domingo, 28 de junio de 2015

El legado del abuelo



Hartu-Emanak reivindica el papel del mayor como transmisor de cultura en el Día Europeo de la Cooperación entre Generaciones

Por EVA MOLANO
Publicado por El Correo30-abril 2011

La jubilación no es el fin de una vida productiva, si no el principio de otra igual de provechosa y mucho más gratificante. Eso es lo que opinan los miembros de la asociación bilbaína Hartu-Emanak, volcada en el aprendizaje permanente y la participación social de las personas mayores. Una entidad con cada vez más arraigo en la sociedad vizcaína y que ya supera el centenar de socios, una extensa red de colaboradores y el apoyo de instituciones como la Diputación y los ayuntamientos de Bilbao y Barakaldo.
Los integrantes de este organismo quieren romper con las estampas llenas de tipismo concebidas sobre la tercera edad -chicharrillos, costura y huerta- y reivindicar el papel de los jubilados no sólo como ciudadanos activos, si no como transmisores de la cultura y del conocimiento. Porque la experiencia es un grado. De hecho, muchos de sus programas van encaminados a que los jóvenes aprendan de la historia viva que representan y que, gracias a ese contacto, los mayores se enriquezcan y no se 'descuelguen' de la actualidad.
Y con motivo del día europeo para la solidaridad y la cooperación entre generaciones, que se celebraba ayer, los miembros de Hartu-Emanak aprovecharon para reivindicar los beneficios de proyectos que rompen barreras entre las personas en diferentes etapas vitales. Por ello, la Asociación ha convocado la cuarta edición del concurso literario 'El legado de nuestros mayores', que trata de recuperar historias, leyendas y tradiciones orales transmitidas de generación en generación.
Historias en los colegios
Los jóvenes deben identificar a las personas que les han transmitido esas historias, anécdotas o experiencias personales. El plazo de presentación finaliza en noviembre y la entrega de premios se celebrará en Navidad en el Salón de Actos de la biblioteca de Bidebarrieta. «Se llena de niños, jóvenes y mayores que dan lugar a un encuentro intergeneracional de mucho valor», explicó Félix Hernando, responsable de la iniciativa. Los trabajos premiados son editados en una publicación que se difunde entre escuelas y bibliotecas.
Además de jornadas, charlas y actividades, la asociación desarrolla desde 2004 el proyecto 'Barakaldo, ayer' en centros escolares de esta localidad. Se trata de una campaña que lleva a varios jubilados a los colegios para contar la historia del siglo XX en el municipio a los chavales de 13 a 15 años. «Hacen más caso a una persona que ha vivido en primera persona un hecho histórico que a un libro. Además, aprenden a reconocer el esfuerzo y la aportación que han realizado a su presente las generaciones anteriores», explica Hernando.
Ahora, Hartu-Emanak trabaja para extender este proyecto fuera del ámbito escolar y a otros municipios. Este año, 903 alumnos de 12 centros han aprendido la historia de su pueblo de mano de sus mayores, y, desde que comenzara el programa, 3.592.

domingo, 14 de junio de 2015

Derechos de las personas mayores



Derechos de las personas mayores
Hartu emanak
Si consideramos la “vulnerabilidad” como la falta de capacidades de un individuo o un grupo para satisfacer la mayoría de sus necesidades básicas, y consideramos la “discriminación por edad” al conjunto de acciones u omisiones que tienden a tratar al individuo o a una colectividad con estándares inferiores en comparación con otros que no son miembros de esa colectividad definida en función de la edad, podemos concluir que la comunidad internacional ha reconocido explícitamente los derechos humanos de grupos vulnerables específicos, tales como las mujeres o los niños, pero no ha hecho lo mismo con el grupo vulnerable de las personas de edad avanzada (Ferrer Lues y Peláez, 2001).
En relación a ello, y aunque no se dedica de forma expresa a las personas mayores, hay que hacer mención a la Carta Internacional de los Derechos Humanos, que comprende la Declaración Universal de los Derechos Humanos, el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos y el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales. Los pactos son textos generales, auténticos tratados internacionales destinados a la protección de los derechos de todas las personas. La Declaración Universal es una Resolución, concretamente la 217 (III), votada por la Asamblea General de las Naciones Unidas el día 10 de diciembre de 1948. Su condición formal no es, en consecuencia, la de un tratado internacional, que para su incorporación al ordenamiento ha de celebrarse válidamente y publicarse con carácter oficial. Sin embargo, no resultaría adecuado a la realidad de la sociedad internacional contemporánea limitar pura y simplemente las características de aquella Declaración a las que definen cualquier otra resolución emanada de la Asamblea General (Saiz Arnaiz, 1999).
Estos textos tienen, como se señala anteriormente, carácter general, por lo que no incorporan en su articulado relaciones de derechos que correspondan específicamente a las personas mayores. Sin embargo, comprenden derechos cuyo disfrute corresponde de forma exclusiva a éstos, como el derecho a la protección en la vejez, o derechos que tienen gran importancia para las personas de edad avanzada, como el derecho a recibir servicios sociales o a disfrutar de un nivel de vida adecuado.
No obstante, la práctica totalidad de los derechos que se recogen en estos instrumentos tienen un destinatario general, las personas, con independencia de su sexo, edad, raza, confesión religiosa o afiliación política. Estos derechos, con mayor o menor grado de desarrollo, se han ido incorporando a las constituciones, entre ellas a la española, y han ido penetrando, en cascada, en muchos sectores del ordenamiento jurídico, incluidas las leyes dedicadas a las personas mayores de buena parte de las comunidades autónomas existentes en España. Se trata, a juicio de Paneque (2007), de un error, pues la repetición en cascada de derechos ya proclamados no contribuye a hacer éstos más efectivos sino que, al contrario, diluye en un listado desproporcionado los derechos específicos que el ordenamiento jurídico reconoce a un colectivo determinado, y complica su aprehensión y conocimiento por parte de los destinatarios de los mismos.

domingo, 31 de mayo de 2015

El 'mayor' que hay en cada uno



Por Marcela Nora Stanek
vicepresidenta y mediadora de AMME
Publicado en EntreMayores el Miércoles
15 de Octubre de 2014


Sin duda todos somos “mayores” para alguien: a los 35 somos mayores para los jóvenes de 20, a los 45 somos “viejos” para los alumnos de la ESO. Pero… ¿qué es “ser mayor”? Nos hacemos mayores cuando envejecemos, pero hay tantas maneras de envejecer como de vivir. Imposible definir “ser mayor” de manera universal. Y nuestra manera de vivir hoy configura nuestra manera de “ser mayor” de mañana. También nuestra manera de mirar a los mayores construye nuestro “ser mayor” del futuro. ¿Qué vemos en las personas mayores? ¿Qué estamos construyendo?
Esa mirada condiciona nuestra comunicación. En cada palabra, en cada gesto, en cada silencio, y en cada acción, estamos revelando nuestra imagen interior de la persona mayor. Y allí podemos encontrar respeto, valoración, admiración, cariño, gratitud… Pero también podemos encontrar diferencias, cambios, temores, impaciencia y faltas de aceptación…
Comunicarse no siempre es fácil. Menos aún cuando las diferencias generacionales son marcadas. Pero es muy importante para que la vida de nuestros seres queridos mayores sea fecunda en cada uno de nosotros, para que podamos recibir de ellos el mensaje que nos quieran dar, para poder resolver de manera positiva los conflictos que se hayan ido generando o que puedan ir surgiendo.
Debemos tomar conciencia de la importancia que tiene el trato que brindamos a las personas mayores, por ellas mismas, por nosotros, y porque con nuestro trato y consideración estamos enseñando a las nuevas generaciones cómo valorar y respetar la vida.
Por ello en Amme, (Asociación de Mediadores para los Mayores y su Entorno) hemos adoptado esta máxima: “Los ojos con los que miramos a nuestros mayores son las manos con las que construimos nuestro propio envejecimiento”.
Queremos con nuestra labor ayudar a construir entre todos una mirada que reconozca sus proyectos e ilusiones, sus intereses, que respete sus preferencias y decisiones, que escuche sus preocupaciones, valore sus posibilidades y dificultades. Una mirada que los redescubra como protagonistas.

domingo, 17 de mayo de 2015

Ciudades adaptadas a las Personas Mayores

Por Ismael Arnaiz Markaida

Socio Hartu Emanak

29 de junio de 2010, la Organización Mundial de la Salud (OMS) puso en marcha la Red Mundial de Ciudades Adaptadas a las Personas Mayores, con el objetivo de ayudar a las ciudades a crear entornos urbanos que permitan a las Personas Mayores seguir siendo miembros activos y sanos de la sociedad.

Con esta decisión, la OMS trata de hacer hincapié en las aportaciones positivas de las Personas Mayores a la sociedad, ya que, según el doctor John Beard, Director del Departamento de Envejecimiento y Ciclo Vital de la OMS:  «Las personas de edad son un recurso vital para las familias y la sociedad, que a menudo se pasa por alto, y sus aportaciones no se materializarán cabalmente a menos que se mantengan sanas y se derriben las barreras que les impiden involucrarse en la vida de las familias y la comunidad.»

Pero la iniciativa de la OMS acerca de las Ciudades Adaptadas a las Personas Mayores comenzó años antes, con la determinación de los elementos clave del entorno urbano que apoyan el envejecimiento activo y sano. La investigación efectuada en 33 ciudades confirmó la importancia de que las Personas Mayores tengan acceso al transporte público, los espacios al aire libre y los edificios, así como la necesidad de brindarles una vivienda decorosa, apoyo de la comunidad y servicios de salud.

Además, esta investigación puso de relieve la necesidad de fomentar los vínculos que permiten a estas personas ser miembros activos de la sociedad, combatir los prejuicios por motivos de edad y brindarles más oportunidades de participación social, para lo cual las ciudades participantes deben emprender un proceso continuo de evaluación y ejecución. Los miembros de la Red se comprometen a adoptar medidas eficaces para crear un ambiente mejor para sus residentes de mayor edad.

En nuestro entorno más próximo, municipios como Durango y Bilbao ya se han incorporado a la Red de Ciudades Adaptadas a las Personas Mayores, y desde la Diputación Foral de Bizkaia se está animando a la incorporación de otros, con el fin de que Bizkaia llegue a ser un Territorio Adaptado a las Personas Mayores.

Deseamos que así sea, pues no, sólo, es cuestión de “vivir más”, sino también de “vivir mejor”. O como se suele decir, no sólo es importante “dar años a la vida”, sino también “dar vida a los años”, y eso se consigue con un Envejecimiento Activo, que sea saludable para la persona que envejece, y rentable para la sociedad en la que envejece.


domingo, 3 de mayo de 2015

Diez consejos para luchar contra el maltrato a las personas mayores



Publicado por “Madurez activa”
Primavera 2014. Publicación 24


Diez consejos para luchar contra el maltrato a las personas mayores
1. El Código Penal hace leve referencia a las personas mayores, pero el castigo al abuso y maltrato está diluido. Es el Art. 544 del Código Penal el que regula la que se conoce como la Orden de Protección a las víctimas de violencia doméstica, y a las que se pueden acoger las personas mayores que no estén asociadas a Discapacidad.
2. Como primer paso para regular el maltrato a personas mayores, se ha creado una Mesa Estatal, liderada por HelpAge España para solicitar una Convención Internacional por los Derechos de las Personas Mayores (informaciónen página 23). Mientras se aprueba, se recomienda acudir a la Convención Internacional de los Derechos de las Personas con Discapacidad cuando se trate de maltrato a personas mayores con discapacidad.
3. Utilizar los teléfonos del maltrato a personas mayores que existen en las Comunidades Autónomas, gratuitos y anónimos. Son servicios públicos accesibles al ciudadano que atienden las 24 horas al día. En caso de dudas, el Gobierno de España lo centraliza a través del Imserso, con un teléfono de información: 901 109 899
4. Es el maltrato Psicológico el más extendido, porque se trata del más difícil de detectar y sobre todo el más complejo de demostrar ante la Ley. En estos casos, se aconseja la sensibilización familiar, ya que es la educación de la familia la mejor herramienta para prevenir este tipo de maltrato, incluso más que en las leyes.
5. El más peligroso de los maltratos es “la soledad”, cuando ésta lleva al “aislamiento”, por lo que deteriora a la persona psicológica y físicamente. Se aconseja las denominadas “estrategias de afrontamiento” de la soledad, cuya clave principal es la distribución y percepción del tiempo.
6. Se reivindica el papel que pueden desempeñar las asociaciones de personas mayores en este asunto, desde las pequeñas a las grandes organizaciones. Se aconseja que redacten pautas para su propia protección y las eleven a las instituciones políticas, tal y como se hizo con la “Discapacidad”. Ahora es el momento oportuno.
7. Se recomienda el buen uso de los medios de comunicación, con conocimiento y estrategias. Son herramientas primordiales para la sensibilización social y, hasta ahora, no se han utilizado correctamente porque se ofrecen datos sesgados y puntuales. Las mismas personas mayores tienen que aprender a ser “fuentes” informativas, tanto individualmente como a través de sus instituciones, y contar las noticias con voz propia y correctamente.
8. Para evitar el maltrato, el juez Illana aconseja que las personas mayores eviten realizar una cuenta bancaria mancomunada –y menos con un familiar–. Del mismo modo, nos insta a que las herencias no se hagan en vida. Los dos supuestos deben ir adecuadamente en testamentos para evitar abusos (los más comunes desgraciadamente).
9. Cuando existe un caso de maltrato, se puede acudir a la Policía Nacional y Local, Guardia Civil, Servicios Sociales e instituciones administrativas para su denuncia, mucho antes que a la Fiscalía. Estas instituciones tienen que tener formularios y formación para atender a las víctimas; están obligadas, porque es donde se “debe” denunciar.
10. Estar informado es un derecho, y cuando se niega, es un maltrato. Se advierte a las personas mayores que su integración en la información es fundamental, a través de las TIC, de la comunidad, de los centros sociales. Se trata de una cuestión de empoderamiento, de estudiar y de interesarse en su propio beneficio

domingo, 5 de abril de 2015

Ser Mayor en la Sociedad Actual





Por Ismael Arnaiz Markaida
Miembro de Hartu-emanak

Cada vez somos más los que formamos parte de ese colectivo conocido como “los mayores”, y ante esta realidad es inevitable hacernos varias pregunta: ¿qué es ser mayor en la sociedad actual? ¿Somos un colectivo homogéneo, con iguales necesidades y capacidades? ¿Los “mayores” del siglo XXI, somos iguales que los mayores de hace cincuenta o más años? Y por último, otra pregunta fundamental: ¿el colectivo de personas mayores somos un problema o una oportunidad?
Y es que, si se nos ve como miembros pasivos de la sociedad, que no producimos pero si consumimos, como demandantes compulsivos de los servicios de salud, o como una carga para los presupuestos del Estado, la imagen de los mayores y del envejecimiento, será negativa.. En definitiva, nos verán como un PROBLEMA que los gobiernos tienen la obligación de resolver, en “beneficio del bien común”.
Y esto es peligroso, ya que, desde un punto de vista puramente economicista, alguien podría pensar que la solución pasa por frenar o reducir el incremento de la Esperanza de Vida, estableciendo algún tipo de discriminación por motivos de edad en los servicios de salud, recortando más las pensiones para que perdamos calidad de vida, y quien sabe si hasta pueden pensar en la eutanasia.
Como ninguna de estas soluciones serían aceptables en una sociedad moderna, democrática y respetuosa con los Derechos Humanos, la solución que ya se propuso en 1982, en la I Asamblea Mundial sobre el Envejecimiento, es la de crear las condiciones sociales, políticas y económicas necesarias, para que el envejecimiento del conjunto de la sociedad pueda ser una OPORTUNIDAD, en lugar de ser un PROBLEMA.
Por eso, en aquella primera Asamblea, y en la segunda que se celebró en Madrid en 2002, se establecieron líneas de actuación para hacer posible que la etapa del envejecimiento que vivimos las Personas Mayores, sea SALUDABLE para nosotros, y al mismo tiempo RENTABLE para el conjunto de la Sociedad en la que envejecemos
Por otra parte, la Organización Mundial de la Salud (OMS) en su documento “ENVEJECIMIENTO ACTIVO UN MARCO POLÍTICO” (2001), propone un modelo, una forma de vivir y gestionar el envejecimiento, soportado en tres pilares básicos: SALUD, DIGNIDAD y PARTICIPACIÓN SOCIAL, teniendo en cuenta los determinantes del envejecimiento en cada lugar y el respeto a los Principio de Naciones Unidas a favor de las Personas Mayores (1991)
Este modelo de Envejecimiento Activo necesita de un cambio profundo en las propias personas, y en quienes tienen responsabilidades políticas, sobre esta materia, en las Instituciones Públicas, ya que, para promover el Envejecimiento Activo, es necesario complementar las políticas basadas, casi exclusivamente, en la prestación de servicios a las Personas Mayores para que estemos descansadas, distraídas y ocupemos el “tiempo libre”, con otras políticas activas que permitan aprovechar, en beneficio del conjunto de la sociedad, el “capital social y cultural”que poseemos, pasando del “hacer para” al “hacer con”, de forma que las propias personas participemos activamente, y no sólo “tomemos parte” en aquello que nos ofrecen.
Por lo tanto, “los mayores” en la Sociedad actual, no somos un PROBLEMA, sino una OPORTUNIDAD. El secreto consiste en envejecer con SALUD, DIGNIDAD y PARTICIPACIÓN SOCIAL, o dicho de otra manera, en un envejecimiento “saludable” para la persona que envejece y “rentable” para la sociedad en la que envejece.

domingo, 22 de marzo de 2015

Algunas reflexiones desde la acción colectiva





Autoras: Maite Arandia, Sonia Gutiérrez, Mª José Alonso e Isabel Martínez
III Encuentro Intergeneracional.
Escuela Universitaria de Magisterio de Bilbao (Grado de Educación Social) y Hartu-Emanak


Clarificar el sentido de la transmisión
Una de las primeras cuestiones que se abordó fue la relación transmisión-compartir. En este sentido, se manifiesta que la palabra transmisión puede traicionar la propia intención de este movimiento intergeneracional porque nos remite a una posición más bien jerárquica y no bidireccional. De ahí, la necesidad de replantear el término, puesto que ese movimiento se visualiza desde el compartir y no desde el depositar. Es decir, se percibe como un movimiento en el que los procesos y actuaciones que se lleven a cabo estén asentados en el diálogo igualitario. De este modo, lo que estamos llamando transmisión se produce de forma bidireccional, y siempre con una mirada al pasado, en cuanto proveedora de capital, de experiencias y de historia, pero proyectándose hacia el futuro.
Luego, compartir es la clave desde la que, tanto jóvenes como mayores, entendieron que había que enfocar las diversas propuestas intergeneracionales y, hacerlo dentro de una perspectiva natural. Nos encontramos en la misma sociedad condicionamos y retados por desafíos similares. Además, tenemos que vivir en conjunto; por tanto,  resulta imprescindible,  optar por esos espacios naturales, donde los encuentros sean constructivos, y en los que, desde esa expresión natural, podamos ir superando los problemas que, en ocasiones, pueden surgir por las diferencias en las formas de expresión. Así es que como segunda clave importante en ese proceso de “transmisión compartida” se establece la convivencia entre diferentes tanto en experiencias como en expresiones de las mismas.
El valor del Patrimonio de las Personas Mayores: empoderamiento y comunicación
El patrimonio de las personas mayores se entiende como el capital que se va acumulando a lo largo de cada experiencia vital mediante el contacto con modelos y contextos educativos distintos (la familia, los iguales, entornos informales...) y mediante la elección de lo mejor que otras generaciones han ido legando. Se dice: “Es como un trastero donde tenemos cosas guardadas y que hay que ir recordándolas”.
Está relacionado con un sentido de continuidad, que es importante mantener para que este insumo social no se pierda con el paso del tiempo, porque, eso sí, hay una conciencia clara de que se cuenta con un patrimonio, con experiencias de vida importantes y con un fuerte bagaje personal, que merece la pena transmitir-compartir. Como bien expresa un participante: “Porque fueron somos, y porque somos serán”. Sin embargo, a pesar de esta claridad respecto al patrimonio y la importancia de trasladarlo a las nuevas generaciones, se expresa que dada la tecnificación de nuestras vidas es posible que mucho del conocimiento social de las personas pueda correr el riesgo de perderse, por lo que es necesario pensar en cómo afrontarlo para que no ocurra. En este sentido, uno de los problemas prioritarios, que se han de abordar y superar, es, precisamente, el de la comunicación, por no saber cómo comunicar el patrimonio de que se dispone estimulando la curiosidad de los jóvenes. Unos participantes comentan:
“si no conseguimos interesar a la juventud, es porque tal vez no sabemos comunicarnos con ellos (…) Para ello es importante que aprendamos a lanzar mensajes que transmitan interés, y tener en cuenta esta barrera que frena y que viene reforzada por falta de comunicación que hay por ejemplo en las familias, que centran los diferentes momentos del día en la televisión”
Respecto a esta cuestión de la comunicación, se necesita también intensificar la motivación y analizar de qué modos se ha de guardar el conocimiento acumulado. En esta dirección se apunta como idea la creación de un “banco del tiempo” porque “algo hay que hacer con el tiempo y la velocidad que alcanza la vida”.
Ahora bien, el camino fundamental, o al menos uno de ellos, es abrir brecha en la educación, entrando en los centros y entidades educativas con propuestas intergeneracionales y participando activamente en esos contextos, comenzando por entablar relaciones y elaborar propuestas con el profesorado y con otros agentes sociales.
Una participante expone algunas ideas de colaboración con el mundo educativo señalando:
Los abuelos pueden ir, por ejemplo, a jornadas de puertas abiertas para contar cuentos, en las huertas, en el coro, etc. y en cuanto al campo social, el voluntariado es una buena opción.
Pero también la universidad podría jugar un papel importante en este proceso, ya que abrir sus puertas supondría crear oportunidades para aprender y estar con la juventud, favoreciendo la comunicación. Esto provocaría un acercamiento, que facilitaría el proceso, ya que es importante conocer los problemas y temas que preocupan a la juventud para saber qué experiencias o qué conocimientos pueden tener valor.
Se dice:
Pero es necesario ser pedagógico, y tener en cuenta la importancia de saber a quién, dónde, cómo…. Comunicar sí, pero hay que diferenciar entre transmitir individualmente o colectivamente. Es importante la traducción del propio mensaje”.
Por tanto, no sólo es importante crear los contextos, sino cuidar cómo hacerlo y esto requiere de un aprendizaje por parte de las personas mayores. Luego, en este marco de transmisión-compartir se ha de atender a la formación para que las personas mayores consigan conectar y compartir recuerdos, contrastarlos y sistematizarlos y hacerlo utilizando medios diferentes, entre ellos los proporcionados por las tecnologías de la información y comunicación.
Y, no nos hemos de olvidar del ámbito comunitario. Sería necesario, igualmente, crear situaciones para que se encuentren distintas generaciones y superar los estereotipos relacionados con la edad, que poco ayudan a superar la distancia generacional. Todo ello debiera de ir acompañado por una política institucional que apoye las actuaciones intergeneracionales y favorezca la normalización de la relación entre generaciones y por una reflexión en profundidad sobre el sentido y contenido de los centros para mayores para que pudieran transitar hacia modelos más abiertos al entorno social, a áreas de cultura… En definitiva, se indica: “es necesaria la reivindicación del conocimiento y la experiencia de las personas mayores, como patrimonio cultural y social inmaterial”.
Para concluir, hemos de tener en cuenta que, como en cualquier otro proceso de la vida social y educativa en la que se impulsa un cambio en alguna dirección distinta a la que está presente, adquiere un valor excepcional la actitud vital que se despliegue en este caso hacia la cuestión intergeneracional. Por tanto, en primer lugar, sería necesario impulsar y trabajar esa sensibilidad hacia lo intergeneracional desde el ámbito familiar, para luego poderlo  trasladar a otros contextos bien educativos y formativos como asociativos, políticos...
En segundo lugar, habrá que crear contextos, que constituyan puntos de encuentro para la “transmisión-compartir” a través de la confluencia y convivencia intergeneracional y, desde luego, en estos procesos deben involucrarse las propias instituciones. En consecuencia, será necesario buscar puntos de interés común a generaciones distintas en los que todos los agentes sociales y educativos estén implicados para aprovechar las oportunidades y no perder el capital experiencial y de conocimiento de nuestros mayores y de que mayores y jóvenes no perdamos la memoria, sino que ésta constituya un motor para un intercambio y enriquecimiento colectivos.

domingo, 8 de marzo de 2015

Felicidad a medida que se envejece




Fuente: Audioconectate


¿Sabían que hay estudios que demuestran que se es más feliz a medida que se envejece? Miren este artículo de la BBC de agosto de 2009:
Estudios realizados sobre personas de hasta casi 100 años señalan que se suele ser más feliz conforme se va envejeciendo.
A pesar de las preocupaciones por la mala salud, la situación económica, los cambios de categoría social y otras privaciones, la edad avanzada suele ser la edad dorada, a decir de los sicólogos.
Se descubrió que los adultos mayores suelen aprovechar mejor el tiempo que les queda y han aprendido a evitar situaciones que les causan tristeza o estrés.
Los jóvenes deberían hacer lo mismo, declararon al colegio de sicólogos de EE.UU.
La Dra. Laura Carstense, catedrática de sicología de la Universidad de Standford, pidió a voluntarios de 18 hasta más de 90 años que participaran en una serie de experimentos y anotaran en un diario su estado emocional.
Descubrió que las personas mayores son mucho menos propensas que los jóvenes a pasar por periodos prolongados con un estado de ánimo negativo y mucho más capaces de soportar las críticas personales.
También son mucho más capaces de dominar y equilibrar sus emociones, una habilidad que dio la impresión de mejorar con la edad.
Andrew Harrop, director de asuntos públicos de Age Concern and Help for the Aged, dijo que las conclusiones eran alentadoras.
«Muchos ven con ansiedad y preocupación el envejecimiento.
»Hay demasiados jóvenes que dan por sentado que el envejecimiento es un proceso que supone inevitablemente enfermedades, fragilidad, falta de movilidad y una mayor dependencia. Sin embargo, en muchos casos eso tiene muy poco de cierto.
»Hay muchos adultos mayores que llevan una vida activa, sana y llena de las riquezas de la experiencia y de lo aprendido.
»Este estudio es uno más que demuestra que la vida en la tercera edad puede ser una experiencia sumamente positiva.»

Envejecer puede ser una experiencia maravillosa. Es una oportunidad de madurar y hacer otras cosas, de otras maneras y a otro ritmo.
La vida en la Tierra nunca es estática, a menos que quieran que lo sea; es decir, que deseen asentarse, vegetar y no hacer nada. Algunas personas mayores a las que les toca dejar de llevar una vida físicamente activa se estancan mentalmente porque no tienen un objetivo en la vida y no se dan cuenta de que pueden seguir desarrollándose mental y espiritualmente.
Los cincuentones y los que apenas han pasado de los 60 años tienen que entender que han pasado a otra fase de la vida a la que tienen que adaptarse. Nunca tuvieron 50 ó 60 y tantos años, y tienen que aprender a vivir esa etapa. Tienen que aprender a vivir, actuar y desempeñarse como una persona de 50 ó 60 años. No es un problema, ¡sino una aventura! Es lo mismo que le ocurre a uno que pasa la barrera de los treinta y tiene que adaptarse y aprender a pensar y actuar como una persona de treinta. ¿Recuerdan cómo fue esa etapa?
Uno de los mejores consejos es que no piensen que son viejos por tener 50 ó 60 años. De lo contrario perderán rápidamente la motivación y la capacidad de alcanzar sus metas y hacer realidad sus sueños. Si piensan, hablan y actúan como viejos, no tardarán en serlo. Aunque tengan cincuenta y tantos o sesenta y tantos años no son ancianos.
Algunos conceptos erróneos sobre a qué edad se es viejo y quién es viejo, pueden desprenderse de que con frecuencia hay personas de tres generaciones distintas viviendo juntas, y el contraste es muy notable. Comparados con jóvenes de 20 ó 30 años, los de 50 ó 60 pueden en efecto parecer mayores y comportarse como tales. Si comparan su habilidad física con la de los integrantes de la generación más joven, es posible que se queden cortos si no pueden llevar el mismo ritmo por tanto tiempo como ellos, aunque algunos de ustedes pueden. Pero en el aspecto espiritual y mental, las personas mayores están bastante bien.
No se consideren inferiores a la generación más joven y sus capacidades físicas. Fíjense en lo que pueden hacer ustedes, lo que son capaces de lograr, el ritmo al que pueden trabajar y disfrútenlo. ¡Disfruten de la edad que tienen!

domingo, 22 de febrero de 2015

Nuevas formas de medir el envejecimiento



Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC)
Ministerio de Economia y Competitividad

Introducción
El envejecimiento de la población es uno de los fenómenos sociales más importante de este siglo XXI. Los grandes capítulos de gasto público están asociados de alguna forma a la edad, por lo que éstos están afectados por el cambio en las estructuras de edad, y en concreto por el aumento del número y proporción de personas mayores.  La demografía del envejecimiento se centra en este grupo de población, las personas mayores (los viejos), y en el proceso de cambio de las estructuras demográficas, el envejecimiento.
Al hablar de personas mayores (los viejos) consideramos que existe un concepto de vejez claro y que es posible definir una medida útil para decidir cuándo una persona es mayor, o una cohorte es vieja. Esto significa el establecimiento de un UMBRAL a partir del cual se clasifica a una persona como mayor. Pero este umbral es controvertido.
Demógrafos, sociólogos, economistas y políticos tratan de buscar fórmulas para definir ese umbral y por consiguiente la relación existente entre las personas que lo superan y el resto de la población. El envejecimiento no es otra cosa sino el aumento de la importancia del grupo de mayores en esa relación.
La medición del envejecimiento tiene un uso potencialmente extraordinario en el ámbito económico y sanitario. Tradicionalmente el envejecimiento se ha calculado por los cambios en la proporción del conjunto de personas definidas como mayores respecto al total de la población. El umbral arbitrario pero aceptado ahora (y que cambiará en el futuro), para formar parte de ese conjunto es los 65 años. Ese umbral también permite relacionar al conjunto de mayores con el de personas potencialmente activas, por ejemplo las de 20-64 años, y calcular ratios de dependencia demográfica.
Porcentaje de personas mayores y ratio de dependencia han copado las mediciones del envejecimiento. Las proyecciones de población avisan de que el proceso de envejecimiento se va a acelerar y las ratios de dependencia van a empeorar al aumentar notablemente las personas mayores respecto a los activos potenciales. Esta situación es un caldo de cultivo para pesimismos, alarmas, intentos de reforma en los sistemas de protección social (gasto público) y para un debate permanente.
Algunos autores proponen otras formas de medir la vejez, el envejecimiento y la dependencia demográfica. Podíamos hablar de mediciones optimistas que pretenden quitar hierro al problema del envejecimiento. No hay razón para exagerar los desafíos del envejecimiento, si éste se mide de otras formas. En este post y en los siguientes vamos a presentar diferentes mediciones del envejecimiento.
Edad subjetiva. Edad a la que la gente cree que se puede decir de alguien que es una “persona mayor”
La forma de medir el envejecimiento más popular, pero de menor trascendencia académica, económica y financiera, es a través de lo que declara la población sobre la vejez. El Barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas de mayo de 2009 (estudio 2801) permite conocer la opinión de la gente sobre a qué edad se considera a una persona como mayor o de la tercera edad. La forma en que se construye esa opinión está condicionada por diferentes circunstancias personales, familiares y sociales que vive el entrevistado; también puede estar mediatizada por la referencia al umbral de los 65 años que ha sido ampliamente difundida por los medios de comunicación. Algunas conclusiones pueden extraerse de esta encuesta:
a) La edad media declarada o “umbral” de la vejez en opinión de la gente se sitúa actualmente en los 68,0 años y es por tanto más alto que la referencia habitual de 65 años.
b) El umbral se desplaza hacia edades superiores según avanza la edad del entrevistado, de forma que los jóvenes suelen ver a los mayores como viejos a edades más tempranas (Figura 1).
c) Las mujeres, cuya esperanza de vida al nacer es superior a la de los varones en casi seis años, retrasan el inicio de la vejez con respecto a los varones.
d) Las personas con más estudios creen que una persona es mayor a edades más tardías que lo que declaran las personas con menos estudios.
Si aceptásemos esta edad media declarada, el número de personas mayores, su porcentaje respecto al total de la población, y su ratio de dependencia demográfica variarían sobre las referencias habituales. Habría 1,4 millones de personas mayores menos; el porcentaje respecto a la población total bajaría más de tres puntos, y la ratio de dependencia demográfica pasaría de 29 mayores por cada cien personas en edad laboral (20-64 años) a sólo 24 (Tabla 1).