martes, 12 de septiembre de 2017

Programas intergeneracionales




Los programas intergeneracionales
Publicación de Hartu Emanak


Desde mediados de la década de los noventa (del siglo pasado), Naciones Unidas viene formulando la necesidad de construir una “sociedad para todas las edades”, y son muchas las opiniones que consideran que si aumentamos y organizamos de modo adecuado las oportunidades que las personas de una generación pueden tener para relacionarse con personas de otras generaciones, se puede conseguir que un mayor número de esas personas decidan aprovechar la ocasión y practicar más la interacción intergeneracional.
Asumida esta opinión, es fácil considerar que cuantas más relaciones entre las generaciones se produzcan, más cerca estaremos de eliminar alguna de las barreras que impiden, hoy por hoy, que nuestras sociedades sean realmente “para todas las edades”.
En una encuesta realizada por el Observatorio de Mayores del INSERSO, se vio, entre otros aspectos relacionados con las actividades desarrolladas por las personas mayores, que el estar con niños o con jóvenes tan sólo era la décima actividad más frecuente de las personas mayores encuestadas.
Este dato nos plantea una pregunta: ¿el contacto entre generaciones no es mayor porque no se ofrecen más oportunidades para ello o porque las oportunidades existentes no son suficientemente atractivas?
Profundizando más en el tema, nos podemos preguntar: ¿es posible pensar en implantar una “sociedad para todas las edades” en la que cada persona, como individuo tenga sus derechos garantizados pero, a la vez, no tenga facilidades para mantener relaciones cotidianas con otras personas de distintas edades? ¿nos conformamos con estar bien, o de lo que se trata es de poder estar bien juntos?
Con el fin de dar respuestas adecuadas a estas preguntas, en la II Asamblea Mundial sobre el Envejecimiento celebrada en Madrid en 2002, se reconoció que “es necesario fortalecer la solidaridad entre las generaciones y las asociaciones intergeneracionales, teniendo presente las necesidades particulares de los más mayores y los más jóvenes, y alentar las relaciones solidarias entre generaciones”. Y una forma de conseguirlo, también según Naciones Unidas, “es apoyando las actividades tradicionales y no tradicionales de asistencia mutua intergeneracional dentro de la familia, la vecindad y la comunidad, aplicando una clara perspectiva de género”.
El distanciamiento y el enfrentamiento entre las distintas generaciones está en el origen de los Programas Intergeneracionales (en adelante PI), que comenzaron a desarrollarse en Estados Unidos hace cuatro décadas. Hasta la fecha, estos programas han demostrado, dentro y fuera de Norteamérica, que pueden ayudar a eliminar, o al menos a disminuir, las barreras que dificultan el contacto y las relaciones intergeneracionales, y facilitar el objetivo marcado por Naciones Unidas: “construir una sociedad para todas las edades”. Ahora bien, como defiende Generations United, organización que promueve y defiende los PI en Estados Unidos, éstos no deben ser algo bonito sino algo necesario y efectivo. Incluso se puede decir más: deben ser algo diseñado, programado y desarrollado, con la participación de personas de distintas generaciones, para su beneficio mutuo y del conjunto de la sociedad.
De todo lo anterior se desprende que el fin último de los PI, es la construcción de una sociedad para todas las edades, propuesta por Naciones Unidas no sólo como un concepto, sino también como un ideal, una meta y el argumento principal de la Segunda Asamblea Mundial sobre el Envejecimiento celebrada en Madrid en 2002.

viernes, 1 de septiembre de 2017

Una propuesta nueva para resolver cuatro necesidades



Una propuesta nueva para resolver cuatro necesidades
Mario Cugat i Leseurs
Presidente de FATEC
(Federación de Asociaciones de
Gente Mayor de Catalunya)

Se entiende que existe un puesto de trabajo cuando se dan dos premisas:
  1. Una necesidad, una actividad, un servicio, una obra, etc., que la sociedad demanda a través de la industria, el comercio o los servicios.
  2. La disponibilidad económica para pagar el salario y los complementos que origina el hecho de destinar una persona a realizar el trabajo solicitado.
Si la segunda premisa no es posible, el lugar de trabajo, en realidad, no ha sido creado y, por tanto, no puede decirse que exista, pero la necesidad, sí.
Partiendo, pues, de que habrá necesidades sociales, pero no posibilidades de atenderlas todas, FATEC presenta una propuesta nueva, realista y eficaz que podría ayudar a resolver cuatro necesidades: la mejora de la capacidad económica del jubilado; la utilización de su valor o capital social al servicio de la colectividad; su buena salud mental y física individual y colectiva; y la respuesta y solución a determinadas demandas de servicios y prestaciones, de otra manera al descubierto.
Se trataría de:
  • Ante una necesidad o un interés colectivo no atendible laboral y económicamente, solicitar a las personas jubiladas adecuadas para cada caso que, de manera voluntaria, en días y horarios a concretar, más reducidos que la jornada normal, atendieran esa necesidad o prestación de servicio, con alguna forma de compensación de diversa índole que recibiría de quien hubiera realizado el encargo.
  • La iniciativa correspondería a las administraciones públicas, las instituciones culturales y de servicios sociales, el asociacionismo en general, y la iniciativa popular regulada. Se trataría de crear la figura del voluntario incentivado, al margen de su pensión y sin disminución de ella.
  • Tal vez debería establecerse un acuerdo entre la administración competente, la Seguridad Social, patronales y sindicatos, y crear la correspondiente legislación que lo permitiera en determinados casos, sin que ello afectara la situación del pensionista.

jueves, 10 de agosto de 2017

La participación social de las personas mayores




Colaboración

“Se entiende la participación ciudadana como una actividad libre que de forma suficientemente intencionada pretende influir en o con decisiones en cualquier ámbito o nivel de la vida pública. Siendo a su vez un proceso de formación y aprendizaje en el diálogo plural para la búsqueda de acuerdos entre ciudadanía y poderes públicos a fin de definir de una forma dialógica políticas que respondan a los intereses y necesidades individuales y colectivas”
“De aquí es fácil deducir que las personas mayores tienen/tenemos el derecho y el deber moral y cívico de participar en la construcción de esa sociedad más humana, y que la sociedad, a través de los poderes públicos, además de ser consciente de que necesita el esfuerzo de todas las personas ha de facilitar esa participación superando concepciones edadistas y economicistas”
Debilidades para la participación de las personas mayores:
-        la escasez de recursos materiales y económicos;
-        el reducido compromiso de las personas socias o colaboradoras;
-        la falta de cultura asociativa que se refleja en una débil organización interna;
-        los mitos y estereotipos de las personas mayores que la sociedad y la Administración incorporan como teorías del “déficit” originando situaciones de discriminación por la edad, es decir, de edadismo;
-        insuficiente relación y coordinación operativa entre las propias asociaciones;
-        escasa comunicación y compromiso entre el movimiento asociativo,
-        la Administración y otras entidades que, en muchas ocasiones actúan más por clientelismo y captación de votos que por el colectivo de las personas mayores, lo que tiene como consecuencia el nulo reconocimiento de las asociaciones en los foros de decisión política.
Fortalezas para la participación de las personas mayores:
-        el alto aprovechamiento de los recursos con los que se cuenta
-        el alto potencial humano de las personas mayores
-        la creación de lazos de amistad ante las dificultades que surgen y los logros que se alcanzan;
-        el desarrollo de los valores humanos como consecuencia de la naturaleza de los proyectos
-        la potencia intrínseca de las PYMAs que acarrea la mejora técnica y social que se da en el diseño y realización de los proyectos
-        el impacto social de las PYMAs por ser éstas un instrumento de solidaridad y transformación debido a su dimensión social y a la naturaleza de sus actividades
-        la plena convicción de que, a través de voluntades mutuas, se ha de reducir la desconfianza entre las asociaciones y la Administración.

Principales objetivos y líneas a impulsar
-        La participación de las personas mayores, junto con la Administración y otras entidades, en la definición de objetivos y líneas que han de conformar un Plan Integral de Participación de Personas Mayores.
-        La superación del edaismo haciendo visibles a las personas mayores como un activo imprescindible para el mantenimiento y transformación de todas las esferas existenciales, tanto en el espacio público como en el privado: sociales, políticas, culturales, formativas, económicas, familiares, etc.
-        El impulso de políticas de igualdad de cara a las personas mayores dependientes, tomando conciencia de que la dependencia aumenta el poder colectivo sobre el individuo, a fin de que dicho poder sólo se emplee para remediar carencias y debilidades, y no para perpetuarlas en nombre de una “compasión” autoritaria.
-        El desarrollo y control de políticas que, basadas en una democracia participativa, den respuesta a las necesidades específicas de las personas mayores en diferentes campos como: el ocio y tiempo libre en su dimensión activa; la incorporación a las nuevas tecnologías; la mejora de los niveles retributivos; la vivienda; la salud; la formación a lo largo de la vida; el asociacionismo en todas sus vertientes, etc.
-        La coordinación interinstitucional como metodología para el desarrollo de las políticas acordadas. Para ello sería necesario, entre otras cosas, que los poderes públicos a la hora de legislar tuvieran en cuenta la variable “enfoque de edad” junto con otras como, por ejemplo, la variable “enfoque de género”.

jueves, 20 de julio de 2017

Los proyectos en adultos mayores




Ciano Natalia
Docente de la Facultad de Psicología, UNLP
Mirta Gavilán
Doctora en Psicología.
Profesora Facultad de Psicología, UNLP

La actual distribución demográfica indica un incremento del envejecimiento poblacional en el mundo y en nuestro país; esto genera un gran interés y preocupación en el tema, ya sea desde los sectores que estudian las tendencias demográficas como en aquellas personas responsables de garantizar y sostener la calidad de vida de los Adultos Mayores (Fernández-Ballesteros, 2007; Staffolani, Orlando & Enria, 2006; Tamer, 2008). El nuevo paradigma en torno al envejecimiento y a la vejez apunta a la plena realización de todas las dimensiones del ser humano, no sólo a un buen estado de salud, sino a la participación social, a la realización personal, etc. Es por ello que el término elegido para designar este nuevo modelo es "Envejecimiento Activo". Dicho concepto fue introducido en el Plan de Acción sobre Envejecimiento 2002. Desde la Organización Mundial de la Salud se sostiene que si se quiere hacer del envejecimiento una experiencia positiva, una vida más larga debe ir acompañada de oportunidades continuas de autonomía y salud, productividad y protección. Se define al envejecimiento activo como el "proceso por el cual se optimizan las oportunidades de bienestar físico, social y mental durante toda la vida con el objetivo de ampliar la esperanza de vida saludable, la productividad y la calidad de vida en la vejez" (OMS, 2002: 79). El término "activo" refiere a una implicación continua en cuestiones sociales, económicas, espirituales, culturales y cívicas, no sólo a la capacidad para estar físicamente activo.
Ahora bien, teniendo en cuenta estos lineamientos y el aumento de la expectativa de vida surgen los siguientes interrogantes ¿Cómo elaboran los nuevos proyectos los adultos mayores?, ¿cómo se utiliza el tiempo libre, luego del retiro laboral?, ¿qué tipo de preparación u orientación se le ofrece al jubilable, o a quienes no han circulado por el sistema educativo y/o laboral, para elaborar nuevos proyectos?
Debido a la carencia en nuestro país de políticas de orientación para el retiro o para la generación de nuevos emprendimientos se instala como problema a investigar cómo resuelven la elaboración de nuevos proyectos los adultos mayores que han pertenecido al sistema formal de trabajo y aquellos que se han mantenido fuera de él.
Al haberse extendido la esperanza de vida, restan muchos años luego de la jubilación en los que se dispone de mayor tiempo libre. Sin embargo, debido a la pérdida de un proyecto laboral, que seguramente ha abarcado gran parte de la vida, se producen reorganizaciones en la constitución de la identidad personal y ocupacional, lo cual requiere elaborar cuestiones relacionadas con la pérdida de un lugar social de pertenencia, del ámbito socializador del trabajo y fundamentalmente la posibilidad de elaborar nuevos proyectos. Aisenson plantea que "la manera en que el individuo sobrelleve esta etapa del ciclo de vida dependerá de la identidad que logró constituir y del apoyo social recibido (...) así como de las posibilidades de construir y redefinir proyectos, a partir de la visualización de los propios recursos y la movilización de estrategias que permitan ponerlos en marcha"  (Aisenson, 2002:113).

domingo, 9 de julio de 2017

Las pensiones del futuro




Mario Cugat i Leseurs
Presidente de FATEC
(Federación de Asociaciones de
Gente Mayor de Catalunya)

Entendemos que, sobre todo a partir de la década de 2040, la sociedad catalana, la española y, probablemente, la europea se hallarán, con gran probabilidad, con cinco circunstancias destacadas:
  • Un número de ciudadanos de más de 65 años del orden de los dos millones y medio en Cataluña y de los trece millones en todo el Estado, la mayoría de ellos pensionistas, con una esperanza de vida restante certera próxima a los veinte años, con buena salud, activos, muy culturizados, bien preparados profesionalmente y con un espíritu dinámico, a quienes no se podrá tener aparcados sin hacer nada y a quienes habrá que proporcionar una salida sociológica para mantener una buena salud mental individual y colectiva.
  • Ciudadanos que habrán generado derecho a pensión de jubilación u otras y a la prestación de los servicios sociales vigentes, y todo ello deberá cubrirlo y atenderlo la sociedad del momento.
  • En una sociedad hedonista como es la europea, la gente demandará cada vez más y más servicios y prestaciones sociales, sanitarias, culturales y de todo tipo, pero las limitaciones presupuestarias, derivadas de la dificultad de incrementar la presión fiscal, evitarán que estas demandas puedan ser atendidas debido a la insuficiencia económica de las administraciones públicas.
  • La elevada cantidad de jubilados, junto con la dificultad de incremento fiscal, hará que las pensiones del futuro deban basarse en la cotización de toda la vida laboral y en otras medidas complementarias para mantener la sostenibilidad del sistema. Ello significa que las pensiones serán, en porcentaje, inferiores a las actuales y más insuficientes aún.
En consecuencia, es previsible una tensión social derivada, por una parte, de jubilados insatisfechos de su nivel económico y, por otra, de una ciudadanía con necesidades y demandas viejas y nuevas, lo que obligará a encontrar soluciones imaginativas con el fin de atenderlas y rebajar la presión social.

jueves, 29 de junio de 2017

La jubilacion una nueva etapa vital



La jubilaciones una nueva etapa vital
Colaboración
Las personas que se jubilan no dejan de vivir sino que inician una etapa que es diferente y que suele ser atractiva. La jubilación es un tiempo distinto. No se depende de un jefe, ni de horarios, ni de la puntualidad ni del transporte. Dependes de ti mismo mucho más que antes. Esto es importante. Puedes hacer muchas cosas y a tu aire.
Las personas mayores siguen desarrollando aprendizajes y conocimientos. Tienen experiencia memoria y capacidades.
Todas las personas jubiladas y las personas mayores pueden hacer frente a los problemas y situaciones que se les presenten.
Las personas jubiladas son capaces de realizar actividades creativas y participativas
Hay personas jubiladas que participan y llevan adelante toda clase de asociaciones. Así influyen en la sociedad mejorándola. También influyen en personas concretas ayudándoles en sus necesidades
El que se jubila tiene que hacer un esfuerzo para encontrar su nuevo papel y su nuevo rol en la familia, entre los amigos, en su entorno y en la sociedad.
Hay que romper los estereotipos que existen sobre los jubilados y sobre las personas ma yores
Los jubilados tienen
capacidad intelectual
tiempo
ideas
memoria de los sucesos y acontecimientos ocurridos a lo largo de su vida en su entorno y fuera de él.
Los jubilados pueden
explicar la historia
realizar antiguos proyectos
participar en los cambios de la sociedad
ser útiles a la familia
Los jubilados son necesarios en muchos lugares y para muchos proyectos y para muchas personas.
Los jubilados y la gente mayor son personas con derechos y con obligaciones.
Tendremos dignidad si damos un sentido a nuestra vida
La jubilación es una oportunidad para saber quién soy yo y cómo soy y qué puedo. Esto quiere decir que tal vez para muchos sea una de las pocas veces en la vida en que se siente a sí mismo tal y como es. Puede descubrir aspectos que estaban escondidos. Nos despojamos del deber laboral, de algunos condicionamientos sociales y del rol que teníamos como si todo esto fuera un ropaje. Nos quedamos con muy poco aparentemente pues podemos descubrir nuestras potencialidades y habilidades, nuestras seguridades y nuestras dudas.
El compromiso con nosotros mismos nos lleva a querer y a realizar cosas agradables.
El compromiso con los demás nos lleva a ser útiles.
La jubilaciones un reto de experimentar de otra manera la vida y la presencia en la sociedad
La jubilación tiene el riesgo de sentirse excluido, de sentirse inútil y de que ya no hay nada que hacer.
La jubilación puede ser un compromiso en beneficio propio y en beneficio de la sociedad.

martes, 13 de junio de 2017

Mayores y menores




Tico Medina
Esta es una crónica a dos bandas. Eso sí, banda de música y banda de triunfo, nada de las otras bandas, que ya nos sobran, y además, que en cuanto pueden nos fastidian, que las crónicas de sucesos están llenas de gentes que asaltan a los mayores en los parques, en las cuatro esquinas, en los vacíos, para tirarnos de la cartera o robarnos las pertenencias, en un tiempo en el que no estamos para sustos, dadas nuestras edades. Y les digo que es a dos bandas porque hoy toca dar un abanico de nombres con noticia: José Luis Sampedro, excelente novelista y mi profesor hace ya tantos años, dice que, a los 91, "veo las cosas con más transparencia y con más claridad y lucidez que nunca". Y es que la edad es un primor. Miren, que don Manuel Fernández Álvarez, a sus 86, escribe bestseller, desde el rigor de la historia. O lo que dice nuestra Concha Velasco, cuando afirma que "lo importante es no mirar atrás". Claro, como la Preysler, por la que no pasa el tiempo, quien confirma: "A mí no me da tiempo a envejecer".
Este año se lleva mucho el abanico, incluido entre los caballeros de nuestros años, portándolo en el bolsillo superior de la camisa, chaqueta fina o guayabera —tengo tanto que contarles que a veces se me va el santo al cielo—. A lo que voy: acaba de nacer una especie única, inimitable, que se llama la abuela del artista, que hasta hace poco había un personaje excepcional, que valía por diez, n i qué decir que mucho más que el representante de la estrella, que era la mamá del artista.
Era la verdadera, amorosa y furiosa defensora de las cualidades de la estrellita que deseaba brillar en el cielo de la fama, ya fuera cantando, bailando, y junto a ella, uno, el reportero de guardia tenía que vérselas siempre con aquella guardiana. Tenía más razón, y más sin razón que ningún otro representante. Era la mamá del artista. Más les digo: se hicieron coplas sobre el tema, películas y obras de teatro, y en todas brillaba aquella protectora, defensora y empujadora, además de la niña que hacía algún primor de cara a su futuro. De un tiempo a esta parte observo, incluso, en mis propias carnes, en mis propios programas de radio y televisión del sur por donde ando, que la madre del artista ha sido sustituida, con eficacia, con fuerza, con argumentos, por la abuela del artista, que no necesita mayor definición, ya que es la madre de la madre, puesto que generalmente esta última está trabajando, y es la abuela la que se dedica a ser representante de la estrellita que acaba de aparecer, dispuesta a ser la más grande en lo suyo.
Tienen fuerza las abuelas, más que las propias madres, porque saben mucho más que sus hijas de sus nietas, ya que con ellas viven, conviven y, a veces, las fuertes abuelas, más que nada, sobreviven. Son las madreabuelas, que están teniendo tanto que decir en el mundo que vivimos, de las operaciones triunfos, los certámenes Fama, les permite aparecer en escena con el cuchillo entre los dientes, las mayores junto a sus menores. ¡Qué sería de los menores sin los mayores!, ¡pero que sería de nosotros, los mayores, sin nuestros nietos, los menores...!

viernes, 2 de junio de 2017

Voluntariado y Personas Mayores




Mario Cugat i Leseurs
Presidente de FATEC
(Federación de Asociaciones de
Gente Mayor de Catalunya)

Cuando una persona se jubila y pasa a ser pensionista, las legislaciones vigentes le impiden realizar cualquier actividad laboral y la percepción del salario correspondiente. Ello es lógico, dado que ya queda compensado por la pensión. Solo puede recibir algún ingreso económico si imparte conferencias, si asiste a reuniones que tengan previsto pagar dietas y poco más.
Esto quiere decir que solo puede dedicarse, de modo gratuito, al voluntariado de todo tipo, si bien puede resarcirse de los gastos que esta actividad le comporte, siempre y cuando la entidad en la que actúe pueda hacerlo.
Como consecuencia, y sea la que sea su acción de voluntario, desde el simple ocio organizado hasta la prestación de servicios sociales, está retornando generosamente capital y valor social a su comunidad, y la sociedad saca provecho de ello gratuitamente.
Las personas, de todas las edades, que se dedican al voluntariado de cualquier clase lo hacen desde una vocación personal de tipo religioso; por convicciones ideológicas, políticas o de solidaridad; desde el conocimiento de determinada carencia y la inquietud por resolverla; por el placer de participar en determinadas actividades que le resultan atractivas; por estar ocupado y distraerse, etc. En definitiva, pocas son las personas dedicadas a este tipo de actividades, por otra parte diversas y variadísimas.
Se observa que la juventud es capaz de dedicar tiempo, esfuerzo y sacrificio para actuar gratuitamente como voluntario ante hechos y situaciones básicamente de emergencia, en casa o fuera, pero siempre durante un tiempo determinado y sin admitir una vinculación permanente, al contrario que la persona mayor, en general más dispuesta al vínculo a largo plazo.
Los datos y la experiencia nos dicen que de todas las campañas, jornadas anuales, cuñas radiofónicas, anuncios, etc., dedicados a captar voluntarios se extrae un provecho mínimo. Y en el caso de las personas mayores, específicamente, la mayoría de las que están vinculadas a centros, ateneos y otras entidades diversas buscan únicamente distracción y ocio, sin aportación de valor social.

lunes, 22 de mayo de 2017

El rejuvenecimiento de la Vejez






Manuel Maria Meseguer
periodista
El título no trata de masajear el ego de los longevos o los aspirantes a serlo. En los últimos años se ha producido un proceso, al menos curioso, en cuestiones de la edad madura. Antes se ocultaba la edad, a no ser que el deterioro físico la mostrara descarnadamente. Ahora, todos los mayores de 60 años dicen su edad con una expresión que parece aguardar la réplica sorpresiva del interlocutor "Tengo 78 años", comunica con la sonrisa en los labios y las cejas arqueadas. "¿78? Parece que tuviera 60", es la respuesta que se espera del confidente y, si no se provoca, el resto de la conversación puede ser fastidioso. Pero no, no va de longevos orgullosos el asunto, sino de longevos con más años de ociosidad que de trabajo.
Cada poco, de manera recurrente, y casi siempre coincidiendo con periodos de crisis económica o con la sensación de ella, el tema de la madurez en el trabajo se echa sobre la mesa como una letra de cambio. Recientemente el diario francés Le Monde se hacía eco de los trabajos de los gabinetes de contratación laboral y de sus inquietudes, al preguntarse de un modo nada retórico que teniendo en cuenta que la vejez laboral llega cada día más joven, dónde se instalaba dicha vejez: ¿en los 45 años, en los 50? Realmente se trata de un problema ampliamente estudiado y que nos lleva a la paradoja de que, conforme se aleja la vejez física saludable hacia horizontes impensables hace unos años, los departamentos de recursos humanos de las empresas "rejuvenecen" la vejez laboral hasta extremos grotescos, de modo que los requisitos de los treinta y cinco o cuarenta años, por ejemplo, para cobrar una pensión de jubilación íntegra, serán inalcanzables a la vuelta de una década. Refería el vespertino francés que alargar la vida laboral a partir de los 50 años se ha convertido en una prioridad del gobierno de Francia, país que califica como el peor alumno de Europa en cuanto a políticas de empleo sénior. Pero aceptaba que la voluntad gubernamental tropezaba con la realidad del mercado de trabajo, para el que los seniors son "demasiado caros, poco motivados y rígidos" y quedaba fuera de las prioridades empresariales emplear a los "sienes plateadas" en expectativa de empleo.
No se sabe si es el deseo el que oculta la realidad, pero el caso es que dicen los expertos que comienza a atisbarse un cierto cambio de ciclo que anunciaría que la discriminación laboral por edad pueda estar tocando a su fin. Y ello, a causa del envejecimiento general de la población, fenómeno en el que España será indeseable líder, pues se calcula que, en 2050, la población española será la más anciana de la Unión Europea. También hay algunas señales. Recientemente se informaba de que los ingenieros de Telecomunicación de Cataluña habían realizado gestiones para recuperar a prejubilados y paliar así el déficit de profesionales en el sector. La dialéctica entre incorporar juventud barata en las empresas a cambio de la pérdida del talento caro parece que se terminará resolviendo a favor de un mix de ambas en la formación de equipos multiedad que favorezcan el verdadero "envejecimiento activo". Este sí, causante del rejuvenecimiento de la vejez.

martes, 9 de mayo de 2017

Los abuelos de entonces




Abel Hernández
Escritor y periodista
Me parece que en estas cartas no te he hablado todavía con algún detenimiento del trato que recibían los mayores en el pueblo cuando yo era niño. Eran tiempos en que regía la familia patriarcal. La casa era para toda la vida y pasaba de padres a hijos, de una generación a otra.
Allí se nacía, se vivía y se moría, al lado de los animales domésticos y con el recuerdo visible de los antepasados.
Los abuelos convivían en la misma casa con los hijos y con los nietos. El respeto a los mayores constituía una regla sagrada. Regía el principio de autoridad, matizado por el afecto. Los abuelos ocupaban físicamente un lugar destacado en el hogar en tomo al fuego, y se les escuchaba con atención. Los hijos y los nietos los tratábamos siempre de usted. El tuteo no se usaba. Tú eres de una generación en la que se ha impuesto el tú por tú y se han roto por primera vez las reglas establecidas. No sé si esta ruptura tiene que ver con la "revolución de las costumbres" de mayo del 68, que yo viví en la Universidad de Madrid y aquel mismo verano, en París. Habiendo sido testigo directo y activo del cambio, lo más que me atrevo a decirte es que esto tiene ventajas e inconvenientes. En unas cosas hemos avanzado y en otras hemos retrocedido. "¡No sé adonde vamos a llegar!", era una de las frases que más oía yo de niño. Imagínate lo que dirían ahora mi abuelo Natalio y mi abuela Bibiana si levantaran la cabeza.
Me parece que la pérdida de respeto a los mayores, la atomización de la familia, la desconexión entre las distintas generaciones y el exceso de individualismo son algunos de esos inconvenientes. Nunca debería romperse el diálogo entre abuelos y nietos.
Este trato afectuoso alegra la vida de los mayores y ayuda a formar la personalidad de los chicos. La ruptura abrupta del cordón de la tradición conduce a perder las referencias esenciales e ir a la deriva.
En algo no hemos cambiado mucho, a pesar de todo. Siguen siendo, por regla general, los hijos los que se ocupan de sus padres cuando son mayores y no pueden valerse por sí mismos, bien llevándoselos a su piso o bien trasladándolos a una residencia. Y son, con frecuencia, los abuelos en buen uso, cada vez más abundantes, los que se encargan de los nietos mientras los hijos trabajan. En mi pueblo, cuando enviudaban y no podían valerse por sí mismos, solían ir por meses de una casa a otra de los hijos, a veces de forma agradable y a veces no tanto. Ocurría con frecuencia que se congeniaba mejor con unos hijos que con otros, con lo que esta peregrinación obligada podía convertirse en un calvario. Por lo demás, la pensión era mísera y los cuidados sanitarios apenas existían.
El que no cojeaba, renqueaba, caminando con su cachaba por las calles sucias y mal empedradas, viendo ya, como dice Ortega, "la espalda de las cosas", mientras vosotros, los jóvenes, veis la cara de las mismas cosas. Por eso somos complementarios.
Es la única manera de tener una correcta visión de k vida que pasa: de lo que se va y de lo que llega. Seguramente lleva razón Rousseau: "La juventud es el momento de estudiar la sabiduría; la vejez, el de practicarla".
¡Cuánta sabiduría se pierde cuando a los mayores se les somete al silencio