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sábado, 10 de febrero de 2018

El otoño de la vida



Alabanza a la Madurez
Un exhorto para disfrutar de los
mejores años de nuestra existencia
Francisco Arámburo Salas

¡Adiós a la Juventud!
Indudablemente la juventud es una edad dorada y recordada siempre con nostalgia. Es una breve época inolvidable, romántica, vibrante, emotiva y feliz.
Es una dichosa etapa creadora y vigorosa en la cual todo es fresco y novedoso, como una vaporosa nube en el firmamento con destellos de color de rosa. PERO....
...hay que reconocer que esa misma juventud tan alabada, tan cantada y suspirada, es también una época llena de luchas, de preocupaciones, de negros nubarrones, muchas veces de privaciones y nunca exenta de incertidumbres, celos, zozobras, competencias, temores, rivalidades y ansiedades.
Es como una regata en la cual hay que estar compitiendo constantemente para lograr un ansiado trofeo.
El gran cambio
Afortunadamente tanto en la naturaleza como en los seres humanos, “después de la tempestad viene la calma.” Y quizá lo mejor de la juventud... es que ya pasó. Es como una hoja que lleva suavemente la corriente
Lo cierto es que sin saber cuándo, ni poder definir con exactitud una edad determinada (para unos antes y para otros después), en cierto punto impreciso de la vida llega ese lapso en que todo aminora su marcha y se detiene, posándose suavemente, sin prisas, dentro de nosotros mismos.
El cauce se transforma en una corriente de paz que se mueve lentamente, casi sin sentirlo, hacia esa infinita grandeza, profunda e inconmensurable, que es el  final de todos los viajes y adonde van a parar todos los ríos: el mar
Esta etapa, queridos amigos, es la MADUREZ. ¡Pues que sea bienvenida!
Veamos: la madurez no es exactamente el mediodía de la vida, ni la tarde, ni la noche. Más bien yo diría que es ese impreciso momento que llega sigiloso con las primeras horas del día, abarcando esos instantes brumosos y volátiles que se disuelven poco a poco al ser tocados por los emergentes rayos del sol: LA MADRUGADA
Y algo extraordinario: Ahora no nos inquietan las modas ni los cambios que experimentan las nuevas generaciones, ni nos mortifican ni afectan las nuevas corrientes o costumbres, pues nosotros no estamos obligados a cambiar ni a iniciar nuevas modalidades.
Nuestra edad es ya ssuficiente justificación para mantenernos al margen, aunque sin desentendernos de lo básico y lo esencial.
Nosotros, mal que bien, por lo menos llegamos a la recta final. Y eso está como para celebrarlo. ¡Ya la hicimos!
Al llegar la madurez cesan las dudas y las incertidumbres. Ya no es necesario hacer tareas ni desvelarse estudiando, correr tras el autobús por las mañanas, presentar agobiantes exámenes, pasear a la novia o preocuparse por conseguir empleo.
Definitivamente lo que íbamos a ser, ya lo somos. Y lo que no íbamos a ser, ya no lo fuimos… ni lo seremos. No a estas alturas. De eso no hay duda. ¿Entonces para qué preocuparnos?
Para los que “cruzamos la frontera” y estamos al otro lado, colocados sobre esta amplia, tranquila y bien ventilada terraza, ya no hay carreras, nerviosismos, competencias, prisas, luchas ni duelos a muerte. Nuestro sitio está en el palco, no en el ruedo. O por lo menos, detrás de la barrera.
La edad de los impulsos arrebatados, pues, ya ha terminado. Atrás quedaron angustias, zozobras, indecisiones y dudas. ¡Y qué bueno! Si esta es la madurez... pues bienvenida madurez.
HOY es aquel futuro del cual estábamos tan temerosos AYER. Y ya ven, todo salió bien. Después de todo... ¡aquí estamos!
La conclusión entonces es que, como en la madurez ya no hacemos planes a largo plazo (ni debemos), es necesario que se empiecen a ver YA los resultados de todo aquello para lo que antes trabajamos, planeamos, ahorramos y nos preparamos a lo largo de la vida.
Ya no hay que seguir posponiendo más las cosas, ni hacer planes inalcanzables “para el futuro”, pues para nosotros, óiganlo bien...El futuro ya está aquí
¡El tiempo apremia!
De manera que ya no esperen más. Mientras gocen de relativa buena salud y puedan moverse fácilmente todavía; mientras puedan comer y beber de todo y disfrutar de los atractivos de la vida, aprovéchenlos. Abran ya sus botellas de coñac francés y usen sus vajillas de Bavaria y sus cubiertos de plata, pues ¿para cuándo los están guardando? Podría meterse un ladrón y vaciarles la casa, ¿y de qué les sirvió haber guardado todo por tanto tiempo? Que no tengamos que decir después  “Qué  temprano se nos hizo tarde”
Tampoco esperen ya ningún mañana brillante y glorioso, singular y perfecto. Si iban a comprarse “algún día” una lancha, una moto, una autocaravana, una cámara digital, una computadora, y pueden hacerlo (y les gusta), ¡pues cómprensela ya! Este es el momento preciso, no pierdan tiempo.
Y si estuvieron haciendo planes toda la vida para realizar algún viaje a Europa, a las Cataratas del Iguazú, a Hawaii, a Alaska, a China o a la  Patagonia, pues antes de que otra cosa suceda, como una devaluación, una operación repentina o un infarto... ¡VÁYANSE YA! ¿Qué esperan?
En lo personal, y por lo que a mi respecta, ciertamente descubrir el arribo de la madurez me ha fascinado y me llena de gozo. Estoy gratamente impresionado. ¡Nunca imaginé que fuera así!
Con inusitado asombro descubro día a día nuevas sorpresas y satisfacciones que nunca soñé que existieran. Al sentirnos en paz con los demás y con nosotros mismos,  recordamos la sabia reflexión de Amado Nervo, quien lo resumió así:
“Vida: nada me debes.
 Vida: nada te debo.
 Vida: estamos en paz.”

jueves, 28 de septiembre de 2017

El rejuvenecimiento de la vejez




Manuel Maria Meseguer
El título no trata de masajear el ego de los longevos o los aspirantes a serlo. En los últimos años se ha producido un proceso, al menos curioso, en cuestiones de la edad madura. Antes se ocultaba la edad, a no ser que el deterioro físico la mostrara descarnadamente. Ahora, todos los mayores de 60 años dicen su edad con una expresión que parece aguardar la réplica sorpresiva del interlocutor "Tengo 78 años", comunica con la sonrisa en los labios y las cejas arqueadas. "¿78? Parece que tuviera 60", es la respuesta que se espera del confidente y, si no se provoca, el resto de la conversación puede ser fastidioso. Pero no, no va de longevos orgullosos el asunto, sino de longevos con más años de ociosidad que de trabajo.
Cada poco, de manera recurrente, y casi siempre coincidiendo con periodos de crisis económica o con la sensación de ella, el tema de la madurez en el trabajo se echa sobre la mesa como una letra de cambio. Recientemente el diario francés Le Monde se hacía eco de los trabajos de los gabinetes de contratación laboral y de sus inquietudes, al preguntarse de un modo nada retórico que teniendo en cuenta que la vejez laboral llega cada día más joven, dónde se instalaba dicha vejez: ¿en los 45 años, en los 50? Realmente se trata de un problema ampliamente estudiado y que nos lleva a la paradoja de que, conforme se aleja la vejez física saludable hacia horizontes impensables hace unos años, los departamentos de recursos humanos de las empresas "rejuvenecen" la vejez laboral hasta extremos grotescos, de modo que los requisitos de los treinta y cinco o cuarenta años, por ejemplo, para cobrar una pensión de jubilación íntegra, serán inalcanzables a la vuelta de una década. Refería el vespertino francés que alargar la vida laboral a partir de los 50 años se ha convertido en una prioridad del gobierno de Francia, país que califica como el peor alumno de Europa en cuanto a políticas de empleo sénior. Pero aceptaba que la voluntad gubernamental tropezaba con la realidad del mercado de trabajo, para el que los seniors son "demasiado caros, poco motivados y rígidos" y quedaba fuera de las prioridades empresariales emplear a los "sienes plateadas" en expectativa de empleo.
No se sabe si es el deseo el que oculta la realidad, pero el caso es que dicen los expertos que comienza a atisbarse un cierto cambio de ciclo que anunciaría que la discriminación laboral por edad pueda estar tocando a su fin. Y ello, a causa del envejecimiento general de la población, fenómeno en el que España será indeseable líder, pues se calcula que, en 2050, la población española será la más anciana de la Unión Europea. También hay algunas señales. Recientemente se informaba de que los ingenieros de Telecomunicación de Cataluña habían realizado gestiones para recuperar a prejubilados y paliar así el déficit de profesionales en el sector. La dialéctica entre incorporar juventud barata en las empresas a cambio de la pérdida del talento caro parece que se terminará resolviendo a favor de un mix de ambas en la formación de equipos multiedad que favorezcan el verdadero "envejecimiento activo". Este sí, causante del rejuvenecimiento de la vejez.