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miércoles, 11 de julio de 2018

¿Qué es ser persona mayor en la sociedad actual?



Txema Odriozola
Publicado por Gizadiberi
Queremos mirarlo desde un aspecto positivo. El objetivo de nuestro colectivo es extender la calidad, la productividad y esperanza de vida a edades avanzadas. (Cada año mejora). Además de seguir siendo activo/a físicamente, es importante permanecer activo/a social y mentalmente, participando en actividades recreativas, de voluntariado o remuneradas, culturales, sociales, y educativas. El envejecimiento activo se sitúa en la base del reconocimiento de los derechos de las personas mayores de independencia, participación, dignidad, atención y auto-desarrollo. Así, desde esta perspectiva, los determinantes del envejecimiento activo serían: económicos, sociales, físicos, de servicios sociales y de salud, personales (psicológicos y biológicos) y comportamentales (estilos de vida).
¿Cómo lo vivo? Soy una persona de 77 años mayor por tanto, que lleva doce años trabajando en un proyecto social de voluntariado dedicado al mundo de los mayores, y viviendo y oyendo, como es lógico toda serie de comentarios, como algunos estereotipos negativos que la verdad me duelen, pensando en el esfuerzo y trabajo que hacen las Asociaciones de mayores. De ello hablaré en primer lugar.
Las personas mayores nos enfrentamos a menudo con actitudes negativas y discriminación por motivos de edad, en particular en el acceso al cuidado de la salud, empleo, bienes y servicios, la información y la educación, el transporte, la vivienda, y el acceso a los servicios financieros.
Señalan algunas fuentes de información que los mayores costamos mucho a la Sociedad, que gastamos mucho en salud en Osakidetza, (es cierto sólo en el último año de vida). que hacemos muchos ingresos en hospitales, que pedimos muchas prótesis de cadera y rodilla, que hacer más residencias para mayores es muy caro, que el IMSERSO invierte en viajes, balnearios, estancias en Benidorm, dinero de los impuestos etc., en definitiva nos señalan como un peso para la economía
En conjunto hay un sector de los medios de comunicación que nos quiere hacer aparecer como una carga para la sociedad. Se olvidan que la sociedad que ahora tenemos tan avanzada, tecnificada con grandes adelantos de todas las ciencias, en particular, las de la salud (envejecimiento y aumento expectativa de vida), se las deben a lo que las personas mayores y a sus antecesores han construido, que ahora critican como un lastre.
El envejecimiento demográfico es frecuentemente percibido negativamente y las personas de edad parecen una carga para la sociedad y para los presupuestos públicos, sin embargo yo creo y defiendo que es una oportunidad. Esta imagen negativa no hace justicia a la enorme contribución de las personas mayores a la sociedad. Mayores que han pasado por varios periodos de guerras mundiales o civil, con crisis económicas, todo ello como trabajadores, contribuyentes, voluntarios, cuidadores informales y consumidores.
Un 70% de la población mayor de 75 años se mantiene en forma y activo, ¿qué ocurriría en las familias si dejaran de aportar sus ayudas económicas sobre todo donde existe paro, si no dieran sus cuidados a otros mayores o sus nietos (los cuidados informales familiares son los 2/3 de las horas totales, lo cual es impagable), dando cohesión a la familia, ¿qué ocurriría? si estos no acompañaran a otros mayores en su soledad. Somos la economía de plata por nuestro consumo además.
La función de la federación que presido, es representar a las asociaciones de mayores de Euskadi asociadas a Federpen en los tres territorios, con 245 Centros asociados y 118500 socios de cuota. Pertenecemos a la mayor Asociación europea de mayores AGE, (40 millones de personas mayores asociadas), estamos en la mesa de dialogo civil de Euskadi (dialogo con responsables de áreas del gobierno vasco), somos miembros de Sareen Sarea del tercer sector con otras 14 redes sociales de ámbito autonómico (que a su vez preside la mesa de dialogo civil), también miembro del consejo vasco de servicios sociales, miembro del Consejo Estatal de personas mayores en representación del gobierno, miembro del consejo vasco sociosanitario y del consejo de cronicidad, pertenecemos al Consejo de Accesibilidad de G V, estamos en la plataforma estatal de personas mayores, etc, es decir estamos presentes en todas las instituciones para debatir sobre los temas que afectan a las personas mayores. Por último, diremos que hemos trabajado en el grupo Gobernantza + 65, aportando propuestas para un órgano transversal de gobierno ya que nuestra problemática la tratan diversos departamentos del Gobierno Vasco.
El envejecimiento demográfico, los rápidos cambios tecnológicos y la rápida digitalización, y otros acontecimientos sociales están cambiando nuestras sociedades de manera fundamental. Una evaluación completa y una reelaboración de nuestro marco de política económica y social son necesarios para que nuestro modelo social de Euskadi sea sostenible y equitativo para todas las generaciones. Pensemos que dentro de 20 años seremos los mayores de 65 años un 30% de la población, con un descenso de natalidad progresivo. ¿Está en peligro el equilibrio? Habrá que adecuar muchos programas de contenido social se piensa.
Un objetivo clave de las asociaciones de mayores es promover los derechos humanos de las personas mayores a nivel internacional y de la UE, y su respeto en Euskadi, para luchar contra todas las barreras que impiden a los mayores participar plenamente en la sociedad, incluso cuando pierden todo o parte de su autonomía personal, y protegerlos adecuadamente del abandono, el maltrato y la violación de sus derechos, para que todos puedan vivir y envejecer con dignidad. Por ello, es necesario intensificar las estrategias de envejecimiento activo.
Hay que trabajar para lograr políticas que apoyen un "crecimiento inclusivo", prestando la debida atención a la necesidad de asegurar el envejecimiento de la población en Europa para que todos puedan vivir con dignidad y edad según se estipula en el artículo 25 de la Carta de Derechos Fundamentales de la Unión Europea

martes, 15 de mayo de 2018

Ser Mayor en la Sociedad Actual



Ismael Arnaiz Markaida
Publicado en Deia
2 de noviembre de 2014
Cada vez somos más los que formamos parte de ese colectivo conocido como “los mayores”, y ante esta realidad es inevitable hacernos varias pregunta: ¿qué es ser mayor en la sociedad actual? ¿Somos un colectivo homogéneo, con iguales necesidades y capacidades? ¿Los “mayores” del siglo XXI, somos iguales que los mayores de hace cincuenta o más años? Y por último, otra pregunta fundamental: ¿el colectivo de personas mayores somos un problema o una oportunidad?
Y es que, si se nos ve como miembros pasivos de la sociedad, que no producimos pero si consumimos, como demandantes compulsivos de los servicios de salud, o como una carga para los presupuestos del Estado, la imagen de los mayores y del envejecimiento, será negativa.. En definitiva, nos verán como un PROBLEMA que los gobiernos tienen la obligación de resolver, en “beneficio del bien común”.
Y esto es peligroso, ya que, desde un punto de vista puramente economicista, alguien podría pensar que la solución pasa por frenar o reducir el incremento de la Esperanza de Vida, estableciendo algún tipo de discriminación por motivos de edad en los servicios de salud, recortando más las pensiones para que perdamos calidad de vida, y quien sabe si hasta pueden pensar en la eutanasia.
Como ninguna de estas soluciones serían aceptables en una sociedad moderna, democrática y respetuosa con los Derechos Humanos, la solución que ya se propuso en 1982, en la I Asamblea Mundial sobre el Envejecimiento, es la de crear las condiciones sociales, políticas y económicas necesarias, para que el envejecimiento del conjunto de la sociedad pueda ser una OPORTUNIDAD, en lugar de ser un PROBLEMA.
Por eso, en aquella primera Asamblea, y en la segunda que se celebró en Madrid en 2002, se establecieron líneas de actuación para hacer posible que la etapa del envejecimiento que vivimos las llamadas las Personas Mayores, sea SALUDABLE para nosotros, y al mismo tiempo RENTABLE para el conjunto de la Sociedad en la que envejecemos
Por otra parte, la Organización Mundial de la Salud (OMS) en su documento “ENVEJECIMIENTO ACTIVO UN MARCO POLÍTICO” (2001), propone un modelo, una forma de vivir y gestionar el envejecimiento, soportado en tres pilares básicos: SALUD, DIGNIDAD y PARTICIPACIÓN SOCIAL, teniendo en cuenta los determinantes del envejecimiento en cada lugar y el respeto a los Principio de Naciones Unidas a favor de las Personas Mayores (1991)
Este modelo de Envejecimiento Activo necesita de un cambio profundo en las propias personas mayores, y en quienes tienen responsabilidades políticas, sobre esta materia, en las Instituciones Públicas, ya que, para promover el Envejecimiento Activo, es necesario complementar las políticas basadas, casi exclusivamente, en la prestación de servicios a las Personas Mayores para que estemos descansadas, distraídas y ocupemos el “tiempo libre”, con otras políticas activas que permitan aprovechar, en beneficio del conjunto de la sociedad, el “capital social y cultural” que poseemos, pasando del “hacer para” al “hacer con”, de forma que las propias personas mayores participemos activamente, y no sólo “tomemos parte” en aquello que nos ofrecen.
Por lo tanto, “los mayores” en la Sociedad actual, no somos un PROBLEMA, sino una OPORTUNIDAD. El secreto consiste en envejecer con SALUD, DIGNIDAD y PARTICIPACIÓN SOCIAL, o dicho de otra manera, en un envejecimiento “saludable” para la persona que envejece y “rentable” para la sociedad en la que envejece

lunes, 16 de abril de 2018

¿Qué quieres ser de mayor?



Ismael Arnaiz Markaida
Publicado en DEIA
3 septiembre 2017
El día 1 de octubre se celebra el Día Internacional de las Personas Mayores, y eso me ha hecho recordar que, cuando era niño y también de joven, muchas veces me preguntaron: ¿Qué quieres ser de mayor? No recuerdo lo que contestaba. Han pasado muchos años de aquello. Es posible que ni supiera contestarla. Me quedaba muy lejos eso de “ser mayor”. Lo curioso es que, ahora que ya “soy mayor”, nadie me pregunta lo que quiero ser, y en cambio, todos me dicen lo que tengo que ser. Unos me dicen que soy un jubilado, un pensionista. Sí, de esos que estamos vaciando la “hucha de las pensiones”. Otros, peor intencionados, me dicen que soy de la tercera edad, que soy viejo o, incluso, anciano.
También hay quien se atreve a decirme lo que tengo que hacer: cuidar a los nietos, pasear, viajar, descansar, bailar, jugar a las cartas... Pues sí, efectivamente, puedo hacer todas esas cosas, pero además, yo les digo que sigo siendo un ciudadano con todos los derechos y obligaciones. Que quiero seguir participando activamente en la sociedad en la que vivo, porque esos, los derechos y las obligaciones, no caducan con la edad. Y estoy seguro de que hay muchos “mayores” que piensan como yo. Así es que menos decir lo que somos y lo que tenemos que hacer cuando somos mayores, y más reconocer nuestros conocimientos, experiencias, valores, etc. y permitir que los pongamos al servicio de la sociedad.

domingo, 18 de marzo de 2018

Los estereotipos de las personas mayores y del envejecimiento



Sacramento Pinazo Hernandis
V jornadas
Mitos y realidades de las Personas Mayores
Bilbao, 22 al 24 de noviembre de 2005

Nuestra percepción de las personas mayores tiene un carácter multidimensional. Existen muchas maneras de envejecer y la idea negativa que se tiene de las personas mayores como personas pasivas, inútiles e incapaces de ejercer responsabilidades no se en ningún fundamento científico, al igual que ocurre con ciertas capacidades intelectuales o sus habilidades de relación con los demás. La imagen actual de las personas mayores, además, se construye sobre una confusión de mitos y realidades; por ello, precisar qué es la vejez se convierte en una tarea difícil.
La mayor parte de los trabajos realizados sobre los estereotipos sociales resaltan la inexactitud de la información que está contenida en ellos ya que por su mediación se infieren idénticas cualidades a todos los miembros del grupo, son homogeneizadores.
La imagen que tenemos de las personas mayores tiene, además, una profunda carga de subjetividad pues varía de tiempo en tiempo y de cultura en cultura. En suma, está ligada al momento y al contexto en el que vivimos; no existe una concepción única de la vejez sino que se trata de diferentes imágenes variadas y variables que evolucionan y se modifican en función de los factores y creencias que manejamos en su formación. La vejez, más que entenderse como un fenómeno biológico, debe entenderse como un fenómeno social: la vejez es una construcción cultural multidimensional. A lo largo de la historia la categoría ‘ancianos’ y sus fronteras ha sido frecuentemente redefinida. En otras épocas –la gerontocracia de la Grecia Clásica–, o en otras sociedades –China–, alcanzar el grado de vejez significaba conseguir el estatus máximo, gozando de un gran respeto, consideración y reconocimiento de toda la comunidad. En las sociedades industrializadas –debido al valor otorgado al trabajo, a la productividad y al conocimiento de los avances tecnológicos–, las personas al jubilarse pierden estatus y prestigio social. Esta situación no afecta negativamente a la mayoría de ellas, pero asumir su condición de ‘personas viejas’ les resulta difícil y tienden a rechazar cualquier etiqueta que pueda estigmatizarles. Para ello, tratan en muchos casos de no identificarse y de no ser identificadas como ancianas, a veces evitando utilizar elementos simbólicos del lenguaje –la denominación de ‘viejos’–, en su aspecto físico –canas, calvicie, arrugas, colores oscuros en sus vestidos–, o portar ciertos objetos como el bastón.
Al hablar de imagen social de la vejez nos estamos refiriendo tanto a las actitudes que tienen los demás hacia las personas mayores (estereotipos, prejuicios, conducta discriminatoria) como a la autoimagen.
Porque todas estas imágenes están estrechamente relacionadas hasta el punto de llegar a ser dependientes entre sí. Jose Luis Pinillos ha afirmado con respecto a la imagen que las personas mayores tienen de sí mismos que: ‘Uno acaba por ser lo que cree que es, y lo que cree que es depende muchas veces de lo que dicen que es, de lo que los demás están diciendo que es’ (Pinillos et al., 1994). Las personas mayores como grupo, víctimas de una discriminación que queda legitimada por el estereotipo, internalizan estas imágenes, afectando así a su autoestima y a su bienestar; o bien, elaboran otro tipo de defensas replegándose sobre sí mismos, lo cual les puede conducir al aislamiento social y a la pasividad, actuando como profecía autocumplida; o bien se vuelven inseguros, asumiendo el rol que se espera de ellos, transformándose en ciudadanos pasivos; o incluso pueden aferrarse al pasado como una manera de preservar sus valores intactos o sus recuerdos de tiempos mejores.
Esta afirmación señala la importancia que tiene para la persona mayor la imagen de la vejez que la sociedad, de forma genérica, y las personas que le rodean, de forma particular, proyectan sobre él. Pero además, la imagen social creada sobre la vejez tendrá una influencia determinante sobre las actitudes y comportamientos de todos aquellos que de una forma u otra van a trabajar atendiendo las necesidades de los mayores, como es el caso de los gerontólogos, geriatras…: de cómo les traten (como personas con mucha experiencia que transmitir y mucho que enseñar o como carga social); o de cómo les hablen (como personas adultas que son o como si fuesen niños a los que hay que hablar con habla infantil o habla simplificada). A esta concepción negativa de la vejez, cuando va acompañada de conductas discriminatorias hacia las personas mayores se le ha dado el nombre de edadismo o viejismo (ageism), y se relaciona directamente con los juicios negativos y la discriminación social hacia las personas mayores simplemente por su edad (Sánchez, 2005). Algunos autores han equiparado este fenómeno, por su importancia y frecuencia, con el racismo y el sexismo, una de las formas más sutiles y eficaces de influir en la manera en la que se perciben los mayores a sí mismos y en su percepción de lo que los otros esperan de ellos, independientemente de sus propios deseos y necesidades. Todo esto provoca sufrimiento e insatisfacción a muchas personas al coartarles oportunidades e iniciativas, pensando algo así como: ‘Pero cómo se me ocurre, a un viejo como yo...’.
La imagen social de las personas mayores no es un concepto inocente ni fortuito sino un concepto clave del tratamiento que las personas y la propia sociedad dan a los ancianos, de las políticas sociales diseñadas para los mayores, y del comportamiento y de las expectativas que los ancianos tienen de sí mismos. Es necesario acercarse a la realidad, analizar los estereotipos negativos y los falsos mitos que se han creado sobre las personas mayores, y conocerles más a fondo para ir modificando las actitudes y comportamientos erróneos que se tienen hacia ellos.

lunes, 5 de marzo de 2018

Las personas mayores como protagonistas de la dinámica social



Parte de la síntesis del trabajo realizado por
alumnado de Educación Social en las
I Jornadas de sensibilización para
una acción social transformadora
de y con las personas mayores
Bilbao, 4 al 6 de Noviembre de 2003

Las personas mayores forman un colectivo muy amplio, con características diferentes, pero con un elemento común, que es su experiencia y los saberes construidos a lo largo de mayores, dice con vigor una persona en una de los grupos de trabajo. Entonces, una sociedad como la actual donde el conocimiento es el valor principal no puede permitirse el lujo de despreciar y no incorporar toda esa sabiduría conseguida a fuerza de vaivenes, de alegrías, de relaciones, de “tortazos”, en fin, de vivir. Es un legado que está ahí, de toda la humanidad.
Pero, se ha de empezar quizás por uno mismo, por creer que es posible, que podemos seguir contribuyendo a mejorar la calidad del mundo. Recogemos un testimonio que encierra en sí ese pensamiento: La actitud de las personas ante lo que somos capaces de su vida. Esta afirmación, aunque escueta, encierra en sí numerosas verdades y matices.
Desde el momento que traemos a colación saberes y experiencia hablamos de riqueza cultural. Creemos que tenemos mucho que aportar a la sociedad y que es importante que nuestras voces se escuchen en todos los foros, no solo en los relacionados con las personas aportar es muy importante. Debemos saber valorarnos como personas. Somos personas con inquietudes y tenemos mucho que aportar.
Y, para ello, nos damos cuenta que es importante precisamente la historia de vida que hemos tenido, el tipo de compromisos que hemos adoptado en otras épocas de nuestra vida y los que estamos dispuestos a asumir.
Las personas mayores cuentan con capacidad de decisión, saben lo que quieren y, básicamente, lo que quieren es que sus voces se escuchen para construir junto con otros colectivos una sociedad mejor. La edad nunca debe ser la excusa ni una limitación, sino todo lo contrario, es una oportunidad para decidir qué hacer, cómo y por qué hacerlo. La recuperación de estas voces, su incorporación en el hacer social es una tarea urgente en la que los auténticos protagonistas son precisamente las personas mayores.
Un teórico escribió en algún lugar que estamos ante la “revolución de las canas” que conduzca a las personas mayores “más allá” de lo instituido y programado para ellas, “más allá” de foros como los Consejos de mayores, porque en el fondo y en la forma los mayores tienen y sienten un compromiso con la sociedad en su conjunto, con todas las problemáticas que afectan a nuestras vidas por lo que quieren aportar su voz a cuantas plataformas sociales existan, puesto que éstas son representativas de las temáticas que a los humanos nos preocupan: los jóvenes, la marginación, la vivienda… y, un sinfín, de problemas que hemos de afrontar entre todos y todas porque estamos afectados por ellos y relacionados con los mismos.

martes, 24 de octubre de 2017

Ser Mayor en la Sociedad Actual



Ser Mayor en la Sociedad Actual

Ismael Arnaiz Markaida
(Responsable de Programas Intergeneracionales
en la Asociación Hartu-emanak)

No descubre nada nuevo, el decir que la mayor Esperanza de Vida por una parte, y el descenso de las tasas de natalidad por otra, están provocando el envejecimiento de la población en todos los llamados.....Países Desarrollados.
Este es un dato objetivo, pero la cuestión es la valoración que hace, del mismo, la sociedad en su conjunto, y sobre todo quienes tienen responsabilidades de gobierno en esos Países y es que el envejecimiento del conjunto de la población se puede ver como un PROBLEMA o como una OPORTUNIDAD. Y en esta distinta valoración influye muchos factores, pero sobre todo: el concepto, la imagen y la utilidad social que se tenga de las Personas Mayores.
Y es que, si vemos a estas Personas, como miembros pasivos de la sociedad, que no producen pero si consumen, como demandantes compulsivos de los servicios de salud, o como una carga económica para los presupuestos del Estado, tendremos una imagen negativa de este colectivo de personas, y como consecuencia, también, una imagen negativa del envejecimiento. En definitiva, lo veremos como un PROBLEMA que los gobiernos tienen la obligación de resolver, en “beneficio del bien común”.
Y esto es peligroso, ya que, desde un punto de vista puramente economicista, y ante la imposibilidad de aumentar las tasas de natalidad, alguien podría pensar que la solución pasa por frenar o reducir el incremento de la Esperanza de Vida, estableciendo algún tipo de discriminación por motivos de edad en los servicios de salud, recortando más las pensiones para que pierdan calidad de vida, y quien sabe si hasta pueden pensar en la eutanasia.
Como ninguna de estas soluciones serían aceptables en una sociedad moderna, democrática y respetuosa con los Derechos Humanos, lo que se viene proponiendo desde 1982, en la I Asamblea Mundial sobre el Envejecimiento, es el crear las condiciones sociales, políticas y económicas necesarias, para que el envejecimiento del conjunto de la sociedad pueda ser una OPORTUNIDAD, en lugar de ser un PROBLEMA.
Por eso, en aquella primera Asamblea, y en la segunda que se celebró en Madrid en 2002, se establecieron líneas de actuación política y económica para hacer posible que la etapa del envejecimiento que viven las Personas Mayores, sea SALUDABLE para ellas, y al mismo tiempo RENTABLE para el conjunto de la Sociedad en la que envejecen.
Y fue, precisamente, la Organización Mundial de la Salud (OMS) quien aportó a la II Asamblea, el documento “ENVEJECIMIENTO ACTIVO UN MAR-CO POLÍTICO”, proponiendo un modelo, una forma de vivir y gestionar el ENVEJECIMIENTO, soportado en tres pilares básicos: la SALUD, la DIGNIDAD y la PARTICIPACIÓN SOCIAL Activa y Solidaria de las Personas Mayores, y todo ello teniendo en cuenta los determinantes del envejecimiento en cada lugar y el respeto a los Principio de Naciones Unidas a favor de las Personas Mayores (1991)     
Un modelo de Envejecimiento como el propuesto por la OMS, cambia totalmente los estereotipos negativos asociados a la vejez, y elimina, o cuando menos reduce, los conflictos que genera algo considerado como PROBLEMA (en este caso las Personas Mayores) bien sean en el contexto familiar como en el ámbito social.

miércoles, 11 de octubre de 2017

Adultos Mayores y Mediación




Ismael Arnaiz Markaida
(Responsable de Programas Intergeneracionales
en la Asociación Hartu-emanak)

Es indudable que, en todas las relaciones humanas, hay momentos en los cuales la intervención de una MEDIACIÓN se hace imprescindible, y con ella, la necesidad de un MEDIADOR .
A lo largo de la historia, han sido muchas las culturas y las civilizaciones en las cuales el MEDIADOR, por excelencia, era al Adulto Mayor. Aquel que era considerado “el anciano”. Recordemos que el SENADO (del latín senex, senis, anciano) fue una de las instituciones principales del gobierno de la antigua Roma.
Pero sin duda, la MEDIACIÓN de los Adultos Mayores no sólo tiene su utilidad en la resolución de conflictos, sino también, y eso es lo más importante, en la prevención y evitación de esos conflictos. Y esto puede ser así en el ámbito de la familia y en el conjunto de la sociedad, fomentando las Relaciones Intergeneracionales.
En octubre de 2004, Kofi Annan, Secretario General de NN.UU., con motivo del Día Internacional de las Personas Mayores, insistía en el importante rol que juegan los Adultos Mayores en sus familias, comunidades y sociedades. Lo hizo con las siguientes palabras: «La Segunda Asamblea Mundial sobre el Envejecimiento (Madrid 2002) animó a los gobiernos a revisar las políticas (...) que promuevan la idea de apoyo mutuo y solidaridad entre generaciones como elementos clave del desarrollo social. Sólo de este modo es posible construir una verdadera sociedad intergeneracional» (United Nations, 2004).
El Adulto Mayor, MEDIADOR en la Familia
Para la mayor parte de los abuelos, la interacción con los nietos es la fuente primordial de satisfacción y afecto. Según Bengtson (1985), el abuelo, la abuela, puede desempeñar  roles diferentes, pudiendo ser:
a) Estabilizador, que brinda seguridad en los momentos de transición
b) Guardián de la familia, sobre todo en momentos de crisis (divorcios, conflictos familiares...).
c) Mediador entre padres e hijos aliviando las tensiones intergeneracionales.
El Adulto Mayor, MEDIADOR en la Sociedad
Todas las sociedades son multi-generacionales, pero eso no es más que una consecuencia demográfica. Lo importante es que sean inter-generacionales. Que personas de distintas generaciones se inter-relacionen, creando redes sociales, sentimientos de comunidad, cohesión social, comportamientos cívicos, y en esta inter-relación también es importante la función de MEDIACIÓN del Adulto Mayor, “ya que las personas de mayor edad sirven como modelos de comportamiento transmitiendo normas, actitudes y valores morales a los miembros de otras generaciones” (Kopera y Wiscott, 2000).
Por eso, las relaciones intergeneracionales son importantes en el proceso de socialización de niños y jóvenes, actuando con carácter preventivo para evitar conflictos y creando un marco favorable para la MEDIACIÓN, en caso de ser necesaria, gracias, en cierta medida, al papel MEDIADOR del Adulto Mayor

jueves, 10 de agosto de 2017

La participación social de las personas mayores




Colaboración

“Se entiende la participación ciudadana como una actividad libre que de forma suficientemente intencionada pretende influir en o con decisiones en cualquier ámbito o nivel de la vida pública. Siendo a su vez un proceso de formación y aprendizaje en el diálogo plural para la búsqueda de acuerdos entre ciudadanía y poderes públicos a fin de definir de una forma dialógica políticas que respondan a los intereses y necesidades individuales y colectivas”
“De aquí es fácil deducir que las personas mayores tienen/tenemos el derecho y el deber moral y cívico de participar en la construcción de esa sociedad más humana, y que la sociedad, a través de los poderes públicos, además de ser consciente de que necesita el esfuerzo de todas las personas ha de facilitar esa participación superando concepciones edadistas y economicistas”
Debilidades para la participación de las personas mayores:
-        la escasez de recursos materiales y económicos;
-        el reducido compromiso de las personas socias o colaboradoras;
-        la falta de cultura asociativa que se refleja en una débil organización interna;
-        los mitos y estereotipos de las personas mayores que la sociedad y la Administración incorporan como teorías del “déficit” originando situaciones de discriminación por la edad, es decir, de edadismo;
-        insuficiente relación y coordinación operativa entre las propias asociaciones;
-        escasa comunicación y compromiso entre el movimiento asociativo,
-        la Administración y otras entidades que, en muchas ocasiones actúan más por clientelismo y captación de votos que por el colectivo de las personas mayores, lo que tiene como consecuencia el nulo reconocimiento de las asociaciones en los foros de decisión política.
Fortalezas para la participación de las personas mayores:
-        el alto aprovechamiento de los recursos con los que se cuenta
-        el alto potencial humano de las personas mayores
-        la creación de lazos de amistad ante las dificultades que surgen y los logros que se alcanzan;
-        el desarrollo de los valores humanos como consecuencia de la naturaleza de los proyectos
-        la potencia intrínseca de las PYMAs que acarrea la mejora técnica y social que se da en el diseño y realización de los proyectos
-        el impacto social de las PYMAs por ser éstas un instrumento de solidaridad y transformación debido a su dimensión social y a la naturaleza de sus actividades
-        la plena convicción de que, a través de voluntades mutuas, se ha de reducir la desconfianza entre las asociaciones y la Administración.

Principales objetivos y líneas a impulsar
-        La participación de las personas mayores, junto con la Administración y otras entidades, en la definición de objetivos y líneas que han de conformar un Plan Integral de Participación de Personas Mayores.
-        La superación del edaismo haciendo visibles a las personas mayores como un activo imprescindible para el mantenimiento y transformación de todas las esferas existenciales, tanto en el espacio público como en el privado: sociales, políticas, culturales, formativas, económicas, familiares, etc.
-        El impulso de políticas de igualdad de cara a las personas mayores dependientes, tomando conciencia de que la dependencia aumenta el poder colectivo sobre el individuo, a fin de que dicho poder sólo se emplee para remediar carencias y debilidades, y no para perpetuarlas en nombre de una “compasión” autoritaria.
-        El desarrollo y control de políticas que, basadas en una democracia participativa, den respuesta a las necesidades específicas de las personas mayores en diferentes campos como: el ocio y tiempo libre en su dimensión activa; la incorporación a las nuevas tecnologías; la mejora de los niveles retributivos; la vivienda; la salud; la formación a lo largo de la vida; el asociacionismo en todas sus vertientes, etc.
-        La coordinación interinstitucional como metodología para el desarrollo de las políticas acordadas. Para ello sería necesario, entre otras cosas, que los poderes públicos a la hora de legislar tuvieran en cuenta la variable “enfoque de edad” junto con otras como, por ejemplo, la variable “enfoque de género”.

jueves, 20 de julio de 2017

Los proyectos en adultos mayores




Ciano Natalia
Docente de la Facultad de Psicología, UNLP
Mirta Gavilán
Doctora en Psicología.
Profesora Facultad de Psicología, UNLP

La actual distribución demográfica indica un incremento del envejecimiento poblacional en el mundo y en nuestro país; esto genera un gran interés y preocupación en el tema, ya sea desde los sectores que estudian las tendencias demográficas como en aquellas personas responsables de garantizar y sostener la calidad de vida de los Adultos Mayores (Fernández-Ballesteros, 2007; Staffolani, Orlando & Enria, 2006; Tamer, 2008). El nuevo paradigma en torno al envejecimiento y a la vejez apunta a la plena realización de todas las dimensiones del ser humano, no sólo a un buen estado de salud, sino a la participación social, a la realización personal, etc. Es por ello que el término elegido para designar este nuevo modelo es "Envejecimiento Activo". Dicho concepto fue introducido en el Plan de Acción sobre Envejecimiento 2002. Desde la Organización Mundial de la Salud se sostiene que si se quiere hacer del envejecimiento una experiencia positiva, una vida más larga debe ir acompañada de oportunidades continuas de autonomía y salud, productividad y protección. Se define al envejecimiento activo como el "proceso por el cual se optimizan las oportunidades de bienestar físico, social y mental durante toda la vida con el objetivo de ampliar la esperanza de vida saludable, la productividad y la calidad de vida en la vejez" (OMS, 2002: 79). El término "activo" refiere a una implicación continua en cuestiones sociales, económicas, espirituales, culturales y cívicas, no sólo a la capacidad para estar físicamente activo.
Ahora bien, teniendo en cuenta estos lineamientos y el aumento de la expectativa de vida surgen los siguientes interrogantes ¿Cómo elaboran los nuevos proyectos los adultos mayores?, ¿cómo se utiliza el tiempo libre, luego del retiro laboral?, ¿qué tipo de preparación u orientación se le ofrece al jubilable, o a quienes no han circulado por el sistema educativo y/o laboral, para elaborar nuevos proyectos?
Debido a la carencia en nuestro país de políticas de orientación para el retiro o para la generación de nuevos emprendimientos se instala como problema a investigar cómo resuelven la elaboración de nuevos proyectos los adultos mayores que han pertenecido al sistema formal de trabajo y aquellos que se han mantenido fuera de él.
Al haberse extendido la esperanza de vida, restan muchos años luego de la jubilación en los que se dispone de mayor tiempo libre. Sin embargo, debido a la pérdida de un proyecto laboral, que seguramente ha abarcado gran parte de la vida, se producen reorganizaciones en la constitución de la identidad personal y ocupacional, lo cual requiere elaborar cuestiones relacionadas con la pérdida de un lugar social de pertenencia, del ámbito socializador del trabajo y fundamentalmente la posibilidad de elaborar nuevos proyectos. Aisenson plantea que "la manera en que el individuo sobrelleve esta etapa del ciclo de vida dependerá de la identidad que logró constituir y del apoyo social recibido (...) así como de las posibilidades de construir y redefinir proyectos, a partir de la visualización de los propios recursos y la movilización de estrategias que permitan ponerlos en marcha"  (Aisenson, 2002:113).

martes, 13 de junio de 2017

Mayores y menores




Tico Medina
Esta es una crónica a dos bandas. Eso sí, banda de música y banda de triunfo, nada de las otras bandas, que ya nos sobran, y además, que en cuanto pueden nos fastidian, que las crónicas de sucesos están llenas de gentes que asaltan a los mayores en los parques, en las cuatro esquinas, en los vacíos, para tirarnos de la cartera o robarnos las pertenencias, en un tiempo en el que no estamos para sustos, dadas nuestras edades. Y les digo que es a dos bandas porque hoy toca dar un abanico de nombres con noticia: José Luis Sampedro, excelente novelista y mi profesor hace ya tantos años, dice que, a los 91, "veo las cosas con más transparencia y con más claridad y lucidez que nunca". Y es que la edad es un primor. Miren, que don Manuel Fernández Álvarez, a sus 86, escribe bestseller, desde el rigor de la historia. O lo que dice nuestra Concha Velasco, cuando afirma que "lo importante es no mirar atrás". Claro, como la Preysler, por la que no pasa el tiempo, quien confirma: "A mí no me da tiempo a envejecer".
Este año se lleva mucho el abanico, incluido entre los caballeros de nuestros años, portándolo en el bolsillo superior de la camisa, chaqueta fina o guayabera —tengo tanto que contarles que a veces se me va el santo al cielo—. A lo que voy: acaba de nacer una especie única, inimitable, que se llama la abuela del artista, que hasta hace poco había un personaje excepcional, que valía por diez, n i qué decir que mucho más que el representante de la estrella, que era la mamá del artista.
Era la verdadera, amorosa y furiosa defensora de las cualidades de la estrellita que deseaba brillar en el cielo de la fama, ya fuera cantando, bailando, y junto a ella, uno, el reportero de guardia tenía que vérselas siempre con aquella guardiana. Tenía más razón, y más sin razón que ningún otro representante. Era la mamá del artista. Más les digo: se hicieron coplas sobre el tema, películas y obras de teatro, y en todas brillaba aquella protectora, defensora y empujadora, además de la niña que hacía algún primor de cara a su futuro. De un tiempo a esta parte observo, incluso, en mis propias carnes, en mis propios programas de radio y televisión del sur por donde ando, que la madre del artista ha sido sustituida, con eficacia, con fuerza, con argumentos, por la abuela del artista, que no necesita mayor definición, ya que es la madre de la madre, puesto que generalmente esta última está trabajando, y es la abuela la que se dedica a ser representante de la estrellita que acaba de aparecer, dispuesta a ser la más grande en lo suyo.
Tienen fuerza las abuelas, más que las propias madres, porque saben mucho más que sus hijas de sus nietas, ya que con ellas viven, conviven y, a veces, las fuertes abuelas, más que nada, sobreviven. Son las madreabuelas, que están teniendo tanto que decir en el mundo que vivimos, de las operaciones triunfos, los certámenes Fama, les permite aparecer en escena con el cuchillo entre los dientes, las mayores junto a sus menores. ¡Qué sería de los menores sin los mayores!, ¡pero que sería de nosotros, los mayores, sin nuestros nietos, los menores...!

viernes, 2 de junio de 2017

Voluntariado y Personas Mayores




Mario Cugat i Leseurs
Presidente de FATEC
(Federación de Asociaciones de
Gente Mayor de Catalunya)

Cuando una persona se jubila y pasa a ser pensionista, las legislaciones vigentes le impiden realizar cualquier actividad laboral y la percepción del salario correspondiente. Ello es lógico, dado que ya queda compensado por la pensión. Solo puede recibir algún ingreso económico si imparte conferencias, si asiste a reuniones que tengan previsto pagar dietas y poco más.
Esto quiere decir que solo puede dedicarse, de modo gratuito, al voluntariado de todo tipo, si bien puede resarcirse de los gastos que esta actividad le comporte, siempre y cuando la entidad en la que actúe pueda hacerlo.
Como consecuencia, y sea la que sea su acción de voluntario, desde el simple ocio organizado hasta la prestación de servicios sociales, está retornando generosamente capital y valor social a su comunidad, y la sociedad saca provecho de ello gratuitamente.
Las personas, de todas las edades, que se dedican al voluntariado de cualquier clase lo hacen desde una vocación personal de tipo religioso; por convicciones ideológicas, políticas o de solidaridad; desde el conocimiento de determinada carencia y la inquietud por resolverla; por el placer de participar en determinadas actividades que le resultan atractivas; por estar ocupado y distraerse, etc. En definitiva, pocas son las personas dedicadas a este tipo de actividades, por otra parte diversas y variadísimas.
Se observa que la juventud es capaz de dedicar tiempo, esfuerzo y sacrificio para actuar gratuitamente como voluntario ante hechos y situaciones básicamente de emergencia, en casa o fuera, pero siempre durante un tiempo determinado y sin admitir una vinculación permanente, al contrario que la persona mayor, en general más dispuesta al vínculo a largo plazo.
Los datos y la experiencia nos dicen que de todas las campañas, jornadas anuales, cuñas radiofónicas, anuncios, etc., dedicados a captar voluntarios se extrae un provecho mínimo. Y en el caso de las personas mayores, específicamente, la mayoría de las que están vinculadas a centros, ateneos y otras entidades diversas buscan únicamente distracción y ocio, sin aportación de valor social.

martes, 9 de mayo de 2017

Los abuelos de entonces




Abel Hernández
Escritor y periodista
Me parece que en estas cartas no te he hablado todavía con algún detenimiento del trato que recibían los mayores en el pueblo cuando yo era niño. Eran tiempos en que regía la familia patriarcal. La casa era para toda la vida y pasaba de padres a hijos, de una generación a otra.
Allí se nacía, se vivía y se moría, al lado de los animales domésticos y con el recuerdo visible de los antepasados.
Los abuelos convivían en la misma casa con los hijos y con los nietos. El respeto a los mayores constituía una regla sagrada. Regía el principio de autoridad, matizado por el afecto. Los abuelos ocupaban físicamente un lugar destacado en el hogar en tomo al fuego, y se les escuchaba con atención. Los hijos y los nietos los tratábamos siempre de usted. El tuteo no se usaba. Tú eres de una generación en la que se ha impuesto el tú por tú y se han roto por primera vez las reglas establecidas. No sé si esta ruptura tiene que ver con la "revolución de las costumbres" de mayo del 68, que yo viví en la Universidad de Madrid y aquel mismo verano, en París. Habiendo sido testigo directo y activo del cambio, lo más que me atrevo a decirte es que esto tiene ventajas e inconvenientes. En unas cosas hemos avanzado y en otras hemos retrocedido. "¡No sé adonde vamos a llegar!", era una de las frases que más oía yo de niño. Imagínate lo que dirían ahora mi abuelo Natalio y mi abuela Bibiana si levantaran la cabeza.
Me parece que la pérdida de respeto a los mayores, la atomización de la familia, la desconexión entre las distintas generaciones y el exceso de individualismo son algunos de esos inconvenientes. Nunca debería romperse el diálogo entre abuelos y nietos.
Este trato afectuoso alegra la vida de los mayores y ayuda a formar la personalidad de los chicos. La ruptura abrupta del cordón de la tradición conduce a perder las referencias esenciales e ir a la deriva.
En algo no hemos cambiado mucho, a pesar de todo. Siguen siendo, por regla general, los hijos los que se ocupan de sus padres cuando son mayores y no pueden valerse por sí mismos, bien llevándoselos a su piso o bien trasladándolos a una residencia. Y son, con frecuencia, los abuelos en buen uso, cada vez más abundantes, los que se encargan de los nietos mientras los hijos trabajan. En mi pueblo, cuando enviudaban y no podían valerse por sí mismos, solían ir por meses de una casa a otra de los hijos, a veces de forma agradable y a veces no tanto. Ocurría con frecuencia que se congeniaba mejor con unos hijos que con otros, con lo que esta peregrinación obligada podía convertirse en un calvario. Por lo demás, la pensión era mísera y los cuidados sanitarios apenas existían.
El que no cojeaba, renqueaba, caminando con su cachaba por las calles sucias y mal empedradas, viendo ya, como dice Ortega, "la espalda de las cosas", mientras vosotros, los jóvenes, veis la cara de las mismas cosas. Por eso somos complementarios.
Es la única manera de tener una correcta visión de k vida que pasa: de lo que se va y de lo que llega. Seguramente lleva razón Rousseau: "La juventud es el momento de estudiar la sabiduría; la vejez, el de practicarla".
¡Cuánta sabiduría se pierde cuando a los mayores se les somete al silencio

jueves, 27 de abril de 2017

Una sociedad para todas las edades



Ismael Arnaiz Markaida

Asociación Hartu-emanak

 

El día 29 de Abril está declarado como Día Europeo para la Solidaridad y Cooperación entre Generaciones. Y si de algo tiene que servir esta declaración, es para reflexionar sobre la necesidad de construir una Sociedad para todas las Edades.

Desde finales del siglo pasado, Naciones Unidas viene formulando la necesidad de construir una “sociedad para todas las edades”, y son muchas las opiniones que consideran que, si aumentamos y organizamos de modo adecuado las oportunidades que las personas de una generación pueden tener para relacionarse con personas de otras generaciones, se puede conseguir que un mayor número de esas personas decidan aprovechar la ocasión y practicar más la interacción intergeneracional.

Asumida esta opinión, es fácil considerar que cuantas más relaciones entre las generaciones se produzcan, más cerca estaremos de eliminar alguna de las barreras que impiden, hoy por hoy, que nuestras sociedades sean realmente “para todas las edades”.

En una encuesta realizada por el Observatorio de Mayores del INSERSO, se vio que el estar con niños o con jóvenes (fuera del ámbito familiar), tan sólo era la décima actividad más frecuente de las personas mayores encuestadas.

Este dato nos plantea, al menos, dos preguntas: ¿es posible pensar en implantar una “sociedad para todas las edades” sin tener facilidades para mantener relaciones cotidianas con otras personas de distintas edades? ¿nos conformamos con estar bien, o de lo que se trata es de poder estar bien juntos?

Con el fin de dar respuestas adecuadas a estas preguntas, en la II Asamblea Mundial sobre el Envejecimiento celebrada en Madrid en 2002, se reconoció que “es necesario fortalecer la solidaridad y la cooperación entre generaciones, (...) apoyando las actividades tradicionales y no tradicionales de asistencia mutua intergeneracional dentro de la familia, la vecindad y la comunidad”

Y para ello, los Programas Intergeneracionales, diseñados y desarrollados con el objetivo de promover la ayuda mutua y el intercambio de conocimientos y experiencias, entre distintas generaciones,  pueden ayudar a eliminar, o al menos a disminuir, las barreras que dificultan el contacto y las relaciones intergeneracionales, y facilitar el objetivo, marcado por Naciones Unidas, de “construir una sociedad para todas las edades”.

domingo, 3 de abril de 2016

La imagen de los mayores



Por Luis Melero Marcos[i]
Modificaciones de los estereotipos sobre los mayores
Uno de los estereotipos mas extendido es el de que las personas mayores constituyen un grupo homogéneo. Sin embargo, la ciencia muestra que la heterogeneidad y diversidad es mayor que en otros grupos de edad. Se puede afirmar, con Vega y Bueno (1995), que la vejez es una etapa en la que la variabilidad interindividual alcanza su punto máximo.
Esta realidad, forma así mismo, parte de problema, puesto que, debido a que la diversidad y variabilidad son tan grandes entre las personas mayores y a lo largo del proceso de envejecimiento, siempre es posible encontrar a alguna persona mayor a la que se le pueda aplicar alguna de las creencias erróneas que existen sobre ellas. Es decir, siempre encontraremos algún caso que confirme dicha regla, por muy equivocada que ésta sea. Si como señala Butler (1989), se tiene la imagen de que las personas mayores han perdido las facultades mentales y son débiles física y psicológicamente, esto indica la existencia de una confusión entre el proceso normal de envejecimiento y el envejecimiento patológico de algunos sujetos.
El problema que subyace, a lo anteriormente afirmado, es que algunos de los grupos de población que mantienen estereotipos hacia los mayores, son precisamente aquellos de los que dependen los cuidados y atenciones a nivel profesional. Según Carmel, Cwikel y Galinsky (1992), los futuros cuidadores profesionales, incluidos los estudiantes de enfermería, muestran muy poco interés en trabajar con mayores y mantienen actitudes negativas hacia éstos. En una investigación realizada por Ward, Duquin y Streetman (1998) con estudiantes de distintas profesiones relacionadas con la salud, se comprobó que estos estudiantes tenían una imagen de los mayores como poco activos, productivos y poco saludables.
Además, ante una situación de contacto físico, como es un masaje, mostraron cierto miedo hacia ellos en temas relacionados con la sexualidad y fragilidad física de éstos. Otros autores, como Leer (1980), Kite y Johnson (1988), Netz y Ben-Sira (1993), y O´Hanlon, Camp y Osofsky (1993), confirman esta imagen negativa para los adolescente y jóvenes de los mayores.
Kart (1990), identificó los diez estereotipos negativos mas frecuentes en la sociedad norteamericana, en ellos se socia a las personas mayores con: senilidad, aislamiento familiar, mala salud, ser víctimas de crímenes, la pobreza, la carga social para el sistema sanitario y social, la escasa productividad, la jubilación debido a la mala salud, el desinterés por las relaciones sexuales y la vida en una residencia. Esta visión negativa de los mayores, no solo la tienen otros grupos de edad, sino que ocasiones es compartida por los propios mayores. Triadó y Villar (1997), analizaron la percepción del envejecimiento a partir de una amplia muestra de personas mayores de 65 años. Sus resultados mostraron que las personas mayores percibían el envejecimiento a nivel físico, psicológico y social en términos de declive.
Aunque no todas las investigaciones realizadas confirman estos datos, la mayor parte de los autores han concluido que la imagen de los mayores, para adolescentes y jóvenes es, en general negativa y poco competente.


[i] Luís Melero Marcos es Doctor en Psicología por la Universidad de Salamanca y ejerce en ese centro como Profesor titular de Psicología Evolutiva y de la Educación y como Subdirector del Máster Universitario en Gerontología. Ha publicado numerosos estudios sobre vejez, adaptaciones curriculares y depresión, y es vicedecano del Colegio Oficial de Psicólogos de Castilla y León. E-mail: meleromar@terra.es