domingo, 25 de octubre de 2015

Un poco de humor con la tecnología a la última.



Un poco de humor con la tecnología a la última

Antonio sacó el papel de su bolsillo, confirmó lo que leía y pregunto a la dependienta:
-        Hola, tenéis pendrive?
-        Si, tenemos.
-        ¿Que es un pendrive? ¿Puedes explicármelo? Mi hijo me pidió que le comprara uno.
-        Bueno, un pendrive es un aparatito en el que se guarda todo lo que hay en el ordenador...
-        Ah, es como un disquete...
-        No. En el pendrive Vd. puede salvar textos, imágenes y películas. El disquete, que ya ni existe, solo guardaba texto.
-        Ah, vale, quiero uno...
-        ¿Cuántos gigas?
-        ¿Ehhhh?
-        ¿Cuántos gigas?
-        Y... ¿qué es un giga?
-        Es el tamaño del pen.
-        Ah, vale. Quería uno pequeño, que sirva para llevar en el bolsillo, no muy grande...
-        Todos son pequeños, señor. El tamaño se refiere a la cantidad de cosas que puede guardar...
-        Ah, vale.... ¿Y cuántos tamaños tenéis?
-        Puede tener 2, 4, 8, 16 gigas...
-        Hmmmm, mi hijo no me dijo cuántos gigas necesita...
-        En ese caso, lo mejor es llevar el mayor.
-        Si, bueno, creo que si... ¿cuánto cuesta?
-        Bueno, el precio varía según el tamaño. ¿Su entrada es USB?
-        ¿Cómo?
-        Es que para acoplar el pen en el ordenador debe haber una entrada compatible...
-        ¿USB no es la potencia del aire acondicionado?
-        No, eso es BTU.
-        Ah! Si, es eso... Confundí las iniciales... Y yo que sé si la entrada del ordenador es USB...
-        USB tiene una salida rectangular con unos dientecillos que encajan en el puerto USB. El otro tipo es el PS/2, más tradicional, aquí Vd. tiene que meter el pin en un agujero redondito... ¿Su ordenador es nuevo o antiguo? Si es de los nuevos es USB, pero si es algo más viejo es PS/2.
-        Creo que el mío tiene 2 años. El anterior aún tenía disquete. ¿Te acuerdas del disquete? Cuadradito, negro, fácil de cargar, casi no tenía peso. Mi primer ordenador funcionaba con esos disquetes que había, tipo galleta, grandones y cuadrados. Era muy simple... ¿No crees? Los de hoy ni tienen entrada para disquete. O es CD o pendrive. ¡Qué cosa! Bien, no sé qué hacer. Mejor le voy a preguntar a mi hijo.
-        Claro, ¿por qué no le llama?
-        Ya me gustaría, pero mi móvil es nuevo y tiene tantas cosas que ni aprendí aún a marcar...
-        Déjeme ver... ¡Guau! ¡Es un Smarthphone! Este es muy bueno... Tiene Bluetooth, woofle, brufle, trifle, banda ancha, teclado touchpad, cámara fotográfica, flash, vídeo, radio AM/FM, TV digital... también puede enviar y recibir e-mail, torpedo direccional, micro-ondas y conexión wireless....
-        ¿Blu... Blu... Blutufe? ¿Y micro-ondas? Entonces, puedo cocinar???????
-        No, no señor. Vd. me hace gracia.... Es que este funciona en el sub-padrón y por ello es mucho más rápido...
-        Y... ¿para qué sirve el blutufe ese?
-        Es para poder comunicar un móvil con otro, sin cables....
-        ¡Qué maravilla! ¡Qué gran novedad! Pero, vamos a ver, ¿los móviles no se comunican unos con otros sin cable? Yo nunca he necesitado de un cable para llamar a otro móvil... Cable, en un móvil, que yo sepa, es solo para cargar la batería...
-        No, ya veo que no entiende mucho de esto. Mire, con el Bluetooth Vd. pasa los datos de su móvil a otro móvil... Por ejemplo, su guía de teléfonos...
-        Ah! ¿Y antes necesita un cable?
-        No, tenía que cambiar el chip.
-        ¿Hein? Ah, sí, el chip... Entonces, hoy, ya no es necesario el chip
-        Si, es necesario, pero el Bluetooth es bastante mejor...
-        Que bien esto del chip... ¿Mi móvil tiene chip?
-        Momentito, déjeme ver... Si, tiene chip.
-        ¿Y yo que hago con el chip?
-        Si Vd. necesita o quiera cambiar de operador, portabilidad, todo eso, ¿sabe?...
-        Si lo sé... Claro que lo sé. ¿No iba yo a saber una cosa de esas, tan simple???? Entonces, imagino, para conectar todo eso y después de un curso de dos meses, solo necesito clicar en unos doscientos botones, ¿no? ...
-        Noooooo! Es todo muy simple... es fácil de aprender. ¿Quiere llamar a su hijo? Escriba aquí su número, teclee y apriete el botón verde... ya está llamando...
Antonio sujeta el celular con la punta de los dedos, temiendo ser llevado por los aires... hacia otro planeta!!!
-        Hola, hijo, soy papá... Si, dime hijo, el pendrive que quieres es de cuántos... ay, ¿cómo es el nombre? ... Ah, gracias, ¿cuántos gigas?... 4 gigas. Vale, y hay otra cosa... ¿cómo era? Ah, ¿la conexión es USB? … ¿Si? Vale... ¡qué locura!!! Vale, hijo, te llevo el pendrive...
-        ¿Qué edad tiene su hijo?
-        Va cumplir 10 en Marzo...
-        Oh, ¡¡que rico!!!
-        Pues sí, señorita, me llevo uno de 4 gigas con conexión USB...
-        Ok, señor... ¿lo quiere para regalo?
Más tarde, en su oficina, Antonio examinó el pendrive, un minúsculo objeto, menor que un mechero, capaz de grabar películas... Pero... ¿dónde iremos a parar? Mira con cierto recelo su móvil que está sobre la mesa. "Máquina infernal", piensa. Todo lo que él necesita es un teléfono capaz de marcar números y recibir llamadas. Y, en este momento, tiene en sus manos un dispositivo sofisticado, tan complejo que nadie que no sea especialista sabrá comprender.
En casa, entrega el pendrive a su hijo y le pide ver cómo funciona. El niño, inserta el dispositivo en el ordenador y se abre una ventana en la pantalla... Seguidamente, con el ratón, abre una página de Internet en inglés. Selecciona unas palabras y un 'heavy metal' infernal invade la habitación y los oídos de Antonio. Otro clic y se acaba la música. El niño comenta:
-        Bueno, Papa, bajé la música. Ahora, me llevo el pendrive a cualquier sitio y donde haya una entrada USB, lo inserto y puedo escuchar la música. En mi móvil, por ejemplo.
-        AH... ¿tu móvil tiene entrada USB?
-        Claro... el tuyo, también....
-        ¿Ah, sí? ¿Eso quiere decir que puedo grabar músicas en un pendrive y escucharlas en mi móvil?
-        Si, claro...
Aquella noche, antes de dormir, le dio un beso a Clarita, su mujer, y dijo:
-        ¿Sabes que tengo Blutufe?
-        ¿Qué es eso?
-        Blutufe. No me vas a decir que no sabes lo que es, ¿no?
-        No fastidies, Antonio, déjame dormir.
-        - Cariño, ¿te acuerdas de cómo era la buena vida, cuando un teléfono era un teléfono, un grabador era un grabador y un toca-discos solo tocaba discos? ¡Y solo había que pulsar un botón!
-        - Claro que me acuerdo, Antonio. Hoy es bastante mejor, ¿no? Varias cosas en una sola... Hasta tienes Blutufe y conexión USB también... ¡Que bárbaro, Antonio, mi enhorabuena!!!
-        - Clarita, con tanta tecnología envejecemos más rápido. Me pongo malo solo de pensar cuantas cosas hay por ahí que nunca usaré...
-        - Ah!!!!!  ¿Y por qué?
-        - Porque  yo aprendí a usar el ordenador y el móvil y todo lo que aprendí ya está anticuado...
-        - Hablando de eso, tenemos que cambiar de TV.
-        - ¿Qué??? ¿Se estropeó la nuestra?
-        - No, pero la nuestra no tiene HD, tecla SAP, slowmotion y reset.
-        - ¿Todo eso?
-        - Todo....
-        - Y la nueva, ¿va a tener blutufe?
-        - Buenas noches, Antonio, duérmete que ya no te aguanto más...
(El autor es desconocido, pero podría ser cualquiera de nosotros o alguien que haya nacido en los años 40, 50, 60 e, incluso, en los 70)

domingo, 11 de octubre de 2015

¿Qué cuántos años tengo?



de José Saramago
  
¿Qué cuántos años tengo?
- ¡Qué importa eso!
¡Tengo la edad que quiero y siento!
La edad en que puedo gritar sin miedo lo que pienso.
Hacer lo que deseo, sin miedo al fracaso o lo desconocido...
Pues tengo la experiencia de los años vividos
y la fuerza de la convicción de mis deseos.

¡Qué importa cuántos años tengo!
¡No quiero pensar en ello!
Pues unos dicen que ya soy viejo
otros "que estoy en el apogeo".
Pero no es la edad que tengo, ni lo que la gente dice,
sino lo que mi corazón siente y mi cerebro dicte.

Tengo los años necesarios para gritar lo que pienso,
para hacer lo que quiero, para reconocer yerros viejos,
rectificar caminos y atesorar éxitos.

Ahora no tienen por qué decir:
¡Estás muy joven, no lo lograrás!...
¡Estás muy viejo/a, ya no podrás!...
Tengo la edad en que las cosas se miran con más calma,
pero con el interés de seguir creciendo.

Tengo los años en que los sueños,
se empiezan a acariciar con los dedos,
las ilusiones se convierten en esperanza.

Tengo los años en que el amor,
a veces es una loca llamarada,
ansiosa de consumirse en el fuego de una pasión deseada.
y otras... es un remanso de paz, como el atardecer en la playa..

¿Qué cuántos años tengo?
No necesito marcarlos con un número,
pues mis anhelos alcanzados,
mis triunfos obtenidos,
las lágrimas que por el camino derramé al ver mis ilusiones truncadas...
¡Valen mucho más que eso!
¡Qué importa si cumplo cincuenta, sesenta o más!

Pues lo que importa: ¡es la edad que siento!
Tengo los años que necesito para vivir libre y sin miedos.
Para seguir sin temor por el sendero,
pues llevo conmigo la experiencia adquirida
y la fuerza de mis anhelos

¿Qué cuántos años tengo?

¡Eso!... ¿A quién le importa?

Tengo los años necesarios para perder ya el miedo
y hacer lo que quiero y siento!
Qué importa cuántos años tengo.
o cuántos espero, si con los años que tengo,
¡¡aprendí a querer lo necesario y a tomar, sólo lo bueno!!

domingo, 13 de septiembre de 2015

Solucion de conflictos



Por Marcelino Calle  
Miembro de Hartu-emanak

Llevamos mucho tiempo, llevamos milenios, donde el músculo y la fuerza han sido las armas  que más veces se han esgrimido para defender cualquier argumento, y los resultados no han sido buenos.  Como digo ha pasado mucho tiempo y la situación sigue siendo la misma, las cuestiones se resuelven por la fuerza, las armas son distintas pero da igual, tienen las mismas aplicaciones, desgraciadamente vivimos en un mundo convulso y cruel, donde repasando la historia, la humanidad no ha conocido ni de lejos una paz plena.
Me interesa destacar en mi argumentación, este hecho descrito en el párrafo anterior, es decir, desde el principio el mundo ha sido gobernado mayoritariamente por los hombres y el resultado no ha sido aceptable. Con ello, no quiero imputar el 100% del fracaso a los hombres, también las mujeres tienen su parcela de culpa, pero a la hora de pedir responsabilidades tenemos que exigirla a quien ha detentado el poder, es decir a los hombres.
Yo creo que ha llegado el momento de dar un enfoque distinto a las cosas, no podemos conformarnos con el mundo en que vivimos, la desigualdad es la norma, todos conocemos los excesos del norte mientras en el sur la escasez de recursos es manifiesta, aquí tiramos la comida, allí se mueren por su escasez, aquí el lujo es demasiado cotidiano, en el sur se da la pobreza más extrema, en fin no voy a insistir en poner de manifiesto una situación que de todos es sobradamente conocida.
Por otra parte vivimos en una sociedad que pide a sus dirigentes que sean eficaces, en una empresa ó en cualquier otra organización, el que ejerce la mas alta responsabilidad tiene que dar buenos resultados,  si el directivo no cumple con los objetivos de la empresa, inmediatamente es reemplazado por otro, esa es la clave, si la silla esta coja se sustituye, si el alcalde, el primer ministro, si el gerente no dan buenos resultados se sustituyen. Pues bien el mundo está mal y quien lo dirige son los hombres y en consecuencia hay que poner en cuestión su liderazgo.
 El avance de la humanidad muchas veces  ha sido a base de experimentos, probar nuevas cosas, utilizar nuevos enfoques para resolver problemas, ya estamos artos del empleo de la fuerza como actor principal, ya hemos comprobado hasta la extenuación que el sistema no funciona, hay que actuar inteligentemente y poner en los puestos de mando a personas que tengan otros valores, valores de nuestro tiempo.
Para definir el perfil y tomando las palabras de  Pablo, estas personas deberían ser pacientes, serviciales, no envidiosas, buscadoras del bien general, que se alegren con las justicia que se alegren con la verdad. Desde luego que es un alto perfil a exigir a las nuevas candidatas, si no fuera natural en ellas, son así por naturaleza, desde el principio de los tiempos las madres son así, es un instinto que les es consustancial, no es una forma de actuar que se ejerce en determinados momentos, esta en sus genes.
Esto es así en la práctica, donde hay mujeres al mando y el instinto maternal se manifiesta, hay mejor reparto, se hace cotidiano el milagro de los panes y los peces porque para todos llega, lo vemos a diario en aquellos lugares con verdaderos problemas de subsistencia, lo hemos visto en Haití, lo vemos en la India gestionado los microcréditos mejor que nadie, lo vemos especialmente en África a la mujeres cuidando de su prole y de la prole ajena en los campos de refugiados, sin ellas poblaciones enteras no existirían.
Para los escépticos, tengo que decirles que el empoderamiento de la mujer afortunadamente  es un hecho, es un movimiento uniformemente acelerado, y se da en todas partes, tanto en oriente como en occidente y especialmente en aquellos lugares donde la escasez es extrema.
Sé que estas palabras pueden ser tachadas de ingenuas, que en esta evolución los hombres no lo van a poner fácil, que todavía hay muchas mujeres que no saben que su aportación pueden ser un bálsamo en los conflicto entre las personas, yo digo que hay que dar tiempo al tiempo, una revolución social de esta envergadura, no se da de la noche a la mañana.
Yo defiendo lo que es innato en la maternidad, y defiendo que en ella hay muchos elementos y muchos valores que son perfectamente aplicables para la resolución de problemas, no solo en la familia, sino también en todo tipos de conflictos, ya sean estos en la empresa, en los sindicatos, en los parlamentos etc.… con una sola condición, que no se desvirtúen esos valores que la caracterizan, que la maternidad siga presente en ellas y que esté presente en las decisiones de cada día, si esto es así y los valores no se masculinizan, habremos dado un paso importante en la resolución de los problemas entre las personas.
Por  tanto y para terminar hay que decir alto y claro que el mundo necesita de comprensión y de misericordia, que no necesitamos guerras, que necesitamos mejor reparto, que tenemos que caminar en esa dirección y que una buena solución que está a nuestro alcance, es permitir que en todos los centros de decisión estén presenten los valores que la maternidad lleva consigo. 

domingo, 23 de agosto de 2015

Expectativas y frustraciones en la lucha por las igualdades sociales a lo largo del siglo XX (2/2)




Resumen de la charla impartida el 30-10-2014 en Escuela de Ciudadanía de Hartu-emanak por José Antonio Pérez (historiador)
Parte 2 de 2
Publicado en “Apuntes de Actualidad” nº 2

Por tener una visión de conjunto, en el siguiente cuadro hemos ordenado las luchas a favor de las igualdades sociales en el siglo XX:
La lucha por la independencia de los pueblos colonizados.
La lucha por el sufragio universal.
La lucha por los derechos de las mujeres.
La lucha por el respeto a la identidad sexual.
La lucha contra la discriminación racial.
La lucha por los derechos laborales.
La lucha por el acceso a la educación.
La lucha por el acceso a la sanidad.
El proceso de descolonización de los países dominados y expoliados por las grandes potencias comenzará en los años sesenta. Estos procesos de independencia en algunos casos fueron terriblemente trágicos como sucedió en Argelia. En otros como el Sahara español se abandonó a sus habitantes a su suerte. Ese proceso de independencia política se ha concluido en muchos casos a lo largo del siglo XX, pero no podemos decir lo mismo a nivel económico, para las potencias dominantes en la mayoría de los casos fue más beneficioso darles la independencia política y seguir controlando a esos países a través de camarillas locales y de intereses económicos que seguir gestionando esos países directamente. La declaración de los derechos humanos de 1.948 y otras declaraciones abrieron nuevos espacios para el derecho de los pueblos por tanto podemos decir que aunque el balance es positivo aún queda mucho por hacer.
La lucha por el sufragio universal tiene un claro balance positivo, a pesar de que gran parte del siglo XX la mitad de la población, las mujeres, no tendrán derecho a voto, (España reconoce este derecho en 1.931 y no es de los mas tardíos y en alguno de los cantones suizos no se reconocerá el sufragio universal hasta los años 1970 y 1971). A pesar de que a principios de siglo son muy pocos los países donde existe el sufragio universal (el derecho a votar correspondía a los hombres y en algunos caso para votar o ser elegible había que ser propietario o cumplir otros requisitos de índole económica) a pesar de que ha sido una lucha larga y dura se puede decir que el balance ha sido absolutamente positivo al menos en los países democráticos. El mayor logro en este caso consistió precisamente en conseguir el voto de las mujeres, es decir, el de la mitad de la población.
La lucha por los derechos de las mujeres va ligada en sus comienzos a la lucha por el sufragio universal, derecho en gran medida conseguido por la lucha de las sufragistas. Pero las mujeres a lo Largo del siglo XX han peleado y conseguido diferentes cotas de igualdad en aspectos como: los derechos laborales, la educación, y la sanidad, estas luchas han sido lideradas mayoritariamente por organizaciones de izquierda, (partidos y sindicatos) y en menor medida de ciertos sectores liberales. Y todo ello ha sido posible en gran medida al protagonismo que fueron adquiriendo a partir de su organización dentro del movimiento feminista.
La lucha por el derecho a la identidad sexual ha conseguido logros importantes. Que España fuese uno de los primeros países en el reconocimiento del derecho a ser respetados por igual independientemente de la identidad sexual de cada uno, legalizando entre otras cuestiones el matrimonio entre homosexuales con los mismos derechos que el matrimonio mixto, fue algo muy importante. El matrimonio homosexual fue en principio objeto de chanzas pero hoy ha sido reivindicado como uno de los logros más importantes en materia de derechos para unas minorías tradicionalmente discriminadas y aún hoy criminalizadas en numerosos países, como son los homosexuales.
La lucha contra la discriminación racial. Aquella mujer negra, Rosa Parks, que de regreso a su casa después del trabajo se niega a levantarse del asiento del autobús en EE.UU, será el pistoletazo de salida de una lucha que va a durar hasta hoy con muchas metas por alcanzar, pero sin duda el avance durante el siglo XX en esta materia ha sido muy importante.
La lucha por los derechos laborales. Desde principios del siglo XX ya tenemos algunas leyes laborales en Inglaterra que afectan a los sectores que sufren las más sangrantes injusticias de un modo de producción bestial, que son las mujeres y los niños.
A pesar de que existe la creencia de que España siempre ha ido a remolque en esta materia, la ley de 1.873 durante la Primera República ya protege a las mujeres y a los niños de cierto tipo de trabajos. Estas leyes servirán de base para el desarrollo a lo largo del siglo XIX. Por ejemplo en España acabará por implantarse la jornada laboral de 8 horas mediante una ley aprobada en 1.919 tras una larga huelga en Barcelona. Este logro tuvo su origen en la primera huelga realizada en 1.890 en la Arboleda, en la que ya se planteaba no solo la supresión de las cantinas, en las que obligatoriamente tenían que consumir los mineros y los terribles barracones donde tenían que alojarse, sino que también reivindicaban las 8 horas de trabajo.
Hasta la Segunda República el desarrollo de la legislación laboral sufre altibajos, pero será a partir de 1.931 cuando se den las leyes más importantes en la perspectiva de la lucha contra la desigualdad, esto es, que los trabajadores tengan interlocutores que negocien sus condiciones de trabajo. El reconocimiento de los representantes obreros ante la patronal y las instituciones serán un derecho fundamental para el desarrollo de la negociación colectiva en el futuro.
Tras la Guerra Civil y cuarenta años de dictadura será a partir de 1980 cuando se reanude la promulgación de nuevas leyes laborales a favor de la igualdad en el ámbito laboral.
La lucha por el acceso a la educación. Ver los índices de analfabetismo a principios del siglo XX y a finales de siglo, tanto a nivel global como a nivel español, es indicativo de lo que ha sido una enorme transformación. En los años treinta estamos en índices del analfabetismo de un setenta a un ochenta por ciento y aún a principio de los años ochenta del siglo XX, nueve de cada cien hombres y más del veinte de cada cien mujeres eran analfabetos en Andalucía. Cuando el primer gobierno socialista pone en marcha las primeras leyes de educación todavía había entre los catorce y dieciséis años miles de niños sin escolarizar.
El acceso a la sanidad universal ha sido una de las batallas más importantes que dará sus frutos bien entrados los años ochenta. En 1870 el índice de mortalidad infantil en algunas zonas, como en el área minera de Bizkaia alcanzaba el 250 al 270 por mil. Hoy en día solo en algunos de los países más atrasados del mundo tienen estos terribles índices de mortalidad infantil.
De todos es conocido el intento actual por privatizar la sanidad y en este sentido dejar desprotegidos de nuevo a los más débiles. Este es por tanto un tema por el que tendremos que seguir luchando en el presente y en el futuro.
(Fin del resumen)

domingo, 9 de agosto de 2015

Expectativas y frustraciones en la lucha por las igualdades sociales a lo largo del siglo XX (1/2)




Resumen de la charla impartida el 30-10-2014 en Escuela de Ciudadanía de Hartu-emanak por José Antonio Pérez (historiador)
Parte 1 de 2
Publicado en “Apuntes de Actualidad” nº 2
Cuando uno se desayuna con noticias como que veinte españoles reúnen la riqueza de catorce millones de menos afortunados, quiere decir que algo falla para muchos y algo va demasiado bien para un pocos. El gráfico que figura bajo este párrafo representa la evolución de la desigualdad hasta el 2010 a partir del denominado índice Gini. El cero significa la igualdad absoluta y a medida que nos acercamos a él esto representa una reducción de la desigualdad.
Por el contrario, a medida que nos alejamos de esta cifra se produce un aumento de la desigualdad. A partir de esta premisa podemos observar claramente como del 2008 a 2010 el aumento es meteórico, y esta tendencia al alza continúa hasta la actualidad.
Vemos como esta aceleración de la desigualdad por impacto de la crisis nos sitúa a niveles de los años ochenta, es decir, al comienzo de la transición. Y ello nos permite ya avanzar un dato objetivo: lo conseguido en las últimas dos décadas lo hemos perdido en cuatro o cinco años.
Este aumento de la desigualdad, que no se da solo en España sino a nivel mundial, responde a lo que se ha dado en llamar por algunos economistas e historiadores como “la gran divergencia”, o lo que es lo mismo, un proceso de aumento de la desigualdad tras un periodo de largo crecimiento durante el que se había procedido a alcanzar diversas metas de igualdad. Este giro radical hacia el crecimiento de las desigualdades sociales, no es solo fruto de los mercados, sino además y sobre todo, responde a la puesta en práctica del ideario de un proyecto político muy concreto, el Neoliberalismo.
El concepto de Desigualdad.
Para seguir hablando de todo esto, sería conveniente tener un concepto de lo que es la desigualdad y todo lo que ello implica.
Entre muchas definiciones que podemos encontrar he elegido estas dos:
… y de las -El término desigualdad social hace referencia a una situación socioeconómica en la que un grupo o minoría recibe un trato diferente por parte de otro individuo o colectivo con mayor poder social. Las causas de la desigualdad social pueden deberse a razones culturales, religiosas, étnicas, de género…
-La desigualdad se manifiesta en muchas ocasiones a través de aislamiento, marginación y discriminación. Las desigualdades abarcan todas las áreas de la vida social: diferencias educativas, laborales, e incluso pueden llegar a convertirse en diferencias judiciales.
Un poco de Historia.
Uno de los primeros autores que teorizó en torno a la desigualdad fue Rousseau que ya en el siglo XVIII escribió “El origen de la desigualdad entre los hombres”. Junto con otros libros como el “Contrato Social”, va a ir sentando las bases y los principios de la Revolución Francesa y Americana y de los derechos básicos e inalienables del hombre. En el citado libro ya se exponían los argumentos fundamentales de la desigualdad social:
“Considero en la especie humana dos clases de desigualdades: una que yo llamo natural o física…de edad, de salud cualidades del cuerpo y del alma; otra, que puede llamarse desigualdad moral o política porque depende de una especie de convención y porque ha sido establecida, o al menos autorizada, con el consentimiento de los hombres. Esta consiste en los diferentes privilegios de que algunos disfrutan en perjuicio de otros, como el ser más ricos, más respetados, más poderosos y hasta el hacerse obedecer”.
Estas ideas se enmarcan en el final del Antiguo Régimen y son el comienzo de un largo proceso de transformación social que arranca en el último tercio del siglo XVIII y que terminó de consolidarse en el siglo XIX, dando paso a la sociedad contemporánea, donde se establecerán como principios fundamentales: La igualdad, la libertad, la fraternidad y no lo perdamos de vista: la propiedad, puesto que estamos hablando de una revolución burguesa. En la declaración de Independencia de Estados Unidos (1776) se hace referencia explícita además de a estos derechos, al derecho de los gobernados a revelarse contra los gobernantes, algo sobre lo que se está teorizando en la actualidad.
Es el comienzo de la lucha por las desigualdades, es la época de las revoluciones burguesas pero es también la época de la revolución industrial. Inglaterra, ya desde el siglo XVIII, comienza transformar el viejo orden social y económico, aparecen nuevos grupos sociales, fundamentalmente el proletariado.
Estamos pasando de una sociedad estamental a un nuevo orden social. Tanto la revolución industrial como la liberal llegarán a España de una forma más tardía, pero sus consecuencias serán igualmente devastadoras. Cuando la siderurgia británica necesite un mineral de hierro con bajo nivel de fósforo para la transformación del hierro en acero, las minas de Bizkaia van a ser proveedoras de esa materia prima. Todo esto va a transformar no solamente la estructura económica, sino básicamente la estructura social y como consecuencia de ello vamos al comienzo de un flujo migratorio que llega a las zonas industriales y aparecerán nuevos partidos, (Partido Socialista Obrero Español y Partido Nacionalista Vasco en nuestro caso). Todo ese mundo, construido a partir de valores profundamente arraigados en valores tradicionales va a saltar por los aires.
La era del Capitalismo.
Esta sociedad que va surgiendo de la revolución liberal e industrial va generando nuevos grupos sociales, como el proletariado y la burguesía industrial y generando unas desigualdades que serán la base misma del capitalismo. Esta desigualdad se manifestará de diversas formas y una de las más patentes será la del imperialismo, es la época de los grandes imperios, las grandes potencias ávidas de materias primas y nuevos mercados se reparten continentes enteros como África para esquilmar todos sus recursos. Salvo alguna excepción de países emergentes, estos países siguen hoy en día siendo los más pobres del planeta A partir de la reunión de Berlín de 1884-85 donde el imperialismo establece las fronteras de África, el ámbito de influencia de cada potencia y la importancia de cada una de ellas en el contexto mundial, será donde se sienten indirectamente las bases de la desigualdad a nivel de países que salvo excepciones llegará a hasta nuestros días.
Hasta aquí hemos tratado de dar una referencia histórica del origen de las desigualdades que nos sirva como base para hablar de las desigualdades hoy en día.
El siglo XX. Cien años de avances y retrocesos.
Ya en el siglo XIX diferentes teóricos, economistas y filósofos, van a exponer sus ideas sobre las desigualdades. Adam Smith, teórico liberal por excelencia, planteará la desigualdad y el egoísmo como un elemento positivo que contribuya a la dinamización económica, Frente a él, desde los socialistas utópicos hasta los socialistas científicos como Marx y Engels van a teorizar de otra manera sobre la desigualdad social y como luchar contra ella. Serán por tanto los movimientos socialistas e izquierdistas en general –incluidos los la lucha contra las desigualdades. Una parte del liberalismo luchará también a favor de los derechos individuales pero no tanto contra las desigualdades sociales.
En la lucha por la igualdad el siglo XX será un periodo de avances pero también anarquistas- quienes van a ser los protagonistas fundamentales de del comienzo de un claro retroceso a partir de los años setenta. España en este siglo verá reducidas de una forma importante las desigualdades sociales y logrará situarse en una aceptable posición hasta finales de siglo, al menos en teoría.
Después descubriremos como las cifras escondían importantes elementos de desigualdad, sobre todo en un mercado laboral español que a partir de los años ochenta se fue fraccionando, se fue precarizando, se fueron asentando aspectos que han terminado por constituir elementos casi estructurales de nuestro mercado laboral.
(continua en parte 2)