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viernes, 20 de diciembre de 2019

Leyendas de Toledo


La grandeza de Toledo no solo se puede medir por la belleza de sus calles o el sabor de sus tradiciones, sino que solo hemos de sumergirnos en su historia para comprobar que estamos ante una ciudad única. Muchos son los asuntos que se han despachado en la capital castellano-manchega y numerosas las leyendas que han llegado hasta nuestros días.
El Pozo Amargo
En la calle que lleva su nombre se encuentra el famoso Pozo Amargo, llamado así por los sucesos que al parecer acaecieron allí en plena Edad Media. Cuenta la leyenda que el cristiano Fernando y la judía Raquel cayeron rendidos en los brazos de Cupido. Sin embargo, sus diferencias religiosas impedían que ese amor pudiera llegar a buen puerto, de modo que se encontraban a escondidas junto a un pozo. Allí estaban seguros pues era una zona poco transitada. Pero estaban equivocados, el padre de Raquel fue testigo de uno de esos encuentros y entró en cólera. Ni corto ni perezoso sorprendió a los enamorados y clavó un puñal en la espalda de Fernando, que muerto cayó al pozo.
Aquel suceso destrozó a su amada, que cada noche iba a llorar a su antiguo amor. Y se dice que tantas fueron las lágrimas que brotaron de sus ojos y cayeron al pozo que el agua se tornó amarga. De hecho, tal fue la pena que una noche, creyendo escuchar a su amado desde el fondo, Raquel se dejó caer, perdiendo también su vida.
Florinda la Cava
Esta leyenda cuenta el porqué de la invasión árabe a la Península Ibérica, aunque, como es evidente, las razones fueran otras de índole militar, religioso y político. El caso es que Florinda era hija del Conde Don Julián, que decidió enviarla a Toledo para que recibiera una buena educación.
Una vez allí, a la muchacha, que destacaba por su gran hermosura, se le ocurrió bañarse a orillas del río Tajo junto a otras doncellas, con la (mala) suerte de que rey Rodrigo, a la postre último monarca visigodo, la vio. Enaltecido por la pasión, Rodrigo decidió que debía poseer a Florinda y, claro está, la joven no pudo negarse (hay fuentes que hablan de que ella le sedujo y otras de que fue violada). Este hecho llegó al conocimiento de su padre, que ante tal afrenta, decidió vengar el deshonor de Florinda ayudando a los musulmanes a cruzar el Estrecho de Gibraltar para enfrentarse a las tropas de Rodrigo.
El desenlace fue la derrota visigoda en Guadalete y la invasión de los territorios cristianos. Cabe añadir que la leyenda se hizo popular y que Florinda fue conocida como la Cava, que en árabe significa “mala mujer” o incluso “prostituta”.
El Cristo de la Calavera
Esta leyenda también hace referencia a asuntos amatorios. Y es que no hay mejores argumentos que los relacionados con el corazón. En esta ocasión, el de dos caballeros toledanos llamados Lope y Alonso enamorados de la misma dama: doña Inés.
Tal y como se hizo eco Gustavo Adolfo Bécquer en sus Leyendas, cuando a la dama se le cayó un guante, ambos pretendientes corrieron prestos a recogerlo. Lope y Alonso lo agarraron cada uno por un lado y se negaron a soltarlo. El amor de Inés así lo merecía. Entonces, el rey intervino y se lo devolvió a la dama. Sin embargo, los caballeros no quedaron conformes y se citaron para batirse en duelo.
Buscaron el lugar adecuado, en una calle cercana a la Plaza de Zocodover y desenvainaron sus aceros. Pero quedaron sorprendidos cuando en el momento en que chocaban sus espadas, la luz del candil se apagaba… para volverse a encender poco después. Así ocurrió varias veces y entonces comprendieron que se trataba de una señal de Dios para frenar el duelo. Volviendo juntos pasaron junto al balcón de Inés y se encontraron a un hombre descolgándose a escondidas desde el mismo después de dedicarse algunas carantoñas. la dama estaba con otro y entonces empezaron a reír a carcajadas.
Al día siguiente, cuando partían hacia la batalla, Inés esperaba ver quién de los dos había ganado, pero se encontró a Lope y Alonso cabalgando juntos y soltando una nueva carcajada al pasar a su lado.
La casa del diamantista
La cuarta leyenda nos lleva a orillas del río tajo, a una casa habitada en el siglo XIX por un famoso orfebre llamado José Navarro. Era tal su fama que Doña María Cristina de Nápoles, madre de la futura reina Isabel II le encargó que realizara la más bella corona real para su hija.
Debía estar preparada para el día de coronación, pero al orfebre no se le ocurría ningún diseño sobresaliente. No estaba satisfecho con sus ideas y el tiempo se le echaba encima. Un día, agotado por el cansancio, se quedó dormido en su estudio y al despertar se encontró con el boceto de una preciosa corona.
¿Cómo había ocurrido aquello? Ante la belleza de la misma, se puso a crearla, tallando piedras preciosas y moldeando sus formas. El día se acercaba y no paraba de trabajar. Tanto era así que cada noche caía rendido y se dormía en su taller y al despertar se encontraba con la labor acabada. Así que un día decidió fingir que dormía y cuál fue su sorpresa cuando presenció cómo pequeños duendes ataviados de ropajes con múltiples colores salían del río y se ponían a trabajar en la corona. A la mañana siguiente, la corona estuvo terminada y no hubo ninguna más bella.

martes, 12 de noviembre de 2019

No todas las religiones son de amor (2ª parte)


Pedro Zarrageta
En 1095, con la llamada a la primera cruzada se desencadenaron una serie de persecuciones contra los judíos en los que grupos de cruzados procedentes de Francia y Alemania. Las comunidades judías de Renania eran relativamente ricas, en parte debido a su aislamiento y en parte porque, al contrario de las comunidades cristianas, que solo trabajaban sus las tierras, los judíos podían dedicarse legalmente al negocio del préstamo de dinero. Además muchos cristianos se preguntaban por qué debían viajar cientos de kilómetros para luchar contra los no creyentes, si ya tenían grupos de ellos viviendo cerca de sus hogares. Personas que no practicaban la religión del amor.
Siguiendo con el relato de Maristella Botticini (catedrática de economía de la Universidad Bocconi de Milán) y de Zvi Eckstein (catedrático de la Universidad de Tel Aviv y decano de la facultad de economía del IDC Herzliya de Israel) en su libro “Los pocos elegidos”, de 622 a 1258, las grandes comunidades judías de Oriente Próximo, , norte de África, Península Ibérica, y la miríada de comunidades judías presentes en la Europa cristiana se transformaron en un amplio abanico de actividades urbanas, como la artesanía especializada, el comercio al por menor, mercaderes a larga distancia, el préstamo pecuniario, recaudación de impuestos, medicina y docencia. ¿Qué explica esta transición espectacular de los judíos? Es un hecho desconcertante.
Hacia 1100 el préstamo a interés era la ocupación por excelencia de los judíos. Y la consecuencia fue que a partir del 1250, más o menos, los judíos europeos han estado jalonados por episodios de persecuciones, conversiones forzadas al cristianismo, la amenaza constante de prohibiciones temporales, y expulsiones permanentes.
En 1275, el rey inglés Eduardo I dictó un decreto que prohibía a los judíos prestar dinero a interés, aunque les permitía dedicarse al resto de actividades: comercio, oficios artesanales, e incluso arrendar tierras, en vista de que los judíos al parecer no querían (o no sabían) ocuparse en labores agrícolas, artesanales o comerciales, el monarca promulgó un edicto en 1290 que los desterraba de Inglaterra. Cerca de 15.000 judíos prefirieron abandonar el país y emigrar a Flandes, Francia, Italia, Alemania, la Península Ibérica y, en pocos casos, al Magreb y a Egipto, antes que renunciar a prestar dinero y convertirse en agricultores o artesanos.

También en Francia, por el mismo motivo, 1182, bajo el reinado de Felipe II, fueron objeto de varios decretos de destierro. La última expulsión de los judíos franceses tuvo lugar en 1394, bajo el reinado de Carlos VI, tras la cual tardarían más de dos siglos en volver a ser readmitidos en Francia.
Las expulsiones en Alemania fueron más complicadas toda vez que los judíos desterrados de una ciudad o principado solían asentarse en otra ciudad o principado autónomos. Al igual que en otras partes de Europa, las expulsiones más considerables tuvieron lugar a raíz de la peste negra de 1348, y en 1394. Pero los numerosos edictos de destierro promulgados por las ciudades alemanas en los siglos XV y XVI indican que los judíos no tardaban en regresar a Alemania, a diferencia de lo que ocurrió en el caso de Inglaterra. En los siglos XIV y XV se produjo una gran oleada de migraciones de judíos procedentes de Alemania hacia Bohemia, Moravia y Polonia, oleada que contribuyó al crecimiento de las comunidades judías en Europa del Este, que hacia 1880 llegarían a rozar los cinco millones de individuos. Posteriormente en 1492, viene su expulsión de los reinos de España: Castilla y Aragón, en 1497 lo son de Portugal y en 1498 expulsados del reino de Navarra.
En Nápoles lo fueron en 1541. Génova para entonces ya había prohibido el acceso a este grupo en el pasado, procedió a vender como esclavos a los que accedieron sin permiso a su república. Los Estados Pontificios –donde se encontraba la sede de la Iglesia católica– también al final tuvieron que expulsarlos a finales del siglo XVI.

Con el movimiento sionista aparece el Irgún, popularmente conocido como Etzel, acrónimo de sus iniciales en hebreo Irgun Zevai Leumi. Fue una organización paramilitar y terrorista sionista que operó durante el Mandato Británico de Palestina, entre los años 1931 y 1948. Se estableció como una derivación militante de la Haganá. La Haganá fue una organización paramilitar de autodefensa judía creada en 1920, durante la época del Mandato británico de Palestina.
Después vino lo que ya conocemos, Hitler, y el antisemitismo del comunismo desde los inicios de la Revolución Bolchevique hasta al fin de la “Era Estalinista”. A pesar de que el comunismo se mostró en la propaganda como una ideología que rechazaba el racismo hacia los judíos, lo cierto fue que miles de hebreos serían asesinados por su condición a manos de las tropas soviéticas, primero en la Guerra Civil Rusa, luego en la Segunda Guerra Mundial, y finalmente en la Guerra Fría tras la Conspiración de las Batas Blancas de 1953. También posteriormente en 1968 en Polonia, miles de judíos fueron declarados enemigos del Partido Comunista y tuvieron que abandonar el país.
A la muerte de Adolf Hitler, los campos de concentración comenzaron a ser liberados, y muchos presos judíos optaron por “el ojo por ojo”. Así acaeció en centros de muerte como Dachau, donde los guardias germanos que guardaban el lugar fueron torturados por los mismos reos tras la llegada de los aliados.
Esas represalias aisladas pueden ser calificadas de minucias si se comparan con los planes de los autoproclamados «Vengadores», un grupo de medio centenar de judíos que, finalizada la Segunda Guerra Mundial, planeó envenenar y asesinar como represalia a más de seis millones de alemanes. Esta desconocida historia, ha sido desvelada por el diario « The Telegraph» y también por un nuevo documental llamado « Holocaust: The Revenge Plot» (producido por el británico «Channel 4»).
Hay también otras declaraciones como la de Joseph Harmatz, quien ha explicado que logró envenenar a unos 400 soldados alemanes en un campo de prisioneros de Núremberg.
Y termina la historia, que no termina, ocupando un territorio ya ocupado como lo habían hecho antes en tiempos bíblicos: Canaan, la vuelta de Egipto que como no encuentran ningún lugar libre, terminan destruyendo Jericó (lo de las trompetas). Y aquí vuelven a aplicar un ojo por ojo. Un el holocausto sobre un pueblo que no tuvo nada que ver con su holocausto.
Este es el recorrido de la religión sin amor a los que son diferentes, la del “diente por diente”.
Referencias

https://www.dw.com/es/polonia-y-el-destierro-de-los-jud%C3%ADos/a-42897873

domingo, 3 de noviembre de 2019

No todas las religiones son de amor


Pedro Zarrageta
No todas las religiones son del amor. Hay muy diversas religiones que propugnan cosas diversas, con lo que los humanos podemos elegir.
Por ejemplo hay una de ellas que es la del “ojo por ojo, diente por diente” (la ley del talión aparece en Éxodo 21:23-25, en Levítico 24:18-20 y en Deuteronomio 19:21), lo cual viene a ser algo así como “no me toques las narices que entonces voy yo y te rompo las tuyas”. Es cierto que esta religión tiene en sus orígenes un acierto ya que fue la primera religión monoteísta. Comprendieron que eso de que hubiese muchos dioses no podía ser posible.
Claro que este asunto monoteísta fue más bien resultado de un hijo contestatario a su padre más que “inspiración divina”. Abraham (1813 a. C. - 1638 a. C) era hijo de Teraj, allí en Ur (cerca de la desembocadura del río Éufrates en el actual Irak). Teraj era un tallador y comerciante-vendedor de imágenes de dioses que se adoraban en aquel entonces en el estado de Mesopotamia. Un día de fiesta en el templo, Teraj se fue a él con su familia, pero dejó a su hijo Abram al cuidado del negocio. A su vuelta se encontró la tienda en ruinas y al preguntarle a su hijo este le respondió: “Los ídolos empezaron a pelear y el ídolo más grande le pegó a todos los demás!”.
Lógicamente Teraj despachó de casa a su hijo Abraham y allá se fue con su monoteísmo. Abraham es considerado el primero de los tres patriarcas del judaísmo. La narrativa bíblica cuenta que es llamado por Dios a dejar la casa de su padre y establecerse en la tierra prometida de Canaán (Canaán es la denominación antigua de una región situada entre el mar Mediterráneo y el río Jordán y que abarcaba parte de la franja sirio-libano) a 1.600 km de distancia, y que por cierto ya estaba ocupada por otras personas, a los que desplazaron. ¿Os suena de algo esto?
En el 722 a. C. los habitantes del norteño Reino de Israel son expulsados a Asiria (una región del norte del actual Irak en torno a Mosul) como consecuencia de una guerra con los asirios. Posteriormente en el 586 a. C. los habitantes del sur tambien son deportados a Babilonia (a 100 km al sur de Bagdad) también como consecuencia de otra guerra. Luego volvían de donde habían sido desplazados, encontraban el territorio ocupado y lo volvían a conquistar desplazando a los allí establecidos.
Pasaron 1.700 años desde que se establecieron inicialmente en ese territorio para que un judío educado en esta religión les dijese: Ni hablar lo del ojo por ojo, diente por diente; la religión es amor; Y al que te hiriere en la mejilla, dale también la otra(Lucas 6:29, y Mateo 5:39).
Claro que esto no les gustó a sus compañeros de religión. Así que fueron a donde los Romanos que en aquel entonces era como acudir a los americanos (los dominadores del mundo) y les dijeron: “Éste, aunque sea de los nuestros, no nos gusta” “¿Y qué queréis que hagamos con él?”. “Crucifícalo”. Y los romanos creyendo que con esto aplacaban a aquellos judios tan protestones, lo hicieron. Pero no les sirvió de nada, porque 66 años después se metieron en guerra contra los romanos que no terminaron hasta el año 73 en que los romanos les aplastaron y solo se libraron los que huyeron con su ley del “ojo por ojo”. Pero esto no fue más que el comienzo. En el 115 los judíos mesopotámicos se rebelaron contra Roma, el emperador Trajano, a fin de consolidar la frontera oriental del Imperio romano lanzó una gran campaña contra el Imperio parto.
Así continuó el asunto de forma que desde la época de Jesucristo a la de Mahoma, el número de judíos experimentó un descenso de cerca de 4 millones: de entre 5 y 5,5 millones a comienzos del siglo I a tan solo 1 o 1,2 millones a comienzos del siglo VIII. Las matanzas relacionadas con la guerra y la reducción general de la población explican cerca de la mitad de esa disminución. (Referencia Los pocos elegidos. La influencia decisiva de la educación en la historia del pueblo judío, 70-1492. Maristella Botticini, Zvi Eckstein 2014)
Que paso entonces? Lo veremos en la próxima entrada