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lunes, 16 de abril de 2018

¿Qué quieres ser de mayor?



Ismael Arnaiz Markaida
Publicado en DEIA
3 septiembre 2017
El día 1 de octubre se celebra el Día Internacional de las Personas Mayores, y eso me ha hecho recordar que, cuando era niño y también de joven, muchas veces me preguntaron: ¿Qué quieres ser de mayor? No recuerdo lo que contestaba. Han pasado muchos años de aquello. Es posible que ni supiera contestarla. Me quedaba muy lejos eso de “ser mayor”. Lo curioso es que, ahora que ya “soy mayor”, nadie me pregunta lo que quiero ser, y en cambio, todos me dicen lo que tengo que ser. Unos me dicen que soy un jubilado, un pensionista. Sí, de esos que estamos vaciando la “hucha de las pensiones”. Otros, peor intencionados, me dicen que soy de la tercera edad, que soy viejo o, incluso, anciano.
También hay quien se atreve a decirme lo que tengo que hacer: cuidar a los nietos, pasear, viajar, descansar, bailar, jugar a las cartas... Pues sí, efectivamente, puedo hacer todas esas cosas, pero además, yo les digo que sigo siendo un ciudadano con todos los derechos y obligaciones. Que quiero seguir participando activamente en la sociedad en la que vivo, porque esos, los derechos y las obligaciones, no caducan con la edad. Y estoy seguro de que hay muchos “mayores” que piensan como yo. Así es que menos decir lo que somos y lo que tenemos que hacer cuando somos mayores, y más reconocer nuestros conocimientos, experiencias, valores, etc. y permitir que los pongamos al servicio de la sociedad.

jueves, 20 de julio de 2017

Los proyectos en adultos mayores




Ciano Natalia
Docente de la Facultad de Psicología, UNLP
Mirta Gavilán
Doctora en Psicología.
Profesora Facultad de Psicología, UNLP

La actual distribución demográfica indica un incremento del envejecimiento poblacional en el mundo y en nuestro país; esto genera un gran interés y preocupación en el tema, ya sea desde los sectores que estudian las tendencias demográficas como en aquellas personas responsables de garantizar y sostener la calidad de vida de los Adultos Mayores (Fernández-Ballesteros, 2007; Staffolani, Orlando & Enria, 2006; Tamer, 2008). El nuevo paradigma en torno al envejecimiento y a la vejez apunta a la plena realización de todas las dimensiones del ser humano, no sólo a un buen estado de salud, sino a la participación social, a la realización personal, etc. Es por ello que el término elegido para designar este nuevo modelo es "Envejecimiento Activo". Dicho concepto fue introducido en el Plan de Acción sobre Envejecimiento 2002. Desde la Organización Mundial de la Salud se sostiene que si se quiere hacer del envejecimiento una experiencia positiva, una vida más larga debe ir acompañada de oportunidades continuas de autonomía y salud, productividad y protección. Se define al envejecimiento activo como el "proceso por el cual se optimizan las oportunidades de bienestar físico, social y mental durante toda la vida con el objetivo de ampliar la esperanza de vida saludable, la productividad y la calidad de vida en la vejez" (OMS, 2002: 79). El término "activo" refiere a una implicación continua en cuestiones sociales, económicas, espirituales, culturales y cívicas, no sólo a la capacidad para estar físicamente activo.
Ahora bien, teniendo en cuenta estos lineamientos y el aumento de la expectativa de vida surgen los siguientes interrogantes ¿Cómo elaboran los nuevos proyectos los adultos mayores?, ¿cómo se utiliza el tiempo libre, luego del retiro laboral?, ¿qué tipo de preparación u orientación se le ofrece al jubilable, o a quienes no han circulado por el sistema educativo y/o laboral, para elaborar nuevos proyectos?
Debido a la carencia en nuestro país de políticas de orientación para el retiro o para la generación de nuevos emprendimientos se instala como problema a investigar cómo resuelven la elaboración de nuevos proyectos los adultos mayores que han pertenecido al sistema formal de trabajo y aquellos que se han mantenido fuera de él.
Al haberse extendido la esperanza de vida, restan muchos años luego de la jubilación en los que se dispone de mayor tiempo libre. Sin embargo, debido a la pérdida de un proyecto laboral, que seguramente ha abarcado gran parte de la vida, se producen reorganizaciones en la constitución de la identidad personal y ocupacional, lo cual requiere elaborar cuestiones relacionadas con la pérdida de un lugar social de pertenencia, del ámbito socializador del trabajo y fundamentalmente la posibilidad de elaborar nuevos proyectos. Aisenson plantea que "la manera en que el individuo sobrelleve esta etapa del ciclo de vida dependerá de la identidad que logró constituir y del apoyo social recibido (...) así como de las posibilidades de construir y redefinir proyectos, a partir de la visualización de los propios recursos y la movilización de estrategias que permitan ponerlos en marcha"  (Aisenson, 2002:113).

domingo, 9 de julio de 2017

Las pensiones del futuro




Mario Cugat i Leseurs
Presidente de FATEC
(Federación de Asociaciones de
Gente Mayor de Catalunya)

Entendemos que, sobre todo a partir de la década de 2040, la sociedad catalana, la española y, probablemente, la europea se hallarán, con gran probabilidad, con cinco circunstancias destacadas:
  • Un número de ciudadanos de más de 65 años del orden de los dos millones y medio en Cataluña y de los trece millones en todo el Estado, la mayoría de ellos pensionistas, con una esperanza de vida restante certera próxima a los veinte años, con buena salud, activos, muy culturizados, bien preparados profesionalmente y con un espíritu dinámico, a quienes no se podrá tener aparcados sin hacer nada y a quienes habrá que proporcionar una salida sociológica para mantener una buena salud mental individual y colectiva.
  • Ciudadanos que habrán generado derecho a pensión de jubilación u otras y a la prestación de los servicios sociales vigentes, y todo ello deberá cubrirlo y atenderlo la sociedad del momento.
  • En una sociedad hedonista como es la europea, la gente demandará cada vez más y más servicios y prestaciones sociales, sanitarias, culturales y de todo tipo, pero las limitaciones presupuestarias, derivadas de la dificultad de incrementar la presión fiscal, evitarán que estas demandas puedan ser atendidas debido a la insuficiencia económica de las administraciones públicas.
  • La elevada cantidad de jubilados, junto con la dificultad de incremento fiscal, hará que las pensiones del futuro deban basarse en la cotización de toda la vida laboral y en otras medidas complementarias para mantener la sostenibilidad del sistema. Ello significa que las pensiones serán, en porcentaje, inferiores a las actuales y más insuficientes aún.
En consecuencia, es previsible una tensión social derivada, por una parte, de jubilados insatisfechos de su nivel económico y, por otra, de una ciudadanía con necesidades y demandas viejas y nuevas, lo que obligará a encontrar soluciones imaginativas con el fin de atenderlas y rebajar la presión social.

jueves, 29 de junio de 2017

La jubilacion una nueva etapa vital



La jubilaciones una nueva etapa vital
Colaboración
Las personas que se jubilan no dejan de vivir sino que inician una etapa que es diferente y que suele ser atractiva. La jubilación es un tiempo distinto. No se depende de un jefe, ni de horarios, ni de la puntualidad ni del transporte. Dependes de ti mismo mucho más que antes. Esto es importante. Puedes hacer muchas cosas y a tu aire.
Las personas mayores siguen desarrollando aprendizajes y conocimientos. Tienen experiencia memoria y capacidades.
Todas las personas jubiladas y las personas mayores pueden hacer frente a los problemas y situaciones que se les presenten.
Las personas jubiladas son capaces de realizar actividades creativas y participativas
Hay personas jubiladas que participan y llevan adelante toda clase de asociaciones. Así influyen en la sociedad mejorándola. También influyen en personas concretas ayudándoles en sus necesidades
El que se jubila tiene que hacer un esfuerzo para encontrar su nuevo papel y su nuevo rol en la familia, entre los amigos, en su entorno y en la sociedad.
Hay que romper los estereotipos que existen sobre los jubilados y sobre las personas ma yores
Los jubilados tienen
capacidad intelectual
tiempo
ideas
memoria de los sucesos y acontecimientos ocurridos a lo largo de su vida en su entorno y fuera de él.
Los jubilados pueden
explicar la historia
realizar antiguos proyectos
participar en los cambios de la sociedad
ser útiles a la familia
Los jubilados son necesarios en muchos lugares y para muchos proyectos y para muchas personas.
Los jubilados y la gente mayor son personas con derechos y con obligaciones.
Tendremos dignidad si damos un sentido a nuestra vida
La jubilación es una oportunidad para saber quién soy yo y cómo soy y qué puedo. Esto quiere decir que tal vez para muchos sea una de las pocas veces en la vida en que se siente a sí mismo tal y como es. Puede descubrir aspectos que estaban escondidos. Nos despojamos del deber laboral, de algunos condicionamientos sociales y del rol que teníamos como si todo esto fuera un ropaje. Nos quedamos con muy poco aparentemente pues podemos descubrir nuestras potencialidades y habilidades, nuestras seguridades y nuestras dudas.
El compromiso con nosotros mismos nos lleva a querer y a realizar cosas agradables.
El compromiso con los demás nos lleva a ser útiles.
La jubilaciones un reto de experimentar de otra manera la vida y la presencia en la sociedad
La jubilación tiene el riesgo de sentirse excluido, de sentirse inútil y de que ya no hay nada que hacer.
La jubilación puede ser un compromiso en beneficio propio y en beneficio de la sociedad.

viernes, 2 de junio de 2017

Voluntariado y Personas Mayores




Mario Cugat i Leseurs
Presidente de FATEC
(Federación de Asociaciones de
Gente Mayor de Catalunya)

Cuando una persona se jubila y pasa a ser pensionista, las legislaciones vigentes le impiden realizar cualquier actividad laboral y la percepción del salario correspondiente. Ello es lógico, dado que ya queda compensado por la pensión. Solo puede recibir algún ingreso económico si imparte conferencias, si asiste a reuniones que tengan previsto pagar dietas y poco más.
Esto quiere decir que solo puede dedicarse, de modo gratuito, al voluntariado de todo tipo, si bien puede resarcirse de los gastos que esta actividad le comporte, siempre y cuando la entidad en la que actúe pueda hacerlo.
Como consecuencia, y sea la que sea su acción de voluntario, desde el simple ocio organizado hasta la prestación de servicios sociales, está retornando generosamente capital y valor social a su comunidad, y la sociedad saca provecho de ello gratuitamente.
Las personas, de todas las edades, que se dedican al voluntariado de cualquier clase lo hacen desde una vocación personal de tipo religioso; por convicciones ideológicas, políticas o de solidaridad; desde el conocimiento de determinada carencia y la inquietud por resolverla; por el placer de participar en determinadas actividades que le resultan atractivas; por estar ocupado y distraerse, etc. En definitiva, pocas son las personas dedicadas a este tipo de actividades, por otra parte diversas y variadísimas.
Se observa que la juventud es capaz de dedicar tiempo, esfuerzo y sacrificio para actuar gratuitamente como voluntario ante hechos y situaciones básicamente de emergencia, en casa o fuera, pero siempre durante un tiempo determinado y sin admitir una vinculación permanente, al contrario que la persona mayor, en general más dispuesta al vínculo a largo plazo.
Los datos y la experiencia nos dicen que de todas las campañas, jornadas anuales, cuñas radiofónicas, anuncios, etc., dedicados a captar voluntarios se extrae un provecho mínimo. Y en el caso de las personas mayores, específicamente, la mayoría de las que están vinculadas a centros, ateneos y otras entidades diversas buscan únicamente distracción y ocio, sin aportación de valor social.

jueves, 2 de marzo de 2017

La responsabilidad social de la empresa





Colaboración
La jubilación se entendía en la antigüedad como el reconocimiento y la gratitud por una larga vida de servicios prestados. Se creía que la entrega a una dedicación, a un servicio, era merecedora de un descanso cómodo. Entonces, en la antigua Roma, la palabra de los ancianos jubilados era escuchada con respeto y se valoraba su experiencia como fuente de sabiduría. Hoy el concepto tiene otras acepciones. Mantiene la primigenia pero se le han añadido otros significados, algunos coloquiales e incluso despectivos. Se jubila antes de tiempo a quien se cree que ya no sirve o a quien estorba a los planes de la empresa. Se jubila antes de tiempo para abaratar costes, contratando personas que sustituyan a quienes llevan mucho tiempo y ganan un salario más elevado.
Estamos viendo cómo grandes compañías, incluso empresas públicas, en la vorágine de una desindustrializacion feroz, adelgazan sus nóminas mandado a casa a profesionales todavía jóvenes sin tener en cuenta su experiencia y sin considerar el valor del trabajo que realizan. En esos horizontes, cumplir 50 años es casi un certificado de que jamás se volverá a disfrutar de un contrato. Se produce la paradoja de que aumenta la vida, la vida útil, y sin embargo, la tendencia es acortar la vida laboral. Se dispone de salud y de capacidad durante más tiempo, gracias a los avances de la ciencia y, sin embargo, se desprecia esa capacidad y se aparta del mercado de trabajo a personas competentes sólo porque llevan más tiempo en las empresas o sencillamente por su edad. Quien no esté cerca de estos sucesos podría pensar en la ventaja de pasar a una situación pasiva compensado con una pensión antes de lo que la ley y la lógica imponen como razonable. Pero en muchos casos, una prejubilación o jubilación anticipada es un desplazamiento prematuro en el viaje de la vida en donde los hábitos y las costumbres, los proyectos, los sueños y las ambiciones no se han terminado de realizar. Se le da descanso a quien muchas veces no lo quiere y no por ayudarle sino por quitarle de en medio. Además del perjuicio que pueda causar individualmente, la jubilación anticipada es un despilfarro de la experiencia acumulada.
Considerar la juventud como un valor en sí mismo es una estupidez. La responsabilidad social de la empresa es un compromiso de capa caída arrastrado por los criterios puramente utilitaristas en los que se desprecia la calidad y se busca el abaratamiento de los costes. La pretensión de que la empresa es un lugar de encuentro entre la propiedad del capital y los trabajadores no se sostiene en quienes por criterio de economía de costos desprecian la dedicación. Al contrario de la Roma antigua, donde jubilar era reconocer, se impone en esta sociedad globalizada que jubilar es apartar. Renovación es una palabra ahora consagrada hasta en la Política. La tendencia es renovar por renovar, no en función de abrir paso a quienes se considera que pueden ser los mejores pero conservando a quienes ya lo han demostrado. Es también una trampa para los más jóvenes porque las pretendidas facilidades de promoción son sólo los primeros peldaños para quitarlos de en medio cuando haya otros más baratos.

lunes, 20 de febrero de 2017

El desprecio de la Experiencia




Carlos Carnicero
La jubilación se entendía en la antigüedad como el reconocimiento y la gratitud por una larga vida de servicios prestados. Se creía que la entrega a una dedicación, a un servicio, era merecedora de un descanso cómodo. Entonces, en la antigua Roma, la palabra de los ancianos jubilados era escuchada con respeto y se valoraba su experiencia como fuente de sabiduría.
Hoy el concepto tiene otras acepciones. Mantiene la primigenia pero se le han añadido otros significados, algunos coloquiales e incluso despectivos. Se jubila antes de tiempo a quien se cree que ya no sirve o a quien estorba a los planes de la empresa. Se jubila antes de tiempo para abaratar costes, contratando personas que sustituyan a quienes llevan mucho tiempo y ganan un salario más elevado
Estamos viendo cómo grandes compañías, incluso algunas de ellas como Televisión Española, que es una empresa pública, adelgazan sus nóminas mandado a casa a profesionales todavía jóvenes sin tener en cuenta su experiencia y sin considerar el valor del trabajo que realizan. En esos horizontes, cumplir 50 años es casi un certificado de que jamás se volverá a disfrutar de un contrato. Se produce la paradoja de que aumenta la vida, la vida útil, y sin embargo, la tendencia es acortar la vida laboral. Se dispone de salud y de capacidad durante más tiempo, gracias a los avances de la ciencia y, sin embargo, se desprecia esa capacidad y se aparta del mercado de trabajo a personas competentes sólo porque llevan más tiempo en las empresas o sencillamente por su edad. Quien no esté cerca de estos sucesos  podría pensar en la ventaja de pasar a una situación pasiva compensado con una pensión antes de lo que la ley y la lógica imponen como razonable. Pero en muchos casos, una prejubilación o jubilación anticipada es un desplazamiento prematuro en el viaje de la vida en donde los hábitos y las costumbres, los proyectos, los sueños y las ambiciones no se han terminado de realizar. Se le da descanso a quien muchas veces no lo quiere y no por ayudarle sino por quitarle de en medio. Además del perjuicio que pueda causar individualmente, la jubilación anticipada es un despilfarro de la experiencia acumulada.
Considerar la juventud como un valor en sí mismo es una estupidez. La responsabilidad social de la empresa es un compromiso de capa caída arrastrado por los criterios puramente utilitaristas en los que se desprecia la calidad y se busca el abaratamiento de los costes. La pretensión de que la empresa es un lugar de encuentro entre la propiedad del capital y los trabajadores no se sostiene en quienes por criterio de economía de costos desprecian la dedicación. Al contrario de la Roma antigua, donde jubilar era reconocer, se impone en esta sociedad globalizada que jubilar es apartar. Renovación es una palabra ahora consagrada hasta en la Política. La tendencia es renovar por renovar, no en función de abrir paso a quienes se considera que pueden ser los mejores pero conservando a quienes ya lo han demostrado. Es también una trampa para los más jóvenes porque las pretendidas facilidades de promoción son sólo los primeros peldaños para quitarlos de en medio cuando haya otros más baratos.

lunes, 30 de enero de 2017

Aspectos psicológicos de la Jubilación





Colaboración
Todas las personas desde que nacemos vamos pasando por sucesivas etapas: infancia, adolescencia, juventud, madurez.
Cada etapa tiene características propias. Vamos cambiando y vamos configurando nuestro carácter y personalidad. E l éxito está en salir airosos de cada etapa y encarar con garantías la siguiente.
A nadie se le oculta que la jubilación es un gran cambio: de personas activas pasamos a "clase pasiva" y en lugar de un salario tenemos una pensión. Las horas que hasta la jubilación dedicamos al trabajo, al día siguiente de la jubilación las tenemos libres. Los cambios afectan a la calidad de vida, a lo económico, a la esfera social, a la esfera psíquica, a toda la vida.
La jubilación ya no es sinónimo de vejez ni de incapacidad. Entramos en la jubilación en buen estado físico y mental.
La jubilación, se dice, que es un cambio vital. Hay que adaptarse a una nueva situación. Cada uno tiene que buscarse su nuevo status, su nuevo papel en la vida.
Los especialistas hablan del síndrome de la jubilación que se manifiesta en insomnio, disminución de la libido, alcoholismo, ansiedad, pesimismo, depresión, disminución de relaciones sociales y otros. No se da en todos ni en todos por igual.
Un 25% de jubilados lo sufre. Puede durar entre sieíe y doce meses. De pende de que uno se organice.
En cualquier caso es una etapa nueva de la que se suele conocer muy poco y ante la que se prepara muy poco. Nadie va de viaje sin saber a dónde va. Los viajes se preparan.
Para salir airosos de este cambio y entrar con buen pie en esta nueva etapa de nuestra vida tenemos que tener, en primer lugar, una actitud optimista ante la vida y de confianza en nosotros mismos.
Una buena pista para esto la dan los programas actuales sobre la tercera edad.
Estos programas insisten en la capacidad de aprendizaje de las personas mayores.
También insisten en que tenemos que buscar algo que nos guste y nos motive. El desarrollo personal no tiene límites cronológicos. La capacidad de aprender no la marca la edad. L a satisfacción por aprender potencia a las personas.
También estos programas insisten en mantener las relaciones sociales que hasta entonces se tenían e incluso hacer nuevas.
Hay que llenar las horas que antes dedicábamos al trabajo en actividades positivas para cada uno y para el entorno familiar y para la sociedad. Si abrimos los ojos veremos en nuestro entorno muchas cosas que podemos hacer. Y eso es lo que nos dará una pista para construir nuestro papel en la vida. Estas actividades tienen formas de hobbys, de necesidades de otros, de atenciones familiares, y compromisos sociales.
En resumen: hoy día es evidente que el cambio que supone la jubilación nos lleva a otros lugares que tal vez desconocíamos y en los que podemos vivir con satisfacciones y siendo útiles.

lunes, 16 de enero de 2017

Jubilado ofrecese gratis para recados



Hartu emanak

Colaboración

 

Esto se podía leer recientemente en la sección de anuncios de un diario catalán. En medio de un modelo social que les aparca, los casi seis millones de españoles mayores de 65 años se están empezando a ofrecer como voluntarios para todo. Cuidar personas necesitadas, guiar visitas de museos, arreglar trámites o asesorar a otros con su experiencia. La motivación se encuentra a medio camino entre la solidaridad y la realización personal, porque, como dice un recién jubilado, llega una edad en la que, “de lo que decidamos hacer va a depender alargar o acortar nuestro ciclo vital”.

Se suele contar el chiste de los dos modelos de viejos: el viejo lapa, que está pegado al médico buscándose los dolores todo el día, y el del viejo capullo, hiperprotegido e invalidado por los miedos de la familia. “Nosotros no queremos ser ninguno de los dos”, dice el recién jubilado citado, que hoy es un guía de museo.

Durante dos días a la semana este jubilado se echa a sus espaldas por las rutas del arte precolombino a grupos de escolares. Y eso a cambio de nada. O de mucho, según se mire. Ha encontrado un hobby: ha recuperado el estímulo de aprender y la energía que emplea en ayudar a los demás, dice, que retorna redoblada. Dice que el más beneficiado por el trabajo voluntario es el que lo ejecuta. Y añade: “estás creando futuro y el que tiene futuro tiene ganas de vivir”.

Llegó hasta este momento como llega la mayoría en medio del “bullicio mental” que sigue a la jubilación. Y lo explicó en unas jornadas sobre voluntariado de la personas mayores organizadas por el Imserso.

“Los primeros tiempos de la jubilación son de progresivo vacío. Si no se reacciona a tiempo, el jubilado verá disminuir sus facultades físicas y psíquicas, y acabará estando a un paso de la depresión”, dijo.

Fue la depresión la que reclutó a Pilar para el voluntariado. A ella lo que le jubiló fue la vida. Parecía haberse acabado cuando, en poco tiempo, fallecieron su marido y su única hija. Pero se ha recuperado con creces. A sus 71 años esta madrileña ayuda dos días semanales a un matrimonio de 91 años. “A veces vamos a otras casas a coser ropa”. Está encantada. “Es por el bien mío y el de otros”, dice.

Pilar coincide con Juan en una asociación de tercera edad. Juan lo tiene claro: no es tercera edad: “soy juventud acumulada”.

Empezó el voluntariado arreglando papeles a una anciana. Ahora, con su mujer que le acompaña, atienden a esa anciana y a otras. Se plantean hacer a otros lo que algún día tal vez deseen que les hagan a ellos.

El voluntariado ha enganchado a personas de todas las condiciones. Muchas de las cosas que se pueden hacer en el voluntariado  permiten estar al día, aprender y servir a los demás. A cualquier edad hay parcelas de la personalidad que se identifican con la ayuda a los demás.

lunes, 2 de enero de 2017

Jubilación. Consejos a las esposas



Hartu emanak

Colaboración

 

“La jubilación produce cambios respecto a la situación anterior de actividad laboral”

- A nivel cognitivo:
El impacto previo a la jubilación viene determinado por:
- la información recibida de manera formal: empresa, sindicato administración.
- como de manera informal: amigos que han pasado por el mismo trance
- como por la capacidad del sujeto para afrontar el hecho de la jubilación.

- A nivel comportamental:
Son importantes todas las conductas de preparación para afrontar ese momento: buscar información, cursos de preparación, conductas de relación social, ejercicio físico, evitar la soledad, búsqueda de satisfacciones, creatividad

- A nivel psicoafectivo:
El sentimiento prejubilatorio fluctúa desde la ansiedad  ante lo desconocido al temor de empezar algo nuevo y hasta el deseo de lograr un estado de bienestar, a veces idealizado. Si eso ocurre puede ser detonante de depresión por el desajuste entre los niveles cognitivo y psicoafectivo y la realidad. Influyen los intereses previos a la jubilación, la personalidad, los apoyos.

-En relaciones sociales:
En este campo es donde mejor se aprecian los cambios provocados por la jubilación. Tres dimensiones de afectación:

a- pérdida de relación con los antiguos compañeros de trabajo. Es necesario planificar el tipo de actividades a realizar a partir de la jubilación para evitar el aislamiento social.

b-abrirse a actividades y a personas diferentes, y a otras maneras de pensar es muy provechoso por no aislarse y porque se está activo a nivel cognitivo.

c- esta dimensión afecta a la vida familiar. La jubilación afecta a los que conviven con el jubilado. Es necesaria una reestructuración de la vida de la pareja ya que, casi siempre, se pasa de una relación de pocas horas, a todo el día. Los patrones anteriores de relación ya no sirven: reparto de tareas domésticas, compartir el tiempo libre, etc.

Algunos autores (Hevia.1991) han propuesto consejos a las esposas:

a.- Acoger de manera positiva la jubilación.

b- Tener previsto hacer algún plan conjuntamente en el momento posterior a la jubilación. Tienen que ser proyectos vitales al alcance de las posibilidades de la pareja.

c.- No acumular preocupaciones o temores, como,”pues no sé qué vas a hacer  ahora”, o “yo no te quiero en casa todo el día”, o “te vas a aburrir con tanto tiempo libre”.

d.- No pensar que ahora tienen en casa a un recadista, sino a un compañero que a partir de ahora, si se plantea bien puede colaborar en las tareas domésticas y familiares.

e.- No darle la sensación de que estorba en casa.

f.- Animarle a aprender y a desarrollar nuevas actividades y no frenar sus ilusiones de cambio ni sus iniciativas.

g.- Vivir sus problemas y preocupaciones tratando de buscar soluciones en común. Dialogar abiertamente sobre los sentimientos que provoca la nueva situación.

domingo, 20 de marzo de 2016

El proyecto de vida de los adultos jubilados



Por Rosario Rodríguez Vergara
Holding Cencosud S.A. Chile
Extractado de “¿Cuál es el proyecto de vida de
los adultos jubilados? Un estudio descriptivo”
Editado en PsicoPedia Hoy

El envejecimiento de la población es uno de los fenómenos de mayor impacto de este siglo. En términos demográficos, se refiere al aumento relativo de personas de 60 años de edad y más, y a una prolongación cada vez mayor de la esperanza de vida al nacer.
El envejecimiento de la población se ha asociado frecuentemente con los países desarrollados en los cuales, la quinta parte de la población tiene más de 60 años de edad; sin embargo, este proceso también está ocurriendo en países menos industrializados. (…)
Desde la concepción el ser humano trae consigo una carga genética que propone programar el envejecimiento por medio de un reloj biológico, por tanto, cuando cada persona llega a una cierta edad avanzada, comienza a experimentar diversos cambios. Por lo general, estos cambios, debido al contexto socio-cultural de nuestro país, no son considerados de manera positiva, por el contrario, se tiende a pensar y a hacer sentir que las personas mayores ya no tienen nada que aportar, que ya cumplieron su rol en la sociedad y en su trabajo. Esta situación desencadena que las personas tiendan a tener un cierto rechazo y resignación cuando comienzan a envejecer y que comiencen a sentir que ya no tienen la misma energía y capacidad para hacer las cosas como en su etapa de juventud.
El establecimiento de una edad para la vejez es una construcción social que sólo parcialmente está determinada por factores biológicos o psicológicos. La categoría “viejo” es, por consiguiente, un estado adscrito generalmente aceptado por las personas pertenecientes a él, pero no elegido (…). Si se intenta definir la vejez como un estado, ésta tiene distintos momentos posibles para su inicio, de los cuales varios indican este comienzo, como los de carácter biológico, relacionado con la aparición de enfermedades o dolencias o los de naturaleza social, que nos hacen tener claro el comienzo de esta etapa a partir de la jubilación (…) (Suárez, 2004).
Dentro de los cambios psicológicos acontecidos en esta edad y que se refieren, en este caso, a la forma que sentimos y valoramos las relaciones con el entorno y como nos comportamos, es posible citar a Cumming y Henry con el planteamiento de la Teoría de la Desvinculación (Buendía, 1994). Esta teoría plantea que una vez transpuesta una determinada edad, es normal que las personas vayan reduciendo los roles más activos, busquen otros de menor actividad, reduzcan la intensidad y frecuencia de las interacciones sociales y se vayan centrando cada vez más en su propia vida interior. Las personas van haciéndose cargo del declive de sus actividades a medida que envejecen, y en ese mismo grado se van desvinculando, distanciándose del mundo ruido.
La desvinculación empieza con una demanda de reducción de actividades que tengan que ver con la competitividad y con la productividad y tiene un claro sentido adaptativo realista que, por lo demás, es aceptado y practicado a su vez por la sociedad. De este modo, y de acuerdo con esta teoría, conservarán su autodefinición positiva las personas que vayan sustituyendo progresivamente los roles de más actividad por otros más tranquilos, alejándose de los de más responsabilidad en el sistema productivo y centrándose en el ejercicio de roles periféricos, familiares y de amistad: para que puedan tener y mantener una imagen positiva de si mismos.
Con el envejecimiento se esconden una serie de mitos. Haciendo referencia al tema del aprendizaje de nuevas destrezas y su desarrollo, es útil plantear la creencia de que las personas mayores no pueden aprender nuevas destrezas, sin embargo, la edad no inhabilita a una personas para aprender cosas nuevas; a pesar de que con el paso de los años el funcionamiento cognitivo varíe, esto no significa una limitación para seguir aprendiendo y desarrollándose como persona, así como tampoco la imposibilidad de poder rendir bien en el trabajo.
Los cambios que se van vivenciando con el pasar de los años no deben ser una discapacidad para enfrentar el mundo y para seguir viviendo. Por eso, una de las mejores estrategias a seguir para revertir los mitos e imposiciones de la sociedad es (…) trazar un proyecto de vida acorde con la propia realidad, motivaciones y potencialidades de los adultos mayores, que los llene de satisfacciones (…).
Se puede concluir que los adultos mayores (…) se ven enfrentados ante una situación laboral que marca su vida desde ese instante: la jubilación. (…) han sufrido el desvinculamiento de la empresa desde donde trabajaban (…). Se les ha despedido simplemente por tener la edad legal para dejar de trabajar.
Tras esto, cabe la duda de si realmente no están en edad de trabajar, o si realmente ha decaído su desempeño. Es difícil probar la veracidad de la teoría del desvinculamiento, ya que no sabemos si por llegar a determinada edad se reduce su rol más activo, centrándose cada vez más en su propia vida interior, o si es el impacto del desvinculamiento que se les ha hecho forzosamente por cumplir la edad indicada socialmente para cesar las actividades laborales. (…)
Es imprescindible que los adultos mayores busquen en su interior sus motivaciones, lo que los hace felices, busquen dentro de si mismos toda la experiencia y aprendizaje que tienen y lo vuelquen en actividades que los hagan seguir desarrollándose y generar una mayor esperanza de vida.

domingo, 22 de junio de 2014

El trabajo



Extracto de la ponencia de
Ramón Flecha García
en las I Jornadas de Hartu-emanak 4 al 6 de Noviembre de 2003
“Sensibilización para una acción social transformadora
de y con las personas mayores”
En la sociedad industrial, las personas trabajaban para ganarse la vida, pero, por lo general, desempeñaban ocupaciones que no les gustaban. Además, en la mayoría de los casos, este trabajo estaba subordinado a otras personas, de manera que eran ellas las que se llevaban los beneficios.
Cuando los trabajadores y trabajadoras mostraban su desacuerdo con este orden social y económico, los sectores dominantes hacían un análisis simplista para concluir que lo que se estaba rechazando era el trabajo.
Se consideraba también que todo lo que no fuese trabajo, algo que comportaba beneficios a todo el conjunto de la sociedad, era ocio, una actividad orientada hacia el propio bienestar individual y que no revertía positivamente en ningún aspecto del global de la sociedad. Durante los años 70, en Inglaterra incluso se daban cursos a personas que se iban a jubilar en un plazo de dos o tres años para que centraran su actividad futura en un hobby personal. Puesto que se creía que iban a tener un gran vacío en su vida y que no podían aportar ya nada a la sociedad mediante un trabajo subordinado, se pretendía que al menos estuvieran entretenidos durante esa última época de sus vidas.
Hoy, junto a ese trabajo subordinado heredado de la sociedad industrial, aparece un trabajo creativo, que las personas desempeñamos porque nos apetece y así lo queremos, y con el cual estamos aportando muchos beneficios a la sociedad. Cabe señalar también que, frente a ese ocio como consumo individual característico de la sociedad industrial, emerge también en nuestros días un ocio creativo, mediante el cual también aportamos elementos indispensables para la mejora de la calidad de la vida, no sólo la nuestra propia, sino la todo nuestro entorno social.
En los años 60 y 70, había muchas mujeres, amas de casa, que no desempeñaban ningún trabajo asalariado fuera del hogar. Se las consideraba entonces como un sector de la población totalmente improductivo. Sin embargo, surgió un movimiento de mujeres que reivindicó la importancia de estas tareas que desempeñaban: cuidar de los niños y niñas, hacer la comida, comprar, en fin, satisfacer las necesidades de toda la familia. Esto contribuyó a la dignificación de este trabajo, para que trascendiera su utilidad social, e incluso se elaboraron estudios que cuantificaron a escala mundial el tanto por ciento que representaban estas tareas para la creación de riqueza.
En el caso de las personas mayores, este proceso de dignificación y valoración todavía está pendiente. Se sigue suponiendo que, una vez que las personas se jubilan, todo lo que hacen es para su ocio individual, simplemente para su diversión y su entretenimiento. Es evidente que esta consideración es totalmente errónea, ya que las personas mayores muy frecuentemente hacen un trabajo familiar, colaboran en la educación y en el cuidado de sus nietos, de sus nietas o incluso de otras personas. Estas aportaciones, que ellos y ellas hacen voluntaria y desinteresadamente, resultan fundamentales para nuestro actual orden social. Además de ese trabajo familiar, las personas mayores también realizan trabajos colectivos, es decir, allí donde hay una acción colectiva, en un centro cultural o social, en una asociación de vecinos, es muy frecuente que sean ellos y ellas los que asuman la gestión, organización e implementación de tareas colectivas como la preparación de fiestas o diversas actividades. También hay muchas personas mayores que realizan un trabajo solidario, con gente desfavorecida, de otros países, o de la propia comunidad. Estas personas están dedicando muchas horas de trabajo, no de ocio, ni siquiera de ocio creativo, para la realización de todas esas tareas. Finalmente, muchas de estas personas mayores realizan cada día más un trabajo de transformación.
No se trata de un trabajo sólo orientado a la ayuda de los sectores más desfavorecidos, con un carácter asistencial, sino un trabajo que tiene como resultado cambios y transformaciones sociales y que aporta beneficios al conjunto de la sociedad. Contribuyen así a que la sociedad sea más igualitaria, más libre, y también a que se reconozcan las aportaciones que determinados colectivos están haciendo a esa sociedad. Entre estos colectivos, el más dinámico que hay en Europa en estos momentos, es, precisamente, el de las personas mayores.
Desgraciadamente, no existen datos objetivos que permitan cuantificar en qué medida todas estas tareas contribuyen al aumento de la riqueza de un pueblo, un país, una región o todo el mundo. La sociedad debe saber, sin embargo, que las personas mayores, jubiladas, no sólo están recibiendo unos recursos por el trabajo que hicieron cuando los gobiernos las consideraban activas, sino que se están ocupando en muchos casos de tareas que resultan cada vez más imprescindibles para que la sociedad funcione y para que la sociedad mejore. En este sentido, las asociaciones de participantes en educación de personas adultas o cualquier otro tipo de organización o entidad donde las personas adultas desempeñen un papel fundamental tienen una importante responsabilidad en la promoción de la dignidad y el reconocimiento social de todos esos trabajos: familiar, colectivo, solidario y transformador.
En esta sociedad de la información, se necesita un sueño social, un sueño social en el que se vea que las personas mayores pueden aportar muchísimo a la cultura con su aprendizaje permanente. Para algunos sectores, parece que cuando las personas mayores aprenden, lo hacen sólo para sí mismas, como si ese aprendizaje no revertiera en su entorno y en su sociedad, mientras que, si una persona de veinte años aprende medicina, sí está realizando una contribución enorme a la sociedad. Esta interpretación está gravemente teñida de prejuicios edistas que deben ser erradicados. Para la construcción de ese sueño social, es necesario también que se reconozca lo que ya en estos momentos están haciendo las personas mayores. En este sentido, las acciones dialógicas (Habermas, 1987) son el mejor instrumento para llevar a cabo ese sueño social. El diálogo colectivo, igualitario e intergeneracional entre personas de toda condición es la mejor vía para alcanzarlo. Que este diálogo encuentre espacios donde crecer para dar frutos a toda la sociedad es tarea de todos y todas.

domingo, 17 de noviembre de 2013

La Relación abuelos-nietos



La Relación abuelos-nietos ¿Cuidar, Criar, Apoyar?

por Sacramento Pinazo
Experta en relaciones intergeneracionales
II Jornadas de Hartu-emanak en favor del diálogo entre generaciones
(Publicado en Gara el 22 mayo 2011)
Profesora de Sicología social de la Universidad de Valencia, es una veterana experta en envejecimiento activo y en las relaciones intergeneracionales. Ha estado en Bilbo para hablar de las relaciones entre abuelos y nietos, invitada por la asociación de mayores Hartu-emanak.

«Las abuelas por parte materna son las preferidas de los nietos, pero por decisión de las madres»

Cuenta, en primera persona, que antes de dar a luz su madre, profesora a punto de jubilarse, le advirtió: «Yo no voy a cuidar a tu hijo; si me necesitas para momentos puntuales, ahí estaré, pero no para cuidarle todo el día. Me jubilo y quiero hacer muchas cosas».
Sacramento Pinazo, experta en relaciones intergeneracionales y profesora de Sicología Social, asume que para mucha gente, muchos abuelos y abuelas, esta postura puede pecar de egoísta. Sin embargo, es tan respetable, entiende, como la de «la futura abuela que le dice a su hijo o hija que tenga descendencia si quiere, que ella está dispuesta a cuidar de esos niños que vengan». Es más, abuelos y abuelas de hoy, “condenados” en demasiados casos a hacerse cargo de sus nietos, observan con envidia esa postura “egoísta”.
Los llaman abuelos-canguro, abuelos-cuidanietos, hasta ha nacido ya un nuevo síndrome como es el de la abuela-esclava. ``La relación abuelos-nietos: ¿Cuidar, criar, apoyar?'' es el título de la conferencia impartida por esta profesora con más de quince años de investigación en este campo de la intergeneracionalidad. «Lo que queremos observar es si es más lo malo o es más lo bueno de tener que cuidar a los nietos», anticipa.
En EEUU, comenta esta experta, lo llaman el «rol sin rol», o lo que es lo mismo, los abuelos y abuelas han sido empujados a hacer de padres, de maestros, «pero en realidad no lo son; hacen cosas de padres y maestros, pero su papel no está claro». Pinazo rechaza, por ejemplo, el «mal uso del término abuelo», por estar ligado a personas por encima de los 65 años, «que ya no valen». En cambio, propugna, «ser abuelo es una segunda oportunidad para la paternidad, sobre todo en el caso de los hombres, que muchos se la perdieron. “Hago con mi nieto cosas que nunca pude hacer con mis hijos”, dicen algunos».
Una segunda oportunidad cargada, además, de una dilatada experiencia sobre la vida. Dice un proverbio africano que la vida de un individuo no está completa si no tiene abuelo. Por eso, su presencia en la vida de sus nietos es un aporte cuyo valor muchas veces se pasa por alto. «Los nietos suelen decir que aprenden muchos valores de sus abuelos», apunta Pinazo.
Por ejemplo, los estudios señalan que una de las actividades que los abuelos realizan más frecuentemente con sus nietos es hablar. De sus respectivas vidas, del colegio, de deportes, de los amigos. «Las conversaciones con los abuelos se dan en una atmósfera de paz, entendimiento, escucha activa y tolerancia, algo que no siempre ocurre con los padres», considera Pinazo.
Parece evidente la necesidad de formar parte activa de esas pequeñas vidas, pero el problema viene a la hora de establecer en qué medida y cómo. Esta profesora valenciana apuesta por ello, «pero sin pasarse, porque en el punto medio está la virtud». A su juicio, «los abuelos requieren seguridad en sí mismos para ejercer con naturalidad su función de cuidadores, y, para ello, se hace necesario el diálogo con sus hijos». Para ella es clave. «La relación que yo tenga con mis nietos, dependerá mucho de la relación que yo tenga previamente con mis hijos, o sea, sus padres». Diálogo y establecimiento de unas reglas, sostiene.
Esa buena relación con los nietos dependerá también de muchos factores, como la edad de los abuelos, el género, su salud, la distancia de residencia..; y -llama la atención esta experta- el linaje. «Todos los estudios revelan que los nietos prefieren más a sus abuelas por parte materna. Éstas ganan por goleada en el ranking de preferencia de los nietos, seguidas de los abuelos por parte materna, la abuela por parte paterna y, el último, el abuelo por parte paterna. Y tiene su sentido: las mujeres tendemos a ir más a casa de nuestras madres. Al final, los abuelos maternos están más implicados en la crianza del nieto, pero sobre todo por decisión de las madres», explica.
Canguros o cuida-nietos, su papel es fundamental hoy para conciliar la vida familiar y laboral. Pero Pinazo reflexiona: « ¿Corresponden luego los hijos con el sacrificio que hacen los abuelos con sus nietos?».

lunes, 28 de octubre de 2013

La jubilación de las mujeres




Ismael Arnaiz Markaida
Socio de Hartu-emanak

Está muy asumido eso de que “las mujeres nunca se jubilan”. Se refiere, naturalmente, a jubilarse de la atención a la familia y de las tareas del hogar. No es mi intención polemizar sobre este tema, pero si tenemos en cuenta las normas y consignas que, en los años de la dictadura, se daban desde la sección Femenina de la Falange Española y de las JONS para la preparación de las mujeres al matrimonio, me permito asegurar que las mujeres sí se jubilan, y lo hace, precisamente, cuando se quedan viudas. Así es que, para las mujeres, viudedad y jubilación, va todo en el mismo paquete.
Para reforzar mi argumento, recuerdo a los lectores algunas de aquellas normas: “ten preparada una deliciosa comida para cuando él regrese del trabajo; Ofrécete a quitarle los zapatos; Preocúpate por su comodidad; Minimiza cualquier ruido; Salúdale con una cálida sonrisa; Nunca te quejes si llega tarde; Haz que se sienta a gusto, que repose en un sillón cómodo; No le pidas explicaciones; Recuerda que él es el amo de la casa; Al final de la tarde limpia la casa....” . Que conste que es copia literal y que hay mucho más.
Leído esto, no parece equivocado el afirmar que para aquellas mujeres que recibieron y practicaron estas normas, la verdadera jubilación les llegó, precisamente, cuando se quedaron viudas. O sea, que las mujeres sí se jubilan.
Hecha esta reflexión me he acordado de una anécdota que refuerza mi argumento. Os la cuento.
Estaba yo en un restaurante comiendo con un grupo de amigos, de edades en torno a los 70 años, y en una mesa próxima estaba un grupo de mujeres, de edad parecida, y aparentemente la mayoría de ellas viudas.
Uno de mis amigos tiene la costumbre de brindar al final de las comidas, y ese día también lo hizo. Se puso de pié, copa en mano, y con gran solemnidad dijo: “Brindo para que nuestras mujeres no se quedan viudas”.
Nada más terminado el brindis, se levantó una de las mujeres que estaba en la otra mesa y, también copa en mano, con decisión y fuerte voz, para que le oyera mi amigo, hizo el siguiente brindis: “Pues yo brindo para que mi difunto marido esté en el Cielo, ya que yo, ahora, estoy en la Gloria”.
Quedó claro que aquella mujer era una de esas a las que la jubilación les llega con la viudedad.
Pues eso, que se cumpla el brindis de la mujer, y del de mi amigo que sea lo que Dios quiera.

jueves, 29 de agosto de 2013

Jubilación





por Ramón Bayés
Profesor Emérito de la Universidad Autónoma de Barcelona




Cuando alguien alcanza esta etapa o momento de su vida en que se jubila (con cierta dosis de júbilo) o lo jubilan (sin júbilo alguno), su biografía no ha finalizado. Incluso, para algunos, una parte substanciosa de la misma tal vez no haya hecho más que empezar. Es cierto que, en el seno de una cultura que admira la juventud, la acumulación de bienes y la inmediatez hedonística, los que llegamos a la vejez solemos hacerlo, como señalan Skinner y Vaughan (1983), con el estereotipo de tacaños, reiterativos, pelmas, lentos, irritables, quejicas, olvidadizos, ineficientes o carrozas.

Pero disponemos de ejemplos de personas centenarias (recordemos a la Premio Nobel de Medicina Rita Levi-Montalcini o al médico catalán Moisés Broogi) que nos muestran que este modelo negativo de anciano no refleja necesariamente una realidad universal. Nos incumbe a los que hemos llegado a la jubilación sustituir los estereotipos que nos atribuye la sociedad por otros más positivos – serenos, tolerantes, flexibles, generosos, compasivos, eficientes, no repetitivos, con sentido del humor, - demostrando con nuestro comportamiento que la vida, una vida plena y activa, puede prolongarse en bastantes casos, más allá de la jubilación
 


Aun admitiendo que la existencia de la jubilación constituye un innegable logro social, la rigidez de una frontera prefijada de edad conduce inevitablemente a un café para todos, que a algunos les sabrá amargo y a otros agua teñida. En el fondo, las normativas de jubilación vigentes en muchos países occidentales equivalen a una simple discriminación por edad, tan discutible, en principio, como la discriminación por sexo, raza o religión. A pesar de su dificultad, es necesario conseguir, un modelo de jubilación flexible capaz de adaptarse, tanto a las necesidades colectivas como a las individuales. Es preciso, tener en cuenta que la variabilidad interindividual se incrementa a lo largo de la vida, lo cual supone, por ejemplo, que desde un punto de vista cognitivo, a igualdad de edad, los ancianos son menos semejantes entre si que los jóvenes (Fernández-Ballesteros, 2009) y que algún día, lo más pronto posible, las “jubilaciones a la carta” deberían sustituir a las “jubilaciones-menú”