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viernes, 13 de julio de 2018

¿Cómo nos ve el Cine? 10 películas con una visión positiva del Envejecimiento




(...) proponemos desde MayoresUDP unir el cine y el Envejecimiento Activo para romper los estereotipos negativos frente a las personas mayores, con una selección de películas que muestran una visión positiva sobre la vejez, el envejecimiento activo y la solidaridad intergeneracional desde la perspectiva del cine. Muchas de las películas aquí seleccionadas forman parten del estudio “Reflexionando sobre la vejez a través del cine. Una aproximación incompleta” escrito por Sacramento Pinazo Hernandis, Vicepresidenta de la Sociedad Española de Gerioatria y Gerontología y profesora titular del Departamento de Psicología Social de la Universidad de Valencia.
Las películas que os proponemos ofrecen una imagen positiva del envejecimiento y no caen lo peyorativo o lo burlesco y tampoco en el sentido patológico de la vejez como pueden ser temas relativos a las demencias y otras enfermedades.
La imagen que proyecta cada vez más el cine actual con respecto a las Personas Mayores, no gira exclusivamente en una visión patológica o negativa del envejecimiento o los cuidados en la dependencia, sino hace suyas otras representaciones sociales de la vejez, considerando ésta nueva etapa, como un periodo positivo en el que afrontar nuevos retos, tanto para las persona mayor como para sus amigos y familiares que le rodean.
El cine es, pues, como explica Sacramento “una excelente herramienta con la que aprender acerca de la vida misma en general, y las relaciones humanas en particular; permite reflexionar, analizar, comprender, pensar, mirar y ofrece claves que ayudan a las personas en su proceso de envejecimiento, mejorando su calidad de vida”.
Una visión positiva del Envejecimiento:

Cinema Paradiso (1998)

Si hablamos de relación intergeneracional fuera de la familia, nos encontramos con películas como Cinema Paradiso del director italiano Giuseppe Tornatore, donde Salvatore, un niño, siente la magia del cine al lado de Alfredo, el proyeccionista ciego del cine de su pueblo; Alfredo será quien le transmita los entresijos de la profesión y los secretos que se ocultan detrás de las películas.

El Abuelo (1998)

Las relaciones entre personas de distintas generaciones (familiares o no) son muy enriquecedoras tanto en el plano personal como social y afectivo. Los cambios en la estructura de la familia, en los roles tradicionales o en la aparición de nuevos roles, y las relaciones intergeneracionales, entre otros, afecta especialmente al rol de los abuelos. El abuelo del cineasta español, José Luis Garci, es una adaptación de la obra de Benito Pérez Galdós que relata el complejo entramado de relaciones familiares que se establecen entre un noble asturiano arruinado y ya anciano y sus nietas.

A propósito de Schimidt (2002)

La película, A propósito de Smith, del director de cine Alexander Payne , muestra los cambios sociales o acontecimiento vitales a los que enfrenta una persona al entrar en la etapa de la jubilación. El señor Schmidt ha vivido siempre según las reglas establecidas: un trabajo, una familia, una casa. Nunca se le ha ocurrido pensar que en la vida podía haber algo más. Y, de pronto, a los 66 años, en condiciones físicas perfectas, se encuentra jubilado de su trabajo, viudo a las pocas semanas de su aparente liberación y decidido a atravesar el país en una camioneta para ir a ver a su única hija.

Las chicas del calendario (2003)

Las chicas del calendario, del director Nigel Cole, es una película basada en la historia real de un grupo de mujeres británicas que se fotografiaron desnudas para un calendario en beneficio de la lucha contra la leucemia. El coraje de este grupo de mujeres convirtió esta historia local de un pueblo de Inglaterra en un evento mediático internacional y sirvió de inspiración para muchos actos de captación de fondos de todo el mundo. La película cuenta un acontecimiento vital, como es la viudedad de una de sus protagonistas y decide emprender un proyecto para recaudar fondos contra la enfermedad. Su plan: publicar un calendario con fotos de las mujeres del instituto de la mujer.

Elsa Y fred (2005)

Como en el caso anterior, Elsa Y Fred, de Marcos Carnevale muestra de forma positiva las relaciones afectivas en la etapa de la vejez. Comedia dramática, protagonizada por China Zorrilla, Manuel Alexandre, Blanca Portillo y Roberto Carnaghi, emociona con el surgimiento del amor en los últimos meses de la vida de su protagonista

Gran Torino (2008)

Un buen ejemplo de mentorización o transmisión de enseñanzas o la idea de solidaridad y amistad entre distintas generaciones, es sin duda la película de Gran Torino de Clint Eastwood. Un Veterano de la guerra de Corea, jubilado y solo, se defiende de unos hijos que quieren que ingrese en una residencia y de una nieta que desea quedarse con su vehículo, el Gran Torino. Es inflexible y cascarrabias, y le cuesta trabajo aceptar la llegada de inmigrantes asiáticos a su barrio, sin embargo, se adapta y sorprende con su compromiso.

UP (2009) Walt Disney Pictures y Pixar Animation Studios

En la película UP, Carl es una persona solitaria que se ve envuelta repentinamente en una aventura, en la que escapa de su rutinario estilo de vida. A través de la ficción y de una manera simpática y divertida, Up envuelve de esperanza, ilusiones y sobretodo, de sueños. Una película de animación y aventuras producida por Walt Disney Pictures y Pixar Animation Studios, dirigida por Pete Docter, que nos muestra conceptos como la amistad intergeneracional, el duelo y la viudedad.

Tres veces 20 años (2011)

Como la mayor parte de las parejas de 60 años del siglo XXI, los protagonistas de Tres veces 20 años de la directora de cine, Julie Gavras, son personas muy activas. Compaginan hijos, nietos, trabajo y amigos con las penas y alegrías de la vida de casados. Hasta que un día descubren, con gran sorpresa, que ya han entrado en el colectivo que llaman de la tercera edad. Y reaccionan ante esta realidad de forma muy diferente. Una película que refleja de forma positiva las reacciones afectivo-sexuales en la etapa de la vejez.

Carmina o revienta (2012)

Carmina es el retrato de una señora de 58 años que regenta una venta en Sevilla. Tras sufrir varios robos inventa una original manera de recuperar el dinero para sacar a su familia adelante. Mientras espera el desenlace de su plan, reflexiona en la cocina de su casa sobre su vida, obra y milagros. Carmina o revienta, dirigida por Paco León, es el reflejo de una mujer empoderada en un entorno hostil, un reflejo de la sociedad, y el papel que tiene las madres en él, sobretodo teniendo cuando se ven afectadas por una crisis económica.

La Juventud (2015) de Paolo Sorrentino

Nada impide ser joven aunque se tengan 80 años. Es el mensaje del cineasta italiano Paolo Sorrentino en La Juventud, una oda a la vida y al paso del tiempo.

jueves, 28 de junio de 2018

Por qué se envejece



Por qué se envejece
Publicado por Eroski consumer

El proceso de envejecimiento es inherente a la condición humana, por lo que lo que lo aconsejable, aunque no siempre resulte fácil, es asumirlo con naturalidad. No podemos evitar que cada día que pase seamos más viejos que el anterior, pero sí que el miedo, la tristeza o la apatía marque esa etapa de nuestra vida y de la de nuestros seres queridos.
En nuestros días envejecimiento significa achaques, dolores, problemas, dependencia, soledad..., pero no siempre ha sido así y no tiene por qué ser así. El mejor punto de partida para cambiar esta visión se encuentra en una pregunta: ¿cómo queremos vivir la vejez? No es frecuente que este interrogante surja en una persona joven o de mediana edad. Ahí radica uno de los problemas que surge ante esta etapa de la vida. Se obvia y se ve como algo lejano y ajeno a nosotros, que no nos afecta, cuando lo cierto es que mañana seremos nosotros los que viviremos la realidad en la que hoy se encuentran nuestros mayores.
La vejez es un destino que nos afecta a todos, por lo que la labor que hagamos por nuestros mayores significará trabajo para nosotros mismos. El envejecimiento no es algo estático, rígido, sino dinámico, cambiante, es decir, el que se vive ahora no será el mismo del de la siguiente generación, como tampoco es igual al de la generación anterior. Si echamos la vista atrás vemos que la vida de nuestros abuelos no es igual que la de nuestros padres o la de nuestros hijos. Por ello la vejez no es ni será la misma. Será diferente en cada generación, al igual que es diferente la sociedad en la que te toca vivir.
No debemos olvidar que no hay cambios ni mejoras si nadie se implica. De nosotros depende la transformación de la imagen del envejecimiento. El primer paso es intentar comprender las necesidades de los mayores, sus miedos... siempre desde el respeto a unos valores que pueden ser diferentes a los nuestros. El segundo se basa en mejorar su atención porque si aprendemos a cuidar a nuestros mayores aprendemos a cuidar de nosotros mismos. En esta labor es esencial evitar lo más temido por la persona mayor, la dependencia. Por último, hay que insistir con los medios a nuestro alcance para que los gobiernos, los bancos, los servicios sanitarios y sociales, los más jóvenes, las ONG, la publicidad... en definitiva, la sociedad en la que vivimos, aprenda a valorar el envejecimiento, respete y no relegue a un sector de la población que en breve estará constituido por los que en estos momentos marcan las leyes, los comportamientos, el reparto de bienes y las decisiones.
Hay muchas formas de envejecer. Se puede envejecer de forma acelerada, con el objetivo de ganar "años a la vida" y con el riesgo de un alto grado de dependencia, o bien se puede envejecer a un ritmo normal, con la meta de dar "vida a los años" y con un bajo grado de dependencia que se centraría en la última etapa. Con seguridad todo el mundo prefiere este segundo tipo de envejecimiento.
Este tipo de envejecimiento es posible en la actualidad. Se conoce con el nombre de envejecimiento saludable o envejecimiento activo y numerosos estudios avalan sus resultados de menor dependencia tanto física como mental (menor deterioro cognitivo, afectivo y social). Envejecimiento no es sinónimo de enfermedad, de dolor, de necesidad de ayuda de una o más personas, de demencia... Todo ello es sinónimo de un mal envejecimiento. Envejecer con salud, pese a lo que en principio se puede pensar, no requiere una gran cantidad de dinero y está al alcance de todos. Si sabemos cómo envejecemos, podremos mejorar nuestro envejecimiento.

domingo, 18 de marzo de 2018

Los estereotipos de las personas mayores y del envejecimiento



Sacramento Pinazo Hernandis
V jornadas
Mitos y realidades de las Personas Mayores
Bilbao, 22 al 24 de noviembre de 2005

Nuestra percepción de las personas mayores tiene un carácter multidimensional. Existen muchas maneras de envejecer y la idea negativa que se tiene de las personas mayores como personas pasivas, inútiles e incapaces de ejercer responsabilidades no se en ningún fundamento científico, al igual que ocurre con ciertas capacidades intelectuales o sus habilidades de relación con los demás. La imagen actual de las personas mayores, además, se construye sobre una confusión de mitos y realidades; por ello, precisar qué es la vejez se convierte en una tarea difícil.
La mayor parte de los trabajos realizados sobre los estereotipos sociales resaltan la inexactitud de la información que está contenida en ellos ya que por su mediación se infieren idénticas cualidades a todos los miembros del grupo, son homogeneizadores.
La imagen que tenemos de las personas mayores tiene, además, una profunda carga de subjetividad pues varía de tiempo en tiempo y de cultura en cultura. En suma, está ligada al momento y al contexto en el que vivimos; no existe una concepción única de la vejez sino que se trata de diferentes imágenes variadas y variables que evolucionan y se modifican en función de los factores y creencias que manejamos en su formación. La vejez, más que entenderse como un fenómeno biológico, debe entenderse como un fenómeno social: la vejez es una construcción cultural multidimensional. A lo largo de la historia la categoría ‘ancianos’ y sus fronteras ha sido frecuentemente redefinida. En otras épocas –la gerontocracia de la Grecia Clásica–, o en otras sociedades –China–, alcanzar el grado de vejez significaba conseguir el estatus máximo, gozando de un gran respeto, consideración y reconocimiento de toda la comunidad. En las sociedades industrializadas –debido al valor otorgado al trabajo, a la productividad y al conocimiento de los avances tecnológicos–, las personas al jubilarse pierden estatus y prestigio social. Esta situación no afecta negativamente a la mayoría de ellas, pero asumir su condición de ‘personas viejas’ les resulta difícil y tienden a rechazar cualquier etiqueta que pueda estigmatizarles. Para ello, tratan en muchos casos de no identificarse y de no ser identificadas como ancianas, a veces evitando utilizar elementos simbólicos del lenguaje –la denominación de ‘viejos’–, en su aspecto físico –canas, calvicie, arrugas, colores oscuros en sus vestidos–, o portar ciertos objetos como el bastón.
Al hablar de imagen social de la vejez nos estamos refiriendo tanto a las actitudes que tienen los demás hacia las personas mayores (estereotipos, prejuicios, conducta discriminatoria) como a la autoimagen.
Porque todas estas imágenes están estrechamente relacionadas hasta el punto de llegar a ser dependientes entre sí. Jose Luis Pinillos ha afirmado con respecto a la imagen que las personas mayores tienen de sí mismos que: ‘Uno acaba por ser lo que cree que es, y lo que cree que es depende muchas veces de lo que dicen que es, de lo que los demás están diciendo que es’ (Pinillos et al., 1994). Las personas mayores como grupo, víctimas de una discriminación que queda legitimada por el estereotipo, internalizan estas imágenes, afectando así a su autoestima y a su bienestar; o bien, elaboran otro tipo de defensas replegándose sobre sí mismos, lo cual les puede conducir al aislamiento social y a la pasividad, actuando como profecía autocumplida; o bien se vuelven inseguros, asumiendo el rol que se espera de ellos, transformándose en ciudadanos pasivos; o incluso pueden aferrarse al pasado como una manera de preservar sus valores intactos o sus recuerdos de tiempos mejores.
Esta afirmación señala la importancia que tiene para la persona mayor la imagen de la vejez que la sociedad, de forma genérica, y las personas que le rodean, de forma particular, proyectan sobre él. Pero además, la imagen social creada sobre la vejez tendrá una influencia determinante sobre las actitudes y comportamientos de todos aquellos que de una forma u otra van a trabajar atendiendo las necesidades de los mayores, como es el caso de los gerontólogos, geriatras…: de cómo les traten (como personas con mucha experiencia que transmitir y mucho que enseñar o como carga social); o de cómo les hablen (como personas adultas que son o como si fuesen niños a los que hay que hablar con habla infantil o habla simplificada). A esta concepción negativa de la vejez, cuando va acompañada de conductas discriminatorias hacia las personas mayores se le ha dado el nombre de edadismo o viejismo (ageism), y se relaciona directamente con los juicios negativos y la discriminación social hacia las personas mayores simplemente por su edad (Sánchez, 2005). Algunos autores han equiparado este fenómeno, por su importancia y frecuencia, con el racismo y el sexismo, una de las formas más sutiles y eficaces de influir en la manera en la que se perciben los mayores a sí mismos y en su percepción de lo que los otros esperan de ellos, independientemente de sus propios deseos y necesidades. Todo esto provoca sufrimiento e insatisfacción a muchas personas al coartarles oportunidades e iniciativas, pensando algo así como: ‘Pero cómo se me ocurre, a un viejo como yo...’.
La imagen social de las personas mayores no es un concepto inocente ni fortuito sino un concepto clave del tratamiento que las personas y la propia sociedad dan a los ancianos, de las políticas sociales diseñadas para los mayores, y del comportamiento y de las expectativas que los ancianos tienen de sí mismos. Es necesario acercarse a la realidad, analizar los estereotipos negativos y los falsos mitos que se han creado sobre las personas mayores, y conocerles más a fondo para ir modificando las actitudes y comportamientos erróneos que se tienen hacia ellos.

jueves, 28 de septiembre de 2017

El rejuvenecimiento de la vejez




Manuel Maria Meseguer
El título no trata de masajear el ego de los longevos o los aspirantes a serlo. En los últimos años se ha producido un proceso, al menos curioso, en cuestiones de la edad madura. Antes se ocultaba la edad, a no ser que el deterioro físico la mostrara descarnadamente. Ahora, todos los mayores de 60 años dicen su edad con una expresión que parece aguardar la réplica sorpresiva del interlocutor "Tengo 78 años", comunica con la sonrisa en los labios y las cejas arqueadas. "¿78? Parece que tuviera 60", es la respuesta que se espera del confidente y, si no se provoca, el resto de la conversación puede ser fastidioso. Pero no, no va de longevos orgullosos el asunto, sino de longevos con más años de ociosidad que de trabajo.
Cada poco, de manera recurrente, y casi siempre coincidiendo con periodos de crisis económica o con la sensación de ella, el tema de la madurez en el trabajo se echa sobre la mesa como una letra de cambio. Recientemente el diario francés Le Monde se hacía eco de los trabajos de los gabinetes de contratación laboral y de sus inquietudes, al preguntarse de un modo nada retórico que teniendo en cuenta que la vejez laboral llega cada día más joven, dónde se instalaba dicha vejez: ¿en los 45 años, en los 50? Realmente se trata de un problema ampliamente estudiado y que nos lleva a la paradoja de que, conforme se aleja la vejez física saludable hacia horizontes impensables hace unos años, los departamentos de recursos humanos de las empresas "rejuvenecen" la vejez laboral hasta extremos grotescos, de modo que los requisitos de los treinta y cinco o cuarenta años, por ejemplo, para cobrar una pensión de jubilación íntegra, serán inalcanzables a la vuelta de una década. Refería el vespertino francés que alargar la vida laboral a partir de los 50 años se ha convertido en una prioridad del gobierno de Francia, país que califica como el peor alumno de Europa en cuanto a políticas de empleo sénior. Pero aceptaba que la voluntad gubernamental tropezaba con la realidad del mercado de trabajo, para el que los seniors son "demasiado caros, poco motivados y rígidos" y quedaba fuera de las prioridades empresariales emplear a los "sienes plateadas" en expectativa de empleo.
No se sabe si es el deseo el que oculta la realidad, pero el caso es que dicen los expertos que comienza a atisbarse un cierto cambio de ciclo que anunciaría que la discriminación laboral por edad pueda estar tocando a su fin. Y ello, a causa del envejecimiento general de la población, fenómeno en el que España será indeseable líder, pues se calcula que, en 2050, la población española será la más anciana de la Unión Europea. También hay algunas señales. Recientemente se informaba de que los ingenieros de Telecomunicación de Cataluña habían realizado gestiones para recuperar a prejubilados y paliar así el déficit de profesionales en el sector. La dialéctica entre incorporar juventud barata en las empresas a cambio de la pérdida del talento caro parece que se terminará resolviendo a favor de un mix de ambas en la formación de equipos multiedad que favorezcan el verdadero "envejecimiento activo". Este sí, causante del rejuvenecimiento de la vejez.

lunes, 22 de mayo de 2017

El rejuvenecimiento de la Vejez






Manuel Maria Meseguer
periodista
El título no trata de masajear el ego de los longevos o los aspirantes a serlo. En los últimos años se ha producido un proceso, al menos curioso, en cuestiones de la edad madura. Antes se ocultaba la edad, a no ser que el deterioro físico la mostrara descarnadamente. Ahora, todos los mayores de 60 años dicen su edad con una expresión que parece aguardar la réplica sorpresiva del interlocutor "Tengo 78 años", comunica con la sonrisa en los labios y las cejas arqueadas. "¿78? Parece que tuviera 60", es la respuesta que se espera del confidente y, si no se provoca, el resto de la conversación puede ser fastidioso. Pero no, no va de longevos orgullosos el asunto, sino de longevos con más años de ociosidad que de trabajo.
Cada poco, de manera recurrente, y casi siempre coincidiendo con periodos de crisis económica o con la sensación de ella, el tema de la madurez en el trabajo se echa sobre la mesa como una letra de cambio. Recientemente el diario francés Le Monde se hacía eco de los trabajos de los gabinetes de contratación laboral y de sus inquietudes, al preguntarse de un modo nada retórico que teniendo en cuenta que la vejez laboral llega cada día más joven, dónde se instalaba dicha vejez: ¿en los 45 años, en los 50? Realmente se trata de un problema ampliamente estudiado y que nos lleva a la paradoja de que, conforme se aleja la vejez física saludable hacia horizontes impensables hace unos años, los departamentos de recursos humanos de las empresas "rejuvenecen" la vejez laboral hasta extremos grotescos, de modo que los requisitos de los treinta y cinco o cuarenta años, por ejemplo, para cobrar una pensión de jubilación íntegra, serán inalcanzables a la vuelta de una década. Refería el vespertino francés que alargar la vida laboral a partir de los 50 años se ha convertido en una prioridad del gobierno de Francia, país que califica como el peor alumno de Europa en cuanto a políticas de empleo sénior. Pero aceptaba que la voluntad gubernamental tropezaba con la realidad del mercado de trabajo, para el que los seniors son "demasiado caros, poco motivados y rígidos" y quedaba fuera de las prioridades empresariales emplear a los "sienes plateadas" en expectativa de empleo.
No se sabe si es el deseo el que oculta la realidad, pero el caso es que dicen los expertos que comienza a atisbarse un cierto cambio de ciclo que anunciaría que la discriminación laboral por edad pueda estar tocando a su fin. Y ello, a causa del envejecimiento general de la población, fenómeno en el que España será indeseable líder, pues se calcula que, en 2050, la población española será la más anciana de la Unión Europea. También hay algunas señales. Recientemente se informaba de que los ingenieros de Telecomunicación de Cataluña habían realizado gestiones para recuperar a prejubilados y paliar así el déficit de profesionales en el sector. La dialéctica entre incorporar juventud barata en las empresas a cambio de la pérdida del talento caro parece que se terminará resolviendo a favor de un mix de ambas en la formación de equipos multiedad que favorezcan el verdadero "envejecimiento activo". Este sí, causante del rejuvenecimiento de la vejez.

domingo, 29 de mayo de 2016

En 30 años venceremos a la muerte



Publicado en Mayores UPD 

17 marzo 2016

 

A las entrevistas acude siempre con una corbata de Mickey Mouse, pero su discurso es riguroso, además de llamativo. El venezolano (hijo de españoles) José Luis Cordeiro, es ingeniero mecánico por el MIT, MBA por Insead, licenciado en economía por la Universidad de Georgetown, y profesor de la Singularity University de Silicon Valley. Ha venido a Madrid invitado por la Fundación Rafael del Pino, a contar cómo será el futuro, y sus predicciones no dejan a nadie indiferente.
“En los próximos veinte años vamos a ver más avances que en los dos milenios anteriores. La ciencia y la técnica están cambiando exponencialmente, porque todo lo que se puede digitalizar mejora de esa manera, pero es algo que los humanos no entendemos porque estamos programados para pensar linealmente”. “Creo que en el 2045 podremos haber vencido a la muerte. El ser humano va a decidir si quiere morirse o no. Y con un gran estado físico, porque, por muchos años que tengas, seguirás como a los 20. La edad va a ser controlable biológicamente. Y eso nos parecerá magia”.
“Como ya no seremos viejos, ya no tendremos que jubilarnos. Pero eso no significa que tengamos que ganarnos la vida siempre. El trabajo es una maldición, un castigo divino. En el futuro la gente hará lo que quiera… En el último Foro de Davos se planteó la creación de un salario mínimo garantizado para que la gente viva, porque el trabajo lo van a hacer las máquinas, y nosotros podremos dedicarnos a actividades creativas e innovadoras, o a viajar, pero no sólo a la playa, sino a la Luna o a Marte, o donde queramos. Esto es algo radical: es el fin de la edad humana. Vamos a vivir un cambio mucho más trascendental que el que vivimos al transformarnos de simios en hombres, porque aquel salto fue de un 1% en nuestro genoma, y ahora va a ser muchísimo más grande. La relación entre los posthumanos y los humanos actuales será como la que nosotros tenemos con las hormigas”.
“Estos cambios tendrán grandes implicaciones en las creencias, porque la religión no tendrá ningún rol en el futuro. Las grandes religiones nacieron para explicar la muerte, las occidentales mediante la resurrección, las orientales mediante la reencarnación. Pero nosotros vamos a curar el envejecimiento y la muerte, porque son enfermedades, y por lo tanto, eliminables. Lo podemos ver en las células, algunas de las cuales no envejecen. El cáncer es la enfermedad más hermosa que hay porque está compuesta de células mutantes que no envejecen y que pueden vivir siempre que tengan comida… Son la prueba de que el envejecimiento no es algo irremediable. La muerte tampoco lo es, y eso se convertirá en el gran problema para la supervivencia de las religiones”.
A Cordeiro tampoco le preocupan los dilemas éticos que planteas estos cambios. Esa “victoria” sobre el envejecimiento se sustenta sobre avances científicos costosos. ¿Sobrevivirán entonces sólo los que se lo puedan permitir? Cordeiro contesta que no. “Todas las tecnologías cuando comienzan son carísimas y malísimas. Pero cuando se masifican se vuelven buenas y baratas, así que acabará estando al alcance de cualquiera. Es como el teléfono móvil, antes era un objeto de lujo y ahora está al alcance de cualquiera”, concluye Cordeiro.
Ciencia ficción o realidad, lo cierto es que las voces que hablan de un futuro sin envejecimiento cada vez se dejan oír más. El transhumanismo es un nuevo asidero del ser humano en su eterna lucha con la muerte. ¿Está cada vez más cerca la victoria del hombre sobre ella?

Conferencia Prospectiva y las Tecnologías del Futuro - José Luis Cordeiro - 8 abr. 2015



domingo, 15 de mayo de 2016

La Cultura del “Nuevo Envejecimiento”



Enrique Pozón Llobato*
Catedrático jubilado,
Doctor en Derecho,
Ciencias de la Educación y Veterinaria.
Académico de la Real Academia de Ciencias,
Bellas Letras y Nobles Artes de Córdoba.
Contacto: pozonlobato.blogspot.com

De “Madurez Activa” nº 27
Hace más de siglo y medio, un maestro regresaba a su casa en un pequeño pueblo. Le llamó la atención una luz en la ventana del zapatero y al asomarse vio a éste trabajando a la luz de una vela a punto de extinguirse. Entró su esposa y le dijo: “ya es tarde, la cena esta lista, ven a comer”. Respondió el zapatero: “Ya voy. Mientras arde la vela, algo puede hacerse”. Se alejó el maestro reflexionando sobre la escena. Al día siguiente les dijo a sus alumnos: “Ayer aprendí una importante lección de un viejo y humilde zapatero: mientras hay vida se puede reemprender el camino elegido”.
El tema de la vejez cuenta con una literatura tan antigua como la Humanidad misma. La Antropología cultural, en su capítulo de Folklore, recoge cientos de refranes y dichos populares que se refieren a la vejez o a consejos que se dan para llegar a viejo, anhelo innato en el ser humano.
Visitaba un humilde párroco rural al pontífice León XIII, que había rebasado ya los 85 años; Su Santidad se había mostrado muy amable con su visitante, y cuando éste se despidió lleno de júbilo y emoción, le dijo: “¡Pido a Dios que le conceda otros 85 años de vida para bien de la Iglesia!”. A lo que León XIII contestó rápido: “No le ponga límites a la gracia de Dios, hermano”.
Lo cierto es que saber envejecer es la obra maestra y una de las cosas más difíciles en el arte de vivir. Se necesita una información objetiva para comprender qué es el envejecimiento; las personas mayores tienen un impresionante bagaje para ser creativos, porque el cuerpo envejece pero no la actividad creadora del espíritu. Precisamente se envejece cuando se deja de crear. En el juego de la vida, la carta más alta es la capacidad de valerse especialmente en la vejez, de las actividades mentales y psíquicas propias, que no depende de una cantidad sino de una calidad que tiene que ver con nuestro esfuerzo.
Si miramos hacia adelante se perfilan nuevos modelos de personas mayores, con más recursos sociales, culturales, educacionales y financieros que protagonizan el inicio de un nuevo proyecto. El siglo XXI pide otro nivel que permita que las personas mayores se impliquen en la sociedad desde el punto de vista de la reflexión y la crítica. Cuando se alcancen el predominio político por razones de superioridad numérica, crearán la Cultura del “Nuevo Envejecimiento”

domingo, 1 de mayo de 2016

¿Umbral fijo o móvil? Nueva forma de medir el inicio de la vejez



Por Diego Ramiro Fariñas, Rogelio Pujol Rodríguez,
y Antonio Abellán García.
Departamento de Población, CSIC
Blog Envejecimiento en red
Determinar una edad fija para marcar el comienzo de la vejez provee una imagen incompleta del envejecimiento y puede ser causa de diseño de políticas poco acertadas. Arbitraria pero generalmente aceptado se ha utilizado el umbral de los 65 años como inicio del período de vejez, y sobre él se ha fundamentado el cómputo del número de personas mayores, su proporción respecto al total de la población, y el proceso de envejecimiento (aumento de esa proporción). Tiene la ventaja de que es fácil de calcular, todo el mundo lo conoce y todos los estudios, planificaciones y leyes, etc. lo han estado utilizando durante décadas, y además nadie lo ha discutido.
Pero tiene también inconvenientes. La edad cronológica no tiene en cuenta que se están produciendo progresos en las condiciones de vida, de salud, de habilidad funcional y de esperanza de vida de la personas. Con la utilización de una edad fija para determinar el inicio de la vejez, no se valoran bien los cambios internos en la distribución por edad de la población ni los costes sanitarios, debido a que la mayor parte de éstos ocurren en el tramo final de la vida, tramo que es cambiante porque la esperanza de vida está aumentando y se espera que continúe esta progresión en el futuro. (…) Gracias a los cambios en las condiciones de vida, es evidente que podríamos decir que los 50 años de edad de ahora son los 40 de hace un tiempo, y esta idea tiene aceptación.
Si en vez de establecer un umbral fijo de la vejez (65 años) como se hace habitualmente, establecemos un umbral móvil determinado por la esperanza de vida, se corrigen en parte los inconvenientes citados. En este caso, lo que crecería sería la duración de la vida previa a la vejez, mientras que mantenemos esa vejez como un intervalo fijo, delimitado por una esperanza de vida, vida restante o años por vivir constantes. (…)
A este nuevo umbral basado en la esperanza de vida o vida restante lo llamamos “edad prospectiva”. Según este criterio, la vejez empieza cuando la gente tiene una edad en la que su esperanza de vida, o vida restante, es de 15 años. Por tanto el umbral de inicio de la vejez es móvil en el tiempo (Figura 1), y la duración de la vejez sería fija, desde ese umbral hasta la muerte. Este umbral/período de 15 años es arbitrario y podría modificarse, pero lo utilizamos para seguir la metodología de otros autores. Se precisan numerosos estudios para confirmar la consistencia de ese umbral, las condiciones de vida de las personas en esa nueva vejez, etc.

Si se utiliza el criterio de umbral móvil se puede obtener otra medida del envejecimiento: la proporción de personas con esperanza de vida de 15 o menos años, según la edad prospectiva, respecto del total de la población. Es una proporción “prospectiva” de personas mayores, generalmente más reducida que la tradicional proporción que se maneja habitualmente en informes y planificación de políticas sociales. La figura 2 recoge la comparación de esta medida (PP15EV), basada en un umbral móvil, con la medida tradicional de porcentaje de personas mayores (PPM), basada en una edad cronológica fija o umbral fijo (65 años).

(…) Hablar de edad prospectiva nos lleva a repensar la edad y el envejecimiento. Y eso es positivo.

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