viernes, 29 de noviembre de 2013

Con ojos de Mayor pero mirada joven




por Sonia Acero
Responsable del Proyecto de Educación para la
Solidaridad del Colegio Santa María de Portugalete


“Pocos apostarían por unir la arruga y el acné, pocos creerían lógicamente que estos dos signos de edad tuvieran alguna vez algo que ver.
Es normal, cada uno de ellos, marca, inevitablemente, una manera distinta de ser y estar en el mundo, unas ganas diferentes de pasear por la vida.
Es distinto el cansancio sentido, el tono de la piel que alberga una espinilla o una arruga que habla por sí sola, el gesto, el brillo de los ojos, la comisura del labio...todo es distinto en ellos... y sin embargo ¡de cuánta vida contenida nos habla el acné, de cuánta donada la arruga!...
Mezclarlas parece casi una locura, un disparate, un grave error...la juventud por su lado, vitalmente rompedora, la vejez por el suyo, reposadamente sabia, adormilada...
Sin embargo...¿ no pertenecen las dos al mismísimo ciclo de la vida?¿ No son ambas imprescindibles para el ritmo de la historia? No imagino un viejo que no haya sido joven, que anhele serlo, no imagino un joven, que aunque en algún momento se haya visto cegado por la locura de la eterna juventud, no se imagine, incluso anhele llegar a ser viejo porque en el fondo sabe, que así, sólo así, llegará a realizarse del todo, completando el ciclo..., sin vuelta de hoja.”
(Sobre los proyectos intergeneracionales)

domingo, 24 de noviembre de 2013

Reflexion



Hartu-emanak

La imagen de la vejez, como cualquier otra etapa del desarrollo humano, está cargada de innumerables estereotipos. Muchos de ellos, negativos, porque a fin de cuentas nos encontramos en un período crepuscular, de ocaso de la vida, y lo asociamos a una visión biológica de decrecimiento.
Aunque en muchos casos no se corresponde con la realidad, se les asigna como colectivo un lugar desvalorizado y se les atribuye un papel pasivo, e incluso exclusivamente de receptores. Es cierto que esta imagen "reduccionista" quiebra con las nuevas generaciones de mayores, con mayor capacidad para reivindicar su espacio y sus derechos, para organizarse y para participar activamente en su entorno, pero ese papel de "agente social" no acaba de tener eco en los medios de comunicación e incluso en buena parte de las propias personas mayores.
Es necesario plantear una estrategia que aborde cómo debemos articular un proceso de empoderamiento de las personas mayores, haciendo realidad el derecho de este colectivo a participar y a ser tenido en cuenta en todos los ámbitos de la vida social, cultural, política e incluso productiva.

domingo, 17 de noviembre de 2013

La Relación abuelos-nietos



La Relación abuelos-nietos ¿Cuidar, Criar, Apoyar?

por Sacramento Pinazo
Experta en relaciones intergeneracionales
II Jornadas de Hartu-emanak en favor del diálogo entre generaciones
(Publicado en Gara el 22 mayo 2011)
Profesora de Sicología social de la Universidad de Valencia, es una veterana experta en envejecimiento activo y en las relaciones intergeneracionales. Ha estado en Bilbo para hablar de las relaciones entre abuelos y nietos, invitada por la asociación de mayores Hartu-emanak.

«Las abuelas por parte materna son las preferidas de los nietos, pero por decisión de las madres»

Cuenta, en primera persona, que antes de dar a luz su madre, profesora a punto de jubilarse, le advirtió: «Yo no voy a cuidar a tu hijo; si me necesitas para momentos puntuales, ahí estaré, pero no para cuidarle todo el día. Me jubilo y quiero hacer muchas cosas».
Sacramento Pinazo, experta en relaciones intergeneracionales y profesora de Sicología Social, asume que para mucha gente, muchos abuelos y abuelas, esta postura puede pecar de egoísta. Sin embargo, es tan respetable, entiende, como la de «la futura abuela que le dice a su hijo o hija que tenga descendencia si quiere, que ella está dispuesta a cuidar de esos niños que vengan». Es más, abuelos y abuelas de hoy, “condenados” en demasiados casos a hacerse cargo de sus nietos, observan con envidia esa postura “egoísta”.
Los llaman abuelos-canguro, abuelos-cuidanietos, hasta ha nacido ya un nuevo síndrome como es el de la abuela-esclava. ``La relación abuelos-nietos: ¿Cuidar, criar, apoyar?'' es el título de la conferencia impartida por esta profesora con más de quince años de investigación en este campo de la intergeneracionalidad. «Lo que queremos observar es si es más lo malo o es más lo bueno de tener que cuidar a los nietos», anticipa.
En EEUU, comenta esta experta, lo llaman el «rol sin rol», o lo que es lo mismo, los abuelos y abuelas han sido empujados a hacer de padres, de maestros, «pero en realidad no lo son; hacen cosas de padres y maestros, pero su papel no está claro». Pinazo rechaza, por ejemplo, el «mal uso del término abuelo», por estar ligado a personas por encima de los 65 años, «que ya no valen». En cambio, propugna, «ser abuelo es una segunda oportunidad para la paternidad, sobre todo en el caso de los hombres, que muchos se la perdieron. “Hago con mi nieto cosas que nunca pude hacer con mis hijos”, dicen algunos».
Una segunda oportunidad cargada, además, de una dilatada experiencia sobre la vida. Dice un proverbio africano que la vida de un individuo no está completa si no tiene abuelo. Por eso, su presencia en la vida de sus nietos es un aporte cuyo valor muchas veces se pasa por alto. «Los nietos suelen decir que aprenden muchos valores de sus abuelos», apunta Pinazo.
Por ejemplo, los estudios señalan que una de las actividades que los abuelos realizan más frecuentemente con sus nietos es hablar. De sus respectivas vidas, del colegio, de deportes, de los amigos. «Las conversaciones con los abuelos se dan en una atmósfera de paz, entendimiento, escucha activa y tolerancia, algo que no siempre ocurre con los padres», considera Pinazo.
Parece evidente la necesidad de formar parte activa de esas pequeñas vidas, pero el problema viene a la hora de establecer en qué medida y cómo. Esta profesora valenciana apuesta por ello, «pero sin pasarse, porque en el punto medio está la virtud». A su juicio, «los abuelos requieren seguridad en sí mismos para ejercer con naturalidad su función de cuidadores, y, para ello, se hace necesario el diálogo con sus hijos». Para ella es clave. «La relación que yo tenga con mis nietos, dependerá mucho de la relación que yo tenga previamente con mis hijos, o sea, sus padres». Diálogo y establecimiento de unas reglas, sostiene.
Esa buena relación con los nietos dependerá también de muchos factores, como la edad de los abuelos, el género, su salud, la distancia de residencia..; y -llama la atención esta experta- el linaje. «Todos los estudios revelan que los nietos prefieren más a sus abuelas por parte materna. Éstas ganan por goleada en el ranking de preferencia de los nietos, seguidas de los abuelos por parte materna, la abuela por parte paterna y, el último, el abuelo por parte paterna. Y tiene su sentido: las mujeres tendemos a ir más a casa de nuestras madres. Al final, los abuelos maternos están más implicados en la crianza del nieto, pero sobre todo por decisión de las madres», explica.
Canguros o cuida-nietos, su papel es fundamental hoy para conciliar la vida familiar y laboral. Pero Pinazo reflexiona: « ¿Corresponden luego los hijos con el sacrificio que hacen los abuelos con sus nietos?».

domingo, 10 de noviembre de 2013

Torres más altas han caído



Ismael Arnaiz Markaida
Miembro de Hartu-emanak

La imagen más triste de la crisis es el cierre de empresas, y con ello el aumento del número de personas paradas. El cierre de Fagor Electrodomésticos tiene, además, otra imagen: la caída de una cooperativa y con ella la puesta en duda del modelo cooperativo.
El cierre de Fagor Electrodomésticos ha llenado de preocupación, tristeza, rabia y protesta a todos los trabajadores y trabajadoras de un territorio de Euskadi donde se ha vivido por, para y del cooperativismo.
Pero los que peinamos canas, o ya no tenemos ningún pelo que peinar, podemos y debemos enviar, modestamente, un mensaje de esperanza, pues ¡torres más altas han caído¡ Y es que esta situación, estas escenas, me han hecho recordar aquellas que se vivieron en la margen izquierda de la ría, cuando se fueron cerrando Altos Hornos de Vizcaya, en primer lugar, y luego el resto de grande empresas dedicadas a la construcción de barcos, la fabricación de equipos, etc.
Fueron años muy duros y se superaron, y la crisis actual se superará. Ese es mi mensaje de esperanza. Ahora bien, se necesitará de instituciones públicas y entidades privadas responsables, de políticos que superen las pelas partidistas y trabajen por el bien común, de buenos empresarios y de personas con ideas claras como lo fue D. José María Arizmendiarrieta, artífice de todo el movimiento cooperativo.
Y lo más importante es que este mensaje de esperanza tiene un fundamento, ya que la recuperación, la salida de esta crisis, la va a tener que hacer una nueva generación de hombres y mujeres de este país. Una nueva generación que es la mejor preparada de la historia, y esto da muchas esperanzas. Solo hace falta que se les dé la oportunidad de hacerlo y que se les deje ser protagonistas de esa nueva vida que siempre nace después de todas las crisis. Aurrera, porque .... Torres más altas han caído.

viernes, 8 de noviembre de 2013

Empoderamiento y participación social


Extractado de “De cómo luchar contra la discriminación de los Mayores”
Por D. Enrique Gil Calvo
I Semanario-Taller Hartu-emanak
Abril 2004

Las oportunidades más ventajosas para movilizar y desarrollar el empoderamiento de los mayores pasan por explotar tácticamente los conflictos de derechos que afecten directa o indirectamente a los intereses estratégicos de las personas mayores. El empoderamiento auténtico ha de emerger desde abajo por propia iniciativa espontánea, en lugar del empoderamiento desde arriba que patrocinan y tutelan los poderes públicos.
El objetivo prioritario es magnificar la cuestión de la edad tratando de elevarla desde los últimos puestos de cola en que se halla relegada hasta el primer rango prioritario de la agenda pública, colocándola así en el centro de todos los debates, en el primer plano de la actualidad mediática y en la boca del escenario ciudadano. Hay que tratar de hacer del problema de los mayores el mayor problema social. Así de simple y así de claro, lo que no significa que sea fácil lograrlo.
Ante todo hay que luchar contra la vigente definición tecnocrática de la realidad anciana, que reduce la cuestión de la edad a un problema demográfico, económico y sanitario de envejecimiento poblacional, a partir del vigente estigma de la vejez peyorativamente descalificada como carga familiar y estatal. Esto equivale a la cosificación de los mayores, reducidos al papel de ancianos-objeto a los que se procesa como productos o mercancías que circulan por las cadenas burocráticas y técnico-sanitarias en tanto que unidades contables siempre apuntadas en la columna del debe en tanto que meros costes económicos y sociales. Pues bien, ¡digamos no! Los mayores no son cosas ni objetos pacientes sino personas y sujetos agentes, titulares de derechos. No constituyen un coste humano (familiar y estatal) a amortizar sino un capital humano a reinvertir y rentabilizar.
Para luchar contra esta injusticia hay que llevar a cabo una poderosa campaña de denuncia que haga blanco de todos sus ataques a la vigente discriminación de los mayores en razón de su edad. Hay que denunciar el edadismo o racismo de la edad: es injusto, es ilegal, es fascista, es inmoral. Y sin embargo persiste, pues continúa siendo omnipresente. Las leyes ordinarias garantizan la no discriminación en razón de la edad que es uno de nuestros principios constitucionales. Pero haberla, hayla, pues todos consentimos y toleramos la evidente discriminación de la edad que se produce ante nuestros ojos de forma explícita y manifiesta: despidos, jubilaciones, relegaciones, segregaciones, exclusiones, reclusiones; y ello en todos los ámbitos: laborales, profesionales, periodísticos, familiares, domésticos, sanitarios, residenciales, urbanísticos, culturales... Mucho se habla de otras exclusiones sociales que aparecen en primer plano, como sucede con la injusta discriminación de las mujeres o de los inmigrantes. Pero nadie habla de la exclusión y la discriminación de los mayores, y por tanto nadie la denuncia, por lo que permanece latente e invisible sin que nadie actúe de oficio para luchar contra ella. Por eso hace falta que de entre los propios mayores surja una vanguardia de profetas airados como Moisés o Bautista, que proclamen su denuncia profética exigiendo que se haga justicia poniendo fin a tanto escándalo.
En esta línea, un procedimiento para desarrollar la lucha contra la discriminación de la edad es exigir la imposición de un nuevo enfoque de edad en paralelo al ya vigente enfoque de género. Este último concepto (el de ‘enfoque de género’) designa el criterio transversal que hoy se exige a todas las políticas públicas para que sean sometidas a un especial control evaluador que certifique y garantice su pleno respeto al principio de igualdad de oportunidades entre varones y mujeres, sin que haya margen para ninguna discriminación por razón de sexo. Este enfoque de género, ya aceptado por todos los organismo internacionales desde que se propuso en la Cumbre de Pekín, se ha convertido finalmente en una vinculante directiva europea, que acaba de entrar en vigor para la legislación española aunque todavía no se acaben de ver aplicados sus efectos prácticos. En cualquier caso, este ‘enfoque de género’ ya forma parte desde hace tiempo de los criterios políticamente correctos que obedece la opinión pública, como una autocensura que ya figura en los manuales de estilo de la prensa.
Pues bien, se trata de exigir que, además de este ‘enfoque de género’, también se imponga por doquier un nuevo ‘enfoque de edad’, que garantice tanto en la esfera pública como en la privada el más estricto cumplimiento de la igualdad de oportunidades entre todas las edades, sin resquicio alguno para que persista la todavía subyacente discriminación de la edad. Esto parece relativamente factible por procedimientos legales en las organizaciones formalizadas; así, por ejemplo, nada de despidos forzosos ni jubilaciones obligatorias, nada de presunciones de baja productividad atribuida a la edad, nada de expulsiones de los centros sanitarios de las enfermedades crónicas... Pero resulta mucho más difícil de lograr en los ámbitos informales, como el de la familia, el tejido asociativo, la sociabilidad o cualquier otro que incluya libertad de elección. ¿Cómo luchar contra ese racismo de la edad que hace preferir a los jóvenes relegando a los mayores...?
Como objetivo a largo plazo, hay que tratar de imponer a la prensa, y por tanto a la opinión pública, un criterio de corrección política (o autocensura) que excluya la discriminación edadista (o racista de edades) y adopte un ‘enfoque de edad’. Y en esta misma línea mimética respecto al modelo de género, también convendría adoptar otras retóricas reivindicadas por el movimiento feminista, con el que el de los mayores tiene tan clara afinidad electiva. Por ejemplo, reivindicando cuotas paritarias con distribución proporcional de puestos o cargos entre las diversas edades, para evitar así la discriminación en razón de la edad. O incluso demandando medidas de acción afirmativa o discriminación positiva, a fin de proteger a los mayores excluidos mediante alguna clase de sobre representación compensatoria.
Pero todas estas demandas u otras análogas sólo pueden ser entendidas como auxiliares y transitorias, pues el verdadero objetivo último no es tutelar y sobreproteger con condescendiente paternalismo a los mayores sino al revés: lograr un cambio de la opinión pública que permita valorar, respetar y admirar a los mayores por sí mismos, en lugar de contemplarlos como menores de edades necesitados de tutela. Ahora bien, esto no se podrá conseguir si los mayores no se hacen valer ante los demás, lo que exige como condición a priori que aprendan antes a respetarse a sí mismos en todo lo que valen. En suma, los mayores deben adquirir el propio orgullo suficiente para ser capaces de elevar su propia voz, haciéndose respetar por lo que son.
Elevar la propia voz con orgullo de sí equivale a la ‘salida del armario’ (outing) de los homosexuales: dejar de esconderse tras la máscara o el estigma de la vejez, armarse de valor, salir al exterior, bajar a la palestra, entrar en la arena, dar la cara ante los demás, tomar la palabra en público y decir a los cuatro vientos (con el riesgo de no ser escuchado): aquí estoy yo, esto es lo que soy.
Para que los mayores puedan elevar en común su propia voz colectiva, en demanda de dignidad y respeto público, deben proceder antes a la creación de nuevas identidades y narrativas vitales, capaces tanto de atribuir pleno sentido personal y humano a su propia edad como de merecer la atención del público circundante. Lo cual puede llevarse a cabo por diversos procedimientos, entre los que destacan los círculos de lectura, los foros de debate, las prácticas autobiográficas, los certámenes literarios, los happenings y performances, así como todas las más diversas estrategias de intervención mediática capaces de afectar a la opinión pública, según el emocionante ejemplo de la citada asociación para la recuperación de la memoria histórica.
Así, poco a poco se irá construyendo un nuevo lenguaje retórico, inherente al universo semántico de las personas mayores, y capaz por ejemplo de rehabilitar el uso de términos como ‘viejo’ y ‘vejez’. Pero esa creación de un discurso nuevo sólo será posible si son los propios mayores quienes recuperan su voz y la elevan en público, tomando la palabra ante los demás. Una tarea reservada a los profetas precursores, también pioneros en este nuevo uso de las viejas palabras.

lunes, 28 de octubre de 2013

La jubilación de las mujeres




Ismael Arnaiz Markaida
Socio de Hartu-emanak

Está muy asumido eso de que “las mujeres nunca se jubilan”. Se refiere, naturalmente, a jubilarse de la atención a la familia y de las tareas del hogar. No es mi intención polemizar sobre este tema, pero si tenemos en cuenta las normas y consignas que, en los años de la dictadura, se daban desde la sección Femenina de la Falange Española y de las JONS para la preparación de las mujeres al matrimonio, me permito asegurar que las mujeres sí se jubilan, y lo hace, precisamente, cuando se quedan viudas. Así es que, para las mujeres, viudedad y jubilación, va todo en el mismo paquete.
Para reforzar mi argumento, recuerdo a los lectores algunas de aquellas normas: “ten preparada una deliciosa comida para cuando él regrese del trabajo; Ofrécete a quitarle los zapatos; Preocúpate por su comodidad; Minimiza cualquier ruido; Salúdale con una cálida sonrisa; Nunca te quejes si llega tarde; Haz que se sienta a gusto, que repose en un sillón cómodo; No le pidas explicaciones; Recuerda que él es el amo de la casa; Al final de la tarde limpia la casa....” . Que conste que es copia literal y que hay mucho más.
Leído esto, no parece equivocado el afirmar que para aquellas mujeres que recibieron y practicaron estas normas, la verdadera jubilación les llegó, precisamente, cuando se quedaron viudas. O sea, que las mujeres sí se jubilan.
Hecha esta reflexión me he acordado de una anécdota que refuerza mi argumento. Os la cuento.
Estaba yo en un restaurante comiendo con un grupo de amigos, de edades en torno a los 70 años, y en una mesa próxima estaba un grupo de mujeres, de edad parecida, y aparentemente la mayoría de ellas viudas.
Uno de mis amigos tiene la costumbre de brindar al final de las comidas, y ese día también lo hizo. Se puso de pié, copa en mano, y con gran solemnidad dijo: “Brindo para que nuestras mujeres no se quedan viudas”.
Nada más terminado el brindis, se levantó una de las mujeres que estaba en la otra mesa y, también copa en mano, con decisión y fuerte voz, para que le oyera mi amigo, hizo el siguiente brindis: “Pues yo brindo para que mi difunto marido esté en el Cielo, ya que yo, ahora, estoy en la Gloria”.
Quedó claro que aquella mujer era una de esas a las que la jubilación les llega con la viudedad.
Pues eso, que se cumpla el brindis de la mujer, y del de mi amigo que sea lo que Dios quiera.

martes, 22 de octubre de 2013

Envejecimiento activo



Éamon de Valera (1882 – 1975) fue una de las figuras políticas dominantes de Irlanda en el siglo XX. Copropietario del The Irish Press, estuvo en cargo público desde 1917 a 1973, ocupando en varias ocasiones los puestos de primer ministro y presidente. Líder importante en la independencia de Irlanda del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda y de la oposición al Tratado Anglo-Irlandés producido por la Guerra Civil Irlandesa. De Valera fue el autor de la constitución de Irlanda.
Fue matemático, profesor y político. Fue también canciller de la Universidad Nacional de Irlanda desde 1922 a 1975.
Sirvió como jefe del gobierno irlandés en tres ocasiones Terminó su carrera política como Presidente de Irlanda, cumpliendo dos periodos desde 1959 (con 77 años) hasta 1973.
En junio de 1959 a los 77 años De Valera fue elegido Presidente de Irlanda. En esa época, De Valera estaba totalmente ciego, ocultando el hecho con la ayuda de un asistente que le susurraba a De Valera instrucciones como el número de escalones o donde mirar. Como Presidente recibió a visitantes de renombre, entre ellos a los presidentes Charles de Gaulle o John F. Kennedy.
Reelegido, se retira de su cargo de presidente tras 14 años, el máximo tiempo permitido,  en 1973, a la edad de 91 años, el más anciano jefe de estado.
En 1975 Eamon de Valera falleció en Blackrock, Condado de Dublín. Fue enterrado en el cementerio Glasnevin de Dublín.

lunes, 21 de octubre de 2013

Imágenes de las personas mayores. Una necesaria aclaración conceptual



¿Mayores inactivos? ¿Mayores improductivos?
 
Dña. Sacramento Pinazo Hernandis
(Extraído de las V. JORNADAS de Hartu-Emanak “Mitos y realidades de las Personas Mayores” Bilbao, 22 al 24 de noviembre de 2005 cuyas ponencias pueden encontrarse en la pagina web de Hartu-Emanak)


Existe un enorme caudal de ayuda (sin contraprestación económica) que las personas mayores dan diariamente, y que es muy importante para la vida social y comunitaria. Y hacemos referencia, por ejemplo, al cuidado de los enfermos, a la ayuda en la crianza de los nietos, al mantenimiento de los jóvenes no-emancipados- todavía y cuya salida del hogar familiar cada vez se retrasa más y más, a la participación en actividades voluntarias…
¿Viejos, ancianos, tercera edad, mayores, jubilados? En cuanto a la terminología parece más conveniente utilizar unos términos que otros. Por ejemplo, el término ‘viejos’ tiene un carácter claramente peyorativo, de desgaste e inutilidad. El término ‘anciano’ podría ser adecuado pues se refiere a un período de la existencia humana que viene detrás de la infancia, la adolescencia y la madurez. El eufemístico término ‘tercera edad’ ha tenido bastante aceptación pero es de difícil explicación ya que no existe una primera ni una segunda edad. ¿Cuál es, entonces, el calificativo más apropiado para referirse a los mayores de 65 años? Tanto para las personas de 65 ó más años como para los que se encuentran entre 18 y 64 años el término preferido es el de ‘mayores’, mientras que el término menos apropiado para ambos grupos es el de ‘viejos’.
El concepto ‘jubilación’ que marca la barrera entre los menores y los mayores de 65 años únicamente representa una marca jurídica, socialmente establecida, aunque es evidente que no todo el mundo abandona el mercado laboral a esa edad (en muchos casos la decisión ni siquiera depende de uno), y, además, hay muchas personas que nunca se jubilan porque nunca se insertaron profesionalmente, las amas de casa, por ejemplo.
La ‘tasa de dependencia’, por citar otro ejemplo, que no es más que un valor, una manera de cuantificar ‘el peso económico’ de la población no activa (y que, además, engloba a los menores de 16 años y los mayores de 65 años, y a todos aquellos discapacitados de cualquier grupo de edad que perciben pensiones) conlleva lecturas fatalistas del envejecimiento poblacional. Según ésta se etiqueta de dependiente a todo aquel que no trabaja (aunque a menudo se olviden todos sus años de cotización laboral a la Seguridad Social), convirtiendo en un fracaso estatal lo que más bien es un éxito poblacional: el que cada vez haya más gente que sobreviva hasta edades muy longevas.

martes, 8 de octubre de 2013

¿Hay diálogo con los mayores?



José Ramón Diez Collado
Miembro del Observatorio del Mayor de Navarra
Publicado en EM noviembre 2009

Un modo de expresarse de la gente es el diálogo, es decir, la conversación mediante la cual dos o más personas se intercambian información y se comunican pensamientos, sentimientos y deseos. Tiene dos variedades: el diálogo oral y el escrito. El oral es más espontáneo y expresivo, pues entre los interlocutores que conversan intervienen gestos, entonaciones y actitudes; no obstante, en él hay que guardar ciertas normas, como respetar al que habla, escuchar antes de responder, pensar en lo que dicen los demás y admitir las opiniones de los otros. El escrito es mucho menos espontáneo y expresivo, pero sí un modo de dialogar con menos errores al tener más tiempo para pensar y corregir. Sin embargo, las dos maneras presentan el mismo objetivo: intercambiar información y comunicar pensamientos, sentimientos y deseos en un clima de respeto.
Cuando de contextos formales se trata, tenemos el diálogo social, esto es, aquel que se da entre representantes gubernamentales o institucionales y organizaciones ciudadanas para tratar políticas económicas, sociales…de interés común. Su validez y eficacia requiere de ciertas condiciones, como la presencia de organizaciones ciudadanas independientes con capacidad técnica y acceso a la información necesaria, o la voluntad gubernamental de dialogar, o el compromiso político sincero.
En la familia, contexto más informal, aunque no menos importante como vamos a ver, con más frecuencia de lo deseado ocurre que se pretende en exceso el diálogo, o éste brilla por su ausencia. A veces se intentan crear ambientes de diálogo con los hijos y para ello se trata de verbalizarlo todo, lo cual es una actitud errónea que con facilidad lleva a los padres a convertirse en interrogadores y sermoneadores, y a que los hijos no escuchen o huyan con evasivas; es un proceder de no diálogo que lleva al distanciamiento entre generaciones al confundirse la comunicación con la enseñanza y, el diálogo con el monólogo, cuando dialogar es también escuchar. En otras ocasiones ni siquiera se plantea la conversación porque hay incapacidad de comunicarse.
En ambas situaciones extremas no hay diálogo, carencia que con el tiempo acarreará consecuencias negativas para las personas, las familias y los grupos sociales. Es una anomalía, inicialmente de distanciamiento de los padres hacia sus hijos, que provoca después en éstos, cuando son adultos, el alejamiento sin diálogo de sus progenitores. También como derivación, sistemáticamente se marginará a los mayores de las interlocuciones que traten de las cuestiones que les afectan, pues por experiencia no se les considera válidos para representar ese papel.
La familia es el referente fundamental para aprender a dialogar, capacidad que siempre deriva en actitudes positivas, como la disposición a cooperar en las políticas sociales representando a los grupos vulnerables necesitados de ayuda, con independencia, información y actitud crítica positiva. Al margen de la cuestión mencionada antes de la voluntad gubernamental de dialogar y el compromiso político sincero, aquí cabe plantearse la pregunta: ¿presenta la tercera edad el apoyo de gente con estos rasgos para participar en el diálogo social?
Desde el Observatorio del Mayor de Navarra vemos que son imprescindibles organizaciones de mayores que participen eficazmente en los proyectos sociales y en la puesta en marcha de programas de atención a la tercera edad (asistencia, centros de ocio, sensibilización acerca de los problemas del mayor, atención, etcétera); organizaciones con capacidad para gestionar proyectos, movilizar recursos, llevar a cabo las acciones planeadas... y que sean interlocutores válidos del agente institucional más fuerte del sector terciario: el gobierno local. En definitiva, y en esta línea, es necesario crear consejos del mayor propios que participen en el diálogo social con las administraciones de su ámbito regional y que sean el cauce de la reivindicación de nuestros derechos.

domingo, 6 de octubre de 2013

Del Trabajo y la Competitividad

 

I.- DEL TRABAJO Y DE LA COMPETITIVIDAD
Por M.Calle
Miembro de Hartu-emanak

El paro en sociedades desarrolladas no es un hecho coyuntural, es el producto del grado de desarrollo, y llegado el momento, una lacra que nos va acompañar siempre.
Todo el trabajo del mundo conforma una tarta con unas dimensiones definidas, es de un tamaño determinado, a pesar de la complejidad de las actividades en una sociedad moderna.
De forma paulatina, acompañando los avances tecnológicos, los pedazos de tarta que se comerán las maquinas cada vez será mayor. Todo lo que se pueda mecanizar, es más homogéneo, más barato y mas competitivo.
Cada vez es menor la tarta disponible, cada vez es mayor la población activa, en consecuencia el paro se incrementara con el paso de los años.
El sistema actual no puede funcionar porque cada vez necesita menos personas para producir bienes de consumo, y en consecuencia cada vez hay menos personas con capacidad de compra…
…y ahí esta la contradicción, el sistema necesita demanda para los productos que fabrica y al mismo tiempo echa a los productores al paro porque no los necesita en sus cadenas de producción…
…Por otro lado el sistema no le permite cambiar, la competitividad se lo impide, nadie se plantea actualmente basar su producción en el empleo masivo de la mano de obra, las maquinas son mas eficaces y mas baratas y por tanto mas competitivas.




 Un momento…


-        ¿El paro es coyuntural o signo de nuestro tiempo?
-        ¿Tiene futuro un sistema que no necesita personas para producir?
-        ¿Tiene futuro  un sistema con paro creciente?

II.- DE LA COMPETITIVIDAD

Cualquier proyecto de negocio se tiene que plantear con tecnología punta, si quiere tener presencia en el mercado
Las empresas en un libre mercado están obligadas a participar en una carrera de fondo que no tiene fin, el premio es obtener un producto excelente, que no tenga competencia posible, y esto lamentablemente solo es una quimera…
…Porque siempre en algún lugar del mundo y en un tiempo cada vez mas breve, aparece alguien con un nuevo producto que mejora al que pensábamos que era insuperable, y si no quieres quedarte obsoleto…
…tienes que empezar de nuevo, con renovadas energías, con mas exigencias a cada uno de los departamentos, eliminado imperfecciones, sustituyendo normalmente personal por tecnología etc...,etc…
…Hay que ganar como sea, todo por subsistir, todo por la competitividad.
En este sistema, la competitividad esta situada en el puesto numero uno, todo lo demás esta subordinado a ella, incluso las personas que deberían ser los supuestos beneficiarios de cualquier sistema económico. Estamos perdiendo el norte, ¿estamos equivocando el objetivo principal?
En las empresas trabajan personas que no son maquinas, tienen limitaciones en su condición físicas y psíquicas, las personas llegan hasta donde llegan, tienen limites, y si se sobrepasan, como ocurre a menudo, se crea una sociedad enfermiza y despiadada.
Cuando la competitividad realiza la selección natural, y las empresas mas débiles se caen, el trabajo se concentra en unos puntos concretos y el paro, en el resto del tejido empresarial.
A pesar de sus logros, el sistema económico vigente, solamente satisface las necesidades de aquellos que tienen poder adquisitivo y deja morir de hambre a 80.000 personas al día…

… porque no tienen dinero, circunstancia esta que le puede pasar a cualquiera, solo  tiene que parirte tu madre en un lugar adecuado.


Un momento…


¿La competitividad tiene que ser el objetivo nº 1?

- ¿Cuál es el futuro, la competitividad o la colaboración?