domingo, 23 de febrero de 2014

El envejecimiento. Reflexión personal



por María Alonso Trueba
alumna de 4º Educación social
en prácticas en Hartu-emanak

Las percepciones que unas personas tenemos acerca de otras juegan un papel importante en nuestra voluntad de acercarnos y mantener relaciones con otros. Se ha planteado mucho el tema de cómo son percibidas las personas mayores por el resto de miembros de la sociedad. Según estudios contrastados las personas mayores son percibidas por la sociedad, sobre todo, como molestas, inactivas, y tristes y dependientes. Esta visión contrasta con la que tienen las personas mayores de sí mismas: más divertidas, menos tristes y más activas de lo que los demás piensan. Lo preocupante de datos como estos es que muchas personas mayores tienden a comportarse en base a la imagen dominante de la sociedad que según mi punto de vista, otro motivo para impulsar relaciones intergeneracionales positivas, que mejoren la imagen que las generaciones más jóvenes tienen de las personas mayores.
Otro punto que quiero destacar son las relaciones abuelos-nietos, suelen ser positivas, y se ponen en marcha sobre la base del respeto y del cariño. La gran mayoría de las personas mayores se sienten bastante o muy satisfechas con su relación con los nietos; y, en el caso de actuar de cuidadores, prevalece la sensación de que cuidar a los nietos es más un placer que una obligación.
En cuanto al entorno creo que pretende adoptar una visión del envejecimiento como un proceso natural en la vida de las personas, una experiencia positiva, y no como un problema. Que requiere un cambio de las actitudes sociales, a partir de la superación de aquellos discursos que transmiten un concepto de persona mayor pobre, infantil y limitado. El objetivo que el contexto social persigue es conseguir la inclusión y participación activa en la sociedad del colectivo de personas mayores, en todas las esferas y dimensiones de la política, y en contra de una “exclusión por edad”.
El envejecimiento positivo tiene que ir más allá de la participación de las personas mayores en iniciativas solidarias. La incorporación de las personas mayores en otras dimensiones como fuente de participación social es necesaria para que se represente la realidad de las personas mayores y su aportación a la sociedad, centrándose no solo en el cuidado de los nietos ni en el bienestar social.

domingo, 16 de febrero de 2014

La Soledad


por Ismael Arnaiz Markaida
Hartu-emanak

Algunos aseguran que la vida es como un viaje en tren. Cuando nacemos nos subimos al tren e iniciamos el viaje de nuestra vida muy bien acompañados. Están con nosotros nuestros padres, nuestros hermanos, nuestros abuelos. Durante el “viaje”, se van incorporando otras personas: amigos, compañeros de colegio, de trabajo. Algunos nos casamos y van llegando los hijos, luego los nietos. Durante mucho tiempo, en el compartimento del tren en el que viajamos, siempre hay gente. Gente que viaja a nuestro lado, con la que compartimos... la vida.
Pero llegan momentos en los que algunos de nuestros compañeros de viaje se van “apeando”. Terminan su viaje o aprovechan un “cambio de vía” para iniciar otro trayecto. Nos vamos quedando solos. Nos llega la SOLEDAD. Una soledad que puede ser deseada y bien gestionada, o que puede ser causa de tristeza, de fragilidad social, de desarraigo y de marginación. Esta es una reflexión que debemos hacer con seriedad y una situación que debemos prevenir con tiempo.
Siguiendo con la semejanza de la vida con un viaje en tren, se podría decir que debemos estar con la puerta de nuestro compartimento siempre abierta, permitiendo que entren nuevos compañeros de viaje. Debemos estar abiertos a nuevas relaciones y aceptar nuevos roles sociales que nos permitan seguir integrados con el resto de viajeros, siendo plenamente conscientes de que siempre necesitamos algo de los demás, y de que los demás también necesitan de nosotros. Y lo que es muy importante.... ¡que somos capaces de dárselo!
En caso contrario, la pérdida, la ausencia de las personas que nos venían acompañando a lo largo de la vida y el hecho de no sentirnos útiles ayudando a otros, serán algunas de las principales causas de que se apodere de nosotros un sentimiento de SOLEDAD, que, como decía antes, nos puede llevar a la tristeza, la fragilidad social, el desarraigo y la marginación, hasta el punto de que, según los expertos, la SOLEDAD es uno de los principales problemas a los que nos enfrentamos las personas mayores.
Por eso, seguir cultivando relaciones de confianza con personas de la misma edad, e incluso de otras generaciones más jóvenes, es un reto más que debemos superar cuando llegamos “a ser mayores”, ya que las relaciones interpersonales impulsan la participación social y son un aspecto clave para el Envejecimiento Activo en sus dos dimensiones: Saludable para la persona que envejece y Rentable para la Sociedad en la que se envejece.

domingo, 9 de febrero de 2014

La Personas Mayores transmisores vivos de la historia



por Ismael Arnaiz Markaida
Hartu-emanak

A lo largo de la vida las personas vamos adquiriendo conocimiento y experiencias, lo que constituye nuestro “capital cultural”. En consecuencia, se puede afirmar que cuantos más años vivimos, más conocimiento y experiencia acumulamos. O sea, nuestro “capital cultural” es mayor, a medida que cumplimos años.
Por eso el hecho de que una Sociedad consiga aumentar la esperanza de vida de sus ciudadanos y ciudadanas, debe ser considerado un logro social, ya que ello permite, entre otras cosas, que el “capital cultural” de esa Sociedad aumente.
Por otra parte, una sociedad más longeva es, a la vez, una sociedad en la que las distintas generaciones tienen que convivir un mayor número de años. Esta consideración abre la puerta a nuevas formas de interacción entre las generaciones, a nivel familiar, comunitario y de toda la sociedad.
Estas dos realidades: una alta esperanza de vida como nunca ha existido y una coexistencia entre generaciones distintas, se dan en nuestra Sociedad. La cuestión está en ¿cómo podemos aprovecharlas para que, más allá de la simple yuxtaposición o coexistencia de las generaciones, se consiga un intercambio y transmisión de conocimientos y experiencias que sirvan para el enriquecimiento de todos?
Esta pregunta quedó contestada en la I Asamblea Mundial sobre el Envejecimiento celebrada en Viena en 1982, al incluir entre sus conclusiones lo siguiente: Deben establecerse programas de educación en los que las personas mayores sean los maestros y transmisores de conocimientos, cultura y valores espirituales”.
Por tanto, las Personas Mayores tienen (tenemos) la obligación y la responsabilidad de ser “transmisores vivos de la historia”. Esa historia de la cual han (hemos) sido protagonistas. Esa historia que constituye, en todas las sociedades, lo que podemos llamar el “legado de nuestros mayores”.
Al resto de la Sociedad (Instituciones, Centros de enseñanza, Profesorado, etc.) le corresponde establecer los mecanismos que lo hagan posible, desde el  convencimiento de que las funciones educativas que el colectivo de Personas Mayores pueden desempeñar en la sociedad, están aún por re-descubrir
, y que las Personas Mayores son un potente recurso para rescatar del olvido, o bien impedir que se olvide, la historia de un pueblo: su lenguaje, los dichos populares, las actividades laborales y económicas, las costumbres sociales, los regímenes políticos vividos, los conflictos sufridos, es decir, todo aquello que constituye la vida cotidiana de un pueblo y sus gentes.

domingo, 2 de febrero de 2014

La última Bastilla. De cómo luchar contra la discriminación de los Mayores


Extractado de la ponencia de
D. Enrique Gil Calvo[1]
en el Seminario–Taller Hartu-emanak Abril de 2004,
El empoderamiento y la participación social
Una llamada desde las personas mayores a la sociedad
Como el título elegido podría llamar a engaño, parece conveniente comenzar por su pronta aclaración. Siendo la Toma de la Bastilla el rótulo histórico que se usa para identificar aquella violenta insurrección popular que determinó el triunfo definitivo de la Revolución Francesa, utilizar a la Bastilla como símbolo del empoderamiento de las personas mayores podría significar para la generalidad del gran público una de estas dos posibilidades, si es que no ambas a la vez. Puede entenderse, por un lado, que para lograr la emancipación de los mayores hace falta una revolución violenta, quizá protagonizada activamente por los propios mayores, y de la que muy difícilmente podrían resultar victoriosos, dada su evidente inferioridad en la vigente correlación de fuerzas que les enfrenta a las demás edades de adultos y en parte de jóvenes que hoy monopolizan el poder dominante en la sociedad. Pero también podría simbolizar, por otra parte, que la de los mayores fuera la última gran revolución que quedaría todavía pendiente, como si ya hubieran triunfado con éxito completo las demás revoluciones emancipatorias protagonizadas por el resto de sujetos históricos oprimidos: la clase obrera, las mujeres, las poblaciones periféricas explotadas por el colonialismo occidental, etc.
Bien, pues nada de eso. Es verdad que hace falta lograr la emancipación de los mayores, hoy discriminados y excluidos en función de su edad; y que si esto se consiguiera con éxito, sin duda representaría un cambio social de tal magnitud que deberíamos llamarlo revolucionario. Ahora bien, de ahí no se deduce que tal revolución tuviera que ser violenta. Antes al contrario, dado que toda revolución causa una injusta cosecha de víctimas, destacando entre éstas la gran proporción de mayores a quienes se hace víctimas de graves daños tanto en sus vidas como en sus bienes y haciendas; y dado también que las revoluciones violentas son protagonizadas por los jóvenes más fuertes que se suben al carro para apoderarse de ella; de todo ello se deduce que ninguna revolución violenta podrá liberar ni emancipar a las personas mayores. O sea que sólo podrá ser una revolución metafórica y figurada en el sentido de que ha de cursar de forma pacífica y radicalmente no violenta, que es el único modo de lograr que su protagonismo no sea expropiado por las edades más fuertes sino que sea ejercido con prioridad por las personas mayores y conducido además bajo su propio liderazgo. De no ser así, no habría verdadero empoderamiento de los mayores, empoderamiento que tampoco puede consistir en la toma violenta o revolucionaria del poder, como si hubiera que regresar a una imposible gerontocracia perdida y afortunadamente abolida para siempre, sino que ha de consistir en la asunción progresiva y por procedimientos escrupulosamente pacíficos y democráticos de lo que metafóricamente cabe llamar poder gris: abolición de la discriminación de las personas mayores y adquisición colectiva de la capacidad para adueñarse en común de su propio destino soberano.
Y por la otra parte, tampoco pretendo sugerir que la emancipación de los mayores sea la única causa de liberación que queda pendiente: ni tan siquiera la principal, seguramente. Por el contrario, además de las personas mayores, existen muchos otros colectivos sociales que necesitan ser primero liberados, luego emancipados y finalmente empoderados. En nuestro primer mundo del Norte, están las otras cuatro categorías que, junto con los mayores, constituyen las cinco emes (5M) a emancipar: menores (jóvenes socialmente excluidos), mujeres (segregadas y discriminadas), minorías (étnicas, religiosas, culturales o sexuales) y migrantes (expulsados de sus países de origen por causas políticas, sociales, culturales o económicas). Y además está toda la mayoría de la humanidad actual, residente en ese Sur empobrecido que con su océano de miseria y sumisión forzosas rodea nuestro archipiélago de riqueza y libertad. Pero con esto tampoco quiero decir que estas otras causas de liberación pendiente tengan prioridad sobre la causa de nuestros mayores. Al contrario, lo que sugiero es que tales causas son todas ellas tan legítimas como la de los mayores, y que por lo tanto podrían coordinarse entre sí de tal modo que formasen coaliciones de empoderamiento para que la liberación de cada colectivo fuese condición de posibilidad de la liberación de los demás.
Pero entonces, si no aludo a la toma revolucionaria del poder ni tampoco a la relegación de los mayores como último colectivo a emancipar, ¿por qué recurro a la metáfora de ‘la última bastilla’? Sobre todo, mi intención es aludir a la conveniencia, si es que no a la necesidad, de que toda persona se sienta moralmente obligada, cuando llega a la etapa final de su vida, a resistirse a la exclusión social de la que va a ser objeto, intentando sobreponerse a ella para tratar de conquistar y mantener contra viento y marea la mayor capacidad de autonomía personal y colectiva, como participante en la activa movilización de sus grupos de coetáneos. Se trata de tomar una Bastilla porque hay que luchar contra la discriminación y conquistar el derecho a ejercer la propia soberanía. Y se trata de una Bastilla última porque es la que se deja necesariamente pendiente para el final de la vida, una vez tomadas las demás Bastillas previas que se fueron asaltando en fases sucesivas a lo largo del itinerario biográfico de lucha por la vida. Pues, contra la tentación del retiro pasivo todavía dominante, cuando se acerca el final de la vida queda una última tarea pendiente a realizar de forma intransferible, que es envejecer con autoridad, respeto ajeno y propio orgullo, para de esa forma poder morir más tarde con dignidad.


[1] Catedrático de Sociología en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Complutense de Madrid

domingo, 26 de enero de 2014

El envejecimiento


Ramon Ara
de Hartu-emanak
Existen innumerables estereotipos sobre la Persona Mayores, y afloran mucho más los negativos que los positivos. Las Personas Mayores aunque hayan sido ingenieros/as, catedráticos/as, trabajadores en las factorías o en el agro, o barrenderos o mujeres que jamás se jubilan tienen una condición común SON PERSONAS MAYORES. Y estas Personas Mayores tienen muchos problemas comunes que desconocemos o ignoramos: Salud, Soledad, Tratamiento infantil, y no digamos cómo se ningunea en muchos casos su pasado con el que podrían enriquecernos mucho el presente si los tuviéramos algo en cuenta.
Se envejece cuando nuestro cuerpo y nuestra cabeza enferma. Unos antes y otros después….He conocido más de un viejo prematuro y más de una persona mayor con mucha vitalidad. Creo que de la misma forma que hay viejos insoportables, hay jóvenes insufribles....
Envejecer no es la causa que cambia el carácter o la forma de actuar. Las circunstancias en que se "envejece " lo hacen. Si la vida nos da más alegrías que tristezas, si el bienestar y la salud acompañan y los hijos nos quieren y respetan, se envejece con una continua sonrisa y florece la serenidad, una de las principales características de la ancianidad.
De otra forma, el ceño se endurece, y la mirada se hace desconfiada. Detrás de esas manías y actitudes a veces intratables, hay en muchísimos casos, depresiones por conflictos no resueltos de toda una vida y/o miedo a la muerte en muchísimos casos y claro...se pierde la ilusión y nos convertimos en "ancianos desagradables”.
Por tanto, hay personas mayores que, con el paso del tiempo, se vuelven entrañables y personas mayores que, con el paso del tiempo, se vuelven insoportables.
¡Vigila con cuidado el modo en que envejecen tus defectos!

miércoles, 22 de enero de 2014

Sobre el nombre de Hartu emanak


por Hartu-emanak


Desgraciadamente, por las circunstancias de la historia, de la familia o de nuestra propia trayectoria, muchos de los que vivimos en esta tierra de Euskal Herria no conocemos su idioma. Algunos hemos intentado repetidamente su estudio y por diversas razones hemos fracasado. No obstante consideramos este idioma como nuestro y como seña de identidad.
Allá por el año 2002, cuando nació nuestra Asociación, se le dotó de un nombre en euskera: hartu-emanak . Dos palabras con las que se quería dejar constancia del lugar donde nacía, y de los objetivos y de las motivaciones con los que nacía.
¿Pero que significa Hartu-emanak? ¿cómo lo podemos entender en castellano?.
El termino euskaldun hartu-emanak se refiere a relación, Relación entre personas, entre colectivos, con las Instituciones públicas, etc. Pero el término resulta muy amplio y genérico. ¿Relaciones con quien, para qué, o cómo pueden y deben ser esas relacionarnos? ....
En el caso de nuestra Asociación, las relaciones se refieren a las que deben existir entre las Personas Mayores y el conjunto de la Sociedad en la que viven, para que estas personas puedan seguir siendo agentes sociales activos que, en colaboración con el resto de agentes, contribuyan a la construcción de una Sociedad más democrática, justa y solidaria.
También relaciones con las Instituciones Públicas para ejercer, como ciudadanos, con plenitud los derechos y obligaciones, que no caducan con la edad de las personas.
En hartu-emanak las relaciones tienen también una significación y un contenido especial cuando se refieren a las relaciones con otras generaciones, para promover la cohesión social y la transmisión del conocimiento, de la experiencia, acumulada a lo largo de los años, a través de distintos Programas Intergeneracionales
Pero también podemos entender hartu emanak desde su traducción literal: recibir y entregar, recibir y dar. Lo que igualmente transmite la idea de nuestra asociación en el sentido de que las personas mayores RECIBAMOS de la sociedad según nuestro derechos, y nuestras necesidades, y que al mismo tiempo DEMOS, al conjunto de la sociedad, según nuestras capacidades.
Así podemos entender Hartu-emanak, como relaciones (de) recibir y dar, en el ámbito de la Participación social y como recurso para ella, en el ámbito del Aprendizaje Permanente a lo largo de la vida.

domingo, 19 de enero de 2014

De abuelos y Nietos



por Ismael Arnaiz Markaida
Hartu-emanak
Actualmente existe una mayor relación entre abuelos y nietos, estableciéndose así un nuevo medio de contacto intergeneracional, “un contacto que, “bien administrado”, puede suponer un aspecto positivo en la comunicación intergeneracional”.
Como lo de “bien administrado”, puede ser mal interpretado, voy a intentar explicarme, partiendo de la premisa de que el encuentro de los abuelos con sus nietos es siempre muy enriquecedor para ambas partes.
Sabemos que a muchos niños les encanta estar con sus abuelos por diferentes y variadas razones. Algunos porque al lado de los abuelos no existen tantas órdenes ni obligaciones, otros porque pueden hacen cosas distintas con ellos, realizar una infinidad de actividades sintiéndose más libres. Algunos nietos ven a sus abuelos como un amigo, una especie de guía, divertidos, cariñosos, mimosos y que les gusta estar con ellos.
Por lo general, los abuelos sienten mucho placer con sus nietos. Estar con ellos es también una forma de renovarse personalmente. Es tener más participación en la familia y sentirse más jóvenes y actualizados. Se aprende mucho con los niños. Pueden contribuir con su experiencia en momentos de crisis familiar, tanto en el sentido psicológico, como en el económico, si se puede y es necesario. Pueden cuidar de los niños cuando los padres no lo pueden hacer. Eso es beneficioso para los niños y para los abuelos porque se sentirán más útiles, más considerados y más valorados. Además, pueden transmitir valores familiares y mantener el vínculo entre las generaciones. Las historias de familia les encantan a los niños, y contribuyen en su desarrollo psicológico. Pueden ayudar en la educación, incidiendo en la comunicación entre padres e hijos y actuando en no pocas ocasiones como mediador.
Pero no todo es idílico y por ello invito a quienes tenemos nietos, a que reflexionemos sobre las siguientes cuestiones.
¿Por qué los padres eligen la opción de los abuelos canguros?: ¿porque les ofrecen más confianza? ¿porque no tienen horarios?.....¿porque el cuidado que realizan es gratis?
¿La tarea del cuidado de los nietos se asume desde la libertad de los abuelos, a hacerlo o no hacerlo? ¿limita, gravemente, su tiempo para hacer otras cosas? ¿les hace sentirse agobiados? ¿llegan a sentir lo que algunos especialistas han denominado como síndrome de la abuela esclava?
La Doctora Pinazo, en su libro titulado Guía para los Canguros” del Siglo XXI afirma que “si los abuelos presentan alguna de estas dificultades, lo mejor es comunicarse con sus hijos de un modo sincero y establecer los límites que garanticen una relación equilibrada y saludable entre abuelos, padres y nietos”. Y añade que “los abuelos que participan en el cuidado de los nietos deben tener tiempo también para su propio cuidado, hacer ejercicio y acudir a sus revisiones médicas, sin privarse de actividades de ocio y relaciones sociales”. Y concluye: “de esta forma toda la familia a su alrededor se verá beneficiada”.
Y yo añado: de esta forma, las relaciones y la comunicación entre abuelos y nietos estará “bien administrada”.

domingo, 12 de enero de 2014

Qué sentido tienen las personas mayores dentro de la sociedad de la información


Ramón Flecha García[1]
I Jornadas Hartu-Emanak
Sensibilización para una acción social
transformadora de y con las personas mayores
Noviembre de 2003
Se pretende reivindicar el papel que tienen las personas mayores en la sociedad actual desde el análisis de sus potencialidades.
Introducción
Hemos crecido y nos hemos socializado en un modelo de sociedad, la sociedad industrial, que ya no existe. En este nuevo marco social, nos encontramos hoy ante el reto y el sueño de transformarnos y al mismo tiempo que nos transformamos, transformar también la propia sociedad. Dentro de esta nueva sociedad de la información, uno de los retos que se nos plantean, no sólo para dar sentido a nuestra participación social y a nuestro aprendizaje permanente, sino también para que las demás personas que no son mayores entiendan todo esto, es superar las discriminaciones que a veces aparecen por razón de edad.
Inteligencia cultural
En la sociedad industrial se consideraba que nuestra capacidad para aprender iba aumentando progresivamente desde que nacíamos hasta los dieciocho o veinte años y que luego nuestra inteligencia iba decreciendo con la edad. Era entonces muy frecuente escuchar frases como las siguientes en boca de personas de sesenta u ochenta años: “es que ahora ya no me funciona la cabeza como antes”, “a mi edad, ¿qué voy yo a aprender ya?” o “si hubiera aprendido eso de pequeño o de pequeña...”. De esa forma, estas personas estaban reflejando, en sus vidas cotidianas y en su concepto de si mismas, lo que el falso conocimiento científico de la época decía sobre nuestra inteligencia. Incluso se elaboraron curvas mostrando e intentando justificar esta tendencia decreciente de la inteligencia con los años. Estos gráficos se enseñaban después a los y las profesionales que trabajaban con las personas adultas, de manera que también ellos y ellas se convencían de que las personas, a los diez años o quince años, teníamos más capacidad de aprender que en la edad adulta. Entre los autores que desarrollaron estos estudios y teorías, según los cuales la inteligencia parecía que sólo evolucionaba en la infancia y en la adolescencia, cabe destacar a Piaget (Inhelder y Piaget, 1955) y Wechsler (1973).
Por suerte, ya hace muchos años que diferentes investigaciones han demostrado que las personas no seguimos este proceso (Vygostki 1979; Luria 1980; Cattel, 1971; Cole y Scribner, 1977; Gardner, 1983). Al contrario, si participamos en una actividad social adecuada que nos reporte interacciones positivas tanto en lo social como en lo educativo, nuestra capacidad de aprendizaje aumenta a lo largo de toda la vida. Por lo tanto, desde el estudio científico actual de la inteligencia, no se puede decir que a los sesenta u ochenta años las personas tengan menos capacidad de aprender que la que tenían a los diez o a los veinte. Otra cosa es que no estén motivados o motivadas para aprender las mismas cosas o, sobre todo, que no estén motivados o motivadas para aprenderlas de la misma manera.
En este sentido, actualmente podemos acudir a multitud de autores, autoras y grupos de investigación cuyos trabajos sustentan la noción de inteligencia cultural, que ha sido desarrollada por CREA (1995-1998). Este concepto supone un enorme paso adelante respecto a las perspectivas de Piaget o Wechsler, que solamente completaban la dimensión académica de la inteligencia, puesto que incluye tanto las habilidades adquiridas en contextos académicos como las adquiridas en la práctica cotidiana de las personas. De este modo, la inteligencia depende de muchos elementos diferentes. En primer lugar, depende de lo que hemos aprendido en cursos diversos, ya no sólo dentro del sistema educativo formal, sino en cursos de formación ocupacional u orientados en cualquier otra dirección. En segundo lugar, depende de lo que hemos aprendido a través de nuestra práctica diaria, en un centro de trabajo, cuidando de las necesidades familiares, tratando los problemas de salud de la familia u otras cuestiones semejantes. Ocupándonos de nuestro día a día hemos aprendido cosas que no se aprenden en cursos y cuyo bagaje va aumentando a medida que nos hacemos mayores. En tercer lugar, la inteligencia depende de lo que aprendemos cada día hablando con los y las demás. Por ejemplo, mediante la participación en diferentes asociaciones o en colectivos, establecemos interacciones con otras personas, hablamos y aprendemos. Estos procesos generan también enormes posibilidades para el aprendizaje.
Como consecuencia de todo ello, el caudal de conocimientos y de capacidad de aprender que tenemos a los sesenta u ochenta años es muy superior al que podíamos tener a los diez o a los veinte, cuando tenemos mucha menos experiencia. Prácticas como las tertulias literarias dialógicas, que se están desarrollando en el País Vasco y también en otros lugares de España y el mundo, son una clara muestra de esa capacidad de aprendizaje. En ellas, aunque también toman parte personas de todas las edades, la mayor parte de participantes son personas mayores que en muchos casos tuvieron que dejar la escuela o ni siquiera pudieron acudir en su día y que hoy están leyendo, discutiendo y comentando libros de García Lorca, Safo de Lesbos, James Joyce, Cervantes... Autores que incluso en la misma universidad ni los estudiantes ni el profesorado acostumbramos ya a leer. Es decir, que personas que antes se consideraba que no tenían tanta capacidad de aprendizaje están hoy leyendo obras que resultan demasiado difíciles para quienes se supone que tienen más capacidad intelectual, que además por lo general son más jóvenes, y que están en la universidad.
El desarrollo de esta experiencia se construye precisamente sobre la base del diálogo. Sólo comentando en grupo lo que cada persona lee en un libro, se promueve el establecimiento de relaciones entre la ficción y la propia vida, con todo el caudal de conocimientos que las personas desarrollamos a lo largo de ella. De esta manera, se logra un aprendizaje de mayor nivel que el que se podría lograr a veces con personas de diez o de quince años.


[1] Catedrático de Sociología y Director de CREA (Centro de Investigación Educativa y Social) de la Universidad de Barcelona, miembro de la Red Democrática de Educación de Personas Adultas

domingo, 5 de enero de 2014

Taller Conferencia Sacramento Pinazo



María Alonso Trueba
Alumnas de Educación Social de la Escuela de Magisterio de la EHU /UPV
en prácticas en Hartu-emanak
La jornada del pasado jueves 28 de noviembre sobre la solidaridad intergeneracional y el envejecimiento activo (Taller de proyectos intergeneracionales celebrado en Portugalete), me hizo reflexionar sobre algunas cuestiones que se mencionaron allí y creo importante destacar las siguientes.
Las percepciones que unas personas tenemos acerca de otras juegan un papel importante en nuestra voluntad de acercarnos y mantener relaciones con otros. Se ha planteado mucho el tema de cómo son percibidas las personas mayores por el resto de miembros de la sociedad. Según estudios contrastados las personas mayores son percibidas por la sociedad, sobre todo, como molestas, inactivas y tristes. Esta visión contrasta con la que tienen las personas mayores de sí mismas: más divertidas, menos tristes y más activas de lo que los demás piensan. Lo preocupante de datos como estos es que muchas personas mayores tienden a comportarse en base a la imagen dominante de la sociedad. Este es otro motivo para impulsar relaciones intergeneracionales positivas, que mejoren la imagen que las generaciones más jóvenes tienen de las personas mayores.
Otro punto a destacar son las relaciones abuelos-nietos, suelen ser positivas, y se ponen en marcha sobre la base del respeto y del cariño. La gran mayoría de las personas mayores se sienten bastante o muy satisfechas con su relación con los nietos; y, en el caso de actuar de cuidadores, prevalece la sensación de que cuidar a los nietos es más un placer que una obligación.
Pero la realidad es que existen estereotipos y generalizaciones alrededor de todo aquello que rodea a las personas mayores, que ha significado sobre todo la emergencia de una realidad que es preciso reconocer, una nueva generación de personas mayores.
En cuanto al contexto social creo que pretende adoptar una visión del envejecimiento como un proceso natural en la vida de las personas, una experiencia positiva, y no como un problema. Que requiere un cambio de las actitudes sociales, a partir de la superación de aquellos discursos que transmiten un concepto de persona mayor pobre, infantil y limitado. Queremos conseguir la inclusión y participación activa en la sociedad del colectivo de personas mayores, más allá del ámbito del bienestar social al que tradicionalmente se ha circunscrito su participación, en todas las esferas y dimensiones de la política, y en contra de una “exclusión por edad”.
El envejecimiento positivo tiene que ir más allá de la participación de las personas mayores en iniciativas solidarias. La incorporación de otras dimensiones como fuente de participación social es necesaria para que se represente la realidad de las personas mayores y su aportación a la sociedad.

miércoles, 1 de enero de 2014

Un nuevo año




por Hartu-emanak
En el año 2012 Hartu-emanak comenzo su andadura. Hoy comenzamos un nuevo año, 2014, con nuevo interés y esperanzas. Todo nuestro esfuerzo durante estos 12 años ha estado centrado en la reivindicación del derecho de las Personas Mayores a ser agentes sociales activos, para la construcción de una sociedad democrática, justa y solidaria, en colaboración y en igualdad de derechos y obligaciones, con el resto de agentes sociales de nuestro entorno.
En Hartu-emanak creemos, dicho de forma breve, que eso se consigue...
1. Con un proceso de Empoderamiento de las propias personas mayores, que nos permita considerarnos agentes sociales activos, con capacidad para participar, en colaboración con el resto de agentes sociales, en la transformación de la sociedad en la que vivimos, hacia una sociedad más democrática, más justa y más cohesionada, en la cual la Solidaridad entre las Generaciones, sea una realidad que posibilite y potencie la transformación que pretendemos.
2. Con el Aprendizaje Permanente a lo largo de la Vida, con dos objetivos. Primero, saber más y estar actualizados, evitando así la marginación, y segundo: ser un recurso necesario para que nuestra Participación Social sea más efectiva y eficiente.
3. Con el reconocimiento por parte de la Sociedad, del valor cultural y social de las Persona Mayores, que nos capacita para ser agentes sociales activos.
4. Con el establecimiento de cauces (políticas, actividades, estructuras, etc.) para hacer posible esta participación social, activa y solidaria, de las Personas Mayores.
Esperamos y deseamos contribuir a conseguir el Envejecimiento participativo y activo de nuestros mayores, y la Solidaridad entre las Generaciones.