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sábado, 13 de enero de 2018

Los ancianos son más generosos y no lo decimos nosotros



Publicado por QMAYOR
2 Diciembre, 2017

Los ancianos donan más a los extraños que los adultos jóvenes, incluso cuando tal generosidad no es correspondida, según un estudio reciente. Pero una confianza tan fácil también podría funcionar en su contra, advierten las organizaciones de bienestar social. ¿Qué dice este estudio sobre los ancianos y la generosidad?
El estudio, realizado por un equipo del departamento de psicología de la Universidad Nacional de Singapur (NUS), mostró que tanto los adultos jóvenes como los adultos mayores son igualmente generosos con las personas cercanas a ellos, como familiares y amigos cercanos. Sin embargo, los ciudadanos de la tercera edad, estos ancianos son más generosos con aquellos que están más distantes socialmente, como completos desconocidos.
El profesor asistente Yu Rongjun, que dirigió el estudio, dijo que posiblemente se observa una mayor generosidad entre las personas mayores debido a que a medida que las personas envejecen, “sus valores pasaron de intereses puramente personales a fuentes de significado más duraderas encontradas en sus comunidades”.
El estudio, realizado entre marzo del año pasado y enero del 2017, involucró a 78 adultos ancianos. La edad promedio de la mitad del grupo era 70, mientras que la otra mitad era 23. Para medir la generosidad, se pidió a los participantes que completaran 72 escenarios en los cuales se les daba una suma hipotética de dinero y tenían que decidir cuánto estarían dispuestos a compartir.
En promedio, el grupo mayor dio aproximadamente dos veces más a extraños que el grupo más joven.
El nivel de generosidad de los adultos mayores no disminuyó con la distancia social tan rápido como el de los adultos más jóvenes. Los ancianos también tenían más probabilidades de compartir recursos con extraños incluso cuando era improbable que el acto fuera correspondido.
El jubilado Michael Wong, de 78 años, un antiguo gerente de recursos humanos en un club deportivo, dijo: “Creo que mi generación es más afectuosa porque nuestras necesidades son simples: hemos visto el mundo y no anhelamos mucho”.
El Sr. Wong estima que dona entre $100 y $120 por mes a la caridad, incluyendo $30 a la National Kidney Foundation.
Dado que los ancianos confían más fácilmente a los extraños, pueden ser más susceptibles a las estafas.
La Sra. Lim Sia Hoe, de 58 años, directora ejecutiva de Center For Seniors, dijo: “Esto pone de relieve los riesgos de las personas mayores que confían inconscientemente en alguien que apela a sus necesidades emocionales, especialmente si la persona está en circunstancias personales desesperadas, como el aislamiento social y deterioro cognitivo, o está sufriendo un duelo “.
Sin embargo, el Profesor Yu agregó: “Ofrecer a los ancianos más oportunidades para ayudar a los demás no solo es beneficioso para nuestra sociedad, sino que también puede ser una bendición para el bienestar de los adultos mayores”.

domingo, 17 de abril de 2016

El proyecto de vida en el adulto mayor



Elena Jiménez Betancourt
Licenciada en Psicología.
Máster en Longevidad satisfactoria.
Instructora Policlinico docente “José Martí”

Un gran error generalizado con el que viven muchas personas, entre ellas muchos ancianos, es el prejuicio de creer que la vejez es un período necesario y fatalmente de declinación, deterioro y caos en todos los sentidos. Los resultados de las investigaciones actuales en el campo de la gerontología han demostrado lo incierto y falso de esta idea.
Se ha evidenciado que las características de la tercera edad o vejez dependen mucho de las típicas de la personalidad de cada cual, de las condiciones del ambiente y del modo de vida que se lleve, y no tanto de la edad, si se mantiene el individuo sano.
El desarrollo de la personalidad hasta alcanzar la madurez y en consecuencia altos niveles de salud y bienestar, deviene un complejo proceso a lo largo de todo el ciclo vital de una persona, en que la formación y consolidación de los procesos autorreguladores se convierte en un importante indicador. Entre los procesos de autorregulación, uno de los más importantes es la capacidad de elaborar proyectos de vida, saber lo que se quiere y entonces ser capaces de poner la brújula en dirección para conseguirlos.
Según D ́ Angelo (1995), el proyecto de vida es un subsistema psicológico principal de la persona en sus dimensiones esenciales, o sea, un modelo ideal sobre lo que el individuo espera o quiere ser y hacer, que adquiere forma concreta en la disposición real y sus posibilidades internas y externas de lograrlo, definiendo su relación hacia el mundo o hacia sí mismo, su razón de ser como individuo en un contexto y tipo de sociedad determinada.
El proyecto de vida es la estructura que expresa la apertura de la persona hacia el dominio del futuro, en sus direcciones fundamentales y en las áreas críticas que requieren decisiones vitales. De esta manera, la configuración, el contenido y la dirección del proyecto de vida, por su naturaleza, origen y destino están vinculados con la situación social del individuo, tanto en su expresión actual como en la perspectiva anticipada de los acontecimientos futuros, abiertos a la definición de su lugar y las tareas en una sociedad dada.
Precisar la existencia de proyectos de vida o no en el adulto mayor, su orientación y determinantes en la elaboración o no de estos, justificó la ejecución del presente estudio preliminar para poder trazar estrategias de intervención con esta parte de la población en constante aumento, teniendo en cuenta la importancia de establecer y concretar proyectos de vida en esta etapa del desarrollo, pues conduce a una mejor calidad de vida y, con ello, al disfrute de una longevidad satisfactoria.
Se realizó un estudio descriptivo que incluyó a 307 adultos mayores (…), con vista a indagar sobre la presencia de proyectos de vida o no, su orientación en los ancianos que los habían construido y los factores determinantes en la construcción o no de esas aspiraciones.
Del total de adultos mayores estudiados, 253 no tenían constituido su proyecto de vida (82,4 %). Solo 17,6 % lo había estructurado, con predominio del sexo masculino (57,4 %).
De los 54 adultos mayores que tenían estructurado su proyecto de vida, 50 lo orientaban hacia la realización de actividades laborales, 49 hacia el estudio y 45 hacia la participación en actividades recreativo-culturales, sin diferencias significativas entre un sexo y otro.
En los 253 adultos mayores que no tenían estructurado su proyecto de vida, se identificaron como determinantes los aspectos socioculturales en 243 y familiares en 205, sin valores significativos entre hombres y mujeres.
Discusión
El proyecto de vida implica las relaciones entre todas las actividades sociales de los individuos (trabajo, profesión, familia, tiempo libre, actividad cultural y sociopolítica, relaciones interpersonales de amistad y amorosas, organizacionales o de otra índole).
En nuestra casuística, los adultos mayores orientaban su proyecto de vida hacia la realización de actividades laborales, así como recreativo-cultural es, y hacia el estudio; pero al igual que lo hallado por otros investigadores, más de la mitad de ellos no lo habían estructurado.
La problemática del adulto mayor y los factores relacionados con este período de la vida, son objeto de estudio con mayor amplitud en los últimos años. Esto obedece fundamentalmente a la preocupación cada vez más creciente en las sociedades contemporáneas por las personas mayores de 60 años, por cuanto representan el grupo etario que más rápidamente crece en el mundo.
Si el anciano o la anciana asume una vida activa, dinámica, animosa, impulsada por motivos que le den sentido a su existencia; si realiza actividades interesantes y atractivas y mantiene un nivel de participación social animosa, es decir, si logra estructurar y concretar sus proyectos de vida, es posible lograr la maravilla —comprobado por la ciencia— de un rejuvenecimiento y conseguir “atrasar” el reloj biológico en 10 a 15 años.
La conceptualización de los proyectos de vida supone el análisis de los procesos funcionales de la personalidad en la proyección de contenido de sus direcciones específicas y flexibles, conformadoras de la propia realidad individual social y la consideración de la adecuación mutua de los procesos y relaciones de la sociedad para su consecución como proyecto vital autorrealizador.
Ahora bien, la mujer y el hombre mayores se encuentran jubilados de su actividad laboral, han sido y son personas muy activas, y en muchas ocasiones desarrollan numerosas actividades en su comunidad o centros de trabajo de procedencia, entre otras tareas; en fin, han sido los protagonistas y hacedores de nuestra sociedad, les interesa continuar en grupos sociales de personas de su misma edad o coetáneos, así como en actividades sociales útiles. Como cualquier etapa de la vida, tiene diversos intereses.
El proyecto de vida es, en gran medida, el fruto de la experiencia anterior de la persona, volcada en la actualidad y el devenir. Por eso, los proyectos de vida serán legítimos y efectivos si en ellos se revelan las propias potencialidades del individuo, si estas vinculan y dan continuidad a lo que fue, lo que realmente es, y las posibilidades de lo que llegará a ser.
Con respecto a los factores determinantes en la construcción de proyectos de vida en los adultos mayores, se reflejaron sus características de personalidad y el medio social. Es de todos conocido que la personalidad regula la actividad de cada persona y que diferentes subsistemas intervienen en este proceso.
La capacidad de tomar decisiones y ejecutar acciones por sí mismo(a); adoptar estas determinaciones sin vacilar y llevarlas a cabo con constancia, así como ser capaz de dominar su propia conducta –vencer obstáculos internos–, resultan imprescindibles para enfrentar con éxito las dificultades externa, puesto que son componentes importantes de la voluntad, que participan en la regulación de la actividad.
Si a ello se suma el hecho de tenerse confianza y respetarse, de sentirse competente para vivir y merecer la felicidad, entonces puede decirse que se cuenta con una poderosa fuerza al servicio de la vida.
En el proceso de desarrollo de la personalidad se ejercen sobre el individuo múltiples influencias educativas, que van desde aquellas que recibe en su medio familiar y en su grupo de coetáneos, hasta las que corresponden a la escuela y posteriormente al medio laboral; además de aquellas provenientes de los medios masivos de comunicación y otros factores macrosociales. Estas influencias formales e informales son, en buena medida, responsables del nivel de regulación y autorregulación que alcanza la personalidad, aun cuando este proceso acontece de manera individualizada y particular en cada sujeto.
Con referencia a los determinantes en la no construcción de proyectos de vida en el adulto mayor, se relacionan determinados aspectos socioculturales y familiares. Lo sociocultural es indispensable en cualquier análisis, pero en el caso de la tercera edad reviste una importancia capital por encontrarse muy marcada por prejuicios, por la cultura donde se viva y por la situación social, económica y familiar imperante. (…)
A modo de conclusión puede decirse que no es común encontrar en los ancianos, al menos en la mayoría, un proyecto de vida definido y previamente pensado para todo aquello que habían siempre deseado hacer para cuando llegaran o rebasaran la sexta década de la existencia, de modo que valdría la pena ir formando esa conciencia en ellos, porque aspirar a la consecución de algo es volver a vivir.

sábado, 6 de febrero de 2016

Old is not dead




Por Francisco Mora
Universidad de Iowa.
Catedrático de Fisiología Humana,
Universidad Complutense de Madrid y
catedrático adscrito de Fisiología Molecular y Biofísica
El otro día, paseando por el centro de Madrid con un amigo, me crucé con un hombre que por su acento, como pude comprobar después, debía ser norteamericano. Llevaba una camiseta de verano en la que se podía leer, tanto en el pecho como en la espalda, Old is not dead (ser viejo no significa estar muerto). Aparentaba una edad que debía rondar los setenta y pocos años. Al pasar junto a él, no pude evitar decirle espontáneamente "good for you!" ("¡me alegro por ti!"). Levantó la cabeza y, mirándome a la cara, me contestó "and also for you!" ("¡y también por ti!"). Luego mi amigo y yo tomamos un taxi y comentamos la anécdota. Tras dejar a mi amigo en su casa y llegar a la mía, y mientras pagaba al taxista (que también debía rondar los 60 años), éste me dijo de pronto: "¡La verdad es que tiene enjundia el letrero de la camiseta que ustedes estaban comentando! ¡Y me ha hecho pensar, y más en los tiempos que corren en este país de viejos en qué nos estamos convirtiendo!".
Y efectivamente, sin entrar en números, las predicciones estadísticas para el año 2050 de mayores de 65 años en España se han estimado en alrededor del 30% de la población, cifra sin duda muy importante. Y todavía más si consideramos que la población de mayores de 60 años se ha estimado que podría alcanzar el 40% para ese mismo año 2050.
Esto viene en relación con la anécdota de la camiseta por el hecho de que una parte importante de esa población estará formada, sin duda, por personas intelectual y físicamente muy activas pero que, sin embargo, entrarán en el mundo de los "pasivos", los jubilados, de quienes ya tienen poco que hacer o decir en este mundo de los jóvenes. Y es que la jubilación tal cual está entendida hoy es un proceso brusco que rompe, de pronto, el molde dentro del cual la gente ha desarrollado su vida. Es decir, un mundo en el que los que han sido hasta entonces los compañeros de trabajo, pero más jóvenes, ya te ubican a todos los efectos fuera de las transacciones, no solo profesionales, eso es obvio, sino humanas, y con ello viene un alejamiento de lo que venía siendo cotidiano, pensamientos, sentimientos e ideas que, sin mayor valor o trascendencia, llenaban el sentido incluso inconsciente de la vida.
Y es que para muchos, sobre todo las personas que han sido muy activas y están muy inmersas y enamoradas de su trabajo, que se encuentran física y mentalmente bien y pletóricos de salud, proyectos y futuro, la jubilación no es un "júbilo", una "alegría", sino una tristeza, una cierta muerte anticipada. Y esto me lleva a pensar en la pérdida de experiencia y talento que todavía podría ser aprovechado en una sociedad que envejece. Esta consideración se potencia, además, ahora que sabemos que muchísimas personas que comienzan ese camino social de los 60-65 tienen todavía un largo trecho posible por recorrer, en una sociedad que tiende a cambiar la concepción del "viejo" basándose en conocimientos científicos actuales, médicos, psicológicos y sociales. Hoy ya, ahora mismo, por ejemplo, tenemos conocimientos fiables que nos permiten adelantar una vida de los 75 a los 90 años que bien pudiera ser activa y saludable.
Estamos entrando en un mundo social nuevo en el que comenzamos a descubrir las posibilidades de hacer a la gente mas sana y longeva, ralentizando y retrasando el proceso deletéreo del envejecimiento, particularmente el del cerebro. Y no hace falta ya rebuscar solo en los genes, sino en la revisión e implantación de nuevos estilos de vida que son los que claramente promueven la longevidad "real".
Y no hay alternativa. Se acerca un cambio de cultura importante, al menos en el mundo occidental, en el que se comienza a contemplar la necesidad de contar con los viejos para seguir adelante como sociedad activa y productiva. Por supuesto que no estoy queriendo insinuar que los mayores vuelvan a formar parte de la población activa compitiendo con los jóvenes, lo que en casos excepcionales no sería nada descartable. Y me remito aquí a ejemplos actuales como la señora Carmena, magistrada jubilada y ahora alcaldesa de Madrid, o nuestro actual representante en el mundo, el ministro Margallo. O, si se quiere, el reinicio de la carrera política de la señora Clinton, esperando ser "árbitra del mundo" a los casi 70 años de edad. Si embargo, sí creo que la sociedad debe apoyar que los mayores ocupen puestos y labores desde los que contribuir activamente a mantener esa misma sociedad, y ellos mismos mantener una actividad que potencie sus capacidades físicas y mentales. Con el añadido del inmenso ahorro económico que significa para la sanidad pública.
La sociedad actual debe cambiar y puede hacerlo. El mundo, por mucho que nos empeñemos, no será ya más un mundo solo de jóvenes, sino de jóvenes y viejos activos y capaces. La sociedad, la occidental en particular, se dará cuenta antes pronto que tarde, que debe construir vías profesionales paralelas que permitan ser continuadas por los mayores con una contribución activa, sin entorpecer la creatividad, la fuerza, la energía, la emoción de los jóvenes, que es lo que mueve el mundo hacia adelante. Hoy la sociedad, tal cual está estructurada, no lo permite. Y eso, a la luz de lo que se avecina, forzosamente cambiará. Y esto nos empuja ya, ahora mismo, a darnos cuenta, a ser verdaderamente conscientes, de que old is not dead. Y algo más: este cambio, si se quiere que de verdad ocurra, debe ser promovido por los propios "viejos", dando expresión de esa salud mental de la que hablo. Son ellos lo que deben impulsar activamente este proceso, creando una fuerza social que lleve al reconocimiento de esa realidad. ¿Un nuevo partido político? Yo ya adelanto mi intención de voto positivo.

EL HUFFINGTON POST
Publicado el 20 de junio de 2015

domingo, 22 de febrero de 2015

Nuevas formas de medir el envejecimiento



Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC)
Ministerio de Economia y Competitividad

Introducción
El envejecimiento de la población es uno de los fenómenos sociales más importante de este siglo XXI. Los grandes capítulos de gasto público están asociados de alguna forma a la edad, por lo que éstos están afectados por el cambio en las estructuras de edad, y en concreto por el aumento del número y proporción de personas mayores.  La demografía del envejecimiento se centra en este grupo de población, las personas mayores (los viejos), y en el proceso de cambio de las estructuras demográficas, el envejecimiento.
Al hablar de personas mayores (los viejos) consideramos que existe un concepto de vejez claro y que es posible definir una medida útil para decidir cuándo una persona es mayor, o una cohorte es vieja. Esto significa el establecimiento de un UMBRAL a partir del cual se clasifica a una persona como mayor. Pero este umbral es controvertido.
Demógrafos, sociólogos, economistas y políticos tratan de buscar fórmulas para definir ese umbral y por consiguiente la relación existente entre las personas que lo superan y el resto de la población. El envejecimiento no es otra cosa sino el aumento de la importancia del grupo de mayores en esa relación.
La medición del envejecimiento tiene un uso potencialmente extraordinario en el ámbito económico y sanitario. Tradicionalmente el envejecimiento se ha calculado por los cambios en la proporción del conjunto de personas definidas como mayores respecto al total de la población. El umbral arbitrario pero aceptado ahora (y que cambiará en el futuro), para formar parte de ese conjunto es los 65 años. Ese umbral también permite relacionar al conjunto de mayores con el de personas potencialmente activas, por ejemplo las de 20-64 años, y calcular ratios de dependencia demográfica.
Porcentaje de personas mayores y ratio de dependencia han copado las mediciones del envejecimiento. Las proyecciones de población avisan de que el proceso de envejecimiento se va a acelerar y las ratios de dependencia van a empeorar al aumentar notablemente las personas mayores respecto a los activos potenciales. Esta situación es un caldo de cultivo para pesimismos, alarmas, intentos de reforma en los sistemas de protección social (gasto público) y para un debate permanente.
Algunos autores proponen otras formas de medir la vejez, el envejecimiento y la dependencia demográfica. Podíamos hablar de mediciones optimistas que pretenden quitar hierro al problema del envejecimiento. No hay razón para exagerar los desafíos del envejecimiento, si éste se mide de otras formas. En este post y en los siguientes vamos a presentar diferentes mediciones del envejecimiento.
Edad subjetiva. Edad a la que la gente cree que se puede decir de alguien que es una “persona mayor”
La forma de medir el envejecimiento más popular, pero de menor trascendencia académica, económica y financiera, es a través de lo que declara la población sobre la vejez. El Barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas de mayo de 2009 (estudio 2801) permite conocer la opinión de la gente sobre a qué edad se considera a una persona como mayor o de la tercera edad. La forma en que se construye esa opinión está condicionada por diferentes circunstancias personales, familiares y sociales que vive el entrevistado; también puede estar mediatizada por la referencia al umbral de los 65 años que ha sido ampliamente difundida por los medios de comunicación. Algunas conclusiones pueden extraerse de esta encuesta:
a) La edad media declarada o “umbral” de la vejez en opinión de la gente se sitúa actualmente en los 68,0 años y es por tanto más alto que la referencia habitual de 65 años.
b) El umbral se desplaza hacia edades superiores según avanza la edad del entrevistado, de forma que los jóvenes suelen ver a los mayores como viejos a edades más tempranas (Figura 1).
c) Las mujeres, cuya esperanza de vida al nacer es superior a la de los varones en casi seis años, retrasan el inicio de la vejez con respecto a los varones.
d) Las personas con más estudios creen que una persona es mayor a edades más tardías que lo que declaran las personas con menos estudios.
Si aceptásemos esta edad media declarada, el número de personas mayores, su porcentaje respecto al total de la población, y su ratio de dependencia demográfica variarían sobre las referencias habituales. Habría 1,4 millones de personas mayores menos; el porcentaje respecto a la población total bajaría más de tres puntos, y la ratio de dependencia demográfica pasaría de 29 mayores por cada cien personas en edad laboral (20-64 años) a sólo 24 (Tabla 1).