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viernes, 29 de diciembre de 2017

Los abuelos: maestros de toda la vida



Victoria Artiach
Psicóloga psicoterapeuta
publicado por Plusesmas.com
Los abuelos son canales indispensables para la transmisión cultural; la transmitieron a los hijos y siguen desarrollando esta función con los nietos. Tienen una gran importancia, silenciada por una sociedad que respeta poco o nada, el valor, la experiencia y la sabiduría que a lo largo de muchos años han podido desarrollar las personas mayores.
Debido a la complicada red económico social en la que estamos inmersos, muchos padres tienen que dejar a sus hijos al cuidado de los abuelos y suplir con ello el coste de una guardería o de personal escasamente cualificado. En otros casos, la vinculación con ellos puede no ser tan estrecha y ceñirse a periodos vacacionales exclusivamente o a esporádicas visitas. Sea de un modo u otro, esta relación familiar puede ser una vía para hacer a los nietos depositarios del potencial de conocimientos y experiencia que poseen los abuelos.
Cuando los nietos son adolescentes, la misión del abuelo o abuela puede extenderse más allá de ser meros cuidadores y convertirse en transmisores de habilidades u oficios, además de excelentes motivadores. Donde no llegan los padres, pueden llegar los abuelos, quienes gracias a la edad, se han vuelto más comprensivos, empáticos, y tienen tiempo para escuchar. (……)
A través del diálogo y la reflexión, se potencia y estimula la motivación necesaria para seguir descubriendo cada vez más, en un interesante juego de creatividad y activación mental. (……)
Para tener una buena y fructífera relación, los abuelos deberán buscar y potenciar, siempre, lo mejor que hay en cada uno de sus nietos.
Gracias a que los abuelos tienen permiso para «mal educar», mimando e intentando comprender mejor que lo hicieron con sus hijos, tienen acceso al corazón de sus nietos y con ello la clave para motivarlos. (……)
Padres y abuelos se sorprenden cuando observan que uno de sus hijos o nietos están desmotivados, abúlicos, faltos de interés y casi deprimidos. No se puede entender estas reacciones cuando se les da todo lo necesario para que sean felices. Hay una razón muy importante para estar con la moral por los suelos: baja autoestima.
Cuando un niño, tiene una mala imagen de sí mismo, no es fácil convencerlo de que está en un error. Los adolescentes pasan por etapas de inseguridad propias de una edad en la que ya no son niños y tampoco adultos. Las contradicciones forman parte del pensamiento y, por lo tanto, la confusión y, al mismo tiempo, la arrogancia de creer que están en posesión de la verdad los lleva a chocarse incesantemente con todo el mundo y consigo mismos, pasando de un extremo a otro, sin lograr un mínimo de equilibrio. Se enfrentan a los padres, pues necesitan crear su propia identidad y ser diferentes a ellos. Al mismo tiempo, quieren ser iguales que sus compañeros, aunque no del todo.
Establecen una dinámica competitiva en la que nunca se sienten lo suficientemente bien, siempre creen que hay alguien mejor. En resumidas cuentas es una etapa, psicológicamente hablando, terrible, contradictoria, y aunque se nos ha olvidado, nosotros también hemos pasado por ella.
Es muy importante escuchar atentamente los motivos que tienen los jóvenes para sentirse mal o confusos. Tendemos a minimizar sus complejos y dificultades lo que los hace sentirse más incomprendidos y distantes de los mayores. (……)
Pedro decidió ir a pescar con su nieto todos los sábados. Juntos se organizaban el día, y pasaban largas horas en plena naturaleza, lo que permitió gozar de un tiempo maravilloso para poder compartir secretos y confidencias. A las cuatro sesiones de pesca, Pedro supo que la indecisión de su nieto era provocada por miedo de no estar a la altura y defraudar a sus padres. Se sentía internamente presionado por exigencias propias y ajenas. En este caso, Pedro se convirtió en un excelente mediador. Pidió a la familia que confiaran más en él y aceptasen que necesitaba tiempo para reflexionar antes de decidirse; a su nieto le ayudó a valorarse a sí mismo.
Los abuelos tienen mucho que enseñar. Poseen «trozos» de historia vividos por ellos mismos que pueden transmitir. Tienen conocimientos y habilidades que no deben perderse. Han almacenado montañas de experiencias que pueden mostrarnos diferentes modos de vivir, y cómo afrontar las dificultades o las alegrías de la vida. (……)
En muchas ocasiones, he escuchado frases de reconocimiento de los nietos hacia sus abuelos. Personas de no importa qué edad ni de qué clase social o cultural sean, recuerdan con cariño lo que les enseñó o hizo por ellos un abuelo o abuela. He observado gestos de emoción y ternura por esa actividad callada, en ocasiones poco valorada, de los abuelos para con sus nietos. Los «mal educadores» poseen mayor capacidad de comprensión y paciencia; cualidades estas que han ido adquiriendo con la madurez y el sentido común. Han tenido y tienen una gran importancia en la transmisión cultural de todos los pueblos.

martes, 9 de mayo de 2017

Los abuelos de entonces




Abel Hernández
Escritor y periodista
Me parece que en estas cartas no te he hablado todavía con algún detenimiento del trato que recibían los mayores en el pueblo cuando yo era niño. Eran tiempos en que regía la familia patriarcal. La casa era para toda la vida y pasaba de padres a hijos, de una generación a otra.
Allí se nacía, se vivía y se moría, al lado de los animales domésticos y con el recuerdo visible de los antepasados.
Los abuelos convivían en la misma casa con los hijos y con los nietos. El respeto a los mayores constituía una regla sagrada. Regía el principio de autoridad, matizado por el afecto. Los abuelos ocupaban físicamente un lugar destacado en el hogar en tomo al fuego, y se les escuchaba con atención. Los hijos y los nietos los tratábamos siempre de usted. El tuteo no se usaba. Tú eres de una generación en la que se ha impuesto el tú por tú y se han roto por primera vez las reglas establecidas. No sé si esta ruptura tiene que ver con la "revolución de las costumbres" de mayo del 68, que yo viví en la Universidad de Madrid y aquel mismo verano, en París. Habiendo sido testigo directo y activo del cambio, lo más que me atrevo a decirte es que esto tiene ventajas e inconvenientes. En unas cosas hemos avanzado y en otras hemos retrocedido. "¡No sé adonde vamos a llegar!", era una de las frases que más oía yo de niño. Imagínate lo que dirían ahora mi abuelo Natalio y mi abuela Bibiana si levantaran la cabeza.
Me parece que la pérdida de respeto a los mayores, la atomización de la familia, la desconexión entre las distintas generaciones y el exceso de individualismo son algunos de esos inconvenientes. Nunca debería romperse el diálogo entre abuelos y nietos.
Este trato afectuoso alegra la vida de los mayores y ayuda a formar la personalidad de los chicos. La ruptura abrupta del cordón de la tradición conduce a perder las referencias esenciales e ir a la deriva.
En algo no hemos cambiado mucho, a pesar de todo. Siguen siendo, por regla general, los hijos los que se ocupan de sus padres cuando son mayores y no pueden valerse por sí mismos, bien llevándoselos a su piso o bien trasladándolos a una residencia. Y son, con frecuencia, los abuelos en buen uso, cada vez más abundantes, los que se encargan de los nietos mientras los hijos trabajan. En mi pueblo, cuando enviudaban y no podían valerse por sí mismos, solían ir por meses de una casa a otra de los hijos, a veces de forma agradable y a veces no tanto. Ocurría con frecuencia que se congeniaba mejor con unos hijos que con otros, con lo que esta peregrinación obligada podía convertirse en un calvario. Por lo demás, la pensión era mísera y los cuidados sanitarios apenas existían.
El que no cojeaba, renqueaba, caminando con su cachaba por las calles sucias y mal empedradas, viendo ya, como dice Ortega, "la espalda de las cosas", mientras vosotros, los jóvenes, veis la cara de las mismas cosas. Por eso somos complementarios.
Es la única manera de tener una correcta visión de k vida que pasa: de lo que se va y de lo que llega. Seguramente lleva razón Rousseau: "La juventud es el momento de estudiar la sabiduría; la vejez, el de practicarla".
¡Cuánta sabiduría se pierde cuando a los mayores se les somete al silencio

domingo, 23 de febrero de 2014

El envejecimiento. Reflexión personal



por María Alonso Trueba
alumna de 4º Educación social
en prácticas en Hartu-emanak

Las percepciones que unas personas tenemos acerca de otras juegan un papel importante en nuestra voluntad de acercarnos y mantener relaciones con otros. Se ha planteado mucho el tema de cómo son percibidas las personas mayores por el resto de miembros de la sociedad. Según estudios contrastados las personas mayores son percibidas por la sociedad, sobre todo, como molestas, inactivas, y tristes y dependientes. Esta visión contrasta con la que tienen las personas mayores de sí mismas: más divertidas, menos tristes y más activas de lo que los demás piensan. Lo preocupante de datos como estos es que muchas personas mayores tienden a comportarse en base a la imagen dominante de la sociedad que según mi punto de vista, otro motivo para impulsar relaciones intergeneracionales positivas, que mejoren la imagen que las generaciones más jóvenes tienen de las personas mayores.
Otro punto que quiero destacar son las relaciones abuelos-nietos, suelen ser positivas, y se ponen en marcha sobre la base del respeto y del cariño. La gran mayoría de las personas mayores se sienten bastante o muy satisfechas con su relación con los nietos; y, en el caso de actuar de cuidadores, prevalece la sensación de que cuidar a los nietos es más un placer que una obligación.
En cuanto al entorno creo que pretende adoptar una visión del envejecimiento como un proceso natural en la vida de las personas, una experiencia positiva, y no como un problema. Que requiere un cambio de las actitudes sociales, a partir de la superación de aquellos discursos que transmiten un concepto de persona mayor pobre, infantil y limitado. El objetivo que el contexto social persigue es conseguir la inclusión y participación activa en la sociedad del colectivo de personas mayores, en todas las esferas y dimensiones de la política, y en contra de una “exclusión por edad”.
El envejecimiento positivo tiene que ir más allá de la participación de las personas mayores en iniciativas solidarias. La incorporación de las personas mayores en otras dimensiones como fuente de participación social es necesaria para que se represente la realidad de las personas mayores y su aportación a la sociedad, centrándose no solo en el cuidado de los nietos ni en el bienestar social.

domingo, 19 de enero de 2014

De abuelos y Nietos



por Ismael Arnaiz Markaida
Hartu-emanak
Actualmente existe una mayor relación entre abuelos y nietos, estableciéndose así un nuevo medio de contacto intergeneracional, “un contacto que, “bien administrado”, puede suponer un aspecto positivo en la comunicación intergeneracional”.
Como lo de “bien administrado”, puede ser mal interpretado, voy a intentar explicarme, partiendo de la premisa de que el encuentro de los abuelos con sus nietos es siempre muy enriquecedor para ambas partes.
Sabemos que a muchos niños les encanta estar con sus abuelos por diferentes y variadas razones. Algunos porque al lado de los abuelos no existen tantas órdenes ni obligaciones, otros porque pueden hacen cosas distintas con ellos, realizar una infinidad de actividades sintiéndose más libres. Algunos nietos ven a sus abuelos como un amigo, una especie de guía, divertidos, cariñosos, mimosos y que les gusta estar con ellos.
Por lo general, los abuelos sienten mucho placer con sus nietos. Estar con ellos es también una forma de renovarse personalmente. Es tener más participación en la familia y sentirse más jóvenes y actualizados. Se aprende mucho con los niños. Pueden contribuir con su experiencia en momentos de crisis familiar, tanto en el sentido psicológico, como en el económico, si se puede y es necesario. Pueden cuidar de los niños cuando los padres no lo pueden hacer. Eso es beneficioso para los niños y para los abuelos porque se sentirán más útiles, más considerados y más valorados. Además, pueden transmitir valores familiares y mantener el vínculo entre las generaciones. Las historias de familia les encantan a los niños, y contribuyen en su desarrollo psicológico. Pueden ayudar en la educación, incidiendo en la comunicación entre padres e hijos y actuando en no pocas ocasiones como mediador.
Pero no todo es idílico y por ello invito a quienes tenemos nietos, a que reflexionemos sobre las siguientes cuestiones.
¿Por qué los padres eligen la opción de los abuelos canguros?: ¿porque les ofrecen más confianza? ¿porque no tienen horarios?.....¿porque el cuidado que realizan es gratis?
¿La tarea del cuidado de los nietos se asume desde la libertad de los abuelos, a hacerlo o no hacerlo? ¿limita, gravemente, su tiempo para hacer otras cosas? ¿les hace sentirse agobiados? ¿llegan a sentir lo que algunos especialistas han denominado como síndrome de la abuela esclava?
La Doctora Pinazo, en su libro titulado Guía para los Canguros” del Siglo XXI afirma que “si los abuelos presentan alguna de estas dificultades, lo mejor es comunicarse con sus hijos de un modo sincero y establecer los límites que garanticen una relación equilibrada y saludable entre abuelos, padres y nietos”. Y añade que “los abuelos que participan en el cuidado de los nietos deben tener tiempo también para su propio cuidado, hacer ejercicio y acudir a sus revisiones médicas, sin privarse de actividades de ocio y relaciones sociales”. Y concluye: “de esta forma toda la familia a su alrededor se verá beneficiada”.
Y yo añado: de esta forma, las relaciones y la comunicación entre abuelos y nietos estará “bien administrada”.

viernes, 6 de diciembre de 2013

La ignorada y ocultada discriminación contra los ancianos



Por Vicenç Navarro
Publicado en Publico.es
5 diciembre 2013
Catedrático de Políticas Públicas. Universidad Pompeu Fabra, y Profesor de Public Policy. The Johns Hopkins University
España es el país, de los muchos en los que he vivido en mi vida –Suecia, Gran Bretaña, EEUU y España-, donde hay más discriminación en contra de los ancianos, y donde hay menos conciencia generalizada de la existencia de dicha discriminación. Está ocurriendo con los ancianos una situación semejante a la que ha venido ocurriendo con la discriminación de las mujeres, discriminación que continúa existiendo pero que, por fin, se admite que existe. Con los ancianos existe, pero todavía no se percibe o reconoce como discriminación.
Como ocurre en el caso de la mujer, tal discriminación permanecía oculta bajo el caparazón de la caballerosidad, en que  siempre se prestaba especial atención en la cultura latina a las mujeres. Se las dejaba pasar abriéndoles la puerta, y los caballeros se quitaban el sombrero para saludarlas. Las buenas maneras caballerescas eran siempre indicador del supuesto trato diferencial y deferencial hacia la mujer, en teoría, el centro de atención, atención caballeresca detrás de la cual existía y continúa existiendo una brutal discriminación.
Algo semejante ocurre con los ancianos, a los que se trata, en teoría, con gran amabilidad. En realidad, el término ampliamente utilizado para definir a los ancianos es el de abuelos, que da la impresión de estima y cordialidad. Llamar a una persona anciana desconocida con el nombre de abuelo es, sin embargo, un término ofensivo y condescendiente en extremo cuando es utilizado por personas que no tienen ningún parentesco con el anciano. Cuando mi nieto me llama abuelo me gusta. Cuando una persona desconocida en la calle me llama abuelo, me molesta. Siempre recordaré a mi padre, una persona muy representativa de la generación de republicanos que perdieron la guerra, que siempre mantuvo su gran dignidad y el orgullo de su pasado, que cuando alguien desconocido le llamaba abuelo, le contestaba “Mire usted, yo no soy su abuelo ni deseo serlo. Llámeme Sr. o Don Vicente”. Esto es lo que me pasa a mí y a millones de ancianos en este país. Y ya no digamos cuando se refieren a los ancianos como viejos, lo cual todavía se utiliza ampliamente como insulto, como puede el lector atestiguar leyendo algunos comentarios hostiles a mis artículos que aparecen en los diarios digitales en los que publico.
Es fácil ver la discriminación hacia los ancianos diariamente. Pequeños detalles saltan aquí y allá. Y como ocurre con todas las discriminaciones, los que discriminan, en su gran mayoría, ni se dan cuenta de ello, pues reproducen una cultura que es altamente discriminatoria. En realidad, los ancianos raramente aparecen en los medios de mayor difusión en los países latinos. Siempre recordaré que una de las cosas que me impresionó más favorablemente cuando viví en Suecia (siendo yo joven) fue ver que la periodista que daba las noticias en la televisión pública de mayor difusión era una mujer de avanzada edad. Nunca lo había visto ni lo he visto en España. En los países latinos, en general, los presentadores son jóvenes, y si son mujeres (reflejando el machismo de la sociedad) tienen que llevar un escote muy amplio. Y raramente se ven películas o programas de televisión que se centren en personajes ancianos. Los ancianos están ya marginados, esperando que se vayan, y algunos incluso les empujarían para que lo hicieran lo antes posible. Como dijo un ministro de Economía y Finanzas del gobierno japonés, “el deber patriótico de los viejos es que se mueran cuando les corresponda” (es decir, lo más pronto posible). Muchos economistas neoliberales lo piensan, pero no lo dicen.
¿Lucha de generaciones o lucha de clases?
Esta manera de ver a los ancianos ha alcanzado su expresión máxima en la discusión sobre las pensiones, que se ha caracterizado precisamente por esta discriminación. Se presenta constantemente la imagen de que la sociedad no podrá pagar las pensiones, pues hay demasiados ancianos y muy pocos jóvenes. Esta aseveración ha alcanzado el nivel de dogma. No se aclara por qué, si la sociedad es cada vez más rica, no puede pagar las pensiones de aquellos que han creado la riqueza. En todos los países de la OCDE, el PIB per capita ha crecido más rápidamente que el porcentaje de la población anciana o el alargamiento de la esperanza de vida. Ello no es obstáculo para que los establishments financiero, económico, político y mediático españoles estén, cada vez más, subrayando que la sociedad se gasta demasiado en los ancianos y muy poco en los jóvenes. La última versión es la del Profesor Antón Costas que, en su columna semanal en El País, indicó este pasado domingo (01.12.13) que España se gasta demasiado en pensiones y muy poco en jóvenes. En otras palabras, el mensaje que se transmite es que los ancianos viven mejor a costa de que los jóvenes vivan peor. La explotación de clase ha sido, así, sustituida por la explotación de unos grupos etarios –los ancianos- sobre otros –los jóvenes-.
Los datos muestran, sin embargo, la falta de credibilidad de esta postura. España se gasta mucho menos en pensiones de vejez (6,9% del PIB) que el promedio de la UE-15 (el grupo de países de la UE de semejante nivel de desarrollo económico al español, 9,7% del PIB) y menos de lo que se tendría que gastar por el nivel de desarrollo que tiene. Y, mira por dónde, todos los países que se gastan poco en los ancianos se gastan también poco en los jóvenes. El gasto de educación en España (que beneficia sobre todos a los más jóvenes) es también de los más bajos de la UE-15 (4,97% del PIB versus 6,14% en la UE-15). El problema no es, pues, que se gaste poco en los jóvenes porque se gasta demasiado en los ancianos, sino que el Estado se gasta muy poco, tanto en las transferencias públicas (como las pensiones) como en los servicios públicos (como educación) del Estado del Bienestar. Y ello como resultado de que el Estado recauda menos ingresos de lo que debería recaudar por el nivel de riqueza que tiene (los ingresos al Estado representan sólo un 31% del PIB. El promedio en la UE-15 es un 44%). España es el país que tiene un Estado más pobre, y ello a pesar de que su PIB per cápita (que mide la riqueza del país) es ya casi el promedio de la UE-15, el grupo de países más ricos de la Unión Europea.
La causa de que el Estado (incluyendo sus comunidades autónomas) ingrese tan poco no es porque la gente que trabaja, la mayoría de la población adulta, no pague impuestos. En realidad, la gente que está en nómina ya paga cantidades y porcentajes semejantes al resto de la UE-15. El problema no es la mayoría, sino la minoría de gente súper rica (que deriva sus ingresos del capital) y rica, que apenas pagan impuestos. Las grandes fortunas, las grandes empresas y la banca pagan mucho, mucho menos de lo que usted y yo pagamos. Y ahí está el problema. Es lo que se llamaba antes “la lucha de clases”, que aquella minoría súper rica y rica (el 10% de la población) gana diariamente, término que ya no se utiliza en los medios de información (que aquella minoría controla) por considerarse un término anticuado, sustituido ahora por un término y concepto más “moderno”, la lucha de generaciones. ¿Lo entiende? Ni que decir tiene, este artículo no se aprobaría para su publicación en ninguno de los medios de mayor difusión, mostrando la falta de credibilidad democrática que tienen los mayores medios de información en nuestro país. Ruego al lector que lo distribuya lo más ampliamente posible.

domingo, 17 de noviembre de 2013

La Relación abuelos-nietos



La Relación abuelos-nietos ¿Cuidar, Criar, Apoyar?

por Sacramento Pinazo
Experta en relaciones intergeneracionales
II Jornadas de Hartu-emanak en favor del diálogo entre generaciones
(Publicado en Gara el 22 mayo 2011)
Profesora de Sicología social de la Universidad de Valencia, es una veterana experta en envejecimiento activo y en las relaciones intergeneracionales. Ha estado en Bilbo para hablar de las relaciones entre abuelos y nietos, invitada por la asociación de mayores Hartu-emanak.

«Las abuelas por parte materna son las preferidas de los nietos, pero por decisión de las madres»

Cuenta, en primera persona, que antes de dar a luz su madre, profesora a punto de jubilarse, le advirtió: «Yo no voy a cuidar a tu hijo; si me necesitas para momentos puntuales, ahí estaré, pero no para cuidarle todo el día. Me jubilo y quiero hacer muchas cosas».
Sacramento Pinazo, experta en relaciones intergeneracionales y profesora de Sicología Social, asume que para mucha gente, muchos abuelos y abuelas, esta postura puede pecar de egoísta. Sin embargo, es tan respetable, entiende, como la de «la futura abuela que le dice a su hijo o hija que tenga descendencia si quiere, que ella está dispuesta a cuidar de esos niños que vengan». Es más, abuelos y abuelas de hoy, “condenados” en demasiados casos a hacerse cargo de sus nietos, observan con envidia esa postura “egoísta”.
Los llaman abuelos-canguro, abuelos-cuidanietos, hasta ha nacido ya un nuevo síndrome como es el de la abuela-esclava. ``La relación abuelos-nietos: ¿Cuidar, criar, apoyar?'' es el título de la conferencia impartida por esta profesora con más de quince años de investigación en este campo de la intergeneracionalidad. «Lo que queremos observar es si es más lo malo o es más lo bueno de tener que cuidar a los nietos», anticipa.
En EEUU, comenta esta experta, lo llaman el «rol sin rol», o lo que es lo mismo, los abuelos y abuelas han sido empujados a hacer de padres, de maestros, «pero en realidad no lo son; hacen cosas de padres y maestros, pero su papel no está claro». Pinazo rechaza, por ejemplo, el «mal uso del término abuelo», por estar ligado a personas por encima de los 65 años, «que ya no valen». En cambio, propugna, «ser abuelo es una segunda oportunidad para la paternidad, sobre todo en el caso de los hombres, que muchos se la perdieron. “Hago con mi nieto cosas que nunca pude hacer con mis hijos”, dicen algunos».
Una segunda oportunidad cargada, además, de una dilatada experiencia sobre la vida. Dice un proverbio africano que la vida de un individuo no está completa si no tiene abuelo. Por eso, su presencia en la vida de sus nietos es un aporte cuyo valor muchas veces se pasa por alto. «Los nietos suelen decir que aprenden muchos valores de sus abuelos», apunta Pinazo.
Por ejemplo, los estudios señalan que una de las actividades que los abuelos realizan más frecuentemente con sus nietos es hablar. De sus respectivas vidas, del colegio, de deportes, de los amigos. «Las conversaciones con los abuelos se dan en una atmósfera de paz, entendimiento, escucha activa y tolerancia, algo que no siempre ocurre con los padres», considera Pinazo.
Parece evidente la necesidad de formar parte activa de esas pequeñas vidas, pero el problema viene a la hora de establecer en qué medida y cómo. Esta profesora valenciana apuesta por ello, «pero sin pasarse, porque en el punto medio está la virtud». A su juicio, «los abuelos requieren seguridad en sí mismos para ejercer con naturalidad su función de cuidadores, y, para ello, se hace necesario el diálogo con sus hijos». Para ella es clave. «La relación que yo tenga con mis nietos, dependerá mucho de la relación que yo tenga previamente con mis hijos, o sea, sus padres». Diálogo y establecimiento de unas reglas, sostiene.
Esa buena relación con los nietos dependerá también de muchos factores, como la edad de los abuelos, el género, su salud, la distancia de residencia..; y -llama la atención esta experta- el linaje. «Todos los estudios revelan que los nietos prefieren más a sus abuelas por parte materna. Éstas ganan por goleada en el ranking de preferencia de los nietos, seguidas de los abuelos por parte materna, la abuela por parte paterna y, el último, el abuelo por parte paterna. Y tiene su sentido: las mujeres tendemos a ir más a casa de nuestras madres. Al final, los abuelos maternos están más implicados en la crianza del nieto, pero sobre todo por decisión de las madres», explica.
Canguros o cuida-nietos, su papel es fundamental hoy para conciliar la vida familiar y laboral. Pero Pinazo reflexiona: « ¿Corresponden luego los hijos con el sacrificio que hacen los abuelos con sus nietos?».