% del fracaso a los hombres, también las mujeres tienen su parcela de culpa, pero a la hora de pedir responsabilidades tenemos que exigirla a quien ha detentado el poder, es decir a los hombres.
Yo creo que ha llegado el momento de dar un enfoque distinto a las cosas, no podemos conformarnos con el mundo en que vivimos, la desigualdad es la norma, todos conocemos los excesos del norte mientras en el sur la escasez de recursos es manifiesta, aquí tiramos la comida, allí se mueren por su escasez, aquí el lujo es demasiado cotidiano, en el sur se da la pobreza más extrema, en fin no voy a insistir en poner de manifiesto una situación que de todos es sobradamente conocida.
Por otra parte vivimos en una sociedad que pide a sus dirigentes que sean eficaces, en una empresa ó en cualquier otra organización, el que ejerce la mas alta responsabilidad tiene que dar buenos resultados,  si el directivo no cumple con los objetivos de la empresa, inmediatamente es reemplazado por otro, esa es la clave, si la silla esta coja se sustituye, si el alcalde, el primer ministro, si el gerente no dan buenos resultados se sustituyen. Pues bien el mundo está mal y quien lo dirige son los hombres y en consecuencia hay que poner en cuestión su liderazgo.
 El avance de la humanidad muchas veces  ha sido a base de experimentos, probar nuevas cosas, utilizar nuevos enfoques para resolver problemas, ya estamos artos del empleo de la fuerza como actor principal, ya hemos comprobado hasta la extenuación que el sistema no funciona, hay que actuar inteligentemente y poner en los puestos de mando a personas que tengan otros valores, valores de nuestro tiempo.
Para definir el perfil y tomando las palabras de  Pablo, estas personas deberían ser pacientes, serviciales, no envidiosas, buscadoras del bien general, que se alegren con las justicia que se alegren con la verdad. Desde luego que es un alto perfil a exigir a las nuevas candidatas, si no fuera natural en ellas, son así por naturaleza, desde el principio de los tiempos las madres son así, es un instinto que les es consustancial, no es una forma de actuar que se ejerce en determinados momentos, esta en sus genes.
Esto es así en la práctica, donde hay mujeres al mando y el instinto maternal se manifiesta, hay mejor reparto, se hace cotidiano el milagro de los panes y los peces porque para todos llega, lo vemos a diario en aquellos lugares con verdaderos problemas de subsistencia, lo hemos visto en Haití, lo vemos en la India gestionado los microcréditos mejor que nadie, lo vemos especialmente en África a la mujeres cuidando de su prole y de la prole ajena en los campos de refugiados, sin ellas poblaciones enteras no existirían.
Para los escépticos, tengo que decirles que el empoderamiento de la mujer afortunadamente  es un hecho, es un movimiento uniformemente acelerado, y se da en todas partes, tanto en oriente como en occidente y especialmente en aquellos lugares donde la escasez es extrema.
Sé que estas palabras pueden ser tachadas de ingenuas, que en esta evolución los hombres no lo van a poner fácil, que todavía hay muchas mujeres que no saben que su aportación pueden ser un bálsamo en los conflicto entre las personas, yo digo que hay que dar tiempo al tiempo, una revolución social de esta envergadura, no se da de la noche a la mañana.
Yo defiendo lo que es innato en la maternidad, y defiendo que en ella hay muchos elementos y muchos valores que son perfectamente aplicables para la resolución de problemas, no solo en la familia, sino también en todo tipos de conflictos, ya sean estos en la empresa, en los sindicatos, en los parlamentos etc.… con una sola condición, que no se desvirtúen esos valores que la caracterizan, que la maternidad siga presente en ellas y que esté presente en las decisiones de cada día, si esto es así y los valores no se masculinizan, habremos dado un paso importante en la resolución de los problemas entre las personas.
Por  tanto y para terminar hay que decir alto y claro que el mundo necesita de comprensión y de misericordia, que no necesitamos guerras, que necesitamos mejor reparto, que tenemos que caminar en esa dirección y que una buena solución que está a nuestro alcance, es permitir que en todos los centros de decisión estén presenten los valores que la maternidad lleva consigo. 

domingo, 5 de abril de 2015

Ser Mayor en la Sociedad Actual





Por Ismael Arnaiz Markaida
Miembro de Hartu-emanak

Cada vez somos más los que formamos parte de ese colectivo conocido como “los mayores”, y ante esta realidad es inevitable hacernos varias pregunta: ¿qué es ser mayor en la sociedad actual? ¿Somos un colectivo homogéneo, con iguales necesidades y capacidades? ¿Los “mayores” del siglo XXI, somos iguales que los mayores de hace cincuenta o más años? Y por último, otra pregunta fundamental: ¿el colectivo de personas mayores somos un problema o una oportunidad?
Y es que, si se nos ve como miembros pasivos de la sociedad, que no producimos pero si consumimos, como demandantes compulsivos de los servicios de salud, o como una carga para los presupuestos del Estado, la imagen de los mayores y del envejecimiento, será negativa.. En definitiva, nos verán como un PROBLEMA que los gobiernos tienen la obligación de resolver, en “beneficio del bien común”.
Y esto es peligroso, ya que, desde un punto de vista puramente economicista, alguien podría pensar que la solución pasa por frenar o reducir el incremento de la Esperanza de Vida, estableciendo algún tipo de discriminación por motivos de edad en los servicios de salud, recortando más las pensiones para que perdamos calidad de vida, y quien sabe si hasta pueden pensar en la eutanasia.
Como ninguna de estas soluciones serían aceptables en una sociedad moderna, democrática y respetuosa con los Derechos Humanos, la solución que ya se propuso en 1982, en la I Asamblea Mundial sobre el Envejecimiento, es la de crear las condiciones sociales, políticas y económicas necesarias, para que el envejecimiento del conjunto de la sociedad pueda ser una OPORTUNIDAD, en lugar de ser un PROBLEMA.
Por eso, en aquella primera Asamblea, y en la segunda que se celebró en Madrid en 2002, se establecieron líneas de actuación para hacer posible que la etapa del envejecimiento que vivimos las Personas Mayores, sea SALUDABLE para nosotros, y al mismo tiempo RENTABLE para el conjunto de la Sociedad en la que envejecemos
Por otra parte, la Organización Mundial de la Salud (OMS) en su documento “ENVEJECIMIENTO ACTIVO UN MARCO POLÍTICO” (2001), propone un modelo, una forma de vivir y gestionar el envejecimiento, soportado en tres pilares básicos: SALUD, DIGNIDAD y PARTICIPACIÓN SOCIAL, teniendo en cuenta los determinantes del envejecimiento en cada lugar y el respeto a los Principio de Naciones Unidas a favor de las Personas Mayores (1991)
Este modelo de Envejecimiento Activo necesita de un cambio profundo en las propias personas, y en quienes tienen responsabilidades políticas, sobre esta materia, en las Instituciones Públicas, ya que, para promover el Envejecimiento Activo, es necesario complementar las políticas basadas, casi exclusivamente, en la prestación de servicios a las Personas Mayores para que estemos descansadas, distraídas y ocupemos el “tiempo libre”, con otras políticas activas que permitan aprovechar, en beneficio del conjunto de la sociedad, el “capital social y cultural”que poseemos, pasando del “hacer para” al “hacer con”, de forma que las propias personas participemos activamente, y no sólo “tomemos parte” en aquello que nos ofrecen.
Por lo tanto, “los mayores” en la Sociedad actual, no somos un PROBLEMA, sino una OPORTUNIDAD. El secreto consiste en envejecer con SALUD, DIGNIDAD y PARTICIPACIÓN SOCIAL, o dicho de otra manera, en un envejecimiento “saludable” para la persona que envejece y “rentable” para la sociedad en la que envejece.