Mostrando entradas con la etiqueta Economía. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Economía. Mostrar todas las entradas

viernes, 1 de septiembre de 2017

Una propuesta nueva para resolver cuatro necesidades



Una propuesta nueva para resolver cuatro necesidades
Mario Cugat i Leseurs
Presidente de FATEC
(Federación de Asociaciones de
Gente Mayor de Catalunya)

Se entiende que existe un puesto de trabajo cuando se dan dos premisas:
  1. Una necesidad, una actividad, un servicio, una obra, etc., que la sociedad demanda a través de la industria, el comercio o los servicios.
  2. La disponibilidad económica para pagar el salario y los complementos que origina el hecho de destinar una persona a realizar el trabajo solicitado.
Si la segunda premisa no es posible, el lugar de trabajo, en realidad, no ha sido creado y, por tanto, no puede decirse que exista, pero la necesidad, sí.
Partiendo, pues, de que habrá necesidades sociales, pero no posibilidades de atenderlas todas, FATEC presenta una propuesta nueva, realista y eficaz que podría ayudar a resolver cuatro necesidades: la mejora de la capacidad económica del jubilado; la utilización de su valor o capital social al servicio de la colectividad; su buena salud mental y física individual y colectiva; y la respuesta y solución a determinadas demandas de servicios y prestaciones, de otra manera al descubierto.
Se trataría de:
  • Ante una necesidad o un interés colectivo no atendible laboral y económicamente, solicitar a las personas jubiladas adecuadas para cada caso que, de manera voluntaria, en días y horarios a concretar, más reducidos que la jornada normal, atendieran esa necesidad o prestación de servicio, con alguna forma de compensación de diversa índole que recibiría de quien hubiera realizado el encargo.
  • La iniciativa correspondería a las administraciones públicas, las instituciones culturales y de servicios sociales, el asociacionismo en general, y la iniciativa popular regulada. Se trataría de crear la figura del voluntario incentivado, al margen de su pensión y sin disminución de ella.
  • Tal vez debería establecerse un acuerdo entre la administración competente, la Seguridad Social, patronales y sindicatos, y crear la correspondiente legislación que lo permitiera en determinados casos, sin que ello afectara la situación del pensionista.

domingo, 14 de diciembre de 2014

Con las “cosas de comer” no se juega



Publicado en revista "DON BOSCO "
 antiguos alumnos y alumnas salesianos Baracaldo
Por Ismael Arnaiz Markaida

Seguramente que todos, alguna vez, les hemos dicho a nuestros hijos cuando eran pequeños que “con las cosas de comer no se juega”. Pero es que ahora se lo tenemos que decir a nuestros gobernantes, y no es porque sean, precisamente, niños, aunque muchas veces se comporten como tales, pero me atrevería a asegurar que algún lector o lectora dirá que sí son como niños, pero como niños malos.

Y es que me producen una gran tristeza las noticias de la cantidad de personas, y mucho más si son niños, que, en nuestro país, en pleno siglo XXI, están pasando hambre. Que no tienen asegurada la dieta alimenticia mínima para un mantenimiento y desarrollo adecuado de la salud.

Y eso es responsabilidad de nuestros gobernantes, de esos que, como decía antes, se comportan como niños malos, y juegan con las cosas de comer, y transmiten la idea de que el problema se resuelve con las masivas recogidas de alimentos que se hacen en determinadas fechas del año.

Campañas promovidas y desarrolladas, de forma ejemplar y solidaria, por organizaciones como el Banco de Alimentos (por cierto, llamarle “banco” a esto, tiene su guasa), gestionados mayoritariamente por personas mayores, y que, paradójicamente nació para evitar el despilfarro de alimentos en un periodo de bonanza económica y que ha sabido dar un giro a sus objetivos, y servir para cubrir las deficiencias alimenticias de infinidad de familias. Y estos, los del Banco de Alimentos, son los que no juegan con las cosas de comer, pues se lo toman muy en serio.

 
En cambio nuestros gobernantes están a otras cosas, y no me gustaría darles ideas, pero al ver las colas en los Bancos de Alimentos para recibir comida, me he acordado de las colas que, entre 1939 y 1952, hacíamos la mayor parte de los españoles en las tiendas de comestibles, con la Cartilla de Racionamiento en la mano, para comprar lo que la Comisaría General de Abastecimientos y Transportes tenían a bien concedernos.


Esperemos que llegue pronto un nuevo 15 de junio de 1952, fecha en la que se eliminó el Racionamiento de Alimentos y su  carismática Cartilla con los preciados “cupones”, y que las buenas personas que gestionen el Banco de Alimentos se puedan dedicar a otras cosas. Eso querrá decir, tal vez, que nuestros gobernantes han dejado de jugar con las cosas de comer, y se comportan como niños buenos.