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lunes, 5 de marzo de 2018

Las personas mayores como protagonistas de la dinámica social



Parte de la síntesis del trabajo realizado por
alumnado de Educación Social en las
I Jornadas de sensibilización para
una acción social transformadora
de y con las personas mayores
Bilbao, 4 al 6 de Noviembre de 2003

Las personas mayores forman un colectivo muy amplio, con características diferentes, pero con un elemento común, que es su experiencia y los saberes construidos a lo largo de mayores, dice con vigor una persona en una de los grupos de trabajo. Entonces, una sociedad como la actual donde el conocimiento es el valor principal no puede permitirse el lujo de despreciar y no incorporar toda esa sabiduría conseguida a fuerza de vaivenes, de alegrías, de relaciones, de “tortazos”, en fin, de vivir. Es un legado que está ahí, de toda la humanidad.
Pero, se ha de empezar quizás por uno mismo, por creer que es posible, que podemos seguir contribuyendo a mejorar la calidad del mundo. Recogemos un testimonio que encierra en sí ese pensamiento: La actitud de las personas ante lo que somos capaces de su vida. Esta afirmación, aunque escueta, encierra en sí numerosas verdades y matices.
Desde el momento que traemos a colación saberes y experiencia hablamos de riqueza cultural. Creemos que tenemos mucho que aportar a la sociedad y que es importante que nuestras voces se escuchen en todos los foros, no solo en los relacionados con las personas aportar es muy importante. Debemos saber valorarnos como personas. Somos personas con inquietudes y tenemos mucho que aportar.
Y, para ello, nos damos cuenta que es importante precisamente la historia de vida que hemos tenido, el tipo de compromisos que hemos adoptado en otras épocas de nuestra vida y los que estamos dispuestos a asumir.
Las personas mayores cuentan con capacidad de decisión, saben lo que quieren y, básicamente, lo que quieren es que sus voces se escuchen para construir junto con otros colectivos una sociedad mejor. La edad nunca debe ser la excusa ni una limitación, sino todo lo contrario, es una oportunidad para decidir qué hacer, cómo y por qué hacerlo. La recuperación de estas voces, su incorporación en el hacer social es una tarea urgente en la que los auténticos protagonistas son precisamente las personas mayores.
Un teórico escribió en algún lugar que estamos ante la “revolución de las canas” que conduzca a las personas mayores “más allá” de lo instituido y programado para ellas, “más allá” de foros como los Consejos de mayores, porque en el fondo y en la forma los mayores tienen y sienten un compromiso con la sociedad en su conjunto, con todas las problemáticas que afectan a nuestras vidas por lo que quieren aportar su voz a cuantas plataformas sociales existan, puesto que éstas son representativas de las temáticas que a los humanos nos preocupan: los jóvenes, la marginación, la vivienda… y, un sinfín, de problemas que hemos de afrontar entre todos y todas porque estamos afectados por ellos y relacionados con los mismos.

martes, 13 de junio de 2017

Mayores y menores




Tico Medina
Esta es una crónica a dos bandas. Eso sí, banda de música y banda de triunfo, nada de las otras bandas, que ya nos sobran, y además, que en cuanto pueden nos fastidian, que las crónicas de sucesos están llenas de gentes que asaltan a los mayores en los parques, en las cuatro esquinas, en los vacíos, para tirarnos de la cartera o robarnos las pertenencias, en un tiempo en el que no estamos para sustos, dadas nuestras edades. Y les digo que es a dos bandas porque hoy toca dar un abanico de nombres con noticia: José Luis Sampedro, excelente novelista y mi profesor hace ya tantos años, dice que, a los 91, "veo las cosas con más transparencia y con más claridad y lucidez que nunca". Y es que la edad es un primor. Miren, que don Manuel Fernández Álvarez, a sus 86, escribe bestseller, desde el rigor de la historia. O lo que dice nuestra Concha Velasco, cuando afirma que "lo importante es no mirar atrás". Claro, como la Preysler, por la que no pasa el tiempo, quien confirma: "A mí no me da tiempo a envejecer".
Este año se lleva mucho el abanico, incluido entre los caballeros de nuestros años, portándolo en el bolsillo superior de la camisa, chaqueta fina o guayabera —tengo tanto que contarles que a veces se me va el santo al cielo—. A lo que voy: acaba de nacer una especie única, inimitable, que se llama la abuela del artista, que hasta hace poco había un personaje excepcional, que valía por diez, n i qué decir que mucho más que el representante de la estrella, que era la mamá del artista.
Era la verdadera, amorosa y furiosa defensora de las cualidades de la estrellita que deseaba brillar en el cielo de la fama, ya fuera cantando, bailando, y junto a ella, uno, el reportero de guardia tenía que vérselas siempre con aquella guardiana. Tenía más razón, y más sin razón que ningún otro representante. Era la mamá del artista. Más les digo: se hicieron coplas sobre el tema, películas y obras de teatro, y en todas brillaba aquella protectora, defensora y empujadora, además de la niña que hacía algún primor de cara a su futuro. De un tiempo a esta parte observo, incluso, en mis propias carnes, en mis propios programas de radio y televisión del sur por donde ando, que la madre del artista ha sido sustituida, con eficacia, con fuerza, con argumentos, por la abuela del artista, que no necesita mayor definición, ya que es la madre de la madre, puesto que generalmente esta última está trabajando, y es la abuela la que se dedica a ser representante de la estrellita que acaba de aparecer, dispuesta a ser la más grande en lo suyo.
Tienen fuerza las abuelas, más que las propias madres, porque saben mucho más que sus hijas de sus nietas, ya que con ellas viven, conviven y, a veces, las fuertes abuelas, más que nada, sobreviven. Son las madreabuelas, que están teniendo tanto que decir en el mundo que vivimos, de las operaciones triunfos, los certámenes Fama, les permite aparecer en escena con el cuchillo entre los dientes, las mayores junto a sus menores. ¡Qué sería de los menores sin los mayores!, ¡pero que sería de nosotros, los mayores, sin nuestros nietos, los menores...!

jueves, 27 de abril de 2017

Una sociedad para todas las edades



Ismael Arnaiz Markaida

Asociación Hartu-emanak

 

El día 29 de Abril está declarado como Día Europeo para la Solidaridad y Cooperación entre Generaciones. Y si de algo tiene que servir esta declaración, es para reflexionar sobre la necesidad de construir una Sociedad para todas las Edades.

Desde finales del siglo pasado, Naciones Unidas viene formulando la necesidad de construir una “sociedad para todas las edades”, y son muchas las opiniones que consideran que, si aumentamos y organizamos de modo adecuado las oportunidades que las personas de una generación pueden tener para relacionarse con personas de otras generaciones, se puede conseguir que un mayor número de esas personas decidan aprovechar la ocasión y practicar más la interacción intergeneracional.

Asumida esta opinión, es fácil considerar que cuantas más relaciones entre las generaciones se produzcan, más cerca estaremos de eliminar alguna de las barreras que impiden, hoy por hoy, que nuestras sociedades sean realmente “para todas las edades”.

En una encuesta realizada por el Observatorio de Mayores del INSERSO, se vio que el estar con niños o con jóvenes (fuera del ámbito familiar), tan sólo era la décima actividad más frecuente de las personas mayores encuestadas.

Este dato nos plantea, al menos, dos preguntas: ¿es posible pensar en implantar una “sociedad para todas las edades” sin tener facilidades para mantener relaciones cotidianas con otras personas de distintas edades? ¿nos conformamos con estar bien, o de lo que se trata es de poder estar bien juntos?

Con el fin de dar respuestas adecuadas a estas preguntas, en la II Asamblea Mundial sobre el Envejecimiento celebrada en Madrid en 2002, se reconoció que “es necesario fortalecer la solidaridad y la cooperación entre generaciones, (...) apoyando las actividades tradicionales y no tradicionales de asistencia mutua intergeneracional dentro de la familia, la vecindad y la comunidad”

Y para ello, los Programas Intergeneracionales, diseñados y desarrollados con el objetivo de promover la ayuda mutua y el intercambio de conocimientos y experiencias, entre distintas generaciones,  pueden ayudar a eliminar, o al menos a disminuir, las barreras que dificultan el contacto y las relaciones intergeneracionales, y facilitar el objetivo, marcado por Naciones Unidas, de “construir una sociedad para todas las edades”.

jueves, 16 de marzo de 2017

Las caras bonitas y jovencitas




Joaquín Merino
Escritor y periodista

Ya hemos quedado hace tiempo en que existe una inexorable edad biológica, marcada por los años, y una edad intelectual, subjetiva, personal e intransferible, fruto más bien del ansia de vivir y la volición, espoleadas ambas por una gotita de rebeldía. Este segundo tipo de edad puede tener los años que le dé la gana a su mente rectora, incluso cuando la edad biológica del cuerpo que la alberga empieza a ser una rémora tan nefasta que no da para demasiadas alegrías, allá arriba, en la azotea de ese cuerpecillo que se ha de tragar la tierra. Menos mal que existen antídotos: piensen, por ejemplo, en Stephen Hawking, más valetudinario que nadie independientemente de los años vividos. Ahí le tienen, báilenle, investigando, estudiando, dedicándose a la docencia del Universo, sí, pero también casándose, descasándose, reproduciéndose, disfrutando, no sólo de su sapiencia, sino de su familia, que le quiere y le apoya: ¿acaso no es ésta una vida "normal"?
Cuanto antecede, sin embargo, constituye una realidad ya asumida por mis lectores y lectoras en anteriores homilías, sobre todo si fueron "buenos" y "aplicados" y se aprendieron la lección. Hoy quisiera hablar de otra clase de juventud que se suma con fuerza a las categorías preexistentes: se trata de la juventud de cara, patrimonio, al principio, de famosos y famosas, y que se ha propagado a la masa social más pudiente. No lo critico, no me meto en el cómo, el cuándo o el por qué: sin duda, la juventud del look requiere una voluntad tan poderosa como la necesaria para conseguir una mente juvenil... y no pocas privaciones más. De modo que ¡aupa!, mozos y mozas de caritas tersas, y mi más cordial enhorabuena: ¡la edad no es cosa de años!, ya lo decía yo. Lo que me está impulsando a escribir hace tiempo acerca de tal fenómeno es la proliferación en la tele de rostros familiares de toda la vida asombrosamente embellecidos, rejuvenecidos: conocí y traté a Ana Rosa Quintana,'por ejemplo, hace 20 años, cuando era una chica mona, lista, simpática sin más. ¿Sin más, me parece poco? No, no, es que la redescubro ahora en un anuncio de cremas, o que sé yo, y está mucho más joven, tersa, guapa, con un aura de espiritualidad para mí inédita.
Y... Sí, confieso, he visto también a la admirada y admirable Isabel Preysler en el reportaje de ¡Hola!. Qué belleza, qué esbeltez, qué alcurnia, qué juventud sin ira, y a mucha honra, a sus confesados 57 años. Sus fotos primerizas no tienen nada que ver con este ser sobrenatural, y hasta su marido Miguel Boyer, que me parecía achacoso en los lejanos tiempos de su romance, ha adquirido un saludable look de joven cuarentón veintitantos años después, milagro que alcanza al ex más famoso, Julio Iglesias, allá donde esté... ¿Le mesmeriza Isabel también a él desde esta apartada orilla? No sé, pero mola imaginarlo.

domingo, 28 de junio de 2015

El legado del abuelo



Hartu-Emanak reivindica el papel del mayor como transmisor de cultura en el Día Europeo de la Cooperación entre Generaciones

Por EVA MOLANO
Publicado por El Correo30-abril 2011

La jubilación no es el fin de una vida productiva, si no el principio de otra igual de provechosa y mucho más gratificante. Eso es lo que opinan los miembros de la asociación bilbaína Hartu-Emanak, volcada en el aprendizaje permanente y la participación social de las personas mayores. Una entidad con cada vez más arraigo en la sociedad vizcaína y que ya supera el centenar de socios, una extensa red de colaboradores y el apoyo de instituciones como la Diputación y los ayuntamientos de Bilbao y Barakaldo.
Los integrantes de este organismo quieren romper con las estampas llenas de tipismo concebidas sobre la tercera edad -chicharrillos, costura y huerta- y reivindicar el papel de los jubilados no sólo como ciudadanos activos, si no como transmisores de la cultura y del conocimiento. Porque la experiencia es un grado. De hecho, muchos de sus programas van encaminados a que los jóvenes aprendan de la historia viva que representan y que, gracias a ese contacto, los mayores se enriquezcan y no se 'descuelguen' de la actualidad.
Y con motivo del día europeo para la solidaridad y la cooperación entre generaciones, que se celebraba ayer, los miembros de Hartu-Emanak aprovecharon para reivindicar los beneficios de proyectos que rompen barreras entre las personas en diferentes etapas vitales. Por ello, la Asociación ha convocado la cuarta edición del concurso literario 'El legado de nuestros mayores', que trata de recuperar historias, leyendas y tradiciones orales transmitidas de generación en generación.
Historias en los colegios
Los jóvenes deben identificar a las personas que les han transmitido esas historias, anécdotas o experiencias personales. El plazo de presentación finaliza en noviembre y la entrega de premios se celebrará en Navidad en el Salón de Actos de la biblioteca de Bidebarrieta. «Se llena de niños, jóvenes y mayores que dan lugar a un encuentro intergeneracional de mucho valor», explicó Félix Hernando, responsable de la iniciativa. Los trabajos premiados son editados en una publicación que se difunde entre escuelas y bibliotecas.
Además de jornadas, charlas y actividades, la asociación desarrolla desde 2004 el proyecto 'Barakaldo, ayer' en centros escolares de esta localidad. Se trata de una campaña que lleva a varios jubilados a los colegios para contar la historia del siglo XX en el municipio a los chavales de 13 a 15 años. «Hacen más caso a una persona que ha vivido en primera persona un hecho histórico que a un libro. Además, aprenden a reconocer el esfuerzo y la aportación que han realizado a su presente las generaciones anteriores», explica Hernando.
Ahora, Hartu-Emanak trabaja para extender este proyecto fuera del ámbito escolar y a otros municipios. Este año, 903 alumnos de 12 centros han aprendido la historia de su pueblo de mano de sus mayores, y, desde que comenzara el programa, 3.592.

domingo, 22 de marzo de 2015

Algunas reflexiones desde la acción colectiva





Autoras: Maite Arandia, Sonia Gutiérrez, Mª José Alonso e Isabel Martínez
III Encuentro Intergeneracional.
Escuela Universitaria de Magisterio de Bilbao (Grado de Educación Social) y Hartu-Emanak


Clarificar el sentido de la transmisión
Una de las primeras cuestiones que se abordó fue la relación transmisión-compartir. En este sentido, se manifiesta que la palabra transmisión puede traicionar la propia intención de este movimiento intergeneracional porque nos remite a una posición más bien jerárquica y no bidireccional. De ahí, la necesidad de replantear el término, puesto que ese movimiento se visualiza desde el compartir y no desde el depositar. Es decir, se percibe como un movimiento en el que los procesos y actuaciones que se lleven a cabo estén asentados en el diálogo igualitario. De este modo, lo que estamos llamando transmisión se produce de forma bidireccional, y siempre con una mirada al pasado, en cuanto proveedora de capital, de experiencias y de historia, pero proyectándose hacia el futuro.
Luego, compartir es la clave desde la que, tanto jóvenes como mayores, entendieron que había que enfocar las diversas propuestas intergeneracionales y, hacerlo dentro de una perspectiva natural. Nos encontramos en la misma sociedad condicionamos y retados por desafíos similares. Además, tenemos que vivir en conjunto; por tanto,  resulta imprescindible,  optar por esos espacios naturales, donde los encuentros sean constructivos, y en los que, desde esa expresión natural, podamos ir superando los problemas que, en ocasiones, pueden surgir por las diferencias en las formas de expresión. Así es que como segunda clave importante en ese proceso de “transmisión compartida” se establece la convivencia entre diferentes tanto en experiencias como en expresiones de las mismas.
El valor del Patrimonio de las Personas Mayores: empoderamiento y comunicación
El patrimonio de las personas mayores se entiende como el capital que se va acumulando a lo largo de cada experiencia vital mediante el contacto con modelos y contextos educativos distintos (la familia, los iguales, entornos informales...) y mediante la elección de lo mejor que otras generaciones han ido legando. Se dice: “Es como un trastero donde tenemos cosas guardadas y que hay que ir recordándolas”.
Está relacionado con un sentido de continuidad, que es importante mantener para que este insumo social no se pierda con el paso del tiempo, porque, eso sí, hay una conciencia clara de que se cuenta con un patrimonio, con experiencias de vida importantes y con un fuerte bagaje personal, que merece la pena transmitir-compartir. Como bien expresa un participante: “Porque fueron somos, y porque somos serán”. Sin embargo, a pesar de esta claridad respecto al patrimonio y la importancia de trasladarlo a las nuevas generaciones, se expresa que dada la tecnificación de nuestras vidas es posible que mucho del conocimiento social de las personas pueda correr el riesgo de perderse, por lo que es necesario pensar en cómo afrontarlo para que no ocurra. En este sentido, uno de los problemas prioritarios, que se han de abordar y superar, es, precisamente, el de la comunicación, por no saber cómo comunicar el patrimonio de que se dispone estimulando la curiosidad de los jóvenes. Unos participantes comentan:
“si no conseguimos interesar a la juventud, es porque tal vez no sabemos comunicarnos con ellos (…) Para ello es importante que aprendamos a lanzar mensajes que transmitan interés, y tener en cuenta esta barrera que frena y que viene reforzada por falta de comunicación que hay por ejemplo en las familias, que centran los diferentes momentos del día en la televisión”
Respecto a esta cuestión de la comunicación, se necesita también intensificar la motivación y analizar de qué modos se ha de guardar el conocimiento acumulado. En esta dirección se apunta como idea la creación de un “banco del tiempo” porque “algo hay que hacer con el tiempo y la velocidad que alcanza la vida”.
Ahora bien, el camino fundamental, o al menos uno de ellos, es abrir brecha en la educación, entrando en los centros y entidades educativas con propuestas intergeneracionales y participando activamente en esos contextos, comenzando por entablar relaciones y elaborar propuestas con el profesorado y con otros agentes sociales.
Una participante expone algunas ideas de colaboración con el mundo educativo señalando:
Los abuelos pueden ir, por ejemplo, a jornadas de puertas abiertas para contar cuentos, en las huertas, en el coro, etc. y en cuanto al campo social, el voluntariado es una buena opción.
Pero también la universidad podría jugar un papel importante en este proceso, ya que abrir sus puertas supondría crear oportunidades para aprender y estar con la juventud, favoreciendo la comunicación. Esto provocaría un acercamiento, que facilitaría el proceso, ya que es importante conocer los problemas y temas que preocupan a la juventud para saber qué experiencias o qué conocimientos pueden tener valor.
Se dice:
Pero es necesario ser pedagógico, y tener en cuenta la importancia de saber a quién, dónde, cómo…. Comunicar sí, pero hay que diferenciar entre transmitir individualmente o colectivamente. Es importante la traducción del propio mensaje”.
Por tanto, no sólo es importante crear los contextos, sino cuidar cómo hacerlo y esto requiere de un aprendizaje por parte de las personas mayores. Luego, en este marco de transmisión-compartir se ha de atender a la formación para que las personas mayores consigan conectar y compartir recuerdos, contrastarlos y sistematizarlos y hacerlo utilizando medios diferentes, entre ellos los proporcionados por las tecnologías de la información y comunicación.
Y, no nos hemos de olvidar del ámbito comunitario. Sería necesario, igualmente, crear situaciones para que se encuentren distintas generaciones y superar los estereotipos relacionados con la edad, que poco ayudan a superar la distancia generacional. Todo ello debiera de ir acompañado por una política institucional que apoye las actuaciones intergeneracionales y favorezca la normalización de la relación entre generaciones y por una reflexión en profundidad sobre el sentido y contenido de los centros para mayores para que pudieran transitar hacia modelos más abiertos al entorno social, a áreas de cultura… En definitiva, se indica: “es necesaria la reivindicación del conocimiento y la experiencia de las personas mayores, como patrimonio cultural y social inmaterial”.
Para concluir, hemos de tener en cuenta que, como en cualquier otro proceso de la vida social y educativa en la que se impulsa un cambio en alguna dirección distinta a la que está presente, adquiere un valor excepcional la actitud vital que se despliegue en este caso hacia la cuestión intergeneracional. Por tanto, en primer lugar, sería necesario impulsar y trabajar esa sensibilidad hacia lo intergeneracional desde el ámbito familiar, para luego poderlo  trasladar a otros contextos bien educativos y formativos como asociativos, políticos...
En segundo lugar, habrá que crear contextos, que constituyan puntos de encuentro para la “transmisión-compartir” a través de la confluencia y convivencia intergeneracional y, desde luego, en estos procesos deben involucrarse las propias instituciones. En consecuencia, será necesario buscar puntos de interés común a generaciones distintas en los que todos los agentes sociales y educativos estén implicados para aprovechar las oportunidades y no perder el capital experiencial y de conocimiento de nuestros mayores y de que mayores y jóvenes no perdamos la memoria, sino que ésta constituya un motor para un intercambio y enriquecimiento colectivos.

viernes, 29 de noviembre de 2013

Con ojos de Mayor pero mirada joven




por Sonia Acero
Responsable del Proyecto de Educación para la
Solidaridad del Colegio Santa María de Portugalete


“Pocos apostarían por unir la arruga y el acné, pocos creerían lógicamente que estos dos signos de edad tuvieran alguna vez algo que ver.
Es normal, cada uno de ellos, marca, inevitablemente, una manera distinta de ser y estar en el mundo, unas ganas diferentes de pasear por la vida.
Es distinto el cansancio sentido, el tono de la piel que alberga una espinilla o una arruga que habla por sí sola, el gesto, el brillo de los ojos, la comisura del labio...todo es distinto en ellos... y sin embargo ¡de cuánta vida contenida nos habla el acné, de cuánta donada la arruga!...
Mezclarlas parece casi una locura, un disparate, un grave error...la juventud por su lado, vitalmente rompedora, la vejez por el suyo, reposadamente sabia, adormilada...
Sin embargo...¿ no pertenecen las dos al mismísimo ciclo de la vida?¿ No son ambas imprescindibles para el ritmo de la historia? No imagino un viejo que no haya sido joven, que anhele serlo, no imagino un joven, que aunque en algún momento se haya visto cegado por la locura de la eterna juventud, no se imagine, incluso anhele llegar a ser viejo porque en el fondo sabe, que así, sólo así, llegará a realizarse del todo, completando el ciclo..., sin vuelta de hoja.”
(Sobre los proyectos intergeneracionales)