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viernes, 20 de diciembre de 2019

Leyendas de Toledo


La grandeza de Toledo no solo se puede medir por la belleza de sus calles o el sabor de sus tradiciones, sino que solo hemos de sumergirnos en su historia para comprobar que estamos ante una ciudad única. Muchos son los asuntos que se han despachado en la capital castellano-manchega y numerosas las leyendas que han llegado hasta nuestros días.
El Pozo Amargo
En la calle que lleva su nombre se encuentra el famoso Pozo Amargo, llamado así por los sucesos que al parecer acaecieron allí en plena Edad Media. Cuenta la leyenda que el cristiano Fernando y la judía Raquel cayeron rendidos en los brazos de Cupido. Sin embargo, sus diferencias religiosas impedían que ese amor pudiera llegar a buen puerto, de modo que se encontraban a escondidas junto a un pozo. Allí estaban seguros pues era una zona poco transitada. Pero estaban equivocados, el padre de Raquel fue testigo de uno de esos encuentros y entró en cólera. Ni corto ni perezoso sorprendió a los enamorados y clavó un puñal en la espalda de Fernando, que muerto cayó al pozo.
Aquel suceso destrozó a su amada, que cada noche iba a llorar a su antiguo amor. Y se dice que tantas fueron las lágrimas que brotaron de sus ojos y cayeron al pozo que el agua se tornó amarga. De hecho, tal fue la pena que una noche, creyendo escuchar a su amado desde el fondo, Raquel se dejó caer, perdiendo también su vida.
Florinda la Cava
Esta leyenda cuenta el porqué de la invasión árabe a la Península Ibérica, aunque, como es evidente, las razones fueran otras de índole militar, religioso y político. El caso es que Florinda era hija del Conde Don Julián, que decidió enviarla a Toledo para que recibiera una buena educación.
Una vez allí, a la muchacha, que destacaba por su gran hermosura, se le ocurrió bañarse a orillas del río Tajo junto a otras doncellas, con la (mala) suerte de que rey Rodrigo, a la postre último monarca visigodo, la vio. Enaltecido por la pasión, Rodrigo decidió que debía poseer a Florinda y, claro está, la joven no pudo negarse (hay fuentes que hablan de que ella le sedujo y otras de que fue violada). Este hecho llegó al conocimiento de su padre, que ante tal afrenta, decidió vengar el deshonor de Florinda ayudando a los musulmanes a cruzar el Estrecho de Gibraltar para enfrentarse a las tropas de Rodrigo.
El desenlace fue la derrota visigoda en Guadalete y la invasión de los territorios cristianos. Cabe añadir que la leyenda se hizo popular y que Florinda fue conocida como la Cava, que en árabe significa “mala mujer” o incluso “prostituta”.
El Cristo de la Calavera
Esta leyenda también hace referencia a asuntos amatorios. Y es que no hay mejores argumentos que los relacionados con el corazón. En esta ocasión, el de dos caballeros toledanos llamados Lope y Alonso enamorados de la misma dama: doña Inés.
Tal y como se hizo eco Gustavo Adolfo Bécquer en sus Leyendas, cuando a la dama se le cayó un guante, ambos pretendientes corrieron prestos a recogerlo. Lope y Alonso lo agarraron cada uno por un lado y se negaron a soltarlo. El amor de Inés así lo merecía. Entonces, el rey intervino y se lo devolvió a la dama. Sin embargo, los caballeros no quedaron conformes y se citaron para batirse en duelo.
Buscaron el lugar adecuado, en una calle cercana a la Plaza de Zocodover y desenvainaron sus aceros. Pero quedaron sorprendidos cuando en el momento en que chocaban sus espadas, la luz del candil se apagaba… para volverse a encender poco después. Así ocurrió varias veces y entonces comprendieron que se trataba de una señal de Dios para frenar el duelo. Volviendo juntos pasaron junto al balcón de Inés y se encontraron a un hombre descolgándose a escondidas desde el mismo después de dedicarse algunas carantoñas. la dama estaba con otro y entonces empezaron a reír a carcajadas.
Al día siguiente, cuando partían hacia la batalla, Inés esperaba ver quién de los dos había ganado, pero se encontró a Lope y Alonso cabalgando juntos y soltando una nueva carcajada al pasar a su lado.
La casa del diamantista
La cuarta leyenda nos lleva a orillas del río tajo, a una casa habitada en el siglo XIX por un famoso orfebre llamado José Navarro. Era tal su fama que Doña María Cristina de Nápoles, madre de la futura reina Isabel II le encargó que realizara la más bella corona real para su hija.
Debía estar preparada para el día de coronación, pero al orfebre no se le ocurría ningún diseño sobresaliente. No estaba satisfecho con sus ideas y el tiempo se le echaba encima. Un día, agotado por el cansancio, se quedó dormido en su estudio y al despertar se encontró con el boceto de una preciosa corona.
¿Cómo había ocurrido aquello? Ante la belleza de la misma, se puso a crearla, tallando piedras preciosas y moldeando sus formas. El día se acercaba y no paraba de trabajar. Tanto era así que cada noche caía rendido y se dormía en su taller y al despertar se encontraba con la labor acabada. Así que un día decidió fingir que dormía y cuál fue su sorpresa cuando presenció cómo pequeños duendes ataviados de ropajes con múltiples colores salían del río y se ponían a trabajar en la corona. A la mañana siguiente, la corona estuvo terminada y no hubo ninguna más bella.

jueves, 20 de julio de 2017

Los proyectos en adultos mayores




Ciano Natalia
Docente de la Facultad de Psicología, UNLP
Mirta Gavilán
Doctora en Psicología.
Profesora Facultad de Psicología, UNLP

La actual distribución demográfica indica un incremento del envejecimiento poblacional en el mundo y en nuestro país; esto genera un gran interés y preocupación en el tema, ya sea desde los sectores que estudian las tendencias demográficas como en aquellas personas responsables de garantizar y sostener la calidad de vida de los Adultos Mayores (Fernández-Ballesteros, 2007; Staffolani, Orlando & Enria, 2006; Tamer, 2008). El nuevo paradigma en torno al envejecimiento y a la vejez apunta a la plena realización de todas las dimensiones del ser humano, no sólo a un buen estado de salud, sino a la participación social, a la realización personal, etc. Es por ello que el término elegido para designar este nuevo modelo es "Envejecimiento Activo". Dicho concepto fue introducido en el Plan de Acción sobre Envejecimiento 2002. Desde la Organización Mundial de la Salud se sostiene que si se quiere hacer del envejecimiento una experiencia positiva, una vida más larga debe ir acompañada de oportunidades continuas de autonomía y salud, productividad y protección. Se define al envejecimiento activo como el "proceso por el cual se optimizan las oportunidades de bienestar físico, social y mental durante toda la vida con el objetivo de ampliar la esperanza de vida saludable, la productividad y la calidad de vida en la vejez" (OMS, 2002: 79). El término "activo" refiere a una implicación continua en cuestiones sociales, económicas, espirituales, culturales y cívicas, no sólo a la capacidad para estar físicamente activo.
Ahora bien, teniendo en cuenta estos lineamientos y el aumento de la expectativa de vida surgen los siguientes interrogantes ¿Cómo elaboran los nuevos proyectos los adultos mayores?, ¿cómo se utiliza el tiempo libre, luego del retiro laboral?, ¿qué tipo de preparación u orientación se le ofrece al jubilable, o a quienes no han circulado por el sistema educativo y/o laboral, para elaborar nuevos proyectos?
Debido a la carencia en nuestro país de políticas de orientación para el retiro o para la generación de nuevos emprendimientos se instala como problema a investigar cómo resuelven la elaboración de nuevos proyectos los adultos mayores que han pertenecido al sistema formal de trabajo y aquellos que se han mantenido fuera de él.
Al haberse extendido la esperanza de vida, restan muchos años luego de la jubilación en los que se dispone de mayor tiempo libre. Sin embargo, debido a la pérdida de un proyecto laboral, que seguramente ha abarcado gran parte de la vida, se producen reorganizaciones en la constitución de la identidad personal y ocupacional, lo cual requiere elaborar cuestiones relacionadas con la pérdida de un lugar social de pertenencia, del ámbito socializador del trabajo y fundamentalmente la posibilidad de elaborar nuevos proyectos. Aisenson plantea que "la manera en que el individuo sobrelleve esta etapa del ciclo de vida dependerá de la identidad que logró constituir y del apoyo social recibido (...) así como de las posibilidades de construir y redefinir proyectos, a partir de la visualización de los propios recursos y la movilización de estrategias que permitan ponerlos en marcha"  (Aisenson, 2002:113).

lunes, 30 de enero de 2017

Aspectos psicológicos de la Jubilación





Colaboración
Todas las personas desde que nacemos vamos pasando por sucesivas etapas: infancia, adolescencia, juventud, madurez.
Cada etapa tiene características propias. Vamos cambiando y vamos configurando nuestro carácter y personalidad. E l éxito está en salir airosos de cada etapa y encarar con garantías la siguiente.
A nadie se le oculta que la jubilación es un gran cambio: de personas activas pasamos a "clase pasiva" y en lugar de un salario tenemos una pensión. Las horas que hasta la jubilación dedicamos al trabajo, al día siguiente de la jubilación las tenemos libres. Los cambios afectan a la calidad de vida, a lo económico, a la esfera social, a la esfera psíquica, a toda la vida.
La jubilación ya no es sinónimo de vejez ni de incapacidad. Entramos en la jubilación en buen estado físico y mental.
La jubilación, se dice, que es un cambio vital. Hay que adaptarse a una nueva situación. Cada uno tiene que buscarse su nuevo status, su nuevo papel en la vida.
Los especialistas hablan del síndrome de la jubilación que se manifiesta en insomnio, disminución de la libido, alcoholismo, ansiedad, pesimismo, depresión, disminución de relaciones sociales y otros. No se da en todos ni en todos por igual.
Un 25% de jubilados lo sufre. Puede durar entre sieíe y doce meses. De pende de que uno se organice.
En cualquier caso es una etapa nueva de la que se suele conocer muy poco y ante la que se prepara muy poco. Nadie va de viaje sin saber a dónde va. Los viajes se preparan.
Para salir airosos de este cambio y entrar con buen pie en esta nueva etapa de nuestra vida tenemos que tener, en primer lugar, una actitud optimista ante la vida y de confianza en nosotros mismos.
Una buena pista para esto la dan los programas actuales sobre la tercera edad.
Estos programas insisten en la capacidad de aprendizaje de las personas mayores.
También insisten en que tenemos que buscar algo que nos guste y nos motive. El desarrollo personal no tiene límites cronológicos. La capacidad de aprender no la marca la edad. L a satisfacción por aprender potencia a las personas.
También estos programas insisten en mantener las relaciones sociales que hasta entonces se tenían e incluso hacer nuevas.
Hay que llenar las horas que antes dedicábamos al trabajo en actividades positivas para cada uno y para el entorno familiar y para la sociedad. Si abrimos los ojos veremos en nuestro entorno muchas cosas que podemos hacer. Y eso es lo que nos dará una pista para construir nuestro papel en la vida. Estas actividades tienen formas de hobbys, de necesidades de otros, de atenciones familiares, y compromisos sociales.
En resumen: hoy día es evidente que el cambio que supone la jubilación nos lleva a otros lugares que tal vez desconocíamos y en los que podemos vivir con satisfacciones y siendo útiles.

domingo, 15 de mayo de 2016

La Cultura del “Nuevo Envejecimiento”



Enrique Pozón Llobato*
Catedrático jubilado,
Doctor en Derecho,
Ciencias de la Educación y Veterinaria.
Académico de la Real Academia de Ciencias,
Bellas Letras y Nobles Artes de Córdoba.
Contacto: pozonlobato.blogspot.com

De “Madurez Activa” nº 27
Hace más de siglo y medio, un maestro regresaba a su casa en un pequeño pueblo. Le llamó la atención una luz en la ventana del zapatero y al asomarse vio a éste trabajando a la luz de una vela a punto de extinguirse. Entró su esposa y le dijo: “ya es tarde, la cena esta lista, ven a comer”. Respondió el zapatero: “Ya voy. Mientras arde la vela, algo puede hacerse”. Se alejó el maestro reflexionando sobre la escena. Al día siguiente les dijo a sus alumnos: “Ayer aprendí una importante lección de un viejo y humilde zapatero: mientras hay vida se puede reemprender el camino elegido”.
El tema de la vejez cuenta con una literatura tan antigua como la Humanidad misma. La Antropología cultural, en su capítulo de Folklore, recoge cientos de refranes y dichos populares que se refieren a la vejez o a consejos que se dan para llegar a viejo, anhelo innato en el ser humano.
Visitaba un humilde párroco rural al pontífice León XIII, que había rebasado ya los 85 años; Su Santidad se había mostrado muy amable con su visitante, y cuando éste se despidió lleno de júbilo y emoción, le dijo: “¡Pido a Dios que le conceda otros 85 años de vida para bien de la Iglesia!”. A lo que León XIII contestó rápido: “No le ponga límites a la gracia de Dios, hermano”.
Lo cierto es que saber envejecer es la obra maestra y una de las cosas más difíciles en el arte de vivir. Se necesita una información objetiva para comprender qué es el envejecimiento; las personas mayores tienen un impresionante bagaje para ser creativos, porque el cuerpo envejece pero no la actividad creadora del espíritu. Precisamente se envejece cuando se deja de crear. En el juego de la vida, la carta más alta es la capacidad de valerse especialmente en la vejez, de las actividades mentales y psíquicas propias, que no depende de una cantidad sino de una calidad que tiene que ver con nuestro esfuerzo.
Si miramos hacia adelante se perfilan nuevos modelos de personas mayores, con más recursos sociales, culturales, educacionales y financieros que protagonizan el inicio de un nuevo proyecto. El siglo XXI pide otro nivel que permita que las personas mayores se impliquen en la sociedad desde el punto de vista de la reflexión y la crítica. Cuando se alcancen el predominio político por razones de superioridad numérica, crearán la Cultura del “Nuevo Envejecimiento”

domingo, 17 de abril de 2016

El proyecto de vida en el adulto mayor



Elena Jiménez Betancourt
Licenciada en Psicología.
Máster en Longevidad satisfactoria.
Instructora Policlinico docente “José Martí”

Un gran error generalizado con el que viven muchas personas, entre ellas muchos ancianos, es el prejuicio de creer que la vejez es un período necesario y fatalmente de declinación, deterioro y caos en todos los sentidos. Los resultados de las investigaciones actuales en el campo de la gerontología han demostrado lo incierto y falso de esta idea.
Se ha evidenciado que las características de la tercera edad o vejez dependen mucho de las típicas de la personalidad de cada cual, de las condiciones del ambiente y del modo de vida que se lleve, y no tanto de la edad, si se mantiene el individuo sano.
El desarrollo de la personalidad hasta alcanzar la madurez y en consecuencia altos niveles de salud y bienestar, deviene un complejo proceso a lo largo de todo el ciclo vital de una persona, en que la formación y consolidación de los procesos autorreguladores se convierte en un importante indicador. Entre los procesos de autorregulación, uno de los más importantes es la capacidad de elaborar proyectos de vida, saber lo que se quiere y entonces ser capaces de poner la brújula en dirección para conseguirlos.
Según D ́ Angelo (1995), el proyecto de vida es un subsistema psicológico principal de la persona en sus dimensiones esenciales, o sea, un modelo ideal sobre lo que el individuo espera o quiere ser y hacer, que adquiere forma concreta en la disposición real y sus posibilidades internas y externas de lograrlo, definiendo su relación hacia el mundo o hacia sí mismo, su razón de ser como individuo en un contexto y tipo de sociedad determinada.
El proyecto de vida es la estructura que expresa la apertura de la persona hacia el dominio del futuro, en sus direcciones fundamentales y en las áreas críticas que requieren decisiones vitales. De esta manera, la configuración, el contenido y la dirección del proyecto de vida, por su naturaleza, origen y destino están vinculados con la situación social del individuo, tanto en su expresión actual como en la perspectiva anticipada de los acontecimientos futuros, abiertos a la definición de su lugar y las tareas en una sociedad dada.
Precisar la existencia de proyectos de vida o no en el adulto mayor, su orientación y determinantes en la elaboración o no de estos, justificó la ejecución del presente estudio preliminar para poder trazar estrategias de intervención con esta parte de la población en constante aumento, teniendo en cuenta la importancia de establecer y concretar proyectos de vida en esta etapa del desarrollo, pues conduce a una mejor calidad de vida y, con ello, al disfrute de una longevidad satisfactoria.
Se realizó un estudio descriptivo que incluyó a 307 adultos mayores (…), con vista a indagar sobre la presencia de proyectos de vida o no, su orientación en los ancianos que los habían construido y los factores determinantes en la construcción o no de esas aspiraciones.
Del total de adultos mayores estudiados, 253 no tenían constituido su proyecto de vida (82,4 %). Solo 17,6 % lo había estructurado, con predominio del sexo masculino (57,4 %).
De los 54 adultos mayores que tenían estructurado su proyecto de vida, 50 lo orientaban hacia la realización de actividades laborales, 49 hacia el estudio y 45 hacia la participación en actividades recreativo-culturales, sin diferencias significativas entre un sexo y otro.
En los 253 adultos mayores que no tenían estructurado su proyecto de vida, se identificaron como determinantes los aspectos socioculturales en 243 y familiares en 205, sin valores significativos entre hombres y mujeres.
Discusión
El proyecto de vida implica las relaciones entre todas las actividades sociales de los individuos (trabajo, profesión, familia, tiempo libre, actividad cultural y sociopolítica, relaciones interpersonales de amistad y amorosas, organizacionales o de otra índole).
En nuestra casuística, los adultos mayores orientaban su proyecto de vida hacia la realización de actividades laborales, así como recreativo-cultural es, y hacia el estudio; pero al igual que lo hallado por otros investigadores, más de la mitad de ellos no lo habían estructurado.
La problemática del adulto mayor y los factores relacionados con este período de la vida, son objeto de estudio con mayor amplitud en los últimos años. Esto obedece fundamentalmente a la preocupación cada vez más creciente en las sociedades contemporáneas por las personas mayores de 60 años, por cuanto representan el grupo etario que más rápidamente crece en el mundo.
Si el anciano o la anciana asume una vida activa, dinámica, animosa, impulsada por motivos que le den sentido a su existencia; si realiza actividades interesantes y atractivas y mantiene un nivel de participación social animosa, es decir, si logra estructurar y concretar sus proyectos de vida, es posible lograr la maravilla —comprobado por la ciencia— de un rejuvenecimiento y conseguir “atrasar” el reloj biológico en 10 a 15 años.
La conceptualización de los proyectos de vida supone el análisis de los procesos funcionales de la personalidad en la proyección de contenido de sus direcciones específicas y flexibles, conformadoras de la propia realidad individual social y la consideración de la adecuación mutua de los procesos y relaciones de la sociedad para su consecución como proyecto vital autorrealizador.
Ahora bien, la mujer y el hombre mayores se encuentran jubilados de su actividad laboral, han sido y son personas muy activas, y en muchas ocasiones desarrollan numerosas actividades en su comunidad o centros de trabajo de procedencia, entre otras tareas; en fin, han sido los protagonistas y hacedores de nuestra sociedad, les interesa continuar en grupos sociales de personas de su misma edad o coetáneos, así como en actividades sociales útiles. Como cualquier etapa de la vida, tiene diversos intereses.
El proyecto de vida es, en gran medida, el fruto de la experiencia anterior de la persona, volcada en la actualidad y el devenir. Por eso, los proyectos de vida serán legítimos y efectivos si en ellos se revelan las propias potencialidades del individuo, si estas vinculan y dan continuidad a lo que fue, lo que realmente es, y las posibilidades de lo que llegará a ser.
Con respecto a los factores determinantes en la construcción de proyectos de vida en los adultos mayores, se reflejaron sus características de personalidad y el medio social. Es de todos conocido que la personalidad regula la actividad de cada persona y que diferentes subsistemas intervienen en este proceso.
La capacidad de tomar decisiones y ejecutar acciones por sí mismo(a); adoptar estas determinaciones sin vacilar y llevarlas a cabo con constancia, así como ser capaz de dominar su propia conducta –vencer obstáculos internos–, resultan imprescindibles para enfrentar con éxito las dificultades externa, puesto que son componentes importantes de la voluntad, que participan en la regulación de la actividad.
Si a ello se suma el hecho de tenerse confianza y respetarse, de sentirse competente para vivir y merecer la felicidad, entonces puede decirse que se cuenta con una poderosa fuerza al servicio de la vida.
En el proceso de desarrollo de la personalidad se ejercen sobre el individuo múltiples influencias educativas, que van desde aquellas que recibe en su medio familiar y en su grupo de coetáneos, hasta las que corresponden a la escuela y posteriormente al medio laboral; además de aquellas provenientes de los medios masivos de comunicación y otros factores macrosociales. Estas influencias formales e informales son, en buena medida, responsables del nivel de regulación y autorregulación que alcanza la personalidad, aun cuando este proceso acontece de manera individualizada y particular en cada sujeto.
Con referencia a los determinantes en la no construcción de proyectos de vida en el adulto mayor, se relacionan determinados aspectos socioculturales y familiares. Lo sociocultural es indispensable en cualquier análisis, pero en el caso de la tercera edad reviste una importancia capital por encontrarse muy marcada por prejuicios, por la cultura donde se viva y por la situación social, económica y familiar imperante. (…)
A modo de conclusión puede decirse que no es común encontrar en los ancianos, al menos en la mayoría, un proyecto de vida definido y previamente pensado para todo aquello que habían siempre deseado hacer para cuando llegaran o rebasaran la sexta década de la existencia, de modo que valdría la pena ir formando esa conciencia en ellos, porque aspirar a la consecución de algo es volver a vivir.

domingo, 20 de marzo de 2016

El proyecto de vida de los adultos jubilados



Por Rosario Rodríguez Vergara
Holding Cencosud S.A. Chile
Extractado de “¿Cuál es el proyecto de vida de
los adultos jubilados? Un estudio descriptivo”
Editado en PsicoPedia Hoy

El envejecimiento de la población es uno de los fenómenos de mayor impacto de este siglo. En términos demográficos, se refiere al aumento relativo de personas de 60 años de edad y más, y a una prolongación cada vez mayor de la esperanza de vida al nacer.
El envejecimiento de la población se ha asociado frecuentemente con los países desarrollados en los cuales, la quinta parte de la población tiene más de 60 años de edad; sin embargo, este proceso también está ocurriendo en países menos industrializados. (…)
Desde la concepción el ser humano trae consigo una carga genética que propone programar el envejecimiento por medio de un reloj biológico, por tanto, cuando cada persona llega a una cierta edad avanzada, comienza a experimentar diversos cambios. Por lo general, estos cambios, debido al contexto socio-cultural de nuestro país, no son considerados de manera positiva, por el contrario, se tiende a pensar y a hacer sentir que las personas mayores ya no tienen nada que aportar, que ya cumplieron su rol en la sociedad y en su trabajo. Esta situación desencadena que las personas tiendan a tener un cierto rechazo y resignación cuando comienzan a envejecer y que comiencen a sentir que ya no tienen la misma energía y capacidad para hacer las cosas como en su etapa de juventud.
El establecimiento de una edad para la vejez es una construcción social que sólo parcialmente está determinada por factores biológicos o psicológicos. La categoría “viejo” es, por consiguiente, un estado adscrito generalmente aceptado por las personas pertenecientes a él, pero no elegido (…). Si se intenta definir la vejez como un estado, ésta tiene distintos momentos posibles para su inicio, de los cuales varios indican este comienzo, como los de carácter biológico, relacionado con la aparición de enfermedades o dolencias o los de naturaleza social, que nos hacen tener claro el comienzo de esta etapa a partir de la jubilación (…) (Suárez, 2004).
Dentro de los cambios psicológicos acontecidos en esta edad y que se refieren, en este caso, a la forma que sentimos y valoramos las relaciones con el entorno y como nos comportamos, es posible citar a Cumming y Henry con el planteamiento de la Teoría de la Desvinculación (Buendía, 1994). Esta teoría plantea que una vez transpuesta una determinada edad, es normal que las personas vayan reduciendo los roles más activos, busquen otros de menor actividad, reduzcan la intensidad y frecuencia de las interacciones sociales y se vayan centrando cada vez más en su propia vida interior. Las personas van haciéndose cargo del declive de sus actividades a medida que envejecen, y en ese mismo grado se van desvinculando, distanciándose del mundo ruido.
La desvinculación empieza con una demanda de reducción de actividades que tengan que ver con la competitividad y con la productividad y tiene un claro sentido adaptativo realista que, por lo demás, es aceptado y practicado a su vez por la sociedad. De este modo, y de acuerdo con esta teoría, conservarán su autodefinición positiva las personas que vayan sustituyendo progresivamente los roles de más actividad por otros más tranquilos, alejándose de los de más responsabilidad en el sistema productivo y centrándose en el ejercicio de roles periféricos, familiares y de amistad: para que puedan tener y mantener una imagen positiva de si mismos.
Con el envejecimiento se esconden una serie de mitos. Haciendo referencia al tema del aprendizaje de nuevas destrezas y su desarrollo, es útil plantear la creencia de que las personas mayores no pueden aprender nuevas destrezas, sin embargo, la edad no inhabilita a una personas para aprender cosas nuevas; a pesar de que con el paso de los años el funcionamiento cognitivo varíe, esto no significa una limitación para seguir aprendiendo y desarrollándose como persona, así como tampoco la imposibilidad de poder rendir bien en el trabajo.
Los cambios que se van vivenciando con el pasar de los años no deben ser una discapacidad para enfrentar el mundo y para seguir viviendo. Por eso, una de las mejores estrategias a seguir para revertir los mitos e imposiciones de la sociedad es (…) trazar un proyecto de vida acorde con la propia realidad, motivaciones y potencialidades de los adultos mayores, que los llene de satisfacciones (…).
Se puede concluir que los adultos mayores (…) se ven enfrentados ante una situación laboral que marca su vida desde ese instante: la jubilación. (…) han sufrido el desvinculamiento de la empresa desde donde trabajaban (…). Se les ha despedido simplemente por tener la edad legal para dejar de trabajar.
Tras esto, cabe la duda de si realmente no están en edad de trabajar, o si realmente ha decaído su desempeño. Es difícil probar la veracidad de la teoría del desvinculamiento, ya que no sabemos si por llegar a determinada edad se reduce su rol más activo, centrándose cada vez más en su propia vida interior, o si es el impacto del desvinculamiento que se les ha hecho forzosamente por cumplir la edad indicada socialmente para cesar las actividades laborales. (…)
Es imprescindible que los adultos mayores busquen en su interior sus motivaciones, lo que los hace felices, busquen dentro de si mismos toda la experiencia y aprendizaje que tienen y lo vuelquen en actividades que los hagan seguir desarrollándose y generar una mayor esperanza de vida.